jueves, enero 19, 2012

Taller de poesìa 2012

Picasso:Two girls.
Taller de Poesìa


. Individual o en grupos. 


. Corrección y edición de originales. 


. Coord.: María del Carmen Colombo.


. Tel.: 15-60255595. 


. Correo: cotocolombo@gmail.com.ar 

miércoles, enero 18, 2012

Bruno Schulz: El señor Karol...


Los sábados por la tarde, mi tío Karol –trasnochador episódico– se dirigía andando hasta el balneario, que distaba a una hora de camino de la ciudad, para visitar a su mujer y a los niños que pasaban allí el verano.


Desde la partida de su esposa, la casa no se había vuelto a limpiar y la cama permanecía siempre deshecha. El señor Karol llegaba a casa ya muy entrada la noche, extenuado por sus correrías nocturnas a las que le incitaban aquellos días tórridos y vacíos. Las sábanas arrugadas, en desorden, eran entonces para él como un puerto, una isla salvadora en la que encallaba sin fuerzas, náufrago a la deriva durante días y noches por un mar proceloso.

A tientas, en la oscuridad, se hundía entre las colinas blancas, las cordilleras y montones de plumas tibias, y así dormía, hacia un rumbo desconocido, del revés, cabeza abajo, hundido en la suave pulpa del edredón, como si quisiese atravesar mientras dormía los macizos poderosos de la ropa de cama, que crecían en la noche. Luchaba contra ellos en su sueño, como un nadador con el agua; los aplastaba con todo su cuerpo, se hundía allí como en una gran artesa de pasta cremosa, y se despertaba en el ceniciento amanecer, jadeante, empapado de sudor, arrojado a la orilla de aquella marea blanca, que no había podido domar en el transcurso de las violentas refriegas nocturnas.

Aún a medio dormir, permanecía un momento suspendido en el borde de la noche, respirando ávidamente, mientras que las sábanas crecían en torno a él, hinchaban y fermentaban, cubriéndolo de nuevo con un desprendimiento de pasta densa y blanquecina. Dormía hasta muy entrada la mañana; las almohadas formaban una gran planicie blanca por la que transcurría al fin su sueño apaciguado. Por esos caminos poco a poco volvía en sí, y al día, y a la realidad, y finalmente acababa abriendo los ojos como un pasajero somnoliento cuando el tren se detiene en una estación.

La habitación estaba sumida en una penumbra rancia, en la que se respiraba el poso de muchos días de soledad y silencio. Solamente bullía en la ventana un enjambre de moscas matinales, y los estores ardían, deslumbrantes. Al bostezar, el señor Karol arrojaba de su cuerpo, de las cavidades más profundas los restos del día anterior. Aquellos bostezos lo sacudían como convulsiones, como si se vaciase hasta los miasmas. Y así se desprendía de la arena, del peso no digerido del día anterior.

Habiéndose aliviado de ese modo, ya más libre, anotaba en su agenda los gastos, calculaba y soñaba. Después permanecía tumbado, inmóvil, con la mirada turbia, de ojos saltones y húmedos, color de agua. En la penumbra glauca de la habitación, sólo iluminada por el día que filtraban las cortinas, sus pupilas reflejaban todos los objetos brillantes, como pequeños espejos: las manchas blancas del sol en torno a la ventana, el rectángulo dorado de los estores; reflejaban toda la habitación como si fuesen una gota de agua, sin omitir el silencio de las alfombras y de las sillas vacías.

Mientras tanto, en el exterior el día bordoneaba, cada vez más resplandeciente; el sol enloquecía a las moscas. La ventana no podía contener aquel incendio blanco, luminosas reverberaciones recorrían las cortinas.

Entonces se arrastraba fuera de las sábanas y permanecía, por un instante, sentado al borde de la cama, quejándose maquinalmente. Cerca de la cuarentena, su cuerpo comenzaba a engordar. En aquel organismo hinchado de grasa, extenuado por los abusos sexuales pero aún lleno de jugos, parecía que su destino futuro maduraba poco a poco en el silencio.

Mientras que se abandonaba a ese entumecimiento vegetal, reducido a su sola circulación y respiración, a la pulsación profunda de sus jugos, crecía en el interior de su cuerpo, sudoroso y cubierto de vello en distintas partes, un futuro indescifrable, sin expresar; una excrecencia monstruosa y fantástica que aumentaba en una latitud desconocida.

Mas, no se asustaba, pues se sentía ya idéntico a esa cosa extraña e inmensa que debía acontecer, y crecía con ella sin resistencia, en una comunión insólita, paralizado por un tranquilo horror, reconociéndose en la formidable exuberancia que surgía ante su mirada interior. Con uno de sus ojos veía entonces tenuemente otra realidad, como queriendo alejarse hacia otra dimensión.

Saliendo de su ensimismamiento encontraba de nuevo sus pasos perdidos y lejanos, y, entonces, volvía en sí y al momento presente; veía sus pies sobre la alfombra, gordos, blancos y delicados como los de una mujer; se quitaba poco a poco los gemelos dorados de la camisa. Después iba a la cocina, hallaba en un rincón sombrío un balde de agua –círculo de un espejo silencioso y vigilante que lo esperaba allí–, único ser vivo y consciente en la casa desierta. Entonces vertía el agua en la palangana y con su piel probaba su humedad insípida y estancada.

Se aseaba larga y cuidadosamente, intercalando pausas entre las diferentes manipulaciones que llevaba a cabo.

La casa dejada al abandono no reconocía en él a su dueño, los muebles y las paredes lo escrutaban con una muda desaprobación. Al entrar en su silencio se sentía como un intruso en el corazón de aquel reino hundido donde transcurría otro tiempo, un tiempo diferente. Tomaba precauciones de ladrón para abrir sus propios cajones, andaba de puntillas por temor a despertar un eco ruidoso, exagerado e irritable, que esperaba el menor pretexto para estallar.

Y, finalmente, cuando yendo de un armario a otro, encontraba todas las prendas de vestir necesarias y daba por acabado su aseo en medio de aquellos muebles, que, con aire ausente, lo soportaban en silencio, cuando ya al fin estaba preparado, a punto de salir, con el sombrero en la mano, se sentía molesto por no poder encontrar, en el último momento, la palabra capaz de quebrar aquel mutismo hostil, y entonces se dirigía lentamente hacia la puerta, resignado, cabizbajo, mientras que en el otro sentido, hacia el fondo del espejo, alguien que le daba la espalda para siempre se alejaba sin prisa a través de una fila de habitaciones que nunca existieron. 

Bruno Schulz: El señor Karol. Las tiendas de color canela. Maldoror. Traducc.: Jorge Segovia y Violetta Beck.

Revista Boca de Sapo

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lunes, enero 16, 2012

Luis Cardoza y Aragón: "el amor y la muerte son las alas de mi vida"



Yo canto porque no puedo eludir la muerte

Yo canto porque no puedo eludir la muerte, 
porque le tengo miedo, porque el dolor me mata.
 
La quiero ya como se quiere el amor mismo.
 
Su terror necesito, su hueso mondo y su misterio.
 
Lleno del fervor de la manzana y su corrosiva fragancia,
 
lujurioso como un hombre que sólo una idea tiene,
 
angustiadamente carnal con la misma muerte devorante,
 
yo me consumo aullando la traición de los dioses.
 
Soledad mía, oh muerte del amor, oh amor de la muerte,
 
que nunca hay vida, nunca, ¡nunca! sino sólo agonía.
 
En mis manos de fango gime una paloma resplandeciente
 
porque el amor y el sueño son las alas de la vida.
 
Me duele el aire... Me oprimen tus manos absolutas,
 
rojas de besos y relámpagos, de nubes y escorpiones.
 
Soledad de soledades, yo sé que si es triste todo olvido,
 
más triste es aún todo recuerdo, y más triste aún toda esperanza.
 
Porque el amor y la muerte son las alas de mi vida,
 
que es como un ángel expulsado perpetuamente.


Luis Cardoza y Aragón (Guatemala, 1901–México, 1992).

jueves, enero 12, 2012

Cristian Aliaga: El camino zen

El camino zen


Hoy este libro no
no puedo
hoy esta música no
no puedo hablar
no oír hoy
nada que enseñe el camino
por el que iría
hoy
no.


Sabidurías


¿Todo lo que sabés
te alcanza para
vivir?


¿Todo lo que sabés?


Para comer
sabés poco,


¿no te alcanza?


¿Para qué buscás
esas piedritas
que no brillan
sacadas
del río?


Piso falso


El piso falso
está hecho
de pasos 
verdaderos


resbalamos sobre
aquello que nos
importa


el piso seco y firme
no es un camino de verdad


tenés otra senda:


la que va
de nada
a nada


con belleza.




*Cristian Aliaga, poeta argentino. Más poemas del autor, véase: http://www.cristianaliaga.com/poesia.html; datos del autor http://www.cristianaliaga.com/
*Los poemas que se transcriben están incluidos en su libro La sombra de todo.

Verónica Zondek: Soy canasta magenta y purpúrea...


Tiempo
Un río fluye sin origen ni conciencia.
Busca placer y chispas de alegría.
Desmonta el cuerpo en Valle Verde
y en embeleso
mira crecer los árboles a la imagen de sí mismos.
Ve cómo la vida se pierde en su comienzo
y cómo en fértil la muerte aletea.
No ve hombres
ni mujeres
ni Dios.
El tiempo se detiene sin sombra.
El tiempo acoge lo que al cuerpo no le es dado perdonar.

  
Claroscuro
Soy canasta magenta y purpúrea
y peso metal en la huella del tiempo.
Con rúbricas a flor de piel
rasgado por un siglo mineral de uñas marchitas
abulta él en labor de hombre recio
y la Rosa
ahí
sola mi alma en suplir la falta
y él
salud compadre para gloria de materias
y austero el talle viejo
hasta besar el río profundo de pico hiriente
y acaramelar lo sagrado con sangre
y negro
gritar el sueño azul en la pampa sola.
Sudor enmohecido en el tiempo.
En lomo de mula camina el llanto
y luego los gestos
los aspavientos hasta el respeto
que los cuerpos aman aún bajo tierra
y tocan la carne con el dedo duro de la escama.
Es que de salmuera para la guarda está hecho el tajo
que en lámina saca y en lámina pone
lingote a lingote
hasta coronar la cabeza del rey.
Ni adular ni maldecir.

Un paso por el sendero.
El cuerpo y sus heridos.
Un casorio y una iniciación.
Eso dio y dará el sudor.
Cada gota con gota gotea.
Cada gota penetra Atacama.
Hay una extensión más ardua que el alma
donde el suelo yace bajo un costral.
Ella lo abre de pétalos
le nace naciendo una flor
y nuestro
es aroma el pan caliente
de cada
cada
día.


Olvido
En esa pequeña torsión de cuerpo
vi
vi llamas lamer su carne huidiza
vi cómo ciega arrojaba sentidos
cómo tomaba el número para dárselo a otra
cómo el pelo
las muelas
esa
mi piel de uso eficiente
y también el cuento del velo
de cómo caía
de las trampas
del follaje dicen sostén
y de en cómo hallé mi fuerte miedo.
Es así
y encuentro cauce en el retorno
en persecuciones de olvido y huevo
hasta que plena de sangre fresca
arropada
en sed y flor abierta de vampiro
profano su oscura boca
acecho azul y tiniebla
jadeo tibio tras una esquina
y muertos veo
muertos muertos de placer
con un ojo fijo en aquesa extrañísima misión:
eternidad dizque hay.
Un cuchillo lento perfora la espalda.
Atorrante dizque y es sin duda:
que estando Dios de su lado
es cajón caído pues
y del decir popular
que del mío
no ha de estar.


Tentación para emprendedores
Fue entonces o antes
que supo de valles remotos
en cuclillas
donde pequeños duendes
ahítos de pequeñas promesas
y agazapados en la espesura verde de lo real
irradian lo cierto necesario
para lograr belleza y eternidad.
En el aquí recodo de la geografía
existe seguro un tráfico rabioso de silicona
que se expone a mirares entumecidos:
hay piernas abiertas
y miembro duro
y palabras a destajo
en chino zurcido tras la oreja de cada habitante.
Para ellos susurra el maullido enloquecedor
y las bondades directas y celestes que soportan la derrota.
Hay cursos rápidos, primero, para superar la timidez
y luego
acción audaz y certera para detener el tiempo.
En Valle Silicona se ve la ilusión.
La ilusión es suspendida
y oscila entre dos cordones de roca.
La ilusión aniquila total el desencanto.
Hay perfección y espejo de perfección.
El acordonado no sale.
El ajeno no entra.
Valle Silicona se ubica en esa intersección de tiempo
donde sólo un criminal ostenta sus arrugas.

*VERÓNICA ZONDEK (Santiago de Chile, 1953): Ha publicado, entre otros libros: Entrecielo y entrelínea (1984); La sombra tras el muro (1985); El hueso de la memoria (1988); Vagido II (1991); Peregrina de mí (1993); Membranza (1995); Entre lagartas (1999); El libro de los valles (2003).


Damaris Calderón: Yo vi perderse a una generación...


Mi dios qué bellos éramos
Carlos
Omar
Sigfredo
Ángel.
(Aguedita, Nativa, Miguel).

Yo vi perderse a una generación.

Cinco como las cinco yemas de los dedos,
Como los cinco dedos de la mano
Carlos
Omar
Sigfredo
Ángel
Yo
barridos con las hojas
de un otoño feroz en un país sin estaciones.
Y no hubo guerra grande ni chiquita.
Ni pelotón de fusilamiento.
Cinco
como los cinco dedos
de una mano
amputada.



*Damaris Calderón (La Habana, 1967). Poeta, narradora, ensayista cubana. Licenciada en Letras, magíster Ciencias de la Educación (UMCE), Chile. Ha publicado: Con el terror del equilibrista, Duras aguas del trópico, Se adivina un país, 1997, Duro de roer, Babosas: dejando mi propio rastro, Parloteo de sombra, Los amores del mal y El billar de Lucrecia, México, 2006. Premio de poesía del diario El Mercurio, Santiago de Chile. Ha obtenido dos veces la beca de Creación del Fondo del libro y la lectura, en Santiago de Chile.

*Más info sobre la autora: http://www.letras.s5.com/archivocalderon.htm

miércoles, enero 11, 2012

Eduardo Mileo: Poemas de pintores


Noche oscura del alma
(Hieronymus Bosch, 1450-1516)

Voy a romper el hechizo
que me separa como un vidrio
de mis ojos.
No es necesario ver.
Pero yo veo
en las astillas la infancia castigada,
los ojos de un caballo
que murió de no andar.
Érase una vez
y ya no es nada:
reliquias
en un cofre encerradas para siempre.
Pero yo continúo
como un ángel en sus cuitas con Dios
con el amor que llamo Dios
y está dormido.

He recibido un insulto:
analfabeto.
Así han querido pagarme mis cabras.
Pero yo estoy aquí
con mi diluvio
y mis encarnizadas actrices
y mis duelos.
No consagro mis ojos a las brasas.
Y no me aparto de ellas.
Temo al sueño liviano.
Al silencio
que se arropa conmigo cuando duermo.
No es necesario ser así.
Tener razón.
Mentir
para que no se juzgue a la verdad.
Pero vivimos a tientas:
un instante y nos vamos.
Yo desearía un poco más.

Hace frío en este cuarto.
La chimenea huele a polvo viejo.
Entre los libros del anticuario hay una hendija de luz.
Ya ni el temor
es mi enemigo.

*

Fiesta(Peter Brueguel, 1525-1569)

Hoy mataron un puerco.
Trozaron
la carne involuntaria
entre risas
y festejados insultos.
Esos hombres poseen
una felicidad muscular.
Y son harto expresivos
en la sangre tintos.
Una mujer ha llegado
con víveres
hasta la prieta cabaña
donde ya acicalados
la esperan entre aplausos.
La mujer sonríe.
Deja
los amorosos recados
sobre la mesa
y se marcha segura
meneándose
para esquivar la inquietud de los ojos.
Los hombres han sabido trabajar
y reciben la comida
con beneplácito.
Todos a un tiempo hablan
se chacotean disputando
las deseadas porciones.
Sus pesados
aunque ágiles brazos
manejan
con destreza el cuchillo.
Corre la vida por las gargantas:
la sangre amada del Señor.

*

Sombras de pájaros(Vincent van Gogh, 1853-1890)

Enfermé
por no poder seguir mi movimiento.
Mi madre me miró con la piedad
de sus ojos hechos para el fuego.
Aquí estoy tranquilo.
Pienso en los jardines
que ella cuidaba,
en sus sábanas que huelen a sol.
Hacen así las lavanderas
y lo que queda se lo lleva el río.

Recibo cartas,
alguna bebida que me traen
las enfermeras piadosas.
Bebo viendo a mi madre
leer tras la ventana.
Afuera hace frío y pinto soles.
Las lavanderas lavan
una luna que cayó en el río.

Mi madre me dio un hermano:
mi sombra necesaria.
Temer y amar es mi destino.
Ordeno mis tijeras
en la mesa de luz
como sombras de pájaros.

Partiré.
Pero tendré que llegar a la partida.
El cielo es un océano con ojos.

*

Los ojos de la pasión(Joseph Turner, 1775-1851)

Vuelo sobre vientos.
Soy de una libertad tangible.
Me parió una tormenta
y me destruye como a un barco.
Soy macizo en el mar
como la niebla:
hendido
por el humano rayo de la luz.
Pasión:
cuántos ojos se apagan en tu nombre.

Siento envidia de esa planta
que lleva
sus hojas al calor del sol.
Indiferente a la vida
que a su lado crece
crece
en su propia vida.
Pinto el mar porque tengo
nostalgia de la tierra.

Me parió una tormenta y me destruye
como a un barco.

*

Mutilaciones(Frida Kahlo, 1907-1954)
Oh, Paraíso.
Pesadilla de la vigilia.
No soy yo quien te invoca
sino las tímidas
criaturas del placer.
Una boca de pez
en un cuerpo de acróbata.
¿Eso eres?
¿Quién soy?
Madera navegante
podrida por la sal.

Trenzan unas niñas
sus bucles de crepúsculo.
Sus cuerpos apenas
desnudos por la sombra,
dormidos
en su reciente despertar.

Estamos excluidos,
sueño mío. Lo cercano no puede
rozarse con un dedo.

Mi destino es hablar para la fruta.
Pero siento que el agua
se estanca dentro mío.
El aire.
La sangre.

Oh, sueño mío,
resiste.

*

Aullidos(Edvard Munch, 1863-1944)
Del otro lado de la calle
se escuchan todavía
los gritos.
Una sirena
le pone música
a la distancia.

Casi todos
los días
lo mismo:
el silencio no para
de sonar.

Pero esos gritos
hoy
y la sirena,
el estilete entrando en la garganta.

No es universo
todavía
mi angustia.
Pero siento ya el campo
sembrado.

* Eduardo Mileo (Buenos Aires, 1953). Editó los libros Quítame estas cruces (1982), Tiendas de campaña (1985), Dos épicas (junto a Alberto Muñoz, 1987), Puerto depuesto (1987), Mujeres (1990; 2ª edición, 2005), Misa negra (junto a Alberto Muñoz, 1992), Poema del amor triste (2001), Poemas sin libro (Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes, 2002), Muro con lagartos(2004) y Poemas del sin trabajo (2007) Junto al compositor Raúl Mileo, ha editado los CD de canciones A boca de jarro e Irala, sueño de amor y de conquista. Integró la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA).

martes, enero 10, 2012

XII Premio Casa de Amèrica de Poesìa Americana: Bases


    Bases
1ª Podrán concursar, autores nacionales de cualquiera de los países de América, con obras escritas en español, rigurosamente inéditas, que no se hayan presentado a otro premio y cuyos derechos no hayan sido cedidos a ningún editor en el mundo.
2ª Los trabajos presentados a concurso deberán tener un mínimo de 300 versos y su tema será libre.
3ª Los trabajos deberán presentarse por triplicado y en la portada de los manuscritos se hará constar el título de la obra. Se adjuntará un sobre cerrado, que contendrá en su interior el nombre, la fotocopia del documento de identidad o acreditativo de la nacionalidad, la dirección y el teléfono del autor, así como un breve curriculum. En el anverso del sobre se consignará el título de la obra.
4ª Los trabajos deberán remitirse por triplicado a: XII Premio Casa de América de Poesía, Casa de América, Plaza de Cibeles, 2, 28014 Madrid, España. No se aceptarán originales mal presentados o ilegibles, ni remitidos por correo electrónico.
5ª El plazo de admisión de originales finalizará el 29 de febrero de 2012. Se aceptarán los envíos que, con fecha postal dentro del término de la convocatoria, lleguen más tarde.
6ª El premio, dotado con seis mil euros (6.000 €) como anticipo de derechos de autor, incluye la publicación del libro ganador por la Editorial Visor Libros. La cuantía se entregará al ganador durante el acto de concesión del premio, junto con cincuenta ejemplares de la obra editada.
7ª El jurado estará compuesto por un representante de la Casa de América, un representante de Editorial Visor Libros y tres nombres acreditados de la poesía en español, además de un secretario designado por los organizadores, con voz pero sin voto. Los nombres de los miembros del jurado serán revelados durante el anuncio del fallo del premio.
8ª El anuncio del fallo del premio tendrá lugar en la sede de la Casa de América durante el mes de mayo de 2012 y será notificado con la debida antelación.
9ª El jurado podrá declarar desierto el premio si, a su juicio, ninguna obra posee calidad para obtenerlo. El premio será indivisible.
10ª Los organizadores no mantendrán correspondencia acerca de los originales presentados y los trabajos que no se premien no serán devueltos. Estarán disponibles en la Casa de América hasta veinte días después del fallo del jurado, al término de los cuales serán destruidos.
11ª En cumplimiento de lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal,
Casa de América le informa que el envío voluntario de los datos personales para participar en el presente concurso, supone el consentimiento del participante para la posible inclusión de los mismos en un fichero declarado bajo titularidad de Casa de América, con la finalidad de gestionar su participación en el XII Premio “Casa de América” de Poesía Americana.
El participante que, en su caso, resulte premiado, consiente y presta su autorización para la utilización, publicación y divulgación, con fines informativos, de su imagen, nombre y apellidos, en el Portal Web www.casamerica.es , en las redes sociales asociadas a Casa de América, o en cualquier otro medio de naturaleza similar, sin reembolso de ningún tipo para el participante y sin necesidad de pagar ninguna tarifa. De la misma manera, el participante que resulte premiado consiente la cesión de sus datos a la Editorial Visor Libros, a los efectos de gestionar la publicación del libro ganador.
Para el ejercicio de sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición, deberá remitir un escrito dirigido a: XII Premio Casa de América de Poesía, Casa de América, Plaza de Cibeles, 2, 28014 Madrid, España.

12ª La participación en este premio implica la total aceptación de las presentes bases. Su interpretación o cualquier aspecto no previsto corresponde sólo al jurado. Para cualquier información adicional relacionada con el premio, puede contactarse con la Casa de América:
o a Editorial Visor Libros:

lunes, enero 09, 2012

Javier Cófreces-Alberto Muñoz: Tigre

Aguaribay


Mira, abuela
aquél árbol que agoniza
amortajado en su raíz

¿Qué podemos
darle como alivio?
¿Azúcar?

Mira aquel otro
que ya es leña
agusanada y podrida

Atrás quedaron
su color y
su movimiento

Una vez
cantaste, abuela
una canción de amor

Yo sufría
y el río
traía camalotes

Mi madre, lejana
había muerto de peste

Y mi padre
de extrañarla
en otro suelo

Tú cantaste
la canción
para distraerme

Todo lo recuerdo
cuando llega
el otoño

Ahora
nos quedamos solos
tú y yo

Sin compañía
sin hojas y sin nada
de nada

Cántame, abuela
aquella canción
cántala nuevamente

Que no quiero
morir
como mi padre.



Almanaque isleño

febrero

Los cuerpos presentan sequedad cutánea severa, eczemas atópicos, estrías atróficas como las del cascarudo, eritemas, escaras, heridas y quemaduras. Las señoras van con su librito y su silla plegable buscando un lugar para echarse al sol. Los pájaros prenden fuego el archivo de la naturaleza. La tierra seca impide abrir un pozo para enterrar la caja de fotos familiares. La escasa sombra se fatiga entrando en los almacenes para pedir bebidas frescas. Las noches se comportan como sirvientas mecánicas acercando las estrellas de menor luz. El agua es cálida y se inscribe en el diagrama suplementario de las algas con simetrías. Las islas preparan el espejo que arde, pero el poder curativo del barro es aliviador, alejado de su belleza brutal y administrado con maestría sobre espaldas y nalgas. El barro en los párpados permite contemplar una ciudad de larvas.

Véase: Tigre, de Javier Cófreces & Alberto Muñoz. Ediciones en Danza 2010.

Crònica del ciclo de verano Arrojas Poesìa al Sur...


 
Leemos esta muy buena cronica del cierre del ciclo: Arrojas poesia al sur, verano, en Los Pibes de La Boca:

"Riachuelo con lluvia y sol
 
 
El día más largo del año cerró su telón de nubes y veló la claridad del estío-hastío antes del atardecer. El alerta meteorológico amenazaba con piedras cenitales, una vez más, desde las voces alarmistas que profesan el pánico. Precisamente diez años después de aquella tempestad social y política, de aquellas piedras que movieron los cimientos de un modelo destinado al anegamiento. Pero la tormenta infló el buche y aguantó un poco. Y una nueva cosecha de poesía se aprestó; la que trazó el último cuadrante del ciclo 2011. Arrojas Poesía al Sur cerró el año con su versión veraniega en el espacio Los Pibes, organización social y política que realiza un importante trabajo barrial desde hace más de quince años a escasos metros de la Boca del Riachuelo.

La ambientación del espacio, una instalación a cargo de Alejandra Fenochio, invitaba al relax de las imaginarias playas de ese Riachuelo cercano, entre reposeras, sombrillas, frutas, libros y flores que rebalsaron el espectro cromático de un arco iris al que la tormenta todavía no le daba pista.
nota completa

sábado, enero 07, 2012

Mónica Valdés: La memoria es mi ciudad

XXIV


en la plaza
se iluminan los tilos
los gorriones cambian de cielo
esa bufanda roja habla de mí

mi viejo almanaque concede este encuentro
los gestos vuelven a través de invisibles labios

te miro como te miraba
el sol se recarga en tu espalda
oigo pasos
no olvido

la memoria es mi ciudad

XXIX
ciudad paisaje
arrabales con niños
palpitan soledad
amanecen abrazados
esperan que amaine el viento
y cruzan el umbal
donde se ve la nada



*Mónica Valdés nació en Argentina; residió varios años en México. Los poemas que se transcriben pertenecen al libro La memoria es mi ciudad.

miércoles, enero 04, 2012

Sadie Madhur: El plato principal...



El granate se parece al rubí, yo amaba a la mala sólo por antítesis y por bella de ojos aguamarina y piel. Rubí. No fui a su encuentro, sólo por timidez. Y armé un insoportable periplo a la hora pactada para no pensar y perderme rápido.
El abandono no es un curso acelerado. Va surcando con la criba, año tras año. La memoria tampoco parece ser un refugio, guarda epopeyas de otro y la adversidad del embestido. Guarda todo en cajoncitos chinos anacarados. Nadie devuelve al viento porque él lo regresa más tarde. Una distracción así es una pérdida de tiempo. Cancelo espacios para referirme a lo que me atañe. Retrato de madre ausente porque está de viaje y me extraña.
Teñido de sedas realizadas por orugas en cautiverio, criadero de peces-orugas. Criaderos criaderos. ¿Por qué a mí nadie  me crió? Yo, ¿no supe criar? ¿Quiero criar? No me gusta la palabra. Crío y grito.


***

Sobre ratas vuelo y ellas me reconocen, en actitud
nos parecemos, huidizas y retóricas.
Cuando sana la penumbra, la sombra quiere comerse
se transforma en caníbal de sí.
Otra vez gladiolos carniceros, saben los exactos cortes.
Un rodeo con la mirada.
¿Hoy quién me defiende de mí?
Un taco chino y nada
un breve diccionario de cómo perder el tiempo.
Di a la cabellera un color coral
llamaba bastante la atención
me sentía
el toro que sostiene el mundo.
Todos algo faenaban.
La parcelada memoria por el agrimensor
que delimita según las horas.
Abrir la noche
sin aversión a esa especie de opaca
tela que mortecina ahoga sin querer
deglutir lo indisoluble.
Es un trabajo de arena.


***
*Sadie Madhur, poeta argentina. Los poemas que se transcriben pertenecen a su libro inédito El plato principal.

martes, enero 03, 2012

Jorge Santkovsky: Revelaciones acerca de otras criaturas...





Perro


Todos somos ese perro
sentado al borde de sus ojos
esperando a su dueño,
única panacea.


Y todos somos ese otro
que borracho de celos
su propia naturaleza
no domina.


Ser perro es una orilla
un ancla
saber que
aunque no se note
estamos vivos.




Ojos


En la vigilia
mis ojos de nube
esquivan
mis ojos de tormento.


En la noche
mis ojos de miedo
someten
a mis ojos de niebla.


Con ojos latentes
recorto el sendero
capturando lo sagrado
en mis ojos de fuego.


Cada tanto,
mis ojos soberbios
se rinden al espanto.


Los desespera
ser ojos que agonizan.




*Jorge Santkovsky (Bahía Blanca, 1957). Actualmente reside en Buenos Aires. Cursó estudios de Matemática (UBA). Es presidente de la Asociación Argentina del Juego de Go.  Los poemas que se transcriben están incluidos en su libro Revelaciones de otras criaturas (Editorial Huesos de Jivia, 2010).

lunes, enero 02, 2012

Nicolás Romano: Lluvia horizontal...



Invocación

Íntima sabiduría,
amable abres el cofre
guardián
de aquella piedra.
Desde el enigma
hasta la traza
aguarda el tiempo envolvente.
Es tu crisálida
que se pulirá sola.








Lluvia horizontal

Existe siempre algún mecanismo
lejano
pero conectado a nuestras almas.

No tengo pruebas
más que el resultado
a veces un verso a veces un vacío.

Siento una lluvia horizontal
compuesta por lo que existe y por lo que no
se parece a un mar,
que me dicta
aquello que debo escribir
aquello que hay
en el otro lado

Aquel otro lado se asemeja
a un ser que todo lo siente,
lo sabe todo de antemano
lo que no sabe lo inventa
y lo bautiza Realidad

Yo espero
como un mendigo
esa Realidad
para pintarla en este mundo
llamarle creación
y verla
como una ventana
hacia el infinito.
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Dei ludens

Me anudé por dentro
y escupí silbando tensos
extremos encordados

sintiendo en falso
quedé picando como planeta
en manos de un dios

que me oculta
las normas
del juego de los nudos.

* Nicolás Romano (Remedios de Escalada, Argentina,1988). Poeta y artista plástico. Estudio en la escuela de bellas artes Manuel Belgrano y participó de algunas muestras colectivas, en el salón nacional de artes visuales 2011 y en el premio estímulo de banco provincia 2011. Actualmente trabaja en la sección de escenografía del complejo teatral de Buenos Aires y es docente en la escuela italiana Edmondo de Amicis.
Los poemas que se transcriben están incluidos en un libro en preparación.