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viernes, diciembre 13, 2019
Colombo, María del Carmen en Las 12
Gracias Clara Ortiz por avisarme, y gracias al equipo del Suplemento Las 12, del diario Página/12 por la mención
jueves, abril 11, 2019
Taller Intensivo de Poesía
Taller Intensivo de Poesía
Comienzo: martes 7 de mayo
Horario: 17 a 19
Lugar: Caballito
Duración: cuatro meses
Grupos reducidos
Coordina Maria Del Carmen ColomboInformes e inscripciones: cotocolombo@gmail.com
lunes, diciembre 10, 2018
martes, diciembre 04, 2018
María del Carmen Colombo: Taller de Lectura de Poesía: Leónidas Lamborghini
Todos los jueves del mes de enero, de 19 a 21.
Comienzo: jueves 3 de enero.
Duración: dos horas.
Barrio: Caballito.
Coordina: María del Carmen Colombo.
Para más información: cotocolombo@gmail.com
María del Carmen
Colombo (Buenos Aires, 1950). Integró el
Grupo de Poesía El Ladrillo. Ha publicado: La
edad necesaria (1979, Ed. Buenos Aires Sur); Blues del amasijo (Ed. El Tintero, 1985); Blues del amasijo y otros poemas (Ed. Mar Blanco,1992; reedit.
Alicia Gallegos Ed., 1993); La muda
encarnación (Último Reino,1993; reedit. Aurelia Rivera, 2006); La familia
china (Ed. Tierra Firme,1999-reedit. 2006; Hilos Editora 2012; Reedit Chile,
2016, Ed Cuadro de Tiza), Los sueños del
agua (Ed. Pequeño Editor, 2010, poesía para niños), Antología (Fondo Nacional de las Artes, 2016). Además publicó:
“Bulín”, poema ilustrado (Em Editora -Esteban Mellino-, 1976), “Santo y seña” (publicación
conjunta, 1984) y “Folletín” (Plaquetas del Herrero, 1998). Publicó, además, en
narrativa: El cuaderno de música (Ed.
Cienvolando, 2016), y una plaquette de poemas, “El país del miedo” (Ediciones
Penpress, 2016).
Ha recibido, en
otros, el Primer Gran Premio de Poesía V Centenario (1992) y Mención Especial
Premio Nacional de Poesía, Producc. 1996-1999 (2005). Integra antologías de
poetas argentinos editadas en el país y en el extranjero, entre otras,
Puentes/Pontes (Fondo de Cultura, 2003) y 200 años de poesía argentina
(Alfaguara, 2010). Colabora en diarios y revistas. Integra el Consejo Editorial
de Hilos Editora. Desde 1980 coordina talleres.
miércoles, julio 26, 2017
"Hierba sobre le mundo castigado- Colectivo poético involuntario"
Texto de presentación del libro
Por María del Carmen Colombo
La publicación de
Hilos Editora de Hierba sobre el mundo
castigado - Colectivo poético involuntario- constituye un “acontecimiento
editorial”.
Porque este libro,
concreción de un proyecto en el que han venido trabajando las poetas Teresa Arijón y María Mascheroni, desde hace tres años, conjuga gran creatividad y
profunda reflexión. Y cuando a una profunda tarea de reflexión se suma gran creatividad, puede llegar a alcanzarse:
la invención, que, “participa de la alegría de lo nuevo1”.
¿Qué es inventar sino
encontrar la manera de hacer una cosa nueva, desconocida antes, o una nueva
manera de hacer algo. ¿Acaso la capacidad de invención, relacionada con el
campo científico, no puede también aplicarse al campo artístico? Y es ese
carácter de novedoso, de inédito, el que transforma un hecho en
acontecimiento.
El resultado es un
texto colectivo, compuesto por fragmentos de poemas, y en ciertos casos poemas
completos, de 56 poetas argentinos nacidos entre 1955 y 1965, poetas que
salieron al mundo en la época de la dictadura militar de 1976 a 1983. El nombre
de los autores se reserva para las últimas páginas del libro, en un listado y
por orden de aparición.
Podemos disfrutar
así de un solo y largo poema, que, teniendo en cuenta las palabras de Karl
Mannhein, al que se apela al comienzo de las páginas preliminares, podemos
llamar “generacional”: La idea de
generación –dice Mannhein- no se ciñe
a lo biológico sino a una gran experiencia compartida.
Esa gran
experiencia compartida tiene que ver con una etapa de nuestra historia, que se centra en dos
fechas que, ya se ha señalado, resultan una marca fundante: el 24 de marzo de
1976, con el comunicado N 1 de la Junta Militar, y el 10 de diciembre de 1983,
con la llegada de la democracia. Y es la consigna “aparición con vida” la que
mejor identifica esa gran experiencia, tanto como la figura del desaparecido.
Composición
El borramiento
provisional de la autoría, que hace de
este un texto colectivo; la inclusión de
fragmentos de poemas- hasta de un solo verso- y a veces poemas completos; la
división en doce unidades marcadas por grandes asteriscos –profundas
respiraciones, actos de silencio, que podrían interpretarse incluso como
temáticos,. además de los espacios activos que van marcando breves
respiraciones, entre uno y otro fragmento, hacen a la impecable composición de
esta inquietante partitura.
Y digo partitura,
porque creo que las autoras han obrado como los músicos: “elegimos textos,
grandes minucias, versos potentes, basándonos en una vibración” –y agregan-:
“son unidades de sentido, movimientos rítmicos”. Vibración, resonancia,
imantación que envuelve a cada fragmento, hablen estos de circunstancias
propias de la época; o bien como algunos, que ni siquiera hacen referencia al
tema.
Véanse como
ejemplo, dos fragmentos incluidos en la unidad 7,,p. 39, que se conforma casi como un bestiario: Uno: “Son cientos de ñus buscando pasturas/Y tres o cuatro leones./ Cómo no
pensar que/ podrían destrozarlos con sus cuernos/ por pequeños que sean./ Pero
los ñus por naturaleza/ ceden a los leones algún hijo. En eso se parecen a los
pueblos./ Detrás de los leones/ vienen las hienas”.
El fragmento que
continúa dice: “Los
flamencos van despegando/ del suelo con lentitud, uno por uno/ y como un trazo
de tinta en el cielo/ van formando un arco rosado./ El circuito entre las nubes
continúa eternamente/ pero no sé si los flamencos continúan ahí”.
Claro que hay
otras secuencias de parentesco temático: véase
la unidad 9, pp. 44-45, ambos de diferentes tonos Uno de ellos dice:
“Ser punk era tener un plan B. Ahora que lo
pienso, no había/ otro secreto./ Ser punk era tener un plan B incluso como/
alternativa al punk./ Ser punk significaba, contra todas las/ expectativas,
elegir el plan B, vivir en la B, hacer de eso una/ causa. Habitar el punto
ciego de la foto familiar, y que ese estar/ fuera de foco fuera la tierra más
lejana./ A esa conclusión llegamos una tarde de 1983 mientras Mick/ Jones
cantaba Stay free.”
El segundo
fragmento: “La revolución ha kaputido/
como tema de plática y aceitunas. Nunca más será excusa/ para tocarse y hacer
tae-kwon-do./ Nunca más/ para embebidas traiciones/ será motivo. // ¡Oh
Revoluta!/ ¡Tu ausencia es como una falta de ortografía!
Superada la
conmoción que sacude al lector y despierta su percepción anestesiada por la
costumbre, por la repetición de lo mismo-, en este continuo indiferenciado, en
esta partitura coral, sin embargo, puede advertirse, a veces, la diferencia,
ese matiz que identifica una voz entre la
diversidad de voces (ya sea por el léxico, por el tono grave o leve, por la
disposición de los versos, el uso de la ironía y hasta del humor, etc.).
Insisto, no me refiero a señales relacionadas con la autoría, sino al
parentesco que se establece entre algunos fragmentos. Un canto coral donde cada
voz aporta su rasgo de solista. Diversidad, entonces, que no anula la
diferencia. Como dicen las autoras: “generamos un conjunto anónimo, no
impersonal”2.
El comienzo -la
primera unidad del libro, pp. 21-22, ya nos sitúa en el lugar donde conviven las voces la Ciudad, las ciudades de nuestro país.
Centros y periferias, alrededores superpoblados, hacinamiento.
Seis son los
fragmentos incluidos. Los que logran crear un clima grave, propio de una
catástrofe., y de sus consecuencias. Me gustaría citarlos completos para que la
transmisión de algunos de los conceptos, afirmaciones un poco abstractas, sobre
todo en lo que hace a la lógica de la composición:
Cito:
“k
Los
edificios se han caído. Las autopistas se han venido abajo.
Recorro
las construcciones sin fachada, como escenografías
abiertas.
Deambulo por los cuartos y veo gente muerta que
parece
dormida, una hija abrazada a su madre en una silla.
Camino
por esos departamentos derruidos aunque todo está en
su
lugar como en el momento anterior a la catástrofe. Sentimos
una
vibración en el piso. Es un terremoto pensamos, pero todo
sigue
en pie.
Alguien
debería dibujar de un modo impecable
el
mapa de una ciudad loca
a
la que abofetea el viento.
Bordeada
por un mar gris y murallas de
piedra,
con
gentes de poco hablar
navegando
sus propios océanos.
Nombro
una ciudad que no está muerta ni viva.
Vi
epopeya donde debí ver miseria y degradación donde había
renunciamiento.
Niños vi: pero eran viejos. Y vi dioses que eran
perros.
¿Sol? No: pintura fresca. Y oro en lugar de arena.”
Conclusiones
Volviendo a la
noción de acontecimiento, me pregunté, en qué se sustentaron, cuál fue el
umbral donde Teresa Arijón y María
Mascheroni se apoyaron para atreverse a saltar sin red, sin antecedentes: y
se me ocurrió que la respuesta podría tener que ver con una decisión, una
apuesta potente, y a su vez riesgosa, sobre todo en este, nuestro presente: la
de ser leales a su propio recorrido artístico, político, teórico, vital. Porque,
aclaran: “hay otro pasado a conocer”, el de quienes guardaron, ciertos valores
o antivalores: “La visibilidad no era un valor. La hiperproduccción no era un
valor. La producción tampoco”-agregan.
Y para finalizar,
retomo la pregunta que se hacen las autoras acerca de cuándo se vuelve político
un texto, un acto, un pensamiento. Creo que Hierba
sobre el mundo castigado, al aunar
texto, acto y pensamiento, y al
ser publicada convirtiéndose en un acontecimiento artístico, obrará,
seguramente, la historia del arte lo
demuestra, como punta de lanza para afectar y dislocar posturas o, en todo
caso, para anunciar cambios en el estado de cosas de la época. “No para
siempre, y aun así de modo permanente”3.
Me gustaría cerrar
mi intervención con las palabras del crítico, teórico, profesor Andrés
Avellaneda, quien nos enviara la primera
devolución de Hierba sobre el mundo
castigado: “Al borrar provisoriamente la autoría , un “texto
colectivo” recoge la hipótesis del fragmento como generador de historia
perdida, como hilo de Ariadna para encontrarla. Es la experiencia de la
filología clásica, la convicción del ´ex ungue leonem’, de la reconstrucción
del león a partir de sólo una uña encontrada. Es también la apuesta a la voz
colectiva como evidencia irrefutable: es el coro de la tragedia griega y es la
plaza llena”.
miércoles, abril 12, 2017
martes, abril 11, 2017
Librerías: El cuaderno de música de María del Carmen Colombo
Algunas librerías donde podés adquirir ahora El cuaderno de Música, de María del Carmen Colombo:
-Hernández: sucursal de Avda. Corrientes y Talcahuano.
-Antígona Libros:
- Av. Callao 737- 4812-7364 / antigonacallao@edicionesdelsol.com.ar
-Las Heras 2597 - 4802-8414 / 9442
-Librería Norte: Avda Las Heras 2225 (1127). Ciudad de Buenos Aires
Tel/Fax 4803.3944 Tel 4807.2039
-Hernández: sucursal de Avda. Corrientes y Talcahuano.
-Antígona Libros:
- Av. Callao 737- 4812-7364 / antigonacallao@edicionesdelsol.com.ar
-Las Heras 2597 - 4802-8414 / 9442
-Librería Norte: Avda Las Heras 2225 (1127). Ciudad de Buenos Aires
Tel/Fax 4803.3944 Tel 4807.2039
martes, enero 24, 2017
Antología de poemas Fondo Nacional de las Artes
En la librería de la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes, sita en Rufino de Elizalde 2831 (1425-Buenos Aires), podés conseguir la Antología de mis poemas, editada por esa entidad.
viernes, diciembre 02, 2016
viernes, noviembre 25, 2016
lunes, noviembre 14, 2016
María del Carmen Colombo: Reportaje Página/12. Suplemento Cultural: lunes 15/11/2016
La infancia es una música obstinada en manos de la poeta María del Carmen Colombo. Antes de escribir y leer, aprendió a tocar el piano, como Magdalena, la niña protagonista de su bellísima primera nouvelle El cuaderno de música (Cienvolando). La supuesta distancia de la tercera persona, como espejada en la lejanía, deviene proximidad íntima a la manera del “yo es otro” de Arthur Rimbaud. “Lo que empezó como un juego se transformó en una fastidiosa obligación. Y después en un estado de necesidad que la impulsaba a tocar durante horas. Parecía que alguien quería sonar a través de ella. ¿Mozart? ¿Chopin? Sentía en su cuerpo la fuerza de una posesión. Alguien, o Algo, dirigía sus manos, las hacía volar sobre el teclado, muchas veces en contra de su voluntad. De ese estado de trance pasaba al agotamiento. Casi como una médium después de una sesión”. El poder de la vida para Magdalena –a la futura poeta los padres le decían que “lloraba como una Magdalena”– está en la música y en las palabras. “Ahora, sentada frente al piano y mientras acaricia el teclado, se le ocurre que la música era algo así como una flecha, lanzada por las cuerdas ni bien apretaba las teclas con sus dedos. Una flecha esperanzada –se dice–, como toda flecha, en dar en el blanco, en herir a su presa. Así fue entonces, hasta que descubrió que la música, su música, a nadie iba a encontrar en el camino, que su trayectoria solo iba a conducirla a sí misma. Y es por eso que un círculo ocupa ahora el lugar de la flecha, un círculo de sueño, un círculo mágico”.
MARÍA DEL CARMEN COLOMBO HABLA DE SU NOUVELLE EL CUADERNO DE MÚSICA
MARÍA DEL CARMEN COLOMBO HABLA DE SU NOUVELLE EL CUADERNO DE MÚSICA
“El libro para mí es una voz que te está hablando”
La poeta y narradora logra momentos memorables en su ficción. De la mano del personaje Magdalena, pianista como ella, potencia en imágenes literarias el universo sonoro de las experiencias de la infancia.
En el prólogo de El cuaderno de música, el poeta Eduardo Mileo plantea que para Magdalena “la música será su amuleto, su talismán contra la desgracia”. “Un oráculo al que acudirá cuando el viento traiga la inundación, y con ella, sus sonidos. Desordenados, percusivos, una música de destrucción. Sonidos que traen nuevas voces desesperadas y cadáveres que, como los pájaros de una sola pata, inundarán su pentagrama. Entonces habrá que hacer borrón y cuenta nueva. Escribir la partitura de una nueva vida. Crear la nueva vida que nos devuelve la música”. Los elegantes dedos de las manos de Colombo se despliegan como un abanico de sentimientos cuando pulsa en el aire las teclas de un piano imaginario. Este año también se editó una Antología poética en la colección “Poetas contemporáneos” del Fondo Nacional de las Artes que incluye, además de una sección con inéditos, poemas de La edad necesaria (1979), Blues del amasijo (1985), Blues del amasijo y otros poemas (1972), La muda encarnación (1993) y La familia china (2000). “El personaje de Magdalena tiene que ver conmigo; busqué una tercera persona después de haber probado con una primera persona”, cuenta la poeta y narradora en la entrevista con PáginaI12. “Yo hice un taller con Hebe Uhart que me desasnó. Tuve que leer y aprender mucho porque después de La familia china me quedó un deseo de narrar. La idea de narrar para mí era como llenar la página de letras; pero no quería hacer prosa poética, quería escribir narrativa”.
–¿”El cuaderno de música” es una novela sobre la música de la infancia?
–Sí, es algo así. Me quedó una nouvelle en tres partes en las que, contando el aprendizaje de esta chica y sus experiencias con el piano, estaba contando mi aprendizaje para ingresar en otro género, que es la narrativa. En la primera parte, hay fragmentos que a veces tienen que ver entre sí, pero a veces no. Después en “Pequeño concierto” hay historias en base a anécdotas que tienen el nombre de una pieza musical. Al final, en “Primavera en mitad de invierno”, título de un verso de T.S.Eliot –“esta primavera no entra en el contrato del tiempo”–, hay un tiempo que sería el de la ficción, que no figura en el almanaque. Y ahí hago dos narraciones más largas que suceden en primavera. Cuando empecé a narrar, no podía salir de los fragmentos, pero después me fui animando a contar historias un poco más extensas. Parece que se me soltó el hilo y pude, por fin, contar una historia. Ahora me siento escritora.
–¿Por qué? ¿Antes no era escritora?
–No sé, qué se yo… Poeta sí me siento… Me gustan los desafíos y me gusta aprender.
–Como advierte la narradora de “El cuaderno de música”, es verdad que es “una mujer de manos grandes”…
–Sí, heredo las manos de mi papá, pero el piano también me dio cierta flexibilidad. Antes de aprender a leer ya tocaba el piano. Me llevaron aprender a una profesora de barrio y aprendí fácilmente. El piano me fue acompañando toda la infancia y la adolescencia, hasta más o menos los treinta años. Yo tenía un piano, pero me separé y el piano quedó en mi ex casa… El cuaderno de música es un libro digno para mí; con eso me conformo porque la narrativa es un género muy difícil, no es lo mismo que la poesía, es otra cosa. Me hizo muy feliz escribir el libro. Que alguien me lo pidiera para editar no estaba en mis planes. Me dio una gran satisfacción sin buscarlo.
Hay momentos memorables en la nouvelle de Colombo, hallazgos narrativos de una formidable escritora y poeta que logra acunar las imágenes para potenciar el universo sonoro de las experiencias de la infancia. “Magdalena descubrió que cada objeto tenía un sonido propio, solo había que hacer silencio para distinguirlo. Con algunos, como la heladera, era muy fácil. Pero otros, como el caracol, había que llevarlos a la oreja –revela la narradora–. Con el tiempo pasó con los libros, cuando no entendía qué decían, suponía que era por el volumen demasiado bajo de la voz que hablaba en esas páginas. Entonces Magdalena acercaba su oreja a la página para escucharla mejor. Se quedaba dormida en el intento, sentada a la mesa de la cocina”. Sonríe y confirma que de niña creía que todos los objetos tenían un sonido. “Cuando no entendía algo, me ponía el libro en el oído, porque cada objeto tiene su propio lenguaje, su propia música o su propia voz. Me parecía que cuando no entendía algo es porque hablaba bajo y tenía que acercar la oreja. El libro para mí es una voz que te habla”.
–¿Por qué en “Mozart: marcha turca” Magdalena ve un afiche que pide “¡Libertad a Vallese!”?
–Felipe Vallese fue el primer desaparecido. Como en esa parte del libro se menciona el genocidio armenio por un vecino armenio, el hijo del zapatero que nos hablaba de las matanzas, cuando yo tocaba “La marcha turca” en un principio me provocaba pesadillas. Mi mamá me decía que eso había pasado en otro país y que acá nunca iba a pasar, que me quedara tranquila. Pero acá también hubo un genocidio. Yo recuerdo esos carteles con la cara achinada y los bigotes de Vallese… Lo curioso es que mi mamá hizo muchísimo para que yo estudiara piano: me pagaba los profesores, me mandó al conservatorio nacional, pero nunca me escuchaba tocar y no me decía nada. Magdalena siente que toca para nadie, que es un poco también el sentido de la escritura, que uno tiene un lector interior y nunca escribe solo porque está acompañado por una manifestación de gente: vivos, muertos, y por textos que va leyendo. Supongo que para alguien escribo, pero no he detectado el destinatario íntimo.
–En “Chopin: Vals del minuto” Magdalena toca el piano en una reunión de militantes políticos para “cubrir con sonidos las voces prohibidas”. ¿Es la recreación de una experiencia personal?
–Sí, por eso está dedicado a Mónica Valdés, que también es poeta y fue testigo de ese hecho. Mónica era militante del PCR (Partido Comunista Revolucionario), pero no tocaba el piano. Primero empecé a militar en el PCR y después, cuando me fui, pasé al peronismo. Yo nunca participé de una agrupación armada porque no estaba de acuerdo con la lucha armada. A través de una agrupación de telefónicos de (Julio) Guillán, donde estaban Germán Abdala y Víctor De Gennaro empezamos a trabajar con los gremios antivandoristas; ayudábamos en la organización de las agrupaciones antivandoristas para ganar los gremios.
–¿Cómo fue la experiencia del Grupo de Poesía El Ladrillo en los años 70?
–Hicimos muchas actividades con Vicente Muleiro, Jorge Boccanera y Adrián Desiderato, entre otros poetas, en lugares más populares. Íbamos a leer a clubes de barrio, lo que no quiere decir que descuidáramos nuestra poesía. Yo era la única mujer del grupo y no estaba tan comprometida todavía con la poesía. Escribir siempre escribí; el primer poema que publiqué, “Adiós en el 74” (ver recuadro) salió en El cronista comercial y me lo publicó Leónidas Lamborghini sin conocerme, porque un amigo le llevó el poema que escribí cuando murió Perón. Yo no le di mucha importancia. Lo escribí sentada en el cordón de la vereda, mientras esperaba en la cola del velatorio de Perón, al que nunca llegué a entrar. Sentir el compromiso con la poesía es darse cuenta de que uno entró en un terreno que tiene otras reglas. Ahora siento que eso es lo que soy: mi escritura. Sea mala o sea buena, quede o no quede. No importa, ¿comprendés? Es una apuesta en la que nadie te puede garantizar nada. Cuando escribo poesía, no entiendo lo que escribo.
–¿Es mejor no entender?
–No sé… pero me hace sufrir (risas). Además, siento un abismo porque escribo sin red. La poesía se escribe sin red, eso es lo que me pasa a mí. En cambio al escribir narrativa sentía que tenía más injerencia sobre el texto. ¿Por qué? Uno tiene la ilusión de que hay una red en la historia o el personaje, que da un control entrecomillas. En cambio la poesía es un vértigo. Hay poemas que los he entendido después de editados, me pasa eso como poeta. Tuve la ilusión de que en esa red narrativa podía flotar mejor.
–¿Cómo definiría su escritura poética? ¿En qué tradición de la poesía argentina la inscribiría?
–Yo empecé con la tradición de (Juan) Gelman, con lo que alguna vez se llamó el coloquialismo, pero cruzado con lo lírico. A mí me gusta que mis poemas tengan lirismo, aunque en los 90 fue muy rechazado. El lirismo es necesario para mí. Hay toda una poesía conversacional que deja de lado el lirismo, que no le gusta. Yo me defino en el cruce entre el coloquialismo y el lirismo.
–¿Viene de familia peronista o se hizo peronista por el antiperonismo de sus padres?
–Yo me hice peronista. Vengo de una familia muy antiperonista, no a nivel de militar en contra del peronismo, sino que tenía presente esa idea de los inmigrantes de que el peronismo era de “los cabecitas negras”. Toda mi familia era de River y yo salí de Boca (risas). Mi papá era muy amigo de (Ricardo) Balbín. Cuando no tuvo trabajo, durante la época de Perón, Balbín le prestó plata. Cuando fui a Ezeiza por el regreso de Perón, mi mamá me decía: “¿qué te da Perón? Si cuando tu padre no tuvo trabajo, fue Balbín el que nos dio la plata”. Yo le preguntaba a mi papá por qué era antiperonista, “si Perón te dio el aguinaldo, te dio las vacaciones”, pero él no me sabía contestar y lo ponía en un aprieto…
–Quizá tiene que ver con los imaginarios de clase, ¿no? Su padre se ubicaba en la clase media y veía al peronismo como “cosa de negros” y pobres.
–Sí, es así, no había forma de convencerlo. Tengo un hermano anarquista y hermanas radicales, pero yo salí peronista de principio a fin. Y kirchnerista también, porque creo que Néstor Kirchner le dio doce años más de vida no sólo al país entero, sino al peronismo. Acordate lo que era el peronismo en 2001, ahora volvimos otra vez a lo mismo, a gente que ha olvidado cuál es la columna vertebral ideológica del peronismo. Me parece que se es muy injusto cuando se lo trata a Kirchner de “ladrón”, con una moralina muy hipócrita, y no se le reconoce que gracias a él todavía puede el peronismo sacar la cabeza porque sino le hubiera pasado lo que le pasó al radicalismo en 2001. Vamos a ver qué queda de todas estas denuncias dentro de dos o tres años. Desde ya que no voy a defender a un ladrón, pero me parece que hay un ajuste de cuentas, una revancha.
–¿”El cuaderno de música” es una novela sobre la música de la infancia?
–Sí, es algo así. Me quedó una nouvelle en tres partes en las que, contando el aprendizaje de esta chica y sus experiencias con el piano, estaba contando mi aprendizaje para ingresar en otro género, que es la narrativa. En la primera parte, hay fragmentos que a veces tienen que ver entre sí, pero a veces no. Después en “Pequeño concierto” hay historias en base a anécdotas que tienen el nombre de una pieza musical. Al final, en “Primavera en mitad de invierno”, título de un verso de T.S.Eliot –“esta primavera no entra en el contrato del tiempo”–, hay un tiempo que sería el de la ficción, que no figura en el almanaque. Y ahí hago dos narraciones más largas que suceden en primavera. Cuando empecé a narrar, no podía salir de los fragmentos, pero después me fui animando a contar historias un poco más extensas. Parece que se me soltó el hilo y pude, por fin, contar una historia. Ahora me siento escritora.
–¿Por qué? ¿Antes no era escritora?
–No sé, qué se yo… Poeta sí me siento… Me gustan los desafíos y me gusta aprender.
–Como advierte la narradora de “El cuaderno de música”, es verdad que es “una mujer de manos grandes”…
–Sí, heredo las manos de mi papá, pero el piano también me dio cierta flexibilidad. Antes de aprender a leer ya tocaba el piano. Me llevaron aprender a una profesora de barrio y aprendí fácilmente. El piano me fue acompañando toda la infancia y la adolescencia, hasta más o menos los treinta años. Yo tenía un piano, pero me separé y el piano quedó en mi ex casa… El cuaderno de música es un libro digno para mí; con eso me conformo porque la narrativa es un género muy difícil, no es lo mismo que la poesía, es otra cosa. Me hizo muy feliz escribir el libro. Que alguien me lo pidiera para editar no estaba en mis planes. Me dio una gran satisfacción sin buscarlo.
Hay momentos memorables en la nouvelle de Colombo, hallazgos narrativos de una formidable escritora y poeta que logra acunar las imágenes para potenciar el universo sonoro de las experiencias de la infancia. “Magdalena descubrió que cada objeto tenía un sonido propio, solo había que hacer silencio para distinguirlo. Con algunos, como la heladera, era muy fácil. Pero otros, como el caracol, había que llevarlos a la oreja –revela la narradora–. Con el tiempo pasó con los libros, cuando no entendía qué decían, suponía que era por el volumen demasiado bajo de la voz que hablaba en esas páginas. Entonces Magdalena acercaba su oreja a la página para escucharla mejor. Se quedaba dormida en el intento, sentada a la mesa de la cocina”. Sonríe y confirma que de niña creía que todos los objetos tenían un sonido. “Cuando no entendía algo, me ponía el libro en el oído, porque cada objeto tiene su propio lenguaje, su propia música o su propia voz. Me parecía que cuando no entendía algo es porque hablaba bajo y tenía que acercar la oreja. El libro para mí es una voz que te habla”.
–¿Por qué en “Mozart: marcha turca” Magdalena ve un afiche que pide “¡Libertad a Vallese!”?
–Felipe Vallese fue el primer desaparecido. Como en esa parte del libro se menciona el genocidio armenio por un vecino armenio, el hijo del zapatero que nos hablaba de las matanzas, cuando yo tocaba “La marcha turca” en un principio me provocaba pesadillas. Mi mamá me decía que eso había pasado en otro país y que acá nunca iba a pasar, que me quedara tranquila. Pero acá también hubo un genocidio. Yo recuerdo esos carteles con la cara achinada y los bigotes de Vallese… Lo curioso es que mi mamá hizo muchísimo para que yo estudiara piano: me pagaba los profesores, me mandó al conservatorio nacional, pero nunca me escuchaba tocar y no me decía nada. Magdalena siente que toca para nadie, que es un poco también el sentido de la escritura, que uno tiene un lector interior y nunca escribe solo porque está acompañado por una manifestación de gente: vivos, muertos, y por textos que va leyendo. Supongo que para alguien escribo, pero no he detectado el destinatario íntimo.
–En “Chopin: Vals del minuto” Magdalena toca el piano en una reunión de militantes políticos para “cubrir con sonidos las voces prohibidas”. ¿Es la recreación de una experiencia personal?
–Sí, por eso está dedicado a Mónica Valdés, que también es poeta y fue testigo de ese hecho. Mónica era militante del PCR (Partido Comunista Revolucionario), pero no tocaba el piano. Primero empecé a militar en el PCR y después, cuando me fui, pasé al peronismo. Yo nunca participé de una agrupación armada porque no estaba de acuerdo con la lucha armada. A través de una agrupación de telefónicos de (Julio) Guillán, donde estaban Germán Abdala y Víctor De Gennaro empezamos a trabajar con los gremios antivandoristas; ayudábamos en la organización de las agrupaciones antivandoristas para ganar los gremios.
–¿Cómo fue la experiencia del Grupo de Poesía El Ladrillo en los años 70?
–Hicimos muchas actividades con Vicente Muleiro, Jorge Boccanera y Adrián Desiderato, entre otros poetas, en lugares más populares. Íbamos a leer a clubes de barrio, lo que no quiere decir que descuidáramos nuestra poesía. Yo era la única mujer del grupo y no estaba tan comprometida todavía con la poesía. Escribir siempre escribí; el primer poema que publiqué, “Adiós en el 74” (ver recuadro) salió en El cronista comercial y me lo publicó Leónidas Lamborghini sin conocerme, porque un amigo le llevó el poema que escribí cuando murió Perón. Yo no le di mucha importancia. Lo escribí sentada en el cordón de la vereda, mientras esperaba en la cola del velatorio de Perón, al que nunca llegué a entrar. Sentir el compromiso con la poesía es darse cuenta de que uno entró en un terreno que tiene otras reglas. Ahora siento que eso es lo que soy: mi escritura. Sea mala o sea buena, quede o no quede. No importa, ¿comprendés? Es una apuesta en la que nadie te puede garantizar nada. Cuando escribo poesía, no entiendo lo que escribo.
–¿Es mejor no entender?
–No sé… pero me hace sufrir (risas). Además, siento un abismo porque escribo sin red. La poesía se escribe sin red, eso es lo que me pasa a mí. En cambio al escribir narrativa sentía que tenía más injerencia sobre el texto. ¿Por qué? Uno tiene la ilusión de que hay una red en la historia o el personaje, que da un control entrecomillas. En cambio la poesía es un vértigo. Hay poemas que los he entendido después de editados, me pasa eso como poeta. Tuve la ilusión de que en esa red narrativa podía flotar mejor.
–¿Cómo definiría su escritura poética? ¿En qué tradición de la poesía argentina la inscribiría?
–Yo empecé con la tradición de (Juan) Gelman, con lo que alguna vez se llamó el coloquialismo, pero cruzado con lo lírico. A mí me gusta que mis poemas tengan lirismo, aunque en los 90 fue muy rechazado. El lirismo es necesario para mí. Hay toda una poesía conversacional que deja de lado el lirismo, que no le gusta. Yo me defino en el cruce entre el coloquialismo y el lirismo.
–¿Viene de familia peronista o se hizo peronista por el antiperonismo de sus padres?
–Yo me hice peronista. Vengo de una familia muy antiperonista, no a nivel de militar en contra del peronismo, sino que tenía presente esa idea de los inmigrantes de que el peronismo era de “los cabecitas negras”. Toda mi familia era de River y yo salí de Boca (risas). Mi papá era muy amigo de (Ricardo) Balbín. Cuando no tuvo trabajo, durante la época de Perón, Balbín le prestó plata. Cuando fui a Ezeiza por el regreso de Perón, mi mamá me decía: “¿qué te da Perón? Si cuando tu padre no tuvo trabajo, fue Balbín el que nos dio la plata”. Yo le preguntaba a mi papá por qué era antiperonista, “si Perón te dio el aguinaldo, te dio las vacaciones”, pero él no me sabía contestar y lo ponía en un aprieto…
–Quizá tiene que ver con los imaginarios de clase, ¿no? Su padre se ubicaba en la clase media y veía al peronismo como “cosa de negros” y pobres.
–Sí, es así, no había forma de convencerlo. Tengo un hermano anarquista y hermanas radicales, pero yo salí peronista de principio a fin. Y kirchnerista también, porque creo que Néstor Kirchner le dio doce años más de vida no sólo al país entero, sino al peronismo. Acordate lo que era el peronismo en 2001, ahora volvimos otra vez a lo mismo, a gente que ha olvidado cuál es la columna vertebral ideológica del peronismo. Me parece que se es muy injusto cuando se lo trata a Kirchner de “ladrón”, con una moralina muy hipócrita, y no se le reconoce que gracias a él todavía puede el peronismo sacar la cabeza porque sino le hubiera pasado lo que le pasó al radicalismo en 2001. Vamos a ver qué queda de todas estas denuncias dentro de dos o tres años. Desde ya que no voy a defender a un ladrón, pero me parece que hay un ajuste de cuentas, una revancha.
La ficha
María del Carmen Colombo nació en Buenos Aires en 1950. Integró el grupo de Poesía El ladrillo y ha publicado La edad necesaria, Blues del amasijo, La muda encarnación y La familia china, entre otros poemarios. Leyó mucho a Alejandra Pizarnik y a Olga Orozco. “No sé si Alejandra hubiera existido sin Orozco… eso nunca se sabe. A Alejandra no la conocí, pero sí tuve el privilegio de conocer a Orozco”, cuenta la poeta que reconoce el impacto que le generaron las lecturas de Leónidas y Osvaldo Lamborghini. “De chica leía mucho a Baldomero Fernández Moreno y Alfonsina Storni. Me gusta leer poetas líricos como Saint-John Perse. De los latinoamericanos me interesan Jaime Sabines, Vicente Huidobro, y una poeta uruguaya extraordinaria que admiré siempre, poco reconocida, Suleika Ibáñez, que murió hace poco. Me gusta Juan Rulfo, siempre leí su obra como si fuera poesía”. De las poetas contemporáneas menciona a dos fundamentales: Irene Gruss y Diana Bellessi. Colombo ha recibido el Premio de Poesía V Centenario (1992) y una Mención Especial en el Premio Nacional de Poesía. Integra el consejo editorial de Hilos Editora y coordina talleres literarios desde 1980.
Para que puedan leer la entrevista a Maria Del Carmen Colombo en que le cuenta a Silvina Friera sobre su nouvelle El cuaderno de música. Es una muy bella entrevista.
Página/12: Reportaje
![]() |
| Tapa Suplemento Cultura diario Página/12 lunes 15 de noviembre 2016 |
Disculpen al auto bombo pero el diario Pagina/ 12 publicó el reportaje que me hiciera la periodista Silvina Friera. Va con una foto mía grande como toda la página, todavía no he podido acceder para subirlo a mi blog.
Por suerte pude comprar el diario, para leerlo más tarde claro, porque ahora me tiemblan hasta las pestañas!
jueves, noviembre 03, 2016
Ed. Cienvolando: María del Carmen Colombo: El cuaderno de música en librerías
"¿Y si su madre no la escucha?, ¿tocar para qué?¿Para acallar el sonido estridente de la sirena de barcos y fábricas?¿Para espantar los ruidos de la casa?¿Para tapar los sonidos de la discordia familiar?¿O acaso para aplacar los rumores de su cuerpo, los latidos de su corazón? Pero ella toca, toca el piano. Hunde sus manos en el teclado, los pies en los pedales. Está en el centro de la música, en manos solo de sus manos."
domingo, septiembre 25, 2016
martes, septiembre 20, 2016
Festival Internacional de Poesía de Rosario 2016: Taller de poesía: Desde el poema y hacia el poema
Festival Internacional de Poesía de Rosario 2016
Taller de poesía: Desde el poema y hacia el poema
Coordinado por María del Carmen Colombo
Siguiendo los pasos de los talleres de poesía tradicionales, este taller se propone como un espacio de reflexión. Desde el poema y hacia el poema, es decir, que los temas de reflexión surgirán de la lectura y análisis de los poemas presentados por los participantes.
Como complemento de esta tarea se utilizarán fragmentos de ensayos de poetas nacionales y extranjeros que han analizado diversos aspectos del quehacer poético (Juan L. Ortiz, José Lezama Lima, Alicia Genovese, Edgar Bayley, Wallace Stevens, etc.).
A los objetivos de perfeccionar la artesanía propia del oficio, de ahondar en aquellos motivos que se manifiesten en la producción grupal e individual, y de adquirir una mayor conciencia del proceso creativo, se agrega un ítem de particular interés: las Voces y resonancias, reconocer en los textos filiaciones y parentescos literarios.
Lugar: Biblioteca Argentina (Pte. Roca 731).
Día y hora: jueves 22, viernes 23 y sábado 24 de septiembre de 10 a 13 hs.
Inscripción: escribir a talleresfestivalrosario@gmail.com con el asunto “Taller Desde el poema y hacia el poema”, adjuntar entre 5 y 15 poemas, indicando nombre, apellido y DNI.
Cierre de inscripción: 31 de agosto.
Dirigido a: poetas, escritores y público en general.
Cupo: se seleccionarán 15 participantes.
viernes, septiembre 09, 2016
domingo, agosto 28, 2016
Gracias Gladys Cepeda, gracias blog Punto Meridiano
viernes, 26 de agosto de 2016
María del Carmen Colombo মারিয়া দেল কারমেন কোলোম্বো
en las tripas de mi reloj
despuntan
grandes husos de gallo
qui qui ri quí
yo soy el que
recuérdalo
qui qui ri quí
tú la que no
ahora y en la hora
pero mis huesos
blancos y dispersos
en la noche
cantan de pie
no somos del cuerpo
oh mi mano de hojalata sola
cómo brilla
polvo eres pero brilla
un despojo:
—del cuerpo ya no soy
piedra fueron serán ojos?
islas deshechas aspas
en la miseria
a la deriva cuando saltan
del cuerpo ya no son
mira mira las orillas
remos rotos hacia
dónde?
pero la ceja olvida
se levanta del cuerpo:—ya no soy
no tengo el ver
no tengo el verbo
¿hay esperanza para mí?
yo soy el que
tú la que no
doblan campanitas
de cuello amarillo
tú también
por un oído de sombras
escucha
la mañana
আমার হাতঘড়ির পাকযন্ত্রে
অভিক্ষিপ্ত হয়
মোরগের বড় বড় টাকু
কোঁকর কোঁ ডাক
আমি সে যার
এটা মনে পড়ে
কোঁকর কোঁ ডাক
তুমি এখন নেই
এমনকি সময়েও নেই
কিন্তু ছড়ানোছেটানো
আমার সাদা হাড়গুলো
রাতের বেলায়
দাঁড়িয়ে উঠে গান গায়
আমরা শরীর থেকে আসিনি
হায়, আমার রাংতায় মোড়া একাকী হাত
কেমন ঝলমল করছে
ধুলো তবু ঝলমল করো
একটা আয়না:
--- আমি তো শরীরে নেই
ছিল পাথর ওরা কি হয়ে উঠবে চোখ?
অপ্রণীত দ্বীপ দৈন্যতার
তলোয়ার
ভাসতে ভাসতে যখন ঝাঁপিয়ে পড়বে
শূন্য থেকে
দ্যাখো, দ্যাখো হে সাগরবেলা
ভাঙা তরী ভেসে যায়
কোথায়?
কিন্তু ভুরু ভুলে গেছে
শরীর থেকে জেগে উঠতে--- সে তো আমি নই
আমার তো দৃষ্টিশক্তি নেই
আমার তো বাকশক্তি নেই
কেউ কি অপেক্ষা করছে আমার জন্য ?
আমি সে
যার কাছে তুমি
হলুদ রঙের
ঘন্টাটা বাজাওনি
তুমিও
ছায়ার শব্দ শুনে
শুনছো আগামীর
domingo, julio 10, 2016
Revista de Boedo: Gardel y yo, poema de María del Carmen Colombo
Agradecemos a la Revista de Boedo la publicación de mi poema "Gardel y yo".
P
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EL Nº 1
6
8
DE
, QUE ACABA DE APARECER, INCLUYE
JULIO
SUMARIO
La expropiación del Cuyo
Gestada por los vecinos y avalada por el INCAA.
Por Mario Bellocchio
Pirulo de tapa: “Un pelotudo”
EDITORIAL
Si tenés un autito, ¡Agarrate!
CALLEJEANDO HISTORIA
San Telmo y la quinta de Lezama
Por Diego Ruiz
La heladera Siam
Por Mónica López Ocón
HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO
Tendencias ideológicas (II): El Socialismo
Por Miguel Ruffo
La corrupción
Por Gustavo Gálligo
El Bicentenario
Por Norberto Galasso
La verdadera independencia
9 de julio de 1816/ 1947/ 2016 - 200 años de la Independencia Política - 69 años de la Independencia Económica de la Nación.
Cómo disfrazar la censura a los Medios Vecinales
Por Mario Bellocchio
Protesta en Boedo
Los comerciantes del barrio cortaron San Juan y Boedo en señal de protesta por el tarifazo de los servicios.
San Lorenzo Campeón de la LNB
CRÓNICAS POÉTICAS DEL TERCER MILENIO
Junio 2016 Por José Muchnik
Muestrario de hechos verídicos, otra mirada sobre los tiempos presentes para los habitantes del futuro
Rafael Vásquez: Pequeñas muertes, provisorios olvidos
Por Edgardo Lois
FILIPISCOPIO
“La Pepa”
Por Mario Filipini
Ver, leer, escuchar...
Crítica literaria, teatral y discográfica de producciones que no cuentan con el gran circuito de difusión
POEMA
Gardel y yo
(María del Carmen Colombo)
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