martes, agosto 21, 2007
lunes, agosto 20, 2007
Macedonio, Alfonsina y Eva Perón
Fue la poeta Patricia Somoza quien hace tiempo me habló de la mención que hace Macedonio Fernández* acerca de Alfonsina Storni en su Museo de la novela de la eterna. Efectivamente, en una sección de ese libro llamada "La conquista de Buenos Aires" (pp. 204 de la edición de Corregidor) pude leer lo siguiente:"Y el Misterio quedó brindado al revelar el Presidente, concluida la Conquista, el hecho más singular de ciudad alguna, de que fue único testigo sabiente. Pues he aquí que en un día del año 1938 y dentro de un período de mero vivir, de frivolidad, al ocurrir que el cuerpo de Alfonsina Storni tocó las aguas de la muerte, la ciudad se desplazó sobre su eje girando su perímetro unos centímetros. El Presidente, perplejo aún al ignorar si ese esguince urbano fue un clamante "no mueras" o una, aunque dolida, aprobación a una temida y triste declinación de vivir, sabe que gracias a ese hecho, a la sensibilidad de la sede de una ciudad al instante de la muerte de un alma soñadora, Buenos Aires entró al Misterio."
Hermoso homenaje a Alfonsina de Macedonio, el mismo que, según cuentan algunos, supo decir de Eva Perón: "Es nuestra Juana de Arco".
*Macedonio Fernández, escritor argentino (1874-1952 ).
Contramuros
Por María del Carmen Colombo
"Es terrible soñar a destiempo –nos dice César Bisso— pero más terrible es esperanzarse por mundos que no podré habitar”: la concisión y contundencia de estos versos acaso nos recuerden que el tiempo del poema es tiempo del acontecimiento (“donde nada es estable y todo se sueña”).
Desde esta dimensión de desamparo y temblor, tan distante del advenimiento del “gran día” y de la lógica de la espera, se proyecta el soñar perdurable de Contramuros: lo lejano se acerca, y los ojos tatuados en la noche descubren que hay más paraíso en ellos que en el cielo.
Quien encuentre y se conmueva con el vertiginoso viaje que nos propone César Bisso en este libro, seguramente "habrá partido el pan en dos mitades".*
Desde esta dimensión de desamparo y temblor, tan distante del advenimiento del “gran día” y de la lógica de la espera, se proyecta el soñar perdurable de Contramuros: lo lejano se acerca, y los ojos tatuados en la noche descubren que hay más paraíso en ellos que en el cielo.
Quien encuentre y se conmueva con el vertiginoso viaje que nos propone César Bisso en este libro, seguramente "habrá partido el pan en dos mitades".*
*Texto de contratapa del libro Contramuros de César Bisso, (1995).
*César Bisso nació en Santa Fe, en 1952, pero vive en Buenos Aires. Además de poeta, es sociólogo, periodista y docente universitario. Publicó, entre otros, Poemas y cuentos del taller (coautor,1975), La agonía del silencio (1976), El límite de los días (1986), El otro río (1990), A pesar de nosotros (1991), Contramuros (1995), Isla adentro (1999).
sábado, agosto 18, 2007
jueves, agosto 16, 2007
Niní Bernardello: una travesía de pequeños detalles
Por María del Carmen Colombo
Niní Bernardello es una poeta extraña, difícil de definir o encasillar. Desentendida de las modas, su poesía dialoga en tensión amorosa con elementos de muy diferente procedencia. Segmentos de discurso lindantes con la alquimia, las ciencias contemporáneas, la pintura, que su poética reordena de manera no convencional, siempre sostenida en una impecable composición del poema. Nuestra poeta sabe del arte de "con-mover", tan ligado a la metáfora del corazón, y guiada por esa "emoción conjunta", traduce puntualmente los temblores de una existencia, atravesada por la intemperie de la Gran Historia. Así, la travesía que nos propone la obra de Bernardello reconoce los desplazamientos de un yo poético, en diálogo abierto con los pequeños detalles de la historia personal y social. Como pocas, la poesía de Niní Bernardello logra mostrar dramáticamente lo que nos pasa y, a través del baile que propone para este fin de siglo, alcanza a esbozar con el poder delicado de su palabra un camino para esquivar la fatalidad de nuestro destino latinoamericano, logrando materializar en sus poemas la sentencia de la escritora chilena Eugenia Brito: "doblar el signo de la dependencia es el proyecto de destino que ya para muchas se ha convertido en un signo necesario y gozoso". En este sentido la poesía de Bernardello reactualiza, y sí que gozosamente, ese "acto-destino" conmovedor que descentra, cuestiona, pone en tela de juicio el orden dominante, para inaugurar uno nuevo que reconozca, en su comienzo, el gesto de asumir la distorsión que nos reenvía el espejo del imperio, para devolverla amorosamente multiplicada.*
Bailando con Tina
bailando en la oscuridad, unidas a estrellas y espadas,
girando lentamente entre el humo asfixiante
que lanza el águila de alas abiertas,
bailando en la oscuridad, en el savoy,
en las nubes, en la pista de la bandera
a bandas, subiendo y bajando por el mástil
helado, cubriéndote la cabeza con un margen
de dolor pegajoso y fatal,
bailemos tina, bailemos enredándonos
en el decorado fulguroso y maloliente
de seda y de neón quebradizo,
bésame, tina, bésame,
dame el aliento del imperio, su olor,
su trampa, su infortunio,
arrincona mi corazón,
arrincona mi corazón
y hazlo estallar como un país sudamericano.**
* Comentario publicado en Revista Ñ, el 24 de agosto de 2002.
bailando en la oscuridad, unidas a estrellas y espadas,
girando lentamente entre el humo asfixiante
que lanza el águila de alas abiertas,
bailando en la oscuridad, en el savoy,
en las nubes, en la pista de la bandera
a bandas, subiendo y bajando por el mástil
helado, cubriéndote la cabeza con un margen
de dolor pegajoso y fatal,
bailemos tina, bailemos enredándonos
en el decorado fulguroso y maloliente
de seda y de neón quebradizo,
bésame, tina, bésame,
dame el aliento del imperio, su olor,
su trampa, su infortunio,
arrincona mi corazón,
arrincona mi corazón
y hazlo estallar como un país sudamericano.**
* Comentario publicado en Revista Ñ, el 24 de agosto de 2002.
** Poema incluido en el libro de Niní Bernardello Copia y transformaciones (Libros de Tierra Firme, 1990).
Otras voces, nuevas voces

María del Carmen Pardo nació en Buenos Aires el 26 de septiembre de 1949. Colaboró con la revista El enjambre azul y con diversas publicaciones de la Casa de la Poesía. Publicó dos plaquetas de poemas: Balbuceos (2002) y Reencuentros (2003).
...
Cuando nace
el día se afirma
en una sola estrella
tenaz
labriega
fecundada por el viento
el canto del hornero
corroe
la tierra
abre la mañana
cruz solitaria
en el camino
polvo piedra cardón
una luz que atraviesa.
…
albores de la noche
sangra una herida
suntuosa
en los ciruelos
carga la luz
un chal de nubes se derrumba
silueta noble
del sol en sus entrañas
sangre de plata.
…
Silencio en la frontera
un caballo camina lento
vacía su silueta
el horizonte rojo verde el campo
la luz de las ciruelas
se entremezcla en sus ojos
el árbol de las moras
el limonero
ladra entre sus patas el perro
las moscas los mosquitos
cansado cabecea
el sol ya se ha escondido
la noche sobre el pelo
Salpicón de mariposa
Picar
los ojos de la mariposa
dejarlos reposar
rellenar
el tímpano derecho
con ostias
dejarlo una semana arrollado
prensar la boca
hasta las lágrimas
mezclar su sangre
con alcohol cocido
y
pintar las alas
cuidando no dañarlas
cuando todo esté listo
colocarlas
en el medio del plato
sazonar la cocción
mendrugos de plata
y alcanfor dorado
sabiendo
que el alcohol y las lágrimas
deberán consumirse
decorar
con perlas en el centro
un cintillo de gloria
servir
pasadas las doce
cuando el sueño te ronde.
...
Cuando nace
el día se afirma
en una sola estrella
tenaz
labriega
fecundada por el viento
el canto del hornero
corroe
la tierra
abre la mañana
cruz solitaria
en el camino
polvo piedra cardón
una luz que atraviesa.
…
albores de la noche
sangra una herida
suntuosa
en los ciruelos
carga la luz
un chal de nubes se derrumba
silueta noble
del sol en sus entrañas
sangre de plata.
…
Silencio en la frontera
un caballo camina lento
vacía su silueta
el horizonte rojo verde el campo
la luz de las ciruelas
se entremezcla en sus ojos
el árbol de las moras
el limonero
ladra entre sus patas el perro
las moscas los mosquitos
cansado cabecea
el sol ya se ha escondido
la noche sobre el pelo
Salpicón de mariposa
Picar
los ojos de la mariposa
dejarlos reposar
rellenar
el tímpano derecho
con ostias
dejarlo una semana arrollado
prensar la boca
hasta las lágrimas
mezclar su sangre
con alcohol cocido
y
pintar las alas
cuidando no dañarlas
cuando todo esté listo
colocarlas
en el medio del plato
sazonar la cocción
mendrugos de plata
y alcanfor dorado
sabiendo
que el alcohol y las lágrimas
deberán consumirse
decorar
con perlas en el centro
un cintillo de gloria
servir
pasadas las doce
cuando el sueño te ronde.
Ciclo Poesía
LECTURAS EN BARTOLOMEO
Coordinado como siempre por Daniel Gradar, este lunes 20 de agosto de 2007, a las 20,
tendrá lugar en Bartolomé Mitre 1525, Buenos Aires, un nuevo encuentro dedicado a lectura de poemas. Leerán sus textos los escritores:
* María Meleck Vivanco
* Ramiro Vicente
* Renato Sandoval
* Vicente Muleiro
Micrófono abierto.
Entrada libre y gratuita.
miércoles, agosto 15, 2007
Compañeros
martes, agosto 14, 2007
Presentación
Querella
Así se llama este nuevo libro de poemas de Horacio Zabaljáuregui, editado por el sello Bajo la Luna (Buenos Aires, 2006). El autor, que nació en América, provincia de Buenos Aires, en 1955, publicó además, Fragmentos órficos (1989), Fondo Blanco (1989) y La última estación del mundo (2001). Zabaljáuregui es, también, compilador y prologuista de Relámpagos de lo invisible, el volumen que recoge la obra de Olga Orozco (Fondo de Cultura Económica, 1998). A continuación, va un poema incluido en "Primer otoño", una de las secciones en que está dividido este libro.Soy el pastor
en la boca del lobo, en la noche cerrada
soy el pastor, el chamán.
Tus mutaciones
atraen los relámpagos y las desgracias y el fuego baldío.
Soy el chamán
desenmascaro la mantis piadosa y su invisibilidad
hermética,
sus arrebatos de ópera:
pensar la velocidad y el silencio,
destejer las raíces y vadear el mundo
como los perros de la nieve,
como el fuego de la vigilia
en la madriguera del sueño.
Soy el pastor
en la boca del lobo,
en la noche cerrada
aliento la canción:
lo perdido
va de contrabando.
Diario de estos días, de Gabriela De Cicco

Por María del Carmen Colombo
Sólo a través del diálogo -parece recordarnos Gabriela de Cicco- es posible constituir una voz. Diálogo amoroso en la medida en que recrea con su dinámica abierta la aceptación de las diferencias y, podría decirse, que hasta las alienta.
Cómo conformar si no ese nuevo lugar de enunciación para un sujeto poético que se reconoce femenino. La autonomía de un decir parece precisar, entonces, de una genealogía, un sistema de representación, creado, como en este caso, casi de la nada. Una narrativa preexistente, la llamaría Mary Jacobus, para poder verse a sí misma y ser vista. Genealogía: cuando la memoria se filtra como un palimpsesto en la escritura de De Cicco se hace claro el movimiento de fusión, de identificación : otras, ellas, nosotras, yo, es la secuencia que dramatiza el poema "Por las ramas", forma coral del canto de la especie, canto de fundación en la palabra maternal que, "dice al héroe ya es tarde. Tarde para un color más oscuro que la muerte".
En Diario de estos días, el nuevo libro de De Cicco, citas, dedicatorias, o veladas referencias a otras autoras y a otros saberes, deben leerse en ese sentido: diálogo entre identidad y alteridad, evidenciando el principio de individuación por el que un sí mismo se torna histórico, haciéndose cargo de sí.
II
“Paradoja: esta poesía despierta al discurrir de la duración, al paso del tiempo, aferrada al destello del instante, discurso continuo y sorpresa de lo inesperado”: Así, bella y acertadamente, definió Diana Bellessi (1), el corazón del libro anterior de Gabriela De Cico La Duración, y que éste su nuevo libro, Diario de estos días, retoma. Mirando hacia atrás -como el que reconoce su derecho a ser parte incuestionable del pasado y por lo tanto recoge las huellas dejadas en otros poemarios- avanza el discurrir de este libro diario, bitácora de vida y escritura, donde la memoria íntima, en minucioso trabajo, macera , a la manera de un antiguo crisol, su filigrana. Frágil filigrana, dice De Cicco, quizás aludiendo al carácter fragmentario de cada instante de vida, que en su viaje de tiempo busca "un punto de reunión,/ un hogar tibio para la leyenda". O tal vez diga frágil desde el desamparo que la conciencia del paso del tiempo genera: ese vacío que se abre en el vacío, de donde emergen los espectros que quedan después de la caída y que la escritura conjura: "un cuerpo peticionado a destiempo no sirve/para vestir galas, a no ser por el desvío/ de las mangas o por el crudo/ recorte del escote". Porque entrar en la rueda del tiempo también significa caer del arbol de la eternidad, al llano territorio donde el claroscuro vida-muerte nos fija límites precisos, ante los cuales se necesita revisar las creencias.
Sólo un exhaustivo trabajo de reflexión y composición puede ahondar como lo hace Diario de estos días en las propias creencias de vida y escritura: movimiento de recuperación de un yo que instala la distancia, detiene en instante el vértigo del discurrir, para que resuene su palabra en diferencia: Imagen y concepto se articulan también en paradoja: "asentarse nómade en tus ojos", pide De Dicco a la amistad y al amor, anticipando una forma de encuentro, un arte combinatoria de elementos disímiles.
La impecable artesanía parece respetar este principio constructivo, elaborado desde un género, el diario íntimo, que si bien forma parte del cánon literario, ha sido considerado muchas veces en los márgenes: leyenda, elegía, fábula, plegaria y drama resultan así, más que templos clásicos de prisión de la palabra, rincones íntimos donde, dice De Cico, "reina la posibilidad/de otra vida en ésta".
Desde un lugar apenas perceptible, ese lugar de trabajo junto al río, una mujer hace ingresar en el presente continuo de su escritura, pasado y futuro. Pasado que sólo puede recuperarse en distorsión porque "el recuerdo todo lo agiganta", aunque la pulsión de una nostalgia recatada obligue a "fijar la imagen tímida que la memoria devuelve". Futuro que se hace presente como proyecto cuando lo acuna en lo secreto el corazón paciente de la palabra, la espera de lo que vendrá.
II
“Paradoja: esta poesía despierta al discurrir de la duración, al paso del tiempo, aferrada al destello del instante, discurso continuo y sorpresa de lo inesperado”: Así, bella y acertadamente, definió Diana Bellessi (1), el corazón del libro anterior de Gabriela De Cico La Duración, y que éste su nuevo libro, Diario de estos días, retoma. Mirando hacia atrás -como el que reconoce su derecho a ser parte incuestionable del pasado y por lo tanto recoge las huellas dejadas en otros poemarios- avanza el discurrir de este libro diario, bitácora de vida y escritura, donde la memoria íntima, en minucioso trabajo, macera , a la manera de un antiguo crisol, su filigrana. Frágil filigrana, dice De Cicco, quizás aludiendo al carácter fragmentario de cada instante de vida, que en su viaje de tiempo busca "un punto de reunión,/ un hogar tibio para la leyenda". O tal vez diga frágil desde el desamparo que la conciencia del paso del tiempo genera: ese vacío que se abre en el vacío, de donde emergen los espectros que quedan después de la caída y que la escritura conjura: "un cuerpo peticionado a destiempo no sirve/para vestir galas, a no ser por el desvío/ de las mangas o por el crudo/ recorte del escote". Porque entrar en la rueda del tiempo también significa caer del arbol de la eternidad, al llano territorio donde el claroscuro vida-muerte nos fija límites precisos, ante los cuales se necesita revisar las creencias.
Sólo un exhaustivo trabajo de reflexión y composición puede ahondar como lo hace Diario de estos días en las propias creencias de vida y escritura: movimiento de recuperación de un yo que instala la distancia, detiene en instante el vértigo del discurrir, para que resuene su palabra en diferencia: Imagen y concepto se articulan también en paradoja: "asentarse nómade en tus ojos", pide De Dicco a la amistad y al amor, anticipando una forma de encuentro, un arte combinatoria de elementos disímiles.
La impecable artesanía parece respetar este principio constructivo, elaborado desde un género, el diario íntimo, que si bien forma parte del cánon literario, ha sido considerado muchas veces en los márgenes: leyenda, elegía, fábula, plegaria y drama resultan así, más que templos clásicos de prisión de la palabra, rincones íntimos donde, dice De Cico, "reina la posibilidad/de otra vida en ésta".
Desde un lugar apenas perceptible, ese lugar de trabajo junto al río, una mujer hace ingresar en el presente continuo de su escritura, pasado y futuro. Pasado que sólo puede recuperarse en distorsión porque "el recuerdo todo lo agiganta", aunque la pulsión de una nostalgia recatada obligue a "fijar la imagen tímida que la memoria devuelve". Futuro que se hace presente como proyecto cuando lo acuna en lo secreto el corazón paciente de la palabra, la espera de lo que vendrá.
(1) Véase: Lo propio y lo ajeno. Ensayo de Diana Bellessi. Feminaria, Buenos Aires, 1996.
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* Este texto fue leído en ocasión de la presentación del libro Diario de estos días, realizada en la Librería Liberarte en 1998.
* Este texto fue leído en ocasión de la presentación del libro Diario de estos días, realizada en la Librería Liberarte en 1998.
*Gabriela De Cicco nació en Santa Fe, en 1965. Es poeta, ensayista y periodista. Dirige junto con la poeta Irene Ocampo La Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA), un portal y red de información e intercambio entre mujeres feministas. Publicó los siguientes libros de poemas: Bebo de mis manos el delirio (1987), Jazz me blues (1989), La duración (1994), Diario de estos días (1998).
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lunes, agosto 13, 2007
Nuevo libro
De nadie, de Marta Cwielong
Por María del Carmen Colombo
Acaso como el aroma del romero , así el anhelo de nacer a la palabra persiste en las páginas de este segundo libro de Marta Cwielong*. Inasible pero presente como espíritu, secreto hilo, el que permite a una mujer transitar el exilio, ese estado invernal, letargo donde nada reverdece, destierro donde nada deviene.
Desde esa intemperie irrumpen como una revelación los versos, a veces breves y contundentes estallan en las manos, la intensidad de su precisión se impone al lector y la densidad de su indefinición lo despiertan: "Acecha tiempo/ atardeceres destemplados/ no he nacido/ son los otros que han muerto".
Otras veces la forma evoca el movimiento discursivo de la historia, intento quizás de ingresar en el tiempo, de transcurrir, que abruptamente se quiebra imantado por el desencanto hacia el futuro o lento se apaga, porque cesa la confianza en las palabras: "nadie sabe si mañana/ el río/ el miedo de los gestos/ la mirada/no decirse/ ni apoyarse a descansar// todos esperan que llegue/ pero el río sólo traerá peces// ahora están separados/ sin mirarse/imaginando que la costa es firme/ que el agua es movimiento/ y la mañana que no llega".
Las cuatro partes en que se divide este libro –“Razones para huir”, “Señales del nombre”, “Las líneas secretas” y “Poemas italianos”- recortan un territorio de escenas fragmentadas que emergen, entonces, como restos de un naufragio. Obstinada sobreviviente, la voz de Cwielong se constituye en esa lejanía, en ese permanente desvío de sí, huida que se traduce, por ejemplo, en la recurrencia de afirmaciones negativas –“no sabía”, “no he nacido”, “no alcanza la voz”, “no existe”--. Quien se afirma negando borra huellas, suelta amarras, conduce su palabra hasta el límite: "dame el silencio de mirarte", dice Cwielong, y al hacerlo otorga a los poemas ese aire de silencio y abandono, esa amplitud que generan los blancos espaciosos.
Estas estrategias de despojamiento conducen también a un jubiloso estado de orfandad: "mirarme el pie/verlo/ inquieto//las manos lo acarician/como si fuera/huérfano// y si tanta esplendorosa desnudez/ saliera a caminar?". Esplendorosa desnudez, ausencia, que parece liberar a quien la padece de una dolorosa sujeción, la del nombre que identifica, el nombre propio: acaso por eso este nuevo libro de Marta Cwielong se llame De nadie .
*Marta Cwielong nació en la provincia de Buenos Aires, en 1952. Ha publicado Razones para huir (1991), De nadie (1997) y Jadeo animal (2003).
Desde esa intemperie irrumpen como una revelación los versos, a veces breves y contundentes estallan en las manos, la intensidad de su precisión se impone al lector y la densidad de su indefinición lo despiertan: "Acecha tiempo/ atardeceres destemplados/ no he nacido/ son los otros que han muerto".
Otras veces la forma evoca el movimiento discursivo de la historia, intento quizás de ingresar en el tiempo, de transcurrir, que abruptamente se quiebra imantado por el desencanto hacia el futuro o lento se apaga, porque cesa la confianza en las palabras: "nadie sabe si mañana/ el río/ el miedo de los gestos/ la mirada/no decirse/ ni apoyarse a descansar// todos esperan que llegue/ pero el río sólo traerá peces// ahora están separados/ sin mirarse/imaginando que la costa es firme/ que el agua es movimiento/ y la mañana que no llega".
Las cuatro partes en que se divide este libro –“Razones para huir”, “Señales del nombre”, “Las líneas secretas” y “Poemas italianos”- recortan un territorio de escenas fragmentadas que emergen, entonces, como restos de un naufragio. Obstinada sobreviviente, la voz de Cwielong se constituye en esa lejanía, en ese permanente desvío de sí, huida que se traduce, por ejemplo, en la recurrencia de afirmaciones negativas –“no sabía”, “no he nacido”, “no alcanza la voz”, “no existe”--. Quien se afirma negando borra huellas, suelta amarras, conduce su palabra hasta el límite: "dame el silencio de mirarte", dice Cwielong, y al hacerlo otorga a los poemas ese aire de silencio y abandono, esa amplitud que generan los blancos espaciosos.
Estas estrategias de despojamiento conducen también a un jubiloso estado de orfandad: "mirarme el pie/verlo/ inquieto//las manos lo acarician/como si fuera/huérfano// y si tanta esplendorosa desnudez/ saliera a caminar?". Esplendorosa desnudez, ausencia, que parece liberar a quien la padece de una dolorosa sujeción, la del nombre que identifica, el nombre propio: acaso por eso este nuevo libro de Marta Cwielong se llame De nadie .
*Marta Cwielong nació en la provincia de Buenos Aires, en 1952. Ha publicado Razones para huir (1991), De nadie (1997) y Jadeo animal (2003).
Poesía en vivo
Si tenés ganas de escuchar buena poesía, podés acercarte este jueves 16 de agosto, a las 20,
a la Facultad de Filosofía y Letras (Puán 480) para escuchar a: Leonor Silvestri, Guadalupe Muro, Mariana Suozzo, Pablo Katchadjián, Marcelo Galindo y Florencia Minici. La entrada es libre.
a la Facultad de Filosofía y Letras (Puán 480) para escuchar a: Leonor Silvestri, Guadalupe Muro, Mariana Suozzo, Pablo Katchadjián, Marcelo Galindo y Florencia Minici. La entrada es libre.
sábado, agosto 11, 2007
Acerca de El borde es un río, de Alicia Genovese
Por María del Camen Colombo
Para quien transita por la irregular topografía del borde, mirar implica un acto comprometido con el mundo donde el mínimo detalle nos socava. Las cosas -perfumes, objetos, cuerpos- irrumpen azarosas, incitadoramente o se nos imponen como una rutina; la mirada, a su vez reordena, reacomoda el entorno, lo modifica. La subjetividad se constituye en ese diálogo. Desde ese lugar Alicia Genovese desoculta la trama contradictoria, muchas veces violenta de la realidad y también lo imaginario, ese río que mana elemental y nos conduce al límite sin domesticar, a la desmesura del agua desoída.
En El borde es un río una mujer ensaya sus movimientos de lejanía y proximidad como forma de templar lazos, establecer vínculos para no devorar ni ser devorada. Las cuatro secciones en que se divide este libro -"La ausencia", "La opulencia", "La rompiente", y "La vuelta"- van demarcando así un lugar de enunciación, una morada, cuyos contornos están delimitados por esos movimientos de fusión y recuperación, de entrada y salida de la escena. Distancia sobre el sitio diario y cercanía de un ojo táctil sobre el suelo extranjero, definen para Genovese la forma de habitar una lengua, de hablar en una casa. Bordeando, entonces, el dato biográfico, su estado de alerta, su anhelo de sinceramiento, encuentra el fluir de dos tiempos -tiempo de expansión y tiempo de reticencia-, una voz que arma su recorrido en el amor al origen y la hostilidad.
Pocos libros de poesía despliegan tan intensamente como éste un trabajo de composición que incorpora no sólo las huellas dejadas por la autora en otros poemarios: se trata de una combinatoria cuyo caudal se alimenta, además, con las aguas de diversos estratos discursivos lindantes con la alquimia, la ciencia contemporánea, el arte pictórico y la revisión de ciertos tópicos recurrentes en la poesía argentina escrita por mujeres.
Poeta, alquimista, científica, Genovese aplica su arte combinatoria a la lírica material verbal, que como un organismo vivo comienza a imantarse y a fluir conducida por una delicada artesanía constructiva. "No hay distancia correlativa o contraste/ sino injerto", nos dice en su bello poema "Composición": la diversa configuración de los poemas registra el modo particular y permanente por medio del cual entran en contacto íntimo materiales tan diferentes, forma de unión cuyo resultado nada tiene que ver con las variedades establecidas.
"Reflexivo, conceptual el trayecto/ inexplicablemente lírico": La exacta formulación del enunciado traduce un deseo sostenido por Genovese en sus libros anteriores -sobre todo en Anónima-. Pero aquí dos vertientes, lirismo y reflexión, confluyen actualizadas en una doble voz poética. Lirismo y reflexión constituyen en la escritura de Genovese, un acople no previsible para la poesía argentina actual.
"Hacia atrás/según la lógica del cangrejo/ que avanza", este libro deslee su propia historia y al hacerlo nos permite ingresar a la desmesura del agua desoída.: agua y palabra como en un rito bautismal revelan el secreto de un nombre, la que desoculta la verdad, la que practica la aletheia como querían los griegos porque ese, precisamente es el significado de Alicia.
*Comentario publicado en El Desierto, revista editada por el Grupo Nusud, en 1999.
*Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, 1953). Publicó: El cielo posible (1977), El mundo encima (1982), Anónima (1992), El borde es un río (1997), Puentes (2000), Química diurna, (2004); La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas (ensayo, 1998).
Leónidas Lamborghini: poesía y política*
Por María del Carmen Colombo
Se ha señalado con ligereza que Lamborghini "canta en clave peronista". Y detrás de este comentario, imbuido, aparentemente, de un total y absoluto 'compromiso con', se esconde una disyuntiva que invita a optar entre dos términos, poesía o política, seccionando quirúrgicamente con bisturí de buen amputador lo que para Lamborghini no sólo va junto sino que, además, encuentra en la escritura su punto de fusión.
No es casual que enfrentados a un libro como Las Patas en la fuente se estrellen aquellos que tienden a ver la problemática política como un conjunto de consignas ortopédicas, patas atornilladas al cuerpo del poema, para que éste, como la famosa cucaracha herida pueda con ellas caminar.
Pero la puesta de Lamborghini es otra: alumbrar un nacimiento, el de un nuevo cuerpo que necesita ser relatado, escrito, y que trae consigo ya sus propias patas ("Una primavera me sorprende/ y el mover de este pueblo./ El ruido se hizo carne y habitó entre nosotros.") Así, enfatizando la inmediatez del mundo, su materialidad, encarnada en ese sonido ("lo mortal/ lo que se oye") que es resto de sentido y eco ("el nombre: eco del eco") de un habla congelada ("lo dignísimo"), Lamborghini lanzará su propuesta ubicándose fuera de aquella agotada escena, donde los viejos cuerpos de muñecos ventrílocuos, poemas vaciados de un proceso y rellenos de estopa, ejecutan sus ademanes, morisquetas o guiños retóricos.
Elegirá, entonces, el margen, el basural", entre los "no antologados", en el lugar del no poder ("-Poder/mi no poder"), en el ningún lugar. Y allí, entre los restos y con ellos pondrá en escena ese alumbramiento.
Haciendo oídos al "croar del corazón del feto", Lamborghini partero transformará en poesía todos esos restos flotantes y, como buen escuchador deseoso ("con el deseo del deseo") acompañará ese deambular dialogando con una multiplicidad de ecos ("Cómo se pianta la vida/ cómo rezongan los años/ cómo se viene la muerte/ tan callando").
Constituyéndose en ese diálogo, el poeta escribirá su propio nacimiento: un hablar entrecortado de frases suspendidas, como entre la vigilia y el sueño ("... el canto que es lo que sale del sueño y/ entra en/la realidad y/entra en el sueño"). Con él responderá apropiándose de ese lenguaje ajeno, exterior, donde el poder se instala (" y eres libre o no eres libre"). No para reproducirlo y reproducir con él sus efectos de sentido, sino para diferenciarse, oponiéndose, enfrentándose y teatralizando ese enfrentamiento ("y fui hacia los libertadores/ y eran/ los opresores"). En este sentido, la apropiación del habla directa de la política, que se efectúa en Las Patas... se presenta como condición necesaria para decir, en la medida que posibilita al habla dominada escribirse, hacer su aparición ("somos los destrozados/los mutilados/ la vida por/la vida por").
Se trata, entonces, de sabotear formas consagradas, "bellas", para que el verso dé la vida al poeta, terminando con el miedo y “asomando de tantas sofisticadas acumulaciones". El poeta “pegará el cascotazo", responderá pateando el tablero, dinamitando la lengua corriente y normativizada de la literatura, violando, en un mismo movimiento, ese conjunto de convenciones que provienen del sentido común, del statu - quo literario.
No es ajena a esta propuesta la elección de una primera persona del singular. Como acabando con la "estatua del yo mismo", ese fantoche erigido por toda una tradición literaria, Lamborghini "rompe el mito/ de que (ha) nacido antes que nada", es decir, rehúye toda forma de trascendentalismo y dualidad, retirándole al yo ese estatuto previo, ese fundamento originario de instaurador de sentido previo a la formación de la palabra ("identidad en/ los principios:-a/ e.i.o.u.). El yo, entonces, se descentra, se descascara, y ese descamisamiento da entrada a la voz plural, ramillete cantor y dialogante que ha encarnado en el coro multitudinario de voces que en Episodios cuentan -"oyen"- un susurro: "susúrrame -lo que está unido/ susúrrame: lo que está entero". En un vertiginoso movimiento de fusión y recuperación de "entrada y salida" las voces se van entrelazando dentro del poema. "Metiéndose" en la cabeza de los personajes ("estoy con la cabeza/ metida en la cabeza/ del adicto cabeza"), y saliendo para meterse nuevamente en la cabeza del juglar, o en la del letrista proscripto, o bien transcribiendo voces interiores en la forma de un escucharse a sí mismo ("-No obstante tratá de dar los pasos necesarios"): así la voz lamborghiniana de los primeros libros se va desenredando.
Y en ese permanente movimiento de vaivén, hablar es actuar, dejar el comentario para "meterse/ metiéndose": como en La estatua de la Libertad, uno de los libros donde con más énfasis se cuestiona el aislamiento del "yo mismo/ de la estatua de mí mismo". Es el drama del sujeto escindido el que se representa: el que ríe con la risa de lo cómico, risa humana por excelencia, ruptura del pacto entre dios y la criatura. Riéndose de sí mismo, acentuando la ruptura, la separación, poniendo el dedo en la llaga, mostrando su herida, ese hueco, Lamborghini abandona la clausura de la fijación en el tiempo y en el espacio y se hace sujeto, autor, y en ese su movimiento inacabado se transforma en futuro: canto futuro, clave lamborghinana con la que, en todo caso, en todo caso, el peronismo puede ser cantado.
* Ponencia leída en ocasión del primer Encuentro de Poesía, organizado por la Universidad Nacional de San Luis, y a cargo del poeta Patricio Thorne, que se realizara en la ciudad de Villa Mercedes, durante los días 9, 10 y 11 de octubre de 1987.
*Leónidas Lamborghini (Buenos Aires 1927). Poeta y periodista. Residió en México desde 1978 hasta 1990. Publicó, entre otros, los siguientes libros: El saboteador arrepentido (1955), Al público (1957, reedit, 1960), Las patas en la fuente (1965, reedit. 1966 y 1968), La Estatua de la Libertad (1967), La canción de Buenos Aires (1968), El solicitante descolocado (1971, reedit. 1990), Partitas (1972), Eva Perón en la hoguera (versión grabada), Circus (1986), Verme y 11 reescrituras de Discépolo, Odiseo confinado (1992), Tragedias y parodias (1994), Comedieta (1995).
viernes, agosto 10, 2007
Olga Orozco
Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,
y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.
Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron.
De mi estadía quedan las magias y los ritos,
unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,
la humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,
y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.
Lo demás aún se cumple en el olvido,
aún labra la desdicha en el rostro de aquella que se buscaba en mí
igual que en un espejo de sonrientes praderas,
y a la que tú verás extrañamente ajena:
mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.
Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo,
en un último instante fulmíneo como un rayo,
no en el tumulto incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada entre los remolinos de tu corazón.
No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza.
No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo.
Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte
porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura
que los cambiantes sueños, allá, donde escribimos la sentencia:
"Ellos han muerto ya.
Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno.
Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento".
*Había nacido en Toay, provincia de La Pampa, en 1920. Después vivió en Bahía Blanca hasta que se trasladó a Buenos Aires. Trabajó como periodista y dirigió algunas publicaciones literarias. Publicó, entre otros libros: Las muertes (1951), Los juegos peligrosos (1962), Cantos a Berenice (1977), Con esta boca, en este mundo ( 1994). Falleció en 1999.
La hija del insomnio
Se trata del prólogo que escribió el gran poeta argentino Enrique Molina* en ocasión de la reedición de los libros de Alejandra Pizarnik La última inocencia y Las aventuras perdidas, y que llevó adelante la editorial Botella al Mar, en Buenos Aires, en el año 1976. Lo transcribimos a continuación."Cuando pienso en Alejandra la veo pasar, solitaria, en una de esas enormes burbujas del Bosco donde yacen parejas desnudas, dentro de un mundo tan tenue que sólo por milagro no estalla a cada segundo. Pero la suya es una burbuja nocturna, irisada como una perla negra. Criatura fascinada y fascinante, víctima y maga, ardía en la hoguera y, al mismo tiempo, con esa maldad de la poesía, prendía fuego al mundo circundante, lo hacía arder con una fosforescencia tierna y sombría, que iluminaba su rostro de niña con una sonrisa fantasma. Niña predestinada a ser vista, con los ojos absortos, en la ventana de un caserón ruinoso, en alguna de esas aldeas de la Alquimia del Verbo, entrevistas en el fondo de un lago. Pero aún allí, en la profundidad de los sueños, fue también la extranjera, la extraviada de sí misma. Una desconocida con su mismo rostro avanzaba hacia ella en todo lugar, en todo instante de su existencia terrestre, interrogándola con las preguntas más desgarradoras, planteándole sin cesar sus propios enigmas, el misterio de todo amor y de toda ausencia. Porque Alejandra permaneció siempre en el linde perdido de otra ribera, cuyo eco no dejó nunca de resonar en las zonas de sombra de su ser con la nostalgia de "los verdes paraísos de los amores infantiles". Pocos seres he conocido tan plenos de fatalidad poética. Extrañamente, todos sus elementos, sus pájaros, sus nubes, su país de huérfana que oculta un secreto desmesurado, su memoria y su pasión se ordenan en dos coordenadas esenciales: el deslumbramiento de la infancia, cuyos poderes sobrevivían en ella, y un permanente sentimiento de muerte, como otro deslumbramiento terrible que la precipitaba al asombro y al terror. Duende desposeído por la caída, cautiva de un reino perdido, sólo podría ver las cosas a la luz de esa exigencia inflexible y sin consuelo. No tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar. Pero la fascinación de la infancia perdida se convierte en ella, por una oscura mutación que cambia los signos, en la fascinación de la muerte, igualmente deslumbradora una y otra, igualmente plenas de vértigo. Toda su poesía gira en torno a estos dos polos magnéticos, dos solicitaciones extremas que se funden en su voz y le dan, desde sus primeros libros hasta sus últimos textos, un acento inconfundible, una emoción esencial y de una calidad extrañamente perturbadora. En uno de los planos más remotos de su conciencia, una imagen materna, blanca y luminosa, la acoge y la protege, le revela las cosas y los sueños en una unidad total. En el extremo opuesto, una mujer pálida y nocturna, la acoge también con la misma solicitud maternal, con una tenebrosa belleza. Hacia una y otra la hija del insomnio corre con los brazos tendidos. Ahora que tantas parejas enamoradas escuchan su palabra, ¿qué puede darles ella? No la esperanza ni la calma, sino una exaltación, una apuesta perdida. Un paraíso infantil doblado por el paraíso de la muerte, la aventura del amor y su imposible realidad. La letra de Alejandra era pequeñita, como un camino de hormigas o un minúsculo collar de granos de arena. Pero ese hilo, con toda su levedad, no se borrará nunca, es uno de los hilos luminosos para entrar y salir del laberinto."
*Nació en Buenos Aires en 1910. Fue tripulante de barcos mercantes en el Caribe y Europa. Adhirió al movimiento surrealista. En 1952 fundó con Aldo Pellegrini la revista A partir de cero. Publicó, entre otros: Las cosas y el delirio (1941), Pasiones terrestres (1946), Costumbres errantes o la redondez de la Tierra (1951), Amantes antípodas (1961), Fuego libre (1962), Las bellas furias (1966), Monzón napalm (1968), Los últimos soles (1980) y El ala de la gaviota (1985). Falleció en Buenos Aires en 1997.
jueves, agosto 09, 2007
Recordando a Miguel Ángel Bustos
Había nacido el 31 de agosto de 1932. Y el dibujo y la poesía fueron sus grandes pasiones (en cuatro de sus cinco libros incluyó sus propios dibujos).
Admiró al poeta Jacobo Fijman. Y al escritor Leopoldo Marechal, a quien definiría como su maestro y que prologó su libro Visión de los hijos del mal (Segundo Premio Municipal de Poesía 1968). Colaboró como crítico literario en las revistas Siete Días y Panorama y en los diarios La Opinión y El Cronista Comercial. Un día de mayo de 1976, un grupo de paramilitares lo secuestró de su casa. A partir de ese momento integra la lista de los treinta mil desaparecidos. Publicó los siguientes libros de poemas: Cuatro murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967), El Himalaya o la moral de los pájaros (1974).
Comunión salvaje
Me como a dios.
Como mi salvación y espanto.
Corazón de los sentidos digiere la cúpula celestial.
Ahora estoy en el campanario, un campanario tímpano cálido y extinguido.
Con el bronce, con la trompa badajo en el viento inflamo los mares. Que todo sea una salvaje profecía amor poseído amor ido.
Comunión salvaje
Me como a dios.
Como mi salvación y espanto.
Corazón de los sentidos digiere la cúpula celestial.
Ahora estoy en el campanario, un campanario tímpano cálido y extinguido.
Con el bronce, con la trompa badajo en el viento inflamo los mares. Que todo sea una salvaje profecía amor poseído amor ido.
Osar morir de vida
Reproducimos a continuación una nota del poeta Paco Urondo*, publicada en la revista Crisis, en el año 1974. Es de esos textos que, a nuestro humilde entender y como diría el mismo Urondo, "valen la pena".
"Los hechos históricos que estamos viviendo, y que están siendo bien registrados por su natural protagonista –el pueblo– todavía no han sido captados por nuestros artistas e intelectuales. No se ha producido todavía la inmersión de estos grupos en la realidad cabal que se vive en el campo del pueblo. Hay trabas, debilidades objetivas para esta identificación y sólo la práctica, la imaginación y la capacidad creativa de estos artistas e intelectuales irán encontrando los caminos, superando las dificultades hasta que sean suyas las alegrías y las preocupaciones del pueblo.
Pero la superación de estas dificultades objetivas sólo puede darse en la medida en que encaren simultáneamente los problemas ideológicos. El individualismo, el descompromiso, toda la sintomatología del liberalismo, estarán sumándose a las dificultades objetivas que intelectuales y artistas tienen para aportar su tarea a la causa del pueblo.
Por ejemplo, si alguien convierte su dignidad en susceptibilidad no sólo se aísla, trabado por la reticencia, sino que por ese camino indigno, por esa necesidad, deja de respetarse. Y quien deja de amarse no quiere a nadie. Y quien no quiere a nadie, no puede querer a su pueblo, no puede estar metido seriamente en una revolución que el pueblo hace para liberarse. El Che decía que la revolución es un acto de amor. Y es cierto, porque los actos de amor requieren entrega y lucidez.
"Osar morir de vida", me recordaba Lezama Lima que alguna vez dijo José Martí. Cuando se considera a la vida una propiedad privada, sólo el heroísmo, con su carga de posteridad o en el mejor de los casos, de búsqueda de inmortalidad, permite la osadía de ponerla en riesgo. Pero el sentido de la osadía que propone Martí no es individualista, sino que responde a una concepción ideológicamente más generosa. Porque la vida no es una propiedad privada, sino el producto del esfuerzo de muchos. Así, la muerte es algo que uno no solamente no define, que no sólo no define el enemigo ni el azar, que tampoco puede ponerse en juego por una determinación privada, ya que no se tiene derecho sobre ella: es el pueblo, una vez más, quien determina la suerte de la vida y de la muerte de sus hijos. Y la osadía de morir, de dar y, consecuentemente, ganar esa vida, es un derecho que debe obtenerse inexcusablemente."
Pero la superación de estas dificultades objetivas sólo puede darse en la medida en que encaren simultáneamente los problemas ideológicos. El individualismo, el descompromiso, toda la sintomatología del liberalismo, estarán sumándose a las dificultades objetivas que intelectuales y artistas tienen para aportar su tarea a la causa del pueblo.
Por ejemplo, si alguien convierte su dignidad en susceptibilidad no sólo se aísla, trabado por la reticencia, sino que por ese camino indigno, por esa necesidad, deja de respetarse. Y quien deja de amarse no quiere a nadie. Y quien no quiere a nadie, no puede querer a su pueblo, no puede estar metido seriamente en una revolución que el pueblo hace para liberarse. El Che decía que la revolución es un acto de amor. Y es cierto, porque los actos de amor requieren entrega y lucidez.
"Osar morir de vida", me recordaba Lezama Lima que alguna vez dijo José Martí. Cuando se considera a la vida una propiedad privada, sólo el heroísmo, con su carga de posteridad o en el mejor de los casos, de búsqueda de inmortalidad, permite la osadía de ponerla en riesgo. Pero el sentido de la osadía que propone Martí no es individualista, sino que responde a una concepción ideológicamente más generosa. Porque la vida no es una propiedad privada, sino el producto del esfuerzo de muchos. Así, la muerte es algo que uno no solamente no define, que no sólo no define el enemigo ni el azar, que tampoco puede ponerse en juego por una determinación privada, ya que no se tiene derecho sobre ella: es el pueblo, una vez más, quien determina la suerte de la vida y de la muerte de sus hijos. Y la osadía de morir, de dar y, consecuentemente, ganar esa vida, es un derecho que debe obtenerse inexcusablemente."
* Poeta y periodista argentino (1930-1976).
Abrazo austral de Juano Villafañe
Durante el Encuentro de Escritores Patagónicos, que se realizará en Puerto Madryn del 16 al 19 de agosto, organizado por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de esa ciudad, el poeta argentino Juano Villafañe presentará el libro Abrazo austral: poesía del sur de Argentina y Chile --título que ya integra la colección de libros de Editorial Desde la Gente, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, entidad con más de 2.500.000 libros difundidos y más de 1.500 escritores principalmente latinoamericanos.
Con el auspicio del Espacio "Juan L. Ortiz" y del Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini", Villafañe también presentará durante el mismo Encuentro, su último libro de poemas: Deconstrucción de la mañana (Ediciones Atuel), del que transcribimos, a continuación, un poema
Perdida por la lluvia
Veo tu rostro
sobre el agua de la calle de la lluvia
en los verdes que llevan tu cuerpo
vestido en una blusa.
Te debes bañar y mirar la calle
la avenida donde arrastrabas las flores en la noche
en la enorme y fabulosa calle de la lluvia
que vuelve a sí misma como el agua de la lluvia
y abres un sueño, un corredor
por las paredes de la lluvia
y en todas las flores de la lluvia
que cae sobre los infinitos paraguas de la lluvia
antes que el aire y el sol
den a tu cuerpo
con ese agua de lluvia
con ese frío del cuerpo perdido por la lluvia.
Con el auspicio del Espacio "Juan L. Ortiz" y del Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini", Villafañe también presentará durante el mismo Encuentro, su último libro de poemas: Deconstrucción de la mañana (Ediciones Atuel), del que transcribimos, a continuación, un poema
Perdida por la lluvia
Veo tu rostro
sobre el agua de la calle de la lluvia
en los verdes que llevan tu cuerpo
vestido en una blusa.
Te debes bañar y mirar la calle
la avenida donde arrastrabas las flores en la noche
en la enorme y fabulosa calle de la lluvia
que vuelve a sí misma como el agua de la lluvia
y abres un sueño, un corredor
por las paredes de la lluvia
y en todas las flores de la lluvia
que cae sobre los infinitos paraguas de la lluvia
antes que el aire y el sol
den a tu cuerpo
con ese agua de lluvia
con ese frío del cuerpo perdido por la lluvia.
miércoles, agosto 08, 2007
Es infinita esta riqueza abandonada
Autor: Edgar Bayley
esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro
cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas
distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha
extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos
islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de
todos de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas
vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas
veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío
no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada
Diadema: territorio libre de la palabra
Durante los días 23 al 30 de noviembre, en la ciudad de Diadema, Brasil, tendrá lugar la Segunda Muestra Internacional de Literatura-Poesía & Prosa, bajo el lema: “Diadema: territorio libre de la palabra”. El evento, uno de cuyos objetivos es "crear canales de intercambio literario-culturales", contará con la presencia de un gran número de participantes de diversos países. Artistas y académicos interesados en sumarse a esta muestra pueden solicitar informes escribiendo a: jgneres@uol.com.br; o bien entrar a las siguientes páginas: www.palavreiros.org y www.palavreiros.org/mostradeliteratura.htm
martes, agosto 07, 2007
Clínica de Poesía
Informamos por este medio a los poetas seleccionados, que la Clínica de Poesía organizada por la Secretaría de Cultura de la Nación, y coordinada por la poeta María del Carmen Colombo, comenzará a dictarse a partir del próximo miércoles 15 de agosto, en el horario de 19 a 21, en la sede de la Conabip, Ayacucho 1578.
Al abrigo de Edgar y de Paco
Fue una noche en el bar "Los galgos" que el maestro Edgar Bayley* me dijo, refiriéndose a Urondo*: "Es el verdadero poeta de su generación. Uno de nuestros más grandes". Sabía Edgar que me gustaba el tango y, acaso, por eso, me recomendó que leyera especialmente "Abrigo", un poema del santafesino. Lo hice mucho, mucho tiempo después, cuando, cosas del destino, en pago de una deuda incobrable, alguien me cedió una desvencijada antología de textos de Urondo. Leí ese poema y todos los otros textos incluidos en el ejemplar, comprobando que, una vez más, Edgar tenía toda la razón. Pero era demasiado tarde para decírselo: él ya se había ido de este mundo.
Abrigo
Aquel tapado de armiño,
esta situación que vivimos, mi amiga,
estos recuerdos que siempre tendremos
y esta vida que juntos vamos haciendo.
Algún día, y digo por decirlo, tendremos
ese tapado de armiño;
será un tiempo más justo, forrado en lamé,
como el tapado del tango. Un tiempo sin olvido.
Ese tapado de lo que fue,
nos hará siempre felices, viejos golpeados;
y tendremos tiempo para el ocio, o para la melancolía
y nunca llegaremos a aburrirnos.
Esta noche espero contento y hacerlo
es como ganar la revolución; estaba escrito
que tu llegada sería como una caricia después de la pelea,
la alfombra de la victoria, el puño que consume la derrota.
Pronto será la hora de las brujas y de los secretos
y después veremos la luz y escucharemos juntos ese disco del tapado;
y comerás con apetito, con juventud y seguramente haremos el amor,
y estarás conmigo y no tendrás miedo a nada.
*Poeta argentino (1919-1990).
*Poeta argentino (1930-1976).
Aquel tapado de armiño,
esta situación que vivimos, mi amiga,
estos recuerdos que siempre tendremos
y esta vida que juntos vamos haciendo.
Algún día, y digo por decirlo, tendremos
ese tapado de armiño;
será un tiempo más justo, forrado en lamé,
como el tapado del tango. Un tiempo sin olvido.
Ese tapado de lo que fue,
nos hará siempre felices, viejos golpeados;
y tendremos tiempo para el ocio, o para la melancolía
y nunca llegaremos a aburrirnos.
Esta noche espero contento y hacerlo
es como ganar la revolución; estaba escrito
que tu llegada sería como una caricia después de la pelea,
la alfombra de la victoria, el puño que consume la derrota.
Pronto será la hora de las brujas y de los secretos
y después veremos la luz y escucharemos juntos ese disco del tapado;
y comerás con apetito, con juventud y seguramente haremos el amor,
y estarás conmigo y no tendrás miedo a nada.
*Poeta argentino (1919-1990).
*Poeta argentino (1930-1976).
jueves, agosto 02, 2007
LA YO VACA*
Acerca de La muda encarnación de María del Carmen Colombo
Por Diana Bellessi
Con un ideal de tersura barroca en la representación y apropiándose de una sofis-ticada tradición literaria, Colombo abre paso a los “salvajes nacionales”: Discépolo, el sainete, Artl, la parodia a la gauchesca desde Estanislao del Campo hasta Lamborghini. Al borde de la desintegración sintáctica y montado en un ritmo arrasador, este libro atraviesa la tradición antedicha con la mirada de una mujer que sustenta un feminismo “bárbaro” –no programático, ni siquiera del todo auto consciente--, donde la luz del escenario abandona el relincho del caballo del héroe para enfocar el rumiar metafísico de –al decir de Colombo— la yo-vaca.
*El Cronista Cultural, viernes 24 de diciembre, 1993
Por Diana Bellessi
Con un ideal de tersura barroca en la representación y apropiándose de una sofis-ticada tradición literaria, Colombo abre paso a los “salvajes nacionales”: Discépolo, el sainete, Artl, la parodia a la gauchesca desde Estanislao del Campo hasta Lamborghini. Al borde de la desintegración sintáctica y montado en un ritmo arrasador, este libro atraviesa la tradición antedicha con la mirada de una mujer que sustenta un feminismo “bárbaro” –no programático, ni siquiera del todo auto consciente--, donde la luz del escenario abandona el relincho del caballo del héroe para enfocar el rumiar metafísico de –al decir de Colombo— la yo-vaca.
*El Cronista Cultural, viernes 24 de diciembre, 1993
lunes, julio 30, 2007
Susana Chevasco, in memoriam

Había nacido en 1941 en Buenos Aires. Y tuve el privilegio de conocerla y de ser su amiga, allá por los años setenta. Compartimos, junto con Roberto Cignoni, Silvia Sabo y Beatriz Ventura, el taller de poesía que dictaba por ese entonces el escritor Juan Carlos Martini Real. Además de llevarla siempre en mi corazón, conservo un ejemplar de su primer libro Versión de mambrú, que alcanzó a publicar en 1983. De este libro, reproduzco a continuación, y en forma de homenaje, además de uno de sus poemas, las palabras que Martini Real escribió en la contratapa.
"La poesía de Susana Chevasco insinúa una dolorosa lucha contra lo siniestro. Da cuenta del mismo: lo desplaza, lo impugna, actúa como catalizador. En Versión de mambrú se articula y desarticula una mecánica del fragmentismo, en donde sentir, pensar, obrar y expresarse procuran anudar una inquietante identidad de la producción poética. Un sitio en donde el lenguaje resalta su explosiva libertad de tajear la vida establecida, por un mundo mejor, siempre perfectible, aun a costa de llevar hasta la marginalidad la asfixia de sobreponer una determinada poesía (de creer en ella, de consumir y revolucionar sus despojos), primero como automatismo vivencial, luego como lucidez de una experiencia estrictamente escritural."
MALLARME
peligro de los signos
acrisolados monzones
la hoja en blanco
sonidos antagónicos del asesino
poeta recurrente al mar
recurrente
la zarza consume los ojos
y así crece la sombra
cristalizada del mundo
esos rencores
tan parecidos
a la duda
podrida en un cajón
¿y tus versos puros?
corazón visitado por pasiones
como corrupción furtiva
gladiador espectral de soles
y la nave única
que hace
brechas en otra galaxia dormida
VERSIÓN DE MAMBRÚ
en qué quedó calesita
mil vueltas
papá chupetín
infancia invisible
de inagotable muselina
sobreviven crujidos de diluvios
espantada nena fotografía sepia
espejo para trás
1941 nacimiento
gestos de guerra
siglos duran
sin saber
la nena comiendo piedad piojosa
de humanidad violentada
acaso sollozos de continentes lejanos
escenario de escombros
pero sí bicicleta y chocolate
oh ciudades carcomidas
donde un vaho
traga gestos de fango
memoria de helado y vainilla
siestas dispersas
nena canela
en documentos de certeza
rincón ignorante por
imperceptibles horrores
ante gorriones de barrio
ruedan
arcas de lamentos
maleficios de lluvias
por desenfrenado aliento
toro derrumbado
en nubes vencidas
matanza en el saqueo de los huesos
ambigua vida nena
hechizos la muerte
por antiguos esqueletos
no conocen jaulas
desnudas de luna
sino delantal almidón
comiendo
fervorosamente
ángeles implacables
a pesar
de llantos mortales
mamá caricia de pájaro sopa
"La poesía de Susana Chevasco insinúa una dolorosa lucha contra lo siniestro. Da cuenta del mismo: lo desplaza, lo impugna, actúa como catalizador. En Versión de mambrú se articula y desarticula una mecánica del fragmentismo, en donde sentir, pensar, obrar y expresarse procuran anudar una inquietante identidad de la producción poética. Un sitio en donde el lenguaje resalta su explosiva libertad de tajear la vida establecida, por un mundo mejor, siempre perfectible, aun a costa de llevar hasta la marginalidad la asfixia de sobreponer una determinada poesía (de creer en ella, de consumir y revolucionar sus despojos), primero como automatismo vivencial, luego como lucidez de una experiencia estrictamente escritural."
MALLARME
peligro de los signos
acrisolados monzones
la hoja en blanco
sonidos antagónicos del asesino
poeta recurrente al mar
recurrente
la zarza consume los ojos
y así crece la sombra
cristalizada del mundo
esos rencores
tan parecidos
a la duda
podrida en un cajón
¿y tus versos puros?
corazón visitado por pasiones
como corrupción furtiva
gladiador espectral de soles
y la nave única
que hace
brechas en otra galaxia dormida
VERSIÓN DE MAMBRÚ
en qué quedó calesita
mil vueltas
papá chupetín
infancia invisible
de inagotable muselina
sobreviven crujidos de diluvios
espantada nena fotografía sepia
espejo para trás
1941 nacimiento
gestos de guerra
siglos duran
sin saber
la nena comiendo piedad piojosa
de humanidad violentada
acaso sollozos de continentes lejanos
escenario de escombros
pero sí bicicleta y chocolate
oh ciudades carcomidas
donde un vaho
traga gestos de fango
memoria de helado y vainilla
siestas dispersas
nena canela
en documentos de certeza
rincón ignorante por
imperceptibles horrores
ante gorriones de barrio
ruedan
arcas de lamentos
maleficios de lluvias
por desenfrenado aliento
toro derrumbado
en nubes vencidas
matanza en el saqueo de los huesos
ambigua vida nena
hechizos la muerte
por antiguos esqueletos
no conocen jaulas
desnudas de luna
sino delantal almidón
comiendo
fervorosamente
ángeles implacables
a pesar
de llantos mortales
mamá caricia de pájaro sopa
Fuegos de Edipo, de Walter Lezcano
Igual que el ojo ciego de una cámara, la mirada de Walter Lezcano se proyecta sobre ciertos temas y motivos, lugares "comunes" en el imaginario construido por una literatura, sobre todo la popular, que ha hecho de la ciudad su paisaje habitual. Los poemas incluidos en Fuegos de Edipo evocan la escena del hombre que está solo y espera, hombre demorado, como un personaje de Roberto Artl, en un bar, en una pieza de hotel. Sobre esta escenografía familiar va desplegándose algo así como un telón de niebla, memoria/ insomne/de un sonámbulo que/ en vigilia calla, tejida con la sutil materia de las cavilaciones, sueños y deseos de un yo que hace sombras en la pared, que en sus propios pensamientos se extravía. Fumar, calentar té, pensar (te pienso/ y el resultado es esta luz) son algunos de los rituales que alcanzan a iluminar con sus pequeños fuegos las sucesivas vueltas de un yo que --dice-- siempre retorna. Este continuo y a veces exasperado perderse/ para encontrarse, irse/ para volver, cuyos giros y saltos, cambios de punto de vista, parecen responder al vertiginoso movimiento de un zapping, reproducen fielmente el afiebrado orbitar de la mirada del autor, la misma que nos conduce por esta desasosegante travesía.
Libro recomendado
Cosas de allá, de más allá. Jacques Canut*, Alicia Gallegos Editora
Por María del Carmen Colombo
Mirada que transforma el bucólico paisaje, lo cubre con el velo de una temperatura íntima, sombra inquietante que el poeta extiende sobre la escenografía campesina, familiar. Ingresan así al espacio de la página una fuente perdida, ovejas que cierran los ojos para olvidar y un pastor aferrado en lo sombrío de su existencia a la luz tenaz del verano.
Así comienza este bello libro, con la voz de la sombra en la mirada, como dice Jacques Canut aludiendo a ese sentimiento de vulnerabilidad que el poeta se niega a dejar de lado, precisamente el mismo frente al cual el hombre contemporáneo retrocede temeroso. No hay concesiones, entonces, para quien ha decidido recorrer el camino que lo lleva a reconocerse como un ser limitado, un ser atravesado por la misteriosa lengua de la muerte, es decir, por el amor y por el tiempo.
"Necio y generoso/ el grillo lo alumbra todo/ noche, jaula;/ a sí mismo./ Esclavo anclado a la huida del tiempo/ que celebra la vuelta perpetua/ del alba": afirmación de la vida y afirmación de la muerte se revelan así en el claroscuro de la imagen como una continuidad, imposible pensar una sin la otra parece decirnos Jacques Canut, acaso porque nuestra existencia se apoya en esos dos reinos ilimitados y se alimenta inagotablemente de los dos.
No hay ofensa frente al extraño idioma de lo inconmensurable, entonces, ni tampoco la búsqueda de salvación en religiones cuya promesa de trascendencia nos recluiría, como al Cristo, en una cumbre de altanera soledad. La palabra del poeta, abierta en su inmanencia, sólo intenta atraer ese dolor, traducir esa tristeza que produce la conciencia de saberse una vida prometida a desaparecer: "lo difícil es dejarlo todo, la Tierra", nos dice Jacques Canut.
Sostenido en esa fragilidad, en esa persistencia de lo que parece más destinado a perecer, el poeta despoja la materia verbal de toda gravedad, otorgando a los versos esa levedad viajera para anticipar, quizá su vuelo final: a través de la luz dorada de su memoria emergen los recuerdos, esas cosas de allá: el rico y extraño castellano de los ancestros, perdidos amores, el vértigo de un pasado evanescente. Exactitud y precisión en la artesanía del poema permiten captar las sensaciones más sutiles, esas voces perdidas como el eco, voz del monte; un poder hechicero que Canut aplica a la definición minuciosa de los detalles, a la composición de las imágenes a la iluminación de la atmósfera. También, a veces, sugerencia e ironía disuelven lo concreto de la experiencia tangible.
"El pasado se borra/ Qué camino elegir después?// La llovizna esconde/ el recorrido/ Tropezar con el lucero/ de una casita:/ ¿alma gemela?" Sólo quien escucha tan intensamente la destemplanza del tiempo puede transformar la tristeza en sabiduría, traductor que no es traidor sino alguien que en un gesto de aproximación, de acercamiento, busca en sus lectores, quizá el lucero de un alma gemela.
Preguntas suspendidas, abiertas, y blancos, respirados profundamente, que escanden la travesía del largo y único poema en busca de su propio límite. Preguntas y blancos donde se refugia sólo lo incierto. Intimidad que respira, silenciosa como un puro consumirse, como si hablar fuese un pasaje hacia un más allá que es sólo ocaso.
Admirable infortunio que nos entrega este corazón en despedida, que puede, aun en su caída, celebrar: "poema/regalo de inagotable juventud... En mis ojos queda/ hija mía/ la luz de tu semblante/ que se negará a cambiar". Celebración en el ocaso, así termina este nuevo libro de Jacques Canut Cosas de allá, de más allá, con la voz de una luz en la mirada. Canto heredero de los místicos, entrañable certeza que durará en nosotros, en nuestra lejana cercanía, casi como un bello semblante.
Mirada que transforma el bucólico paisaje, lo cubre con el velo de una temperatura íntima, sombra inquietante que el poeta extiende sobre la escenografía campesina, familiar. Ingresan así al espacio de la página una fuente perdida, ovejas que cierran los ojos para olvidar y un pastor aferrado en lo sombrío de su existencia a la luz tenaz del verano.
Así comienza este bello libro, con la voz de la sombra en la mirada, como dice Jacques Canut aludiendo a ese sentimiento de vulnerabilidad que el poeta se niega a dejar de lado, precisamente el mismo frente al cual el hombre contemporáneo retrocede temeroso. No hay concesiones, entonces, para quien ha decidido recorrer el camino que lo lleva a reconocerse como un ser limitado, un ser atravesado por la misteriosa lengua de la muerte, es decir, por el amor y por el tiempo.
"Necio y generoso/ el grillo lo alumbra todo/ noche, jaula;/ a sí mismo./ Esclavo anclado a la huida del tiempo/ que celebra la vuelta perpetua/ del alba": afirmación de la vida y afirmación de la muerte se revelan así en el claroscuro de la imagen como una continuidad, imposible pensar una sin la otra parece decirnos Jacques Canut, acaso porque nuestra existencia se apoya en esos dos reinos ilimitados y se alimenta inagotablemente de los dos.
No hay ofensa frente al extraño idioma de lo inconmensurable, entonces, ni tampoco la búsqueda de salvación en religiones cuya promesa de trascendencia nos recluiría, como al Cristo, en una cumbre de altanera soledad. La palabra del poeta, abierta en su inmanencia, sólo intenta atraer ese dolor, traducir esa tristeza que produce la conciencia de saberse una vida prometida a desaparecer: "lo difícil es dejarlo todo, la Tierra", nos dice Jacques Canut.
Sostenido en esa fragilidad, en esa persistencia de lo que parece más destinado a perecer, el poeta despoja la materia verbal de toda gravedad, otorgando a los versos esa levedad viajera para anticipar, quizá su vuelo final: a través de la luz dorada de su memoria emergen los recuerdos, esas cosas de allá: el rico y extraño castellano de los ancestros, perdidos amores, el vértigo de un pasado evanescente. Exactitud y precisión en la artesanía del poema permiten captar las sensaciones más sutiles, esas voces perdidas como el eco, voz del monte; un poder hechicero que Canut aplica a la definición minuciosa de los detalles, a la composición de las imágenes a la iluminación de la atmósfera. También, a veces, sugerencia e ironía disuelven lo concreto de la experiencia tangible.
"El pasado se borra/ Qué camino elegir después?// La llovizna esconde/ el recorrido/ Tropezar con el lucero/ de una casita:/ ¿alma gemela?" Sólo quien escucha tan intensamente la destemplanza del tiempo puede transformar la tristeza en sabiduría, traductor que no es traidor sino alguien que en un gesto de aproximación, de acercamiento, busca en sus lectores, quizá el lucero de un alma gemela.
Preguntas suspendidas, abiertas, y blancos, respirados profundamente, que escanden la travesía del largo y único poema en busca de su propio límite. Preguntas y blancos donde se refugia sólo lo incierto. Intimidad que respira, silenciosa como un puro consumirse, como si hablar fuese un pasaje hacia un más allá que es sólo ocaso.
Admirable infortunio que nos entrega este corazón en despedida, que puede, aun en su caída, celebrar: "poema/regalo de inagotable juventud... En mis ojos queda/ hija mía/ la luz de tu semblante/ que se negará a cambiar". Celebración en el ocaso, así termina este nuevo libro de Jacques Canut Cosas de allá, de más allá, con la voz de una luz en la mirada. Canto heredero de los místicos, entrañable certeza que durará en nosotros, en nuestra lejana cercanía, casi como un bello semblante.
Jacques Canut nació en Francia, en 1930. Profesor de Letras e Historia. Ha publicado unos noventa poemarios, once de ellos escritos en español. En Argentina publicó: Siembras, 1998; El espejo infiel, 2000 y Sur de cruz, 2003.
jueves, julio 26, 2007
Sobre La Muda encarnación, de María del Carmen Colombo

Por Horacio Zabaljáuregui*
En el principio, es la hipnótica lámpara de la hoja en blanco, esa pampa espectral donde un signo, una sola cosa enciende, llama. Allí una voz encarna en la luz, allí una sola cosa forma fondo, va cavando. En el principio un torrente, el desierto murmullo incesante que va a dar a luz, que va a dar rienda suelta al eterno caballo del fluir. Sí. En el principio, fundar y fundir, y sobre todo, una manera de montar, de poner en escena, de recortar en el gran gerundio universal, la forma. Solapado caballo de Moebius que al verre deviene vaca, origami del signo, pliegue o bisagra del yo; metamorfosis de la lengua por la que el caballo nos da a la vaca. Así, por su propio peso, el del envase o en su defecto el del origen, por esa tara caída del árbol va cavando esta vaca aparecida, va llenando desde el abierto cielo de su herida al desierto suelo de su dolor. Es el duelo del sentido, un vacío difícil de llenar y también, un combate entre dos que se han desafiado. Alta en el cielo, la mirada. El afuera de la mirada, el eterno cristal la transparencia, el sueño, el zoom. El cielo. La gran cuenca vacía del cielo, los ojos el ciego, la noche de los ojos del ciego, el ciego de Baudelaire que levantaba los ojos hacia el cielo, hasta la deslumbrante ausencia, hasta el eclipse del padre. Cosas por el estilo. Un gesto. Una espiral como la de Pessoa, una serpiente sin serpiente enroscada verticalmente en ninguna cosa, la estola de tul de la Virgen, una víbora de rezos que se enrosca a los pies. Yo la vi como en un libro de estampas, como un retablo de la memoria. Es canción la madre “vaite a lavar, porcona, vaite a lavar”, yo la vi calle de los dibujos, los cromos del barrio. Imágenes-escenas Bosch y Brueghel, fogatas, iluminaciones, figuritas, boca de buraco el cincel. En el principio la Ponedora purísima del casto huevo celestial. En el principio, ni el huevo, ni la gallina, tan solo el vacío, por donde se vuela el alma, hálito o logos neumático que va a dar a luz la podredumbre del cuerpo, pura pérdida, el claustro donde se exhala, donde se muere un día de nacer. En esa zanja oscura una muda encarna y va mutando otras voces, fuentes donde abrevar: vallejo, Gelman, fuentes donde meter las patas, trazo, hilván de las costureras del reino de los cielos, que a pura pérdida hacen el sudario, la lengua al vacío donde volver a ver al verbo. Aliento de mí en la frase, entrañas huecas, tripas del reloj. A golpes de estilo acuna arrulla incuba en el alba blanca, en la pura luz llena luna hasta el colmo. Creo con ella que un cuchillo nos une. Creo en la muda encarnación, esa línea desafinada para un oído absoluto. Creo en la eficacia del vacío, creo en el desgarramiento, en la dispersión del cuerpo, aluvión y metamorfosis. Creo en el bestiario doméstico que va cavando un estilo, una poética, sin contrabando de jergas, sin impostar teorías, sin trucos de ventrílocuo. Cuando así alumbra una voz, sólo nos resta celebrar y sobre todo arder cuando llama.
*Revista Último Reino, julio 1993, pp.25 a 29.
domingo, julio 22, 2007
La tradición es un delirio, antiguo
Por María del Carmen Colombo
al Grupo El Ladrillo
La herencia se impone, la tradición se elige, se fabula entre mate y mate, ante la mirada absorta --ausente-- de tatitas juidos al misterio del desierto por cuestiones de la ley.
Pocas pero ineludibles las huellas que dejaron esos caballos fantasmles en la llanura lisa de papel, nos han servido, sin embargo, para que en la soledad huérfana pudiéramos ensayar nuestra elección, intentarla por lo menos.
Metiéndonos por los intersticios de esas ausencias, nuestros ojos neblinosos, casi ciegos por la orfandad, por la falta de alimento, escucharon el susurro, la mudez de sus huellas, de sus textos.
En el presente de la llanura, en la orfandad pelada de la pampa de papel, robamos para comer, digerimos estrategias de supervivencia, ahondamos las huellas dejadas como al boleo ---bebimos de ellas-- hasta borrarlas, hasta olvidar, hasta escribirlas. Y en esos menesteres nos dimos cuenta de que --sin querer-- repetíamos los gestos de aquellos padres, también abandonados por los suyos. Casi atontados por la bebida, brebaje de huellas, en el pasado de la huida creímos ver un baile de borrachos, de mareados pañuelos que al compás de un pericón nos saludaban: eran los padres nuestros rezados de rodillas, el porqué, el porqué me has abandonado. Herencia de orfandad, de abandono en la pampa, como un desamparar que se hizo tango de nuestra propia suerte. Como un destino la herencia que se imporne: la condena de hablar en una lengua falta, falta de todo padre. Hambre, hambre voraz había de inventarnos alguno.
Qué tarde era la hoja cuando lo descubrimos, una tarde casi crepuscular, esas que se asemejan al futuro cuando cae en picada, cuando el futuro cae como un descubrimiento fugaz. Otros más avispados tenían sus familias constituidas, como ecos repetían a los vientos: "a no llorar, la falta es lo que sobra", y tapaban los huecos de los platos, la boca de los mates las cerraban --horror vacui--, se enyenaban el buche y rellenaban colchones con los verdes vocablos de una herencia, y había que dormir para escucharlos recitar.
Cuando nos dimos cuenta --distraídos--, nos encontramos adentro de un espejismo de cristal, nuestro laboratorio refulgía, éramos alquimistas haciendo los conjuros contra la musa de la mala malaria. El movimiento del futuro anterior, como alguien dijo, "nos hacía comer de nuestra propia carne y vomitar otra distinta", trasmutar, trasmudábamos, mudábamos de forma: de la nada de fierro a la transformación en oro, oro aurora del nuevo día. Tradición de inventores de medias transparentes, argentinos, poetas: hacer nuevo lo viejo, como el sol, hacerlo cada día, pero siempre después, en el pasado de un presente futuro. Es decir: como perlas parir antepasados.
Notas halladas al pie de las estrofas de un pericón (antiguo)
A) Cuando los bailarines comienzan a girar, para atrás y adelante, debe leerse --léase-- en esta figura de la coreografía el régimen cronológico de nuestra tradición: el futuro anterior. En el sentido de que sólo instalados en el cuerpo de baile acontecido pueden recrearse las condiciones de producción de este acontecimiento, el baile, y entre ellas la así llamada tradición.
B) Cuando los bailarines se desplazan y ocupan el lugar de otro debe leerse, léase, a la tradición, a través de esta figura mínima. Acuérdese, lector, como dice la rima, la tradición es construcción política, en el sentido literario, claro. Porque todo texto ocupa su lugar por el desplazamiento de otros (textos), y por lo tanto la tradición permitirá la mejor producción de este desplazamiento.
C) Cuando los bailarines sacan los pañuelos debe leerse --léase--: la tradición es una apropiación, que se da bajo la forma o modalidad de cierta convocatoria a fantasmas emblemáticos, a ciertas voces que hablarán en los intersticios de la voz propia. En fin, ¿un inocente padrinazgo?
Otoños de antología Suplemento Ñ (24-4-04)
Por Vicente Muleiro*
Se ha hecho esperar como una amante calculadora que sabe cuándo y cómo hay que asestar el golpe, pero al final llegó con repiques de lluvia e imprevistas amenazas de volver a partir para mantenernos cautivos en torno de su esquiva permanencia. Se ha hecho esperar pero al fin llegó el otoño, la estación de mayor prestigio literario.
El mes de abril se hubiera disuelto en el aire si el otoño no venía a evocar, entre tantos, los versos de Keats: "Golfos calmos/ tiene el alma en otoño, cuando se encierra/plegando sus alas, conforme con mirar/la niebla ocioso: con dejar que la belleza/pase sin ser notada como un arroyo naciente".
Era hora de sacar siquiera una campera liviana y cumplir con la orden poética dictada por J.L. Ortiz: "Es otoño, muchachos. Salid a caminar./ Otoño en su momento inicial, más hermoso (...). Ya está el viento, muchachos, el viento del otoño. del otoño/ violento o suave casi como un suspiro".
Es hora por esta ciudad que tiene todo para dar cobijo a una estación que amarillea la realidad. Vivir o aún morir como quiso Vallejo: "Me moriré en París con aguacero,/ un día del cual tengo ya el recuerdo./ Me moriré en París -y no me corro- tal vez sea un jueves como es hoy, de otoño".
El poeta platense Roberto Themis Speroni también clamó para sí el mismo privilegio de Vallejo para despedirse del mundo: "Debe ser en abril. De otra manera./ yo no podría ver a los labriegos,/ni a mis hijos en torno, ni a mi rostro,/ni a tanta cosa ue en abril fue mía".
Abril de intensidad o de deseos de atrapar la intensidad, como en el poema de María del Carmen Colombo: "Abril es hoy y toso en el viejo vestido amatorio de las estaciones/como una hembra en desuso. Y caigo a veces de este cuerpo/ porque me pesa en sangre el hervor de lo que deseo".
Abril. Una mujer con un piloto azul vence a la opacidad por Talcahuano. Se despeinan los árboles en la Plaza Lavalle. Hay que llegar a un sitio. En otoño hay que salir, muchachos, como pide Juanele, pero también hay que tener una ventana adónde llegar.
Se ha hecho esperar como una amante calculadora que sabe cuándo y cómo hay que asestar el golpe, pero al final llegó con repiques de lluvia e imprevistas amenazas de volver a partir para mantenernos cautivos en torno de su esquiva permanencia. Se ha hecho esperar pero al fin llegó el otoño, la estación de mayor prestigio literario.
El mes de abril se hubiera disuelto en el aire si el otoño no venía a evocar, entre tantos, los versos de Keats: "Golfos calmos/ tiene el alma en otoño, cuando se encierra/plegando sus alas, conforme con mirar/la niebla ocioso: con dejar que la belleza/pase sin ser notada como un arroyo naciente".
Era hora de sacar siquiera una campera liviana y cumplir con la orden poética dictada por J.L. Ortiz: "Es otoño, muchachos. Salid a caminar./ Otoño en su momento inicial, más hermoso (...). Ya está el viento, muchachos, el viento del otoño. del otoño/ violento o suave casi como un suspiro".
Es hora por esta ciudad que tiene todo para dar cobijo a una estación que amarillea la realidad. Vivir o aún morir como quiso Vallejo: "Me moriré en París con aguacero,/ un día del cual tengo ya el recuerdo./ Me moriré en París -y no me corro- tal vez sea un jueves como es hoy, de otoño".
El poeta platense Roberto Themis Speroni también clamó para sí el mismo privilegio de Vallejo para despedirse del mundo: "Debe ser en abril. De otra manera./ yo no podría ver a los labriegos,/ni a mis hijos en torno, ni a mi rostro,/ni a tanta cosa ue en abril fue mía".
Abril de intensidad o de deseos de atrapar la intensidad, como en el poema de María del Carmen Colombo: "Abril es hoy y toso en el viejo vestido amatorio de las estaciones/como una hembra en desuso. Y caigo a veces de este cuerpo/ porque me pesa en sangre el hervor de lo que deseo".
Abril. Una mujer con un piloto azul vence a la opacidad por Talcahuano. Se despeinan los árboles en la Plaza Lavalle. Hay que llegar a un sitio. En otoño hay que salir, muchachos, como pide Juanele, pero también hay que tener una ventana adónde llegar.
sábado, julio 21, 2007
Poesía Gallega: Xohana Torres
Voz central de la poesía gallega de la segunda mitad del siglo XX, Xohana Torres, nació en Santiago de Compostela en 1931. Es autora teatral (A otra banda do Iberr (1965), Un hotel de primeira sobre o rio (1969); novelista (Adiós, María, 1971); y poeta (Do sulco (1957), Estacións au mar (1980), Tempo de Ría (1992). En 2004 publicó su Poesía reunida (1957-2001).
Sibila en Ribadavia
Protégeme, crepúsculo,
lugar de mis ex votos,
humilde acudo al sol en rogativa.
A vueltas con el pasado
buscar en la infancia
el tesoro del mapa oculto bajo las piedras.
En mí siempre levita Lola ingrávida,
con un acompañamiento sonoro de gorriones,
su perfil en realce por los lindes.
Sibila en Ribadavia, blusa negra,
bendita sea la que pisaba los racimos
para hacer el vino como si fuera la luz,
¡cuánto amor aún mueve!
En esta hora, amparada o poniente
peregrino hasta el mundo amatista de las viñas:
es que nada se entenderá de todo
si antes no regreso al punto de partida.
No me permite la muerte
alcanzar el rincón por el que Lola asoma
como un dulce dibujo de Chagall.
Traducción: Luciano Rodríguez
Agradecemos a la poeta Chus Pato por habernos
cedido el ejemplar del libro de Torres Olas atlánticas
(Puerta del Mar, 2005), de donde extractamos el poema.
Sibila en Ribadavia
Protégeme, crepúsculo,
lugar de mis ex votos,
humilde acudo al sol en rogativa.
A vueltas con el pasado
buscar en la infancia
el tesoro del mapa oculto bajo las piedras.
En mí siempre levita Lola ingrávida,
con un acompañamiento sonoro de gorriones,
su perfil en realce por los lindes.
Sibila en Ribadavia, blusa negra,
bendita sea la que pisaba los racimos
para hacer el vino como si fuera la luz,
¡cuánto amor aún mueve!
En esta hora, amparada o poniente
peregrino hasta el mundo amatista de las viñas:
es que nada se entenderá de todo
si antes no regreso al punto de partida.
No me permite la muerte
alcanzar el rincón por el que Lola asoma
como un dulce dibujo de Chagall.
Traducción: Luciano Rodríguez
Agradecemos a la poeta Chus Pato por habernos
cedido el ejemplar del libro de Torres Olas atlánticas
(Puerta del Mar, 2005), de donde extractamos el poema.
miércoles, julio 18, 2007
DODÓ: Vida de artistas

Ya está a la venta en los kioscos de la Ciudad de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires, el segundo número de la revista Dodó, que, como bien señala su director, el escritor César Bandin Ron, se propone "registrar el testimonio de nuestros artistas -de las más variadas formas de expresión y tendencias". Ahora con más páginas, mejor encuadernación que el primer número, y con un diseño siempre exquisito, esta publicación logra cumplir con ese objetivo "sin intermediaciones y en absoluta libertad". Imperdible, en esta nueva entrega, es el dossier dedicado a la poesía visual en Cataluña, con la cual se intenta, a través del testimonio de algunos poetas catalanes actuales, "presentar al lector no iniciado una de las tendencias más experimentales del siglo XX".
martes, julio 17, 2007
Libro recomendado
Mas claro todo es el libro de poemas de Noelia Rivero, editado en el 2006 bajo el sello Zorra Poesía. A continuación, y para que lo disfruten, transcribimos el poema II, incluido en "Textos dejados en la piedra", tercera sección de este poemario.
II
No puedo tocarte
las palabras no son tan precisas
están fuera del mundo
que se puede tocar.
Iluminan, sí
oscurecen, sí
pero no se las ve
"riendo por la calle"
"apurándose por el frío".
Si fuera música
si al menos yo fuera música
¡bailaríamos!
II
No puedo tocarte
las palabras no son tan precisas
están fuera del mundo
que se puede tocar.
Iluminan, sí
oscurecen, sí
pero no se las ve
"riendo por la calle"
"apurándose por el frío".
Si fuera música
si al menos yo fuera música
¡bailaríamos!
lunes, julio 16, 2007
Un poema de Alfonsina de Diario de viaje
Orden
Conato de tormenta. El mar se alza contra el buque; caballo encabritado quiere voltear a su jinete.
Sopapeado por las olas, aquél brama rencorosamente con sus fibras, cuerdas vocales.
La proa brinca el mar.
La hélice, cola enloquecida de vacío, quiere desprenderse y saltar hacia el espacio.
Un orden superior, una armonía de subordinación mantiene tabla sobre tabla, hierro sobre hierro.
Ejército de "pioneers" cada clavo, cada cuña, cada remache, se mantiene en su puesto celando su pequeño radio.
Un grito solo de deserción, un comienzo de desbande, y los perros azules del mar se lanzarían a la caza humana.
Pero hay una palabra colectiva del humilde guardián: -¡Presente!
Así, el buque cabecea a su antojo, se deja gustar, coquetea gallardamente.
¡Ah, la libertad, el impulso absoluto, la explosión del yo!
Cabello tembloroso sobre una fauce ávida, penetro el sentido íntimo del orden.
(La Nación, 1930)
(Extractado de Alfonsina Storni, Losada, 1999)
Alfonsina Storni: Un viaje hacia la tierra del danzón
Por María del Carmen Colombo
"Cuando cambian los vientos/ el alma femenina se trastorna y varía"
A partir de su libro Ocre, publicado en 1925, Alfonsina cambia de aires; abandona las grandes masas ardientes del Zonda e ingresa, lentamente, en el territorio de la sudestada. El desprendimiento supone, entre otras cosas, la despedida de su amante-padre literario, Rubén Darío, ante quien reconoce: "otras formas me atraen, otros nuevos colores". La dona e´ móbile pero no una pluma, porque la sostiene el peso de sus condiciones materiales, monedas que cuenta como las primaveras, sus ideas: "otra ha de ser mi poesía de mañana", decía ya en 1920, en su libro Languidez. Nunca mejor traducido ese mañana que por la travesía poética que emprende, cinco años después.
Atenta siempre a los cambios de estación, a la intemperie del tiempo personal e histórico, su voz avanza hacia la tierra del danzón: zona del desencanto, hasta el oro de unas rimas se descubre, falso, ante el cansado soplo de la muerte. Esa caída en la cuenta del tiempo, esa conciencia de la finitud genera en quien habla en los textos de Ocre un estado de alerta que sorprende a sus lectoras del 2000, no sólo por la precocidad del suceso (“en mi año treinta y uno”, lo fecha Alfonsina).
Brisas humedecidas del sudeste desarman la escenografía tradicionalmente asignada a una mujer en edad madura. En la escena de representación, la humana cabeza se enfría, toma distancia y contempla el propio drama como desde afuera: la tristeza se aligera y muda en melancolía, la pesadez de lo cómico se transforma en humor, ironía, la antigua furia en inteligente desafío de payadora: tonos, matices de la voz otoñal que hablan de una apuesta de Alfonsina por el rodeo, la visión indirecta necesaria para vencer al monstruo del desengaño, rey devorante que impide al lobezno corazón alzar el vuelo.
Si en Ocre predominan los tonos y los matices de la voz, en Mundo de siete pozos (1924) el trabajo es con el ritmo y el espacio. Versos emparentados con la prosa o ritmos liberados de la rima dan entrada a la materia espacial, los poemas van dibujando sus delgadas siluetas, a veces en su arrastrado andar las palabras sacan lustre al piso de la página, cortes y encabalgamientos escanden una respiración jadeada. Otras veces es el decir caminado de la conversación, giros y acentos del habla popular, sutileza de la picardía propia de las voces colectivas, ecos y reverberaciones del Río de la Plata: "No era muy grande mi amor,/ no era muy alto/ nunca lo vi en traje de baño", dice en la "Balada arrítimica para un viajero". Los recursos de la vanguardia sirvieron a Alfonsina para alumbrar, entre otras cosas, una musicalidad compleja y de variada estructuración, más afín con la movilidad creativa, con el baile de su inteligencia. Sin embargo, su autora, una mujer acostumbrada a poner el cuerpo, caracterizó a este libro como "demasiado difuminado".
Si bailando habla el ser humano, y si el baile, como dicen, es la corporalidad del canto, puedo suponer que acaso la voz que habla en Mascarilla y trébol (1938) haya imitado la gravedad sin peso de los cuerpos que obedecen el orden y la aventura de un baile: Alfonsina lo llamó danzón, nosotras lo llamamos tango: Una tarde, borracha de tus uvas/ amarillas de muerte, Buenos Aires/que alzas en sol de otoño en las laderas/ enfriadas del oeste, en los tramontos// vi plegarse tu negro Puente Alsina/ como un gran bandoneón y a sus compases/ danzar tu tango entre haraposas luces/ a las barcazas rotas del Riachuelo:// sus venenosas aguas, viboreando/ hilos de sangre; y la hacinada cueva; y los bloques de fábricas mohosas,// echando alientos, por las chimeneas,/ de pechos devorados, machacaban/ contorsionados su obsedido llanto.
Nota: Entre las justicias que Borges nunca administró se encuentra su actitud de continuo silenciamiento y desprecio ante la voz poética de Alfonsina, que ya cargaba sobre sí, yugo al cuello, la indiferencia de Lugones, el admirador de "Mi noche Triste", de Pascual Contursi, considerada por él como el mejor tratado sobre la ausencia. Borges, el escritor genial, el lector sutilísimo, el hombre que abrió sus oídos a Carriego, el mismo que afirmó "el tango está en el tiempo, en los desaires del tiempo", renegó del decir poético de Alfonsina, emparentado de muchas formas con la música y el imaginario del territorio que él gobernó con bastón de patriarca y ojo de patrón. Inclasificable, incorregible en términos borgeanos, resultó la voz de esta mujer que desde el margen acercaba asociaciones complejas e inesperadas para un escritor anclado quizás en otro siglo. Alfonsina fue más allá, volaba hacia el futuro, y en el 2000, también, la esperaban sus lectoras.
Nota: Entre las justicias que Borges nunca administró se encuentra su actitud de continuo silenciamiento y desprecio ante la voz poética de Alfonsina, que ya cargaba sobre sí, yugo al cuello, la indiferencia de Lugones, el admirador de "Mi noche Triste", de Pascual Contursi, considerada por él como el mejor tratado sobre la ausencia. Borges, el escritor genial, el lector sutilísimo, el hombre que abrió sus oídos a Carriego, el mismo que afirmó "el tango está en el tiempo, en los desaires del tiempo", renegó del decir poético de Alfonsina, emparentado de muchas formas con la música y el imaginario del territorio que él gobernó con bastón de patriarca y ojo de patrón. Inclasificable, incorregible en términos borgeanos, resultó la voz de esta mujer que desde el margen acercaba asociaciones complejas e inesperadas para un escritor anclado quizás en otro siglo. Alfonsina fue más allá, volaba hacia el futuro, y en el 2000, también, la esperaban sus lectoras.
Aurelia Rivera Libros-Grupo Editorial Buenos Aires
LO QUE NO SE DICE
"La reedición de La muda encarnación de María del Carmen Colombo
recupera un libro clave de la poesía argentina contemporánea..."
El artículo completo: http://www.aurelialibros.com.ar/colombo_mdc.htm
"La reedición de La muda encarnación de María del Carmen Colombo
recupera un libro clave de la poesía argentina contemporánea..."
El artículo completo: http://www.aurelialibros.com.ar/colombo_mdc.htm
jueves, julio 12, 2007
La muda encarnación- Ed. Aurelia Rivera 2006

Versión completa de la reseña sobre el libro La muda encarnación
de María del Carmen Colombo, aparecida en la Revista Eñe, diario Clarín,
del sábado 7/7/07
de María del Carmen Colombo, aparecida en la Revista Eñe, diario Clarín,
del sábado 7/7/07
Por Leonor Silvestri
Sin lugar a dudas, María del Carmen Colombo es una de las voces más originales y mejor constituidas de la poesía argentina, y al mismo tiempo, formadora de poetas emergentes a través de su influencia y conocimiento. Sin embargo, con un perfil, en muchos casos, tan bajo, su obra no ha sido, hasta ahora, apreciada como se lo merece. Felizmente, esta parece ser la víspera del esperado reconocimiento de Colombo quien, a través de la editorial de poesía Aurelia Rivera, lanza, nuevamente, La muda encarnación, libro clave en la poesía contemporánea argentina, agotado luego de su anterior publicación en 1993.
Este demoledor poemario expresa la mudez de la mujer que habla, valga la paradoja, con un silencio contundente. Y sale a la palestra con los tapones de punta, con la sutileza del cristal que siendo tan frágil no puede ser cortado sino con sí mismo. De este modo, esta voz se disputa con los grandes y renueva la diatriba Gelman vs. Pizarnik a través de la cita de Nietzsche (“La mujer sigue siendo gata y pájaro. O, en el mejor de los casos, vaca”) para debatirle, en la cara, su status quo y disputarle todas las tradiciones habidas y por haber, desde la pampa (“un caballo/en la pampa/ de papel”) hasta la ideología, sin que sus poemas se conviertan en burdos panfletos (“un modo de montar/cuando fundo la palabra/confundo caballo con/jinete: una sola cosa”).
Estos poemas están enojados con su condición (“tengo un vano /problema con todo” o por ejemplo, en “triste yovaca/ gimes tu condición/ de alverre:dar//vueltas y vueltas), pero no por añorar otra sino para discutir el estado de las cosas e interpelar el presente con sonidos rioplatenses, porque Colombo para enseñarnos que la tradición también es nuestra (“desde afuera de dónde”, de hecho dice) y venerar a todas las mujeres, incluso a las trabajadoras sexuales, no desde la piedad de la poesía confesional ni desde la sexualidad del tango, de cuya sensualidad sonora es heredera, sino de la más absoluta lírica (pero la virgen/se mira al espejo/vamos a casa papi/ la eternidad/ suelta su pelo/despreocupado/sobre el mundo”).
Asimismo los juegos de palabras absurdos, tristes y descarnados (“infinitas agujas/alzan/las costureras/para coser el ruedo/del reino /de los cielos”) que, como en Beckett, dejan al descubierto lo terrible, y a su vez hermoso de la vida humana, condición objetiva necesaria, como en Virgina Wolf, para que la poeta escriba: la soledad (“entre tantas Una/alcanzo a distinguir/su pregunta: cuál es/tu gracia/ desde el otro lado/ de la línea/le digo/por el tubo que no tengo/”arder/cuando llamas””). Y no ociosamente este libro está dedicado a su hija, de nombre homónimo, como un recordatorio para todos los que con sus actos cuestionan algo, incluso Alejandra Pizarnik y su poesía que no necesita de ninguna piedad.
Sin lugar a dudas, María del Carmen Colombo es una de las voces más originales y mejor constituidas de la poesía argentina, y al mismo tiempo, formadora de poetas emergentes a través de su influencia y conocimiento. Sin embargo, con un perfil, en muchos casos, tan bajo, su obra no ha sido, hasta ahora, apreciada como se lo merece. Felizmente, esta parece ser la víspera del esperado reconocimiento de Colombo quien, a través de la editorial de poesía Aurelia Rivera, lanza, nuevamente, La muda encarnación, libro clave en la poesía contemporánea argentina, agotado luego de su anterior publicación en 1993.
Este demoledor poemario expresa la mudez de la mujer que habla, valga la paradoja, con un silencio contundente. Y sale a la palestra con los tapones de punta, con la sutileza del cristal que siendo tan frágil no puede ser cortado sino con sí mismo. De este modo, esta voz se disputa con los grandes y renueva la diatriba Gelman vs. Pizarnik a través de la cita de Nietzsche (“La mujer sigue siendo gata y pájaro. O, en el mejor de los casos, vaca”) para debatirle, en la cara, su status quo y disputarle todas las tradiciones habidas y por haber, desde la pampa (“un caballo/en la pampa/ de papel”) hasta la ideología, sin que sus poemas se conviertan en burdos panfletos (“un modo de montar/cuando fundo la palabra/confundo caballo con/jinete: una sola cosa”).
Estos poemas están enojados con su condición (“tengo un vano /problema con todo” o por ejemplo, en “triste yovaca/ gimes tu condición/ de alverre:dar//vueltas y vueltas), pero no por añorar otra sino para discutir el estado de las cosas e interpelar el presente con sonidos rioplatenses, porque Colombo para enseñarnos que la tradición también es nuestra (“desde afuera de dónde”, de hecho dice) y venerar a todas las mujeres, incluso a las trabajadoras sexuales, no desde la piedad de la poesía confesional ni desde la sexualidad del tango, de cuya sensualidad sonora es heredera, sino de la más absoluta lírica (pero la virgen/se mira al espejo/vamos a casa papi/ la eternidad/ suelta su pelo/despreocupado/sobre el mundo”).
Asimismo los juegos de palabras absurdos, tristes y descarnados (“infinitas agujas/alzan/las costureras/para coser el ruedo/del reino /de los cielos”) que, como en Beckett, dejan al descubierto lo terrible, y a su vez hermoso de la vida humana, condición objetiva necesaria, como en Virgina Wolf, para que la poeta escriba: la soledad (“entre tantas Una/alcanzo a distinguir/su pregunta: cuál es/tu gracia/ desde el otro lado/ de la línea/le digo/por el tubo que no tengo/”arder/cuando llamas””). Y no ociosamente este libro está dedicado a su hija, de nombre homónimo, como un recordatorio para todos los que con sus actos cuestionan algo, incluso Alejandra Pizarnik y su poesía que no necesita de ninguna piedad.
Para más información, entrar en: http://www.aurelialibros.com.ar/
jueves, julio 05, 2007
Concierto Barroco
Acerca del libro La familia china, de María del Carmen Colombo
Por Pablo Ananía
Extraños y fantásticos estos textos de Colombo, extraño estilo barroco-humorístico-oriental-porteño. Son poemas en prosa encantatorios y conmovedores, eróticos, deslumbrantes. Hay sobre todo uno ("El Mar de la China") que debe leerse varias veces. Es como un magnífico, mínimo concierto barroco.
Quien esto escribe tiene el explícito permiso de Alejo Carpentier, al cual lo ata una fluida y permanente conversación, ya que es precisamente ese libro suyo uno de los dos (el otro es Bartleby) de los cuales el comentador nunca podrá desapegarse ni aunque Alberto Girri resucite para abominar de sus lecturas. ¿Demasiada mescolanza? Es posible. Pero no es sencillo a cierta edad encontrar a alguien que ha logrado con arte y artesanía ponerle el cascabel a esa noción abstracta de Belleza con la que los poetas navegamos sin brújula y sin sentido (sin significados).
No hay otra alternativa después de la lectura de este libro de Colombo que entrar en estado de confusión, y si aparece Girri en la ensalada es (por dicha) porque he encontrado también en estos textos que es posible (ahora ya no me caben dudas) reflexionar con la música y con las substancias polícromas del arte de la pintura, sobre todo si se la intenta "con el fino pincel de las pestañas". Y de esa extraña armonía tan lograda procede el deleite especial que produce la lectura de La familia china. La Música, creo saberlo aunque me resulte muy duro demostrarlo con la escritura, es un signo absoluto: a tal sonido o conjunto de sonidos corresponde esencialmente tal estado de la naturaleza o tal ser, tal pensamiento o tal afecto amoroso... ¿Habrá encontrado Colombo un camino para acercarnos al misterio de la Música, del Poema? ¿Cómo hizo para cantar en esa lengua?
lunes, julio 02, 2007
Libros Recomendados:
Sonámbulas, de Agustina Roca. Editorial Viena, 2007.
Se trata del tercer libro de poesía de la autora --que publicó, además,otros libros de ensayo--, poeta y periodista argentina radicada hace años en la ciudad de Madrid, España, y que ha recibido el XXXI Premio de Poesía Vila de Mantorell, 2006. Las siete partes en las que está dividido muestran el profundo trabajo que Roca ha realizado con el decir, el sentir y el pensar de mujeres tales como Jane Bowles, Clarice Lispector, Sylvia Plath, Virginia Wolf, Djuna Barnes, Catherine Mansfield y Janis Joplin. Como muy bien ha expresado Ma. Ángeles Maeso, la de Roca es una "poesía que vivifica el decir inacabado de esas autoras, las mismas que apostaron con mayor fuerza para que su lenguaje fuera audible". www.agustinaroca.com es la dirección de la página web donde, quien así lo desee, puede encontrar, entre otras cosas, los poemas de esta verdadera joya que es Sonámbulas.
Se trata del tercer libro de poesía de la autora --que publicó, además,otros libros de ensayo--, poeta y periodista argentina radicada hace años en la ciudad de Madrid, España, y que ha recibido el XXXI Premio de Poesía Vila de Mantorell, 2006. Las siete partes en las que está dividido muestran el profundo trabajo que Roca ha realizado con el decir, el sentir y el pensar de mujeres tales como Jane Bowles, Clarice Lispector, Sylvia Plath, Virginia Wolf, Djuna Barnes, Catherine Mansfield y Janis Joplin. Como muy bien ha expresado Ma. Ángeles Maeso, la de Roca es una "poesía que vivifica el decir inacabado de esas autoras, las mismas que apostaron con mayor fuerza para que su lenguaje fuera audible". www.agustinaroca.com es la dirección de la página web donde, quien así lo desee, puede encontrar, entre otras cosas, los poemas de esta verdadera joya que es Sonámbulas.
lunes, abril 16, 2007
TALLER DE POESÍA 2007

Lectura y análisis
Práctica intensiva de la escritura
La palabra del otro como generadora de textos
Voces y resonancias. Propuestas estéticas
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Individual o en grupos
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Coordina
María del Carmen Colombo
Solicitar entrevista al 4856-6407
o escribir a:
colombomc@fibertel.com.ar
viernes, marzo 23, 2007
Siempre en mi recuerdo

Goldsman, Hugo Alberto
Muerto a fines de 1976 a la edad de 30 añosFecha de nacimiento: 31 de Agosto de 1946.
Mastrogiácomo, Marta Zelmira
Secuestrada y desaparecida el 20 de Octubre de 1976 en la Ciudad de La Plata a la edad de 32 años. No hay testimonio de su paso por un centro de detención clandestino.
A treinta y un años del golpe militar , están siempre en mi memoria.
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