viernes, diciembre 16, 2011

Alberto Caeiro/Fernando Pessoa

"No podrá decirse que son anónimas ni seudónimas, pues en realidad no lo son. La obra seudónima es la del autor en su personalidad, salvo en el nombre con que firma; la heterónima es del autor fuera de su personalidad, es de una individualidad completa fabricada por él, como si fueran los parlamentos de cualquier personaje, de cualquier drama suyo..."

Fernando Pessoa: Carta sobre la génesis de los heterónimos


A continuación transcribimos un poema de Alberto Caeiro, heterónimo del poeta portugués Fernando Pessoa, incluido en el libro El pastor (Véase Pessoa Poemas, Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, traducc. Rodolfo Alonso). 


XXXII

Ayer por la tarde un hombre de ciudad
hablaba a la puerta de la posada.
Hablaba conmigo también.
Hablaba de la justicia y de la lucha para que
            haya justicia
y de los obreros que sufren,
y del trabajo constante, y de los que tienen
           hambre,
y de los ricos, que sólo tienen costillas para eso.

Y, mirándome, vio lágrimas en mis ojos
y sonrió con agrado, juzgando que yo sentía
el odio que él sentía, y la compasión
            que él decía sentir.

(Pero yo mal lo estaba oyendo.
¿Qué me importa a mí de los hombres
y lo que sufren o suponen que sufren?
Sean como yo: no sufrirán.
Todo el mal del mundo viene de importarnos
           los unos a los otros,
de querer hacer bien, de querer hacer mal.
Nuestra alma y el cielo y la tierra nos bastan,
           querer más es perder esto, y ser infeliz).

En lo que yo estaba pensando
cuando el amigo de la gente hablaba
(y eso me conmovió hasta las lágrimas),
era en cómo el murmullo lejano de los cencerros 
          en aquel atardecer
no parecían las campanas de una capilla
          pequeñita,
donde fuesen a misa las flores y los arroyos
y las almas simples como la mía.

(Alabado sea Dios que no soy bueno,
y tengo el egoísmo natural de las flores
y de los ríos que siguen su camino
preocupados sin saberlo
sólo en florecer y en ir corriendo.
Esa es la única misión en el mundo,
esa: existir claramente,
y saber hacerlo sin pensar en ello.)

Y el hombre se calló, mirando el poniente.
¿Pero qué tiene que ver con el poniente quien
             odia y ama? 



jueves, diciembre 15, 2011

BombPlan: Hoy, jueves, última lectura del año


M. Cinta Montagut Sancho: Barcelona Review

Como regalo de Navidad, nuestra querida amiga, la poeta española M. Cinta Montagut Sancho, nos envía el último número de www.barcelonareview.com para que la degustemos junto con el turrón y con el deseo de que sea una entrada placentera para 2012.  ¡Gracias Cinta!

martes, diciembre 13, 2011

Pier Paolo Pasolini: Líbranos del pensamiento del mañana...


Plegaria escrita por encargo

Te escribe un hijo que frecuenta 
la milésima clase de Primaria, 
Querido Dios:
ha venido a vernos un tal señor Homais 
diciendo que eras Tú. 
Se lo creímos,
pero estaba entre nosotros un infeliz 
que no hacía más que masturbarse, 
día y noche, exhibiéndose incluso
 frente a prostitutas e infantes; pues bien…
El señor Homais, querido Dios, te reproducía punto 
    por punto:
tenía un hermoso traje de lana oscura, chaleco,
una camisa de seda y corbata azul;
llegó de Lyon o de Colonia, no recuerdo bien.
Y nos hablaba siempre del mañana.
Pero entre nosotros estaba aquel idiota que nos decía
que Axel era tu verdadero nombre…
Todo esto en el Tiempo de los Tiempos.

Querido Dios,
líbranos del pensamiento del mañana.
Es del mañana que Tú nos hablaste a través de Ms. 
    Homais. 
Mas nosotros queremos vivir ahora como el idiota
    degenerado 
que seguía a su Axel
que era también el Diablo: era demasiado bello para 
    ser sólo Tú.
Vivía de sus rentas, pero no era previsor.
Era pobre, pero no era ahorrador.
Era puro como un ángel, pero no era decente.
Era infeliz y explotado, pero no tenía esperanza.

Querido Dios,
no habría idea del poder si no hubiera idea del mañana,
pero sin el mañana, no sólo la conciencia no tendría 
    justificación.

Querido Dios,
haz que vivamos como los pájaros del cielo y los lirios 
    del campo.


*De Poemas por encargo
**Extractado de :http://www.materialdelectura.unam.mx/

Clarice Lispector: Vida al natural


Pues en el río había algo como el fuego del hogar. Y cuan­do ella advirtió que, además 
del frío, llovía en los árbo­les, no podía creer que tanto le fuese dado. Y el acuer­do del mundo con aquello que ella ni siquiera sabía que precisaba como el pan. Llovía, llovía. El fuego encendi­do guiñaba hacia ella y hacia él. Él, el hombre, se ocu­paba de aquello que ella ni siquiera agradecía; él atizaba el fuego, lo cual era su deber de nacimiento. Y ella, que siempre estaba inquieta, haciendo cosas y experimentan­do, curiosa, ella no se acordaba de atizar el fuego: no era su papel, pues tenía a su hombre para eso. No siendo doncella, el hombre tenía que cumplir su misión. Lo más que ella hacía era instigarlo, a veces: «Aquel leño —de­cía—, aquél todavía no encendió». Y él, un instante an­tes de que ella acabara la frase que lo advertía, él ya ha­bía notado el leño, era su hombre, ya estaba atizando el leño. No le daba órdenes, porque era la mujer de un hom­bre que perdería su estado, si ella le daba órdenes. La otra mano de él, libre, está al alcance de ella. Ella lo sabe, y no la coge. Quiere la mano de él, sabe que la quiere, y no la coge. Tiene exactamente lo que necesita: poder tener.

Ah, y decir que esto va a acabar, que por sí mismo no puede durar. No, ella no se está refiriendo al fuego, se refiere a lo que siente. Lo que siente nunca dura, lo que siente siempre acaba, y puede no volver nunca. Se encarniza entonces sobre el momento, se traga el fuego, y el fuego dulce arde, arde, flamea. Entonces, ella, que sabe que todo va a acabar, coge la mano libre del hom­bre, y la enlaza con la suya, ella dulce arde, arde, flamea.

*Traducc.: Cristina Peri Rossi.

T.S. Eliot: El cultivo de los árboles de Navidad



De las muchas actitudes ante la Navidad,
hay algunas que debemos rechazar:
la social, la torpe, la comercial,
la desordenada (la de los bares abiertos hasta medianoche)
y la infantil que no es la del niño
para el que la vela es una estrella
y el ángel dorado que despliega sus alas
en la cima del árbol, no decoración, sino ángel.
El niño ante el árbol se asombra.
Dejémosle que siga en su espíritu
con la Fiesta que es tal y no pretexto.
De ahí que el rapto brillante, la maravilla
del primer árbol de Navidad que se recuerda,
de ahí que las sorpresas, las delicias
de las nuevas posesiones (cada una
con su peculiar olor y emocionante),
la espera del ganso o del pavo
y el alborozo de su llegada.
De ahí que la alegría y la reverencia
no deban olvidarse en la experiencia posterior,
en la cotidianeidad o el tedio o la fatiga,
en la certeza de la muerte o la conciencia del fracaso
o en la piedad del converso
que puede corromperse por la vanidad
que no gusta a Dios y desagrada a los niños
(y aquí recuerdo con gratitud a Santa Lucía,
su villancico y su corona de fuego):
De ahí que antes del fin, la navidad número ochenta
(y “ochenta” significa la que sea la última)
los recuerdos acumulados de la emoción anual
deben concentrarse en inmenso gozo
que será también inmenso temor
como en la ocasión en que descienda
el terror a cada alma:
porque el principio debe recordarnos el fin
y la primera venida, la segunda.
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The Cultivation of Christmas Trees
There are several attitudes towards Christmas,
Some of which we may disregard:
The social, the torpid, the patently commercial,
The rowdy (the pubs being open till midnight),
And the childish – which is not that of the child
For whom the candle is a star, and the gilded angel
Spreading its wings at the summit of the tree
Is not only a decoration, but an angel.
The child wonders at the Christmas Tree:
Let him continue in the spirit of wonder
At the Feast as an event not accepted as a pretext;
So that the glittering rapture, the amazement
Of the first-remembered Christmas Tree,
So that the surprises, delight in new possessions
(Each one with its peculiar and exciting smell),
The expectation of the goose or turkey
And the expected awe on its appearance,
So that the reverence and the gaiety
May not be forgotten in later experience,
In the bored habituation, the fatigue, the tedium,
The awareness of death, the consciousness of failure,
Or in the piety of the convert
Which may be tainted with a self-conceit
Displeasing to God and disrespectful to children
(And here I remember also with gratitude
St.Lucy, her carol, and her crown of fire):
So that before the end, the eightieth Christmas
(By “eightieth” meaning whichever is last)
The accumulated memories of annual emotion
May be concentrated into a great joy
Which shall be also a great fear, as on the occasion
When fear came upon every soul:
Because the beginning shall remind us of the end
And the first coming of the second coming.

*Traducción: José Luis Justes Amador

lunes, diciembre 12, 2011

Agenda: Presentación de Geología


Les recordamos que el viernes 16 de diciembre se realizará la presentación del libro de poemas GEOLOGÍA, de la poeta CLAUDIA MASIN, editado por Ed. CURANDERA. 
Se trata de la reedición de  un libro de 2001,  Premio Casa de América de Poesía de España. 
El libro está acompañado por un CD que incluye una entrevista a la autora y la lectura de poemas en su voz.  Será presentado por las poetas Paula Jiménez y Victoria Schcolnik. Habrá una participación musical de Zulma Ducca.
La cita es  en ACEVEDO 1031, entre Jufré y Lerma, Palermo, Ciudad de Buenos Aires, a las 20,30.
Habrá lectura de otros poetas, brindis y festejo por el primer año de la editorial.

jueves, diciembre 08, 2011

José Gorostiza: Muerte sin fin (fragmento)



Conmigo está el consejo y el ser;             
yo soy la inteligencia; mía es la fortaleza.
Proverbios, 8,14
.
              
Con él estaba yo ordenándolo todo;             
y fui su delicia todos los días,
teniendo solaz delante de él en todo tiempo.
Proverbios, 8,30.
              
Mas el que peca contra mí defrauda su      alma;
todos los que me aborrecen aman la muerte.
Proverbios, 8,36.
              
I

Lleno de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga,
mentido acaso
por su radiante atmósfera de luces
que oculta mi conciencia derramada,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
lleno de mí -ahíto- me descubro
en la imagen atónita del agua,
que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
un desplome de ángeles caídos
a la delicia intacta de su peso,
que nada tiene
sino la cara en blanco
hundida a medias, ya, como una risa agónica,
en las tenues holandas de la nube
y en los funestos cánticos del mar
-más resabio de sal o albor de cúmulo             
que sola prisa de acosada espuma.
No obstante -oh paradoja- constreñida
por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma.
En él se asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
y un reposo gentil de muerte niña,
sonriente, que desflora
un más allá de pájaros
en desbandada.
En la red de cristal que la estrangula,
allí, como en el agua de un espejo,
se reconoce;
atada allí, gota con gota,
marchito el tropo de espuma en la garganta
¡qué desnudez de agua tan intensa,
qué agua tan agua,
está en su orbe tornasol soñando,
cantando ya una sed de hielo justo!
Mas qué vaso -también- más providente
éste que así se hinche
como una estrella en grano,
que así, en heroica promisión, se enciende
como un seno habitado por la dicha,
y rinde así, puntual,
una rotunda flor
de transparencia al agua,
un ojo proyectil que cobra alturas
y una ventana a gritos luminosos
sobre esa libertad enardecida
que se agobia de cándidas prisiones!
            

II
              
¡Más qué vaso -también- más      providente!
Tal vez esta oquedad que nos estrecha
en islas de monólogos sin eco,
aunque se llama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,
pero que acaso el alma sólo advierte
en una transparencia acumulada
que tiñe la noción de Él, de azul.
El mismo Dios,
en sus presencias tímidas,
ha de gastar la tez azul
y una clara inocencia imponderable,
oculta al ojo, pero fresca al tacto,
como este mar fantasma en que respiran
-peces del aire altísimo-
los hombres.
¡Sí, es azul! ¡Tiene que ser azul!
Un coagulado azul de lontananza,
un circundante amor de la criatura,
en donde el ojo de agua de su cuerpo
que mana en lentas ondas de estatura
entre fiebres y llagas;
en donde el río hostil de su conciencia
¡agua fofa, mordiente, que se tira,
ay, incapaz de cohesión al suelo!
en donde el brusco andar de la criatura
amortigua su enojo,
se redondea
como una cifra generosa,
se pone en pie, veraz, como una estatua.
¿Qué puede ser -si no- si un vaso no?
Un minuto quizá que se enardece
hasta la incandescencia,
que alarga el arrebato de su brasa,
ay, tanto más hacia lo eterno mínimo
cuanto es más hondo el tiempo que lo colma.
Un cóncavo minuto del espíritu
que una noche impensada,
al azar
y en cualquier escenario irrelevante
-en el terco repaso de la acera,
en el bar, entre dos amargas copas
o en las cumbres peladas del insomnio-
ocurre, nada más, madura, cae
sencillamente,
como la edad, el fruto y la catástrofe.
¿También -mejor que un lecho- para el agua
no es un vaso el minuto incandescente
de su maduración?
Es el tiempo de Dios que aflora un día,
que cae, nada más, madura, ocurre,             
para tornar mañana por sorpresa
es un estéril repetirse inédito,
como el de esas eléctricas palabras
-nunca aprehendidas,
siempre nuestras-
que eluden el amor de la memoria,
pero que a cada instante nos sonríen
desde sus claros huecos
en nuestras propias frases despobladas.
Es un vaso de tiempo que nos iza
en sus azules botareles de aire
y nos pone su máscara grandiosa,
ay, tan perfecta,
que no difiere un rasgo de nosotros.
Pero en las zonas ínfimas del ojo,
en su nimio saber,
no ocurre nada, no, sólo esta luz,             
esta febril diafanidad tirante,
hecha toda de pura exaltación,
que a través de su nítida sustancia
nos permite mirar,
sin verlo a Él, a Dios,
lo que detrás de Él anda escondido:
el tintero, la silla, el calendario
-¡todo a voces azules el secreto
de su infantil mecánica!-
en el instante mismo que se empeñan
en el tortuoso afán del universo.
              

III
              
Pero en las zonas ínfimas del ojo
no ocurre nada, no, sólo esta luz¡
ay, hermano Francisco,
esta alegría,
única, riente claridad del alma.
Un disfrutar en corro de presencias,
de todos los pronombres -antes turbios
por la gruesa efusión de su egoísmo-
de mí y de Él y de nosotros tres
¡siempre tres!
mientras nos recreamos hondamente
en este buen candor que todo ignora,
en esta aguda ingenuidad del ánimo
que se pone a soñar a pleno sol
y sueña los pretéritos de moho,
la antigua rosa ausente
y el prometido fruto de mañana,
como un espejo del revés, opaco,
que al consultar la hondura de la imagen
le arrancara otro espejo por respuesta.
Mirad con qué pueril austeridad graciosa
distribuye los mundos en el caos,
los echa a andar acordes como autómatas;
al impulso didáctico del índice
oscuramente
¡hop!
la apostrofa
y saca de ellos cintas de sorpresas
que en un juego sinfónico articula,
mezclando en la insistencia de los ritmos
¡planta-semilla-planta!
¡planta-semilla-planta!
su tierna brisa, sus follajes tiernos,
su luna azul, descalza, entre la nieve,
sus mares plácidos de cobre
y mil y un encantadores gorgoritos.
Después, en un crescendo insostenible,
mirad como dispara cielo arriba,
desde el mar,
el tiro prodigioso de la carne
que aun a la alta nube menoscaba
con el vuelo del pájaro,
estalla en él como un cohete herido
y en sonoras estrellas precipita
su desbandada pólvora de plumas.
              
(...)              

[ Baile ]
              
Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.
¡Anda, putilla del rubor helado,
anda, vámonos al diablo!    
 

*José Gorostiza Alcalá. Escritor mexicano (Tabasco, 1901- 1973). 

María del Carmen Colombo

María del Carmen Colombo

Gracias a Télam, Sección Nuestros Poetas

Agradezco a http://nuestrospoetas.telam.com.ar/?p=778 (Télam, Sección Nuestros Poetas) por esta hermosa nota y publicación de mis poemas.

(Bs. As., 1950)
María del Carmen Colombo es una de las voces más innovadoras de la poesía argentina. Dueña de un estilo intransferible y personalísimo, Colombo viste a sus poemas con telas recorridas por asombrosas filigranas, donde se mezclan hechuras orientales y un pulso barrial alucinado. Como pensamientos que se aceleran cerca del abismo de las cosas, su poesía se enanca a ritmos y velocidades de una orquesta interpretando disonancias; hay frenadas imprevistas en un terreno ripioso, patria chica que se agazapa en lo mínimo para reconstruir el rompecabezas de la Patria, con paciencia amorosa. El fluir interno de los hablantes de Colombo estalla en los entresijos del poema en formas estrambóticas; la incompletud del fraseo, los silencios, muestran el lugar de la herida, las rajaduras generacionales, la espesa incertidumbre, las interrupciones: “Recordar, abrir el ojal de una herida llamada ojo, provoca un dolor de sol, insoportable, entre ceja y ceja. Por eso, a la sombra de un árbol exótico, las tres chicas pintan el alma de un dragón subiendo al cielo, con el fino pincel de sus pestañas”, dice en Una familia china, una auténtica gema de la poesía argentina contemporánea, donde Colombo pone toda la carne al asador y exhibe un lujo verbal apabullante recorrido por imágenes enrarecidamente barrocas que invitan a un viaje lisérgico por un oriente que deja de ser lejano, acercado por el zoom de la palabra.
Munida de trebejos vallejianos, Colombo restaura averiados sonidos familiares y les devuelve la dignidad de la belleza, una belleza de cara sucia, bendecida por el barro de la historia, de alta graduación humana y comprometida con el sumario de la tribu; voz sobre voz, erige una Babel argentina, imprevisible, indomable, erizada y alerta como gato de la calle.
En 1992 recibió el Primer Gran Premio de Poesía V Centenario, organizado por el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires. Entre sus libros cabe destacar Blues del amasijo (1985),  La muda encarnación (1993) y La familia china (1999)
SALLY LA LUNGA
felino de ceniza en la cimbreante
piel de labios revueltos
(gimen sus
nalgas
en el maquillaje)
agridulce los senos
desordena la pena
mil pedazos
frente al espejo
liz
la pelirroja bailará roc an rol
algún vestido de papel glacé
y sus pestañas de velludo sexo
esa mujer a punto de volar

CUMBIA
es mostrar pero no
lenguaje de puntillas como aquel abanico multicolor
de mar su balanceo en ondas
hondo rulo
de las enaguas que a rozarse vienen
estambres de una flor teclado en las polleras
ese goloso giro de cortinas caracol a lunares
rosca       enrosca   los plisados peldaños  de una
escalera en otra circular que nunca que no acaba
gajos en marejada en degradé carnal corola
de las sombrillas cae un desnudar
de a poco
el nudo el insinúo que desabre
escotes como nombres al aire
dejan ver y no
pliegues donde taparse todo
menos la punta
la puntita

LA FAMILIA CHINA (fragmento)
Todas las noches, la madre china pone su mente adentro de una copita
quieta. La llena con sus diminutos pensamientos de alfiler. Es de jade,
la copita, y parece un párpado vaciado por la punta de una vara de
bambú. Puede ser también un pájaro mudo que se sostiene en una sola
pata de gallo.

La mente maternal imita el salto de los equilibristas, esos que tiran el
alma por el aire y cae, hecho un bollito, en las aguas secas del vacío.

A la mañana, la mente china sale lívida del párpado, como un pez o un
ánima que ha vagado por los vericuetos del limbo.

………………………………………………………………………………………

En el cine teatro Olavarría, el único número vivo es el trío de voces chinas El Trébol: con fondo de timbales las artistas se presentan en el escenario, y después de una triple reverencia, comienza el recitado cuando el gong así lo indica.
“Japonesitas, coreanas nos dicen, pero nosotras somos chinas, chinas de la Manchuria”, gritan las chicas al unísono, mientras golpean el piso como encaprichadas, con uno de sus dos pies diminutos. Y apelando a un tono de  familia,  conceden con desprecio, en fila y de perfil a la platea: “Porteños provincianos todo lo confunden”. Agregan, ahora sí, de frente y enojadas:  “Está bien que en los puertos los pensamientos se mezclen como mercaderías al sol. Pero es un atropello a la moral china, este cambalache que convierte en mamarracho todo lo que toca. Que mezcla las sangres en la memoria, ah…, colorinches del pensamiento de esta tierra”.   Avanzan por el escenario  las tres juntas y paradas en la orilla de la plataforma, descargan sobre el público unos dedos de espadachín cuando preguntan: “¿Te dicen japonés y sos malayo? ¿Colchonero te llaman y sos cura?  Qué rabia, qué dolor, qué desencanto”, gritan las chicas y  llevan como marionetas sus manos al peinado.  Más delicadas y mientras retroceden, se arropan sigilosas en sus  batas de seda: “Argentinos –sentencian– basta de confusión, no se dejen engañar como libélulas enamoradas de la imagen de las cosas y no de las cosas  mismas”.
Siempre al llegar a esta parte del parlamento, suenan las castañuelas
acuáticas porque El Trébol se despide. Sin despegar los seis pies del
piso, las tres bocas arrastran las palabras, hasta  que  cada  sílaba del
estribillo se separa lo suficiente como para evocar el fraseo de su lengua
madre: “Ja-po-ne-si-tas-co-rea-nas-nos-di-cen”.

La gente aplaude con ganas, y nunca se sabe si es porque el Trío colmó sus expectativas, o porque la retirada de las muchachas anuncia el comienzo de la primera película.


miércoles, diciembre 07, 2011

César Bandin Ron: Poema visual...


LE BATEAU IVRE (El barco ebrio) (Poema visual, 1991)

BombPlan y Editorial Curandena

. Jueves 15 de diciembre, a las 20, última lectura del Ciclo BombPlan, lecturas de poesía al aire libre, en Bonpland 1660.  Leerán los poetas: Jorge Monteleone, Eduardo Pocztaruk, Beatriz Vignoli y Verónica Viola Fischer‏. 

. Viernes 16 de diciembre:



miércoles, noviembre 30, 2011

César Bandin Ron, nuevo libro

A partir de la semana que viene, podrás encontrar en todas las librerías el nuevo libro del poeta argentino César Bandin Ron, ¡Oh, Yo, mi efímero Dios.


*César Bandin Ron nació en Buenos Aires el 13 de marzo de 1948. Ha publicado Dominios naturales (1982), La jaula de los monos a las 3 de la mañana (1985), El globo de la muerte (1993, Ediciones del CEAMC), Collage de la nadadora suplicante (1994), Canto desigual del ganso (1997), Plancton (1998).

Sophia de Mello Breyner Andresen: En medio de la vida




De la transparencia
Señor líbranos del juego peligroso de la transparencia
En el fondo del mar de nuestra alma no hay corales ni conchas
Sino sofocado sueño
Y no sabemos bien qué cosa son los sueños
Conductores silenciosos canto sordo
Que un día súbitamente emergen
En el gran patio liso de los desastres


 Da transparencia

Senhor libertai-nos do jogo perigoso da transparência
No fundo do mar da nossa alma não há corais nem búzios
Mas sufocado sonho
E não sabemos bem que coisa são os sonhos
Condutores silenciosos canto surdo
Que um dia subitamente emergem
No grande pátio liso dos desastres




En medio de la vida


Porque las mañanas son rápidas y su sol quebrado
Porque el mediodía
En su desnudo fulgor rodea la tierra

La casa compone una a una sus sombras
La casa prepara la tarde
Frutos y canciones se multiplican
Desnuda y aguda
La dulzura de Ia vida

 Meio da vida


Porque as manhãs são rápidas e o seu sol quebrado
Porque o meio-dia
Em seu despido fulgor rodeia a terra

A casa compõe uma por uma as suas sombras
 
A casa prepara a tarde
 
Frutos e canções se multiplicam
 
Nua e aguda
 
A doçura da vida






*Traducc. de Diana Bellesi.
**Sophia de Mello Breyner Andresen (Oporto, Portugal, 1919- Lisboa 2004). Poeta, traductora de obras de Claudel, Dante, Shakespeare y Eurípedes. Premio Camoes 1999,  Premio de la Crítica 1983 y Premio Reina Sofía 2003.

sábado, noviembre 26, 2011

Kafka, fragmento de La partida


"Ordené que trajeran mi caballo. El sirviente no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé mi caballo ylo monté. A lo lejos, escuché el sonido de una trompeta y pregunté al sirviente qué significaba. Él no sabía nada ni escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó:
-¿Hacia dónde vas?
-No sé -respondí- simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta.
-¿Conoces entonces tu meta? -preguntó.
-Sí -repliqué- te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta”.
-No llevas provisiones de comida- me dijo.
-No necesito –respondí-. El viaje es tan largo que necesariamente pasaré hambre si no me dan algo en el camino. Ninguna provisión puede salvarme; felizmente es un viaje tremendamente largo."

* Del relato La partida: extractado de "Kafka, partidas del sentido", de Marcelo Percia.

Laura Klein: presentación


viernes, noviembre 25, 2011

Hugo Padeletti: Convertir al desierto

con una rosa implícita
es arduo pero evita
suspicacias. Si el pecho


precede al hecho, el proclamar-
lo es redundancia. Es levantar 
bandera y exclamar:


--¡Bandera blanca! Hay semillas
en África que aguardan 
años


para convertir al desierto.
No lo convierten, lo enloquecen
por un tiempo.


Será fatuidad subestimar
la sed y el hambre,
el sueño, el sexo, el miedo.




* De Doce poemas (1979).

miércoles, noviembre 23, 2011

Horacio Rega Molina: Hierba...

Iba a cortarte pero me detuve.
¿Cómo impedir a Dios tu acercamiento?
Tus dueños son el sol, el agua, el viento,
las iluminaciones de la nube.

Vives de nada, así, como con tiento.
Mas a tu lado, se hincha, crece, sube
la vida vegetal, la vida en que hube
de ver tu savia y de sentir tu aliento.

Oh, hierba, que en lo bueno y en lo malo
hallas pureza idéntica y regalo.
Miro a mis pies el mundo a que has venido

de poca tierra y mansedumbre umbría.
En él hay todo lo que yo quería
para permanecer desconocido.

martes, noviembre 22, 2011

Rosa Skific: De lo claro en lo oscuro


Viernes 25 de noviembre, a partir de las 19: 



Se inaugura la muestra de la artista plástica Rosa Skific, en Solange Guez, Galería ubicada en Zapiola 2196 - primer piso,barrio de Belgrano. Se trata de  pinturas y serigrafías de la serie: "De lo claro en lo oscuro".


La muestra permanecerá abierta  hasta el 14 de diciembre inclusive, y se puede visitar de martes a viernes de 14 a 19.

Basilia Papastamatíu: Cuando ya el paisaje es otro

Esta es la tapa del libro Cuando ya el paisaje es otro, de la poeta argentina Basilia Papastamatíu, editado recientemente por Editorial Argonauta. 
A continuación, transcribimos algunos de los poemas incluidos en la primera parte del libro: "Yo en la hendidura":


1
Este es el relato de nuestra historia


anímese paisano
anímese oscuro habitante del espacio infinito
buena gente como no la hay y ni veremos nunca más
estamos en el hoyo, sí
sin salida no más
ah pero qué tiempos, qué placer recordar


2
Los que perdieron la fe no pueden esperar
se marchan, impacientes
huyendo por instinto
perseguidos por su conciencia


no saben a dónde ir ni a quién reclamar no tienen nombres
que invocar ni símbolos que defender


empiezan a dudar y languidecen
resignados al silencio
a la certeza de su completa destrucción


Basilia Papastamatíu: Poeta, crítica literaria, periodista y traductora. Nació en 1940, en Buenos Aires, pero vive desde 1969 en La Habana. Publicó los libros de poesía El pensamiento común, 1966; Qué ensueños los envuelven, 1984; Paisaje habitual, 1986; Allí donde, l996; Dónde estábamos entonces, 1998, Espectáculo privado, 2003, y Cuando ya el paisaje es otro, 2008.

César Fernández Moreno: Contra Fernández Moreno, el Viejo...

Yo soy un roble, hijo. Tú, ni un bledo.
F:M. Contra César

El bledo es una planta de hoja oscura
y de flores color rojo incendiario,
según reza el macizo diccionario
de la que corresponde con ternura.

Me atengo a su humildad y a su estatura,
y me extraña, poeta de lo diario,
que quien hizo primar lo secundario
sea quien reproche mi aventura.

No me meto contigo, ilustre bardo,
ni hay para qué meterse en tal encierro.
Sólo en mi corazón busco resguardo,

porque es de fiero como Martín Fierro
y espinoso y florido como el cardo.

Sé que errar es vivir. Por eso yerro.
Y aguardar es morir. Por eso aguardo.


*Del libro El alegre ciprés (1941).

** César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919 - París, 1985) Poeta y ensayista argentino. 
Fundó y dirigió la colección Fontefriada y las revistas literarias ContrapuntoCorrespondencia y Zona; fue crítico de cine en la revista Nosotros, colaborador de La Nación y de la revista Sur. Publicó, entre otros, los libros:  Gallo ciego (1940),  Romance de Valle Verde (1941), La mano y el seno(1941), El alegre ciprés (1941), La palma de la mano(1941). Veinte años después (1953), Argentino hasta la muerte (1963) La realidad y los papeles (1967), Sentimientos completos (1982).