viernes, agosto 24, 2007

Jugar en noche oscura


Sólo una modulación lírica como la que despliega la voz poética de Mora Torres, plena de matices, de asombrosa plasticidad, dúctil en cuanto al manejo de la ironía y siempre sustentada en la impecable composición del poema, puede dar cauce, como la hace en su libro Jugar en noche oscura, no sólo a una novedosa relectura de San Juan de la Cruz sino, además, a una profunda reflexión sobre el lenguaje. Sin perder nunca de vista el gozo de la palabra, Mora Torres recupera para la poesía argentina esa sonoridad luminosa que detrás del papel nos devuelve la vida: “el mundo que se abre en selva es alegría”. (María del Carmen Colombo, texto de la contratapa del libro, 2005).


VIII

Detrás del raso de la lámpara que esculpe en celeste
su sombra en la pared, transportados por especies de pájaros-alma
mis dedos espiritualizados dan vuelta,
en rara danza, con un ritmo de abanico, las hojas.
Y detrás lo desconocido arde en estrellas de conocimiento,
prados de más allá de la razón traen sus brasas y su ternura;
detrás de las colinas de la razón, en lo alto de la más pura idea
que es como un dibujo de los contornos del pensamiento;
detrás del papel el mundo que se abre en selva es alegría.

IX

He tratado de llevar ese espacio de perfecta frialdad, finura y calma
para habitarlo mientras leo a San Juan de la Cruz;
transporté las paredes, las puertas y vitrales de un palacio de sustancia intocable
para sentarme a la espera de estos dones y frutos;
una mujer de pálida serenidad, que ha comenzado a acunar su vejez con cierto orgullo,
en cuyo abrazo el Niño yace dentro del hueco de unas alas,
suspendido entre el día de Navidad y el viernes del Gólgota.


*Mora Torres nació en la ciudad de Santa Fe, en 1949. Ha publicado: Como quien entra en una fiesta (1988) y Jugar en noche oscura (2005). Recibió el primer premio de poesía José Pedroni -(Premios Trienales de Literatura de la Pcia de Santa Fe), en 1970; el primer premio del Fondo Nacional de las Artes, poesía, en 1987, y el tercer premio del Fondo Nacional de la Artes, poesía, en 2003.

El concepto de vanguardia (Cuarta Parte)

Se trata de la cuarta y última parte de las reflexiones del poeta y periodista argentino Paco Urondo, publicadas por la revista Crisis Nº 17, en setiembre de 1974.

Cuando existe una apelación al prejuicio es porque no hay buenas razones, y los revolucionarios deben tener buenas razones. Especialmente en problemas tan delicados como éstos, donde una misma actitud puede suponer --por ejemplo-- liberalismo o, contrariamente, combatividad: depende del momento y del medio. Una crítica puede ser tomada como hipercrítica si se observa con espíritu burocrático o formalista. Se puede ver indisciplina donde hay imaginación, especialmente cuando la dureza de la lucha o la magnitud del proyecto imponen --indebidamente-- su peso y no dejan actuar con la sutileza que demandan esos matices. Y las teorías revolucionarias más perfectas para nada sirven si se aplican de manera mecanicista. Es lo mismo que no aplicarlas: carecen de una política, de la mediación necesaria que las haga efectivas, en armonía con el grado de desarrollo que ha alcanzado en su conciencia el conjunto del pueblo. Que le permita estructurar a ese pueblo, a través de su vanguardia, los medios organizativos que han ido tomando formas aptas para esa política. Esas formas organizativas que, según Luckas, vinculan la teoría con la práctica.
En la tarea cultural, en la producción cultural, ocurre lo mismo que en la política. Sin un referente a la realidad, no habrá verificación práctica. Y este referente debe ser visto con una ética política, determinante de las posibles modificaciones de la realidad. Porque condicionarse a una situación dada, tanto en lo estrictamente cultural como en lo político, es aceptar un estado de cosas. Y las cosas están como están y la gente --incluso ideológicamente-- está como está, para favorecer la explotación, el sometimiento social y político. El populismo siempre aceptó las cosas como estaban. Lo contrario, desentenderse del estado de cosas, arrastra a posiciones ultra izquierdistas. En cultura, esto suele conocerse con el nombre de vanguardismo. Y ahora se trata de conformar una vanguardia, no de hacer vanguardismo.
Todo esto parecería desembocar en una hipótesis de negación de izquierdas y derechas en el terreno cultural. Existen, y también existen en el campo del pueblo. Pero la cosa no pasa por ubicar un punto medio: el centro impoluto, como les gusta tanto a los liberales. Se trata de ser fieles a un mecanismo dialéctico que sirva al análisis y a la síntesis entre la teoría y la práctica, entre la tarea cultural del pueblo y la producción de intelectuales y artistas.
* Paco Urondo nació en Santa Fe en 1930 y murió en Mendoza en 1976.

Presentación

Editorial Lingua Franca invita a la presentación del libro del poeta Héctor Berenguer, Entre la nada y el sombro, que se realizará el viernes 14 de setiembre, a las 19, en el Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, Buenos Aires.


El concepto de vanguardia (Tercera Parte)

Se trata de la tercera parte de las reflexiones del poeta y periodista argentino Paco Urondo*, publicadas por la revista Crisis Nº 17, en setiembre de 1974.

Los problemas ideológicos impuestos a todo el mundo por la clase dominante se patentizan con más ahínco en los intelectuales y artistas. Tal vez por esto, ellos presentan una característica singular: generalmente --con razón o sin razones--, aunque haya entre ellos buenos y malos, son tratados como si fueran siempre malos. Suscitan una desconfianza a priori, un prejuicio. Y esto es malo, porque los prejuicios empujan, quitan espacio, alientan debilidades, sectarizan y terminan convirtiendo al destinatario de esa subjetividad, en algo bastante parecido a lo que el prejuicio anunciaba. Y no se trata de que el prejuicio venga a ser algo así como una presunción. Más que profezitar, el prejuicio prefigura.
Kim Il Sun, refiriéndose a los intelectuales de su país y recordando que aunque habían sido formados y servido en instituciones económicas y culturales pertenecientes al imperialismo, luego se pusieron al servicio de la patria, dijo: "Ellos se han transformado notablemente en los últimos seis años y han demostrado devoción e iniciativa en los últimos seis años de la construcción democrática. Una abrumadora mayoría de ellos luchó valientemente por la patria durante la guerra, muchos llegaron hasta la línea del río Raktongang para combatir al enemigo y durante la retirada temporal retrocedieron siguiendo a nuestro partido y venciendo todas las dificultades. Qué más podemos pedirles a esos intelectuales y por qué hemos de desconfiar de ellos".
No llenemos de piedras el camino. Es necesaria la presencia de los intelectuales en las organizaciones populares. Son importantes para el cuerpo global de la sociedad y para la clase que debe homogeneizar el proceso revolucionario. Habrá que combatir las deformaciones ideológicas, pero no con prejuicios, si no con realidades.

* Poeta y periodista argentino (1930-1976).

jueves, agosto 23, 2007

Miradas


Según su propio testimonio, uno de los hechos que marcó al pintor Wassily Kandinsky, ante la encrucijada de seguir con su carrera científica o bien elegir la vida insegura del artista, fue la exposición de los impresionistas franceses, celebrada en Moscú, donde se presentó el cuadro de Monet Montón de heno, que le causaría sorpresa y confusión: Y de repente vi un cuadro por primera vez. Aunque en el catálogo se decía que era un montón de heno, no pude reconocerlo, lo que me resultó embarazoso. Además pensaba que el artista no tenía ningún derecho a pintar de forma tan poco clara. No me parecía bien que faltara el objeto. Pero, asombrado y confuso, me di cuenta de que el cuadro no sólo cautivaba, sino que se grababa en la memoria pasando siempre ante mis ojos inesperadamente, lo tenía uno presente con todos sus detalles. Todo me resultaba incomprensible y no fui capaz de adivinar las consecuencias de aquella experiencia. Lo que me resultaba claro era la fuerza insospechada de la paleta, desconocida hasta entonces para mí, que sobrepasaba todos mis sueños. La pintura irradiaba fuerza y esplendor de cuento de hadas. Inconscientemente se desacreditaba al objeto como elemento pictórico inevitable.

El concepto de vanguardia (Segunda Parte)



Reproducimos a continuación la segunda parte de las reflexiones del poeta Paco Urondo*, publicadas en la revista Crisis Nº 17, en el año 1974.

Los hechos históricos que estamos viviendo, y que están siendo bien registrados por su natural protagonista –el pueblo– todavía no han sido captados por nuestros artistas e intelectuales. No se ha producido todavía la inmersión de estos grupos en la realidad cabal que se vive en el campo del pueblo. Hay trabas, debilidades objetivas para esta identificación y sólo la práctica, la imaginación y la capacidad creativa de estos artistas e intelectuales irán encontrando los caminos, superando las dificultades hasta que sean suyas las alegrías y las preocupaciones del pueblo.Pero la superación de estas dificultades objetivas sólo puede darse en la medida en que encaren simultáneamente los problemas ideológicos. El individualismo, el descompromiso, toda la sintomatología del liberalismo, estarán sumándose a las dificultades objetivas que intelectuales y artistas tienen para aportar su tarea a la causa del pueblo.Por ejemplo, si alguien convierte su dignidad en susceptibilidad no sólo se aísla, trabado por la reticencia, sino que por ese camino indigno, por esa necesidad, deja de respetarse. Y quien deja de amarse no quiere a nadie. Y quien no quiere a nadie, no puede querer a su pueblo, no puede estar metido seriamente en una revolución que el pueblo hace para liberarse. El Che decía que la revolución es un acto de amor. Y es cierto, porque los actos de amor requieren entrega y lucidez."Osar morir de vida", me recordaba Lezama Lima que alguna vez dijo José Martí. Cuando se considera a la vida una propiedad privada, sólo el heroísmo, con su carga de posteridad o en el mejor de los casos, de búsqueda de inmortalidad, permite la osadía de ponerla en riesgo. Pero el sentido de la osadía que propone Martí no es individualista, sino que responde a una concepción ideológicamente más generosa. Porque la vida no es una propiedad privada, sino el producto del esfuerzo de muchos. Así, la muerte es algo que uno no solamente no define, que no sólo no define el enemigo ni el azar, que tampoco puede ponerse en juego por una determinación privada, ya que no se tiene derecho sobre ella: es el pueblo, una vez más, quien determina la suerte de la vida y de la muerte de sus hijos. Y la osadía de morir, de dar y, consecuentemente, ganar esa vida, es un derecho que debe obtenerse inexcusablemente.
* Poeta y periodista argentino (1930-1976).

Las palabras de Felisberto Hernández

(...) Yo tengo como un proceso de amistad con las palabras: primero me hago amigo directo de ellas; y después me quedo muy contento cuando se me aparecen juntas, dos que nunca habían estado juntas, que habían simpatizado o se habían atraído en algún lugar de mi alma no vigilado por mí. Y me da una sorpresa encantada al verlas aparecer juntas y saber que se habían hecho amigas.
Pero hay palabras que nunca podrán ser amigas mías: las que no me parecen naturales o las que no entran en el misterio de la simpatía. Tal vez tenga incapacidad para querer a muchas o quiera ser fiel a antiguas amigas o me cueste una nueva amistad o cualquier otra cosa que no sé. ¿A ti no te pasa lo mismo?
* Fragmento de una carta a Paulina Medeiros.
** Felisberto Hernández, escritor uruguayo (1902-1964).

El concepto de vanguardia (Primera Parte)*



Por Paco Urondo**



El concepto de vanguardia, incorporado a la teoría revolucionaria universalmente, es una verdad científica ampliamente verificada en distintas épocas de este siglo y en diversas latitudes de este mundo. La íntima relación que existe entre los problemas culturales y los problemas político-sociales e históricos, la imposibilidad de separar a unos de otros. Incluso para el análisis, permitiría aventurar la idea de incorporación del concepto de vanguardia para la resolución del campo específicamente cultural.
Por ese camino podrían ser evitadas las desviaciones populistas. También las desviaciones de izquierda, con su carga natural de ideologismo. Como en los problemas estrictamente políticos, tanto una desviación como la otra puede ser conjurada a través de una vanguardia que impida ignorar la experiencia concreta del pueblo que la rodea, como suele ocurrirle a la izquierda, pero que tampoco idealice a ese pueblo, como suelen hacerlo los populistas.
Los hombres que den los primeros pasos, que encaminen la construcción de esa vanguardia, tendrán que identificarse con el campo popular –sin idealizarlo--, aunque no pertenezcan naturalmente a la clase productiva.
Deberán hacerse cargo de la problemática de esta clase. No es suficiente estar cerca de los trabajadores para conocerlos. No es suficiente estar cerca o conocer las realidades de un pueblo, sino que hay que identificarse con esa realidad, correr la suerte del agredido.
Un segundo requisito fundamental para la construcción de esa vanguardia será actuar dentro del marco histórico adecuado y en observancia de las fuerzas que operan en ese marco, remitirse al momento histórico y a las fuerzas que lo componen. Tener en cuenta –como cualquier vanguardia política— al enemigo principal y la contradicción principal. En esta etapa, se define que esa contradicción es imperialismo-nación; reconocer entonces claramente a quienes en lo que hace a la cultura, pertenecen al campo del imperialismo y a quienes están en el campo de la Nación; rechazar a los primeros y establecer acuerdos con los segundos.
Los intelectuales y artistas que se aboquen a la construcción de una vanguardia cultural, no solamente deberán atender a la composición social de esa vanguardia y a los grados de identificación en relación con los intereses del pueblo; no sólo deberán tener en cuenta el marco histórico y, dentro de él, diferenciar aliados, amigos y enemigos, sino que tendrán que luchar contra un enemigo difícilmente identificable e interceptable. Un enemigo difícil de aislar y de aniquilar. Este enemigo son ellos mismos. O, dicho de otra manera, a estos trabajadores de las ideologías, lo que más les obstaculiza la tarea es la propia ideología.
A partir de esta realidad, reconociéndola, se podrá seguir. Seguramente analizando el propio trabajo. Sabiendo para quiénes y cómo han producido, podrán salir adelante. Porque allí está el pecado original de intelectuales y artistas: en su práctica y no en su origen de clase. Allí subyacen una cantidad de cosas que hacen explicables sus problemas; por lo tanto pueden ser trascendidos y no convertirse en un mero estigma que los cristaliza y termina marginándolos.
El problema, entonces, está en las prácticas y en cómo están destinadas esas prácticas. Para quién se trabaja. No en la clase originaria. Los artistas, intelectuales, científicos, técnicos, generalmente hemos tenido que trabajar dentro de los cánones de la ideología burguesa, aunque pudiéramos suponer en algún momento que la estábamos enfrentando. Como ha trabajado aisladamente, el del intelectual es un trabajo solitario, aunque algunos técnicos, científicos hayan creído trabajar en equipo, sin advertir que se trataba de equipos aislados del todo.
* Fragmento del artículo publicado en la revista Crisis Nº 17, setiembre de 1974.
** Poeta y periodista argentino (1930-1976).

miércoles, agosto 22, 2007

Poesía oscura, poesía clara


Por Lezama Lima*



"En cierta ocasión, me decían que Góngora era un poeta que tornaba oscuras las cosas claras y que yo, por el contrario, era un poeta que tornaba las cosas oscuras claras, evidentes, cenitales. He señalado que entre los antiguos juglares aparecieron los trovar clus, que eran juglares que hacían poesía oscura. Así vemos que aun la juglaría, por definición simple, no tiene que ver nada con la claridad, puesto que ya había entre los juglares quienes hacían poesía oscura o hermética (...).
Hay la poesía oscura y la poesía clara. Éste es un hecho que tenemos que aceptar con sencillez, como aceptamos la existencia del día y de la noche; de las cosas que se hacen por el día y las cosas que se hacen por la noche. (...), en definitiva, ni las cosas oscuras lo son tanto como para darnos horror, ni las claras tan evidentes para hacernos dormir tranquilos. Pero esto de oscuridad y claridad ya me va pareciendo trasnochado. Lo que cuenta es lo que Pascal llamó los penseés d'arriere. Es decir, el eterno reverso enigmático, tanto de lo oscuro o lejano como de lo claro o cercano. La tendencia a la oscuridad, a resolver enigmas, a cumplimentar juegos entrecruzados es tan propia del género humano como la imagen reflejada en la clara lámina marina, que puede conducirnos con egoísta voluptuosidad a un golpe final, a la muerte. No hay que buscar oscuridades donde no existen."


Llamado del deseoso


Deseoso es aquel que huye de su madre.
Despedirse es cultivar un rocío para unirlo con la secularidad de la saliva.
La hondura del deseo no va por el secuestro del fruto.
Deseoso es dejar de ver a su madre.
Es la ausencia del sucedido de un día que se prolonga
y es a la noche que esa ausencia se va ahondando como un cuchillo.
En esa ausencia se abre una torre, en esa torre baila un fuego hueco.
Y así se ensancha y la ausencia de la madre es un mar en calma.
Pero el huidizo no ve el cuchillo que le pregunta,
es de la madre, de los postigos asegurados, de quien se huye.
Lo descendido en vieja sangre suena vacío.
La madre es fría y está cumplida.
Si es por la muerte, su peso es doble y ya no nos suelta.
No es por las puertas donde se asoma nuestro abandono.
Es por un claro donde la madre sigue marchando, pero ya no nos sigue.
Es por un claro, allí se ciega y bien nos deja.
Ay del que no marcha esa marcha donde la madre yo no le sigue, ay.
No es desconocerse, el conocerse sigue furioso como en sus días,
pero el seguirlo sería quemarse dos en un árbol,
y ella apetece mirar el árbol como una piedra,
como una piedra con la inscripción de ancianos juegos.
Nuestro deseo no es alcanzar o incorporar un fruto ácido.
El deseoso es el huidizo
y de los cabezazos con nuestras madres cae el planeta centro de mesa
y ¿de dónde huimos, si no es de nuestras madres de quien huimos
que nunca quieren recomenzar el mismo naipe, la misma noche
/de igual ijada descomunal.

* José Lezama Lima, escritor cubano (1910-1916). Fundó la revista Verbum y dirigió la revista Orígenes. Publicó entre otros, los siguientes libros: Muerte de Narciso (1937), Enemigo rumor (1941), Aventuras sigilosas (1945), Dador (1960), Fragmentos a su imán (1977), Paradiso (novela, 1966), La cantidad hechizada (ensayo, 1970), Oppiano Licario (novela inconclusa, aparecida póstumamente en 1977).

Un poema de Alfredo Rosenbaum*


Sartén


una sartén
con aceite del país


esa viscocidad
en la que se ahoga nuestro grito


sagrado


aceite y fuego. Alguien
encendió la mecha


los gritos que lanzamos ahora
sin más oportunidad
que la fritura final
achicharrándonos
tratando de alcanzar el mango
de la sartén
que siempre se esfuma


Burbujas. Salpicaduras que invaden
el espacio de la voz
y la hacen hervir
ya no una voz ni siquiera una voz
un grito que sangra
en la escena de la fritura


partitura destrozada
de lo que una vez fueron voces
hímnicas resueltas


ahora un revuelto
tratando de alcanzar el mango
y jurando en vano la gloria


vanagloria que muere
friéndose en su propio juramento
cantando a voz en pecho


aguantando
aguantando
el agua y el aceite
untando el aceite hirviendo de impotencia


*Alfredo Rosenbaum nació en Rosario, prov. de Santa Fe, en 1964. Es director, dramaturgo y poeta. Publicó Saga del pez (poesía). Como autor de teatro, se han estrenado entre otras sus obras Pietá o la revolución de noche, Mar en calma, Las paseantes, Victimoscopio urbano, Desde entonces, Imaginaria y Blanco sobre blanco y Edilicia. Desde 1998 coordina y dirige el grupo "Amoratados x Lola", con los que llevó a escena varias obras, además de performances y acciones poéticas. Desde 1988 ejerce la docencia en diversos ámbitos formales y no formales, dictando talleres de escritura literaria y de escritura teatral, seminarios de análisis de texto dramático y espectacular, talleres de actuación, etc. Es investigador en el área del teatro del siglo XX, y ha publicado una serie de artículos de investigación, así como diversas presentaciones en congresos nacionales e internacionales.

Cosecha reservada, de Patricia Pacino


"Con vulgaridad/ he de aparecer, parecer/no me importa". Cito estos versos del poema "Me levanté temprano", porque creo que aluden a una toma de decisión que Patricia Pacino lleva hasta sus últimas consecuencias. Toma de decisión sostenida en una fidelidad, la del corazón. Algo así como un compromiso ético-personal de atarse a los dictados más genuinos, que otorga a Cosecha reservada, su primer libro, una intensidad poco común.
Se trata de hacer visible lo invisible, no tachar la extrañeza innominada del cuerpo que puja por nacer a la palabra: "las palabras despiertan y yo/ tengo que oír, una historia/ continuamente nombra/ lo que no preservo ni puedo contener; tampoco de ocultar sus condiciones de existencia: los hijos la mañana/ el hogar como esposo/el esposo como hijo/el hijo como yo esperando de mí". Las dos secciones en que se divide este libro “Bell de Tour” y “Jordes Perfecta” van conformando así un nuevo lugar de enunciación para un sujeto poético que se reconoce en su particular diferencia de mujer, hija, madre, esposa y, más y sobre todo, escritora. Claro que este anhelo de sinceramiento exige, entre otras cosas, llevar al límite los recursos para acercar ese cuerpo incierto a la escritura, reconocerlo, escuchar sus propios deseos: "Yo prefiero gozar del efluvio singular/de ser marica o lo mismo da ser mujer".
Es tal la complejidad que encierra el universo de cada ser individual que ningún modelo parece agotarla sin residuos ni distorsiones: "Eva,Viv, Vesta, Alicia o Kordes -dice, quizás por eso Pasino- siempre otro delirio de mujer perfecta": en su errancia la voz se vuelve nómade Aprueba o desaprueba cada disfraz el cuerpo errante en un tiempo continuo de mudanzas tal, que despertaría la envidia de un Ovidio, anclado en sus metamorfosis. De esta forma, Pacino abre bifurcaciones y desvíos permanentes en la lengua, disolviendo la gravedad con ironía, o aliviando el peso de la reflexión con el juego de un giro coloquial: "Eva, que lo has poblado todo, dime/ ¿ha sido insoportable la pregunta/descalza a la buena de dios/pariendo hijos?". A veces el uso de la rima y el ritmo es extremo: casi al borde de una afectación los versos rememoran gestos de otras autoras, como en el poema "Kordes perfecta".
Recursos de este tipo quitan peso al discurso, lo despojan de dramatismo. Hay un oído sumamente sutil y unas manos ágiles que administran armonía al concierto: se evitan las altisonancias, o en todo caso se las compensa cuando es necesario, con la medianía grave de una frase casi monocorde. Se puede leer en sordina, el cuestionamiento a poéticas del género popular y de la alta literatura que han abusado del lamento y la queja. La puntuación y el corte de los versos tiende a multiplicar sentidos, sin exageraciones. A veces, la sola mención de un nombre evoca otro para cuestionarlo, en un duelo de microscópicos espadachines, como sucede, por ejemplo, con la palabra “desatino” en el poema "Ópera prima" o con los dos últimos versos de Punto Crochet: "El sí de las niñas a veces/es un secreto/de voces muertas".
Acaso porque ser mudable es exigencia de una vida, en Cosecha reservada una mujer escribe modos variados de entrecasa, creando un mundo móvil e inestable. Fiel a estos modos o mood, estados de ánimo, Patria Pacino añeja la lengua poética hasta otorgarle color y sabor de riesgo y desafío.
*Texto de la presentación del libro Cosecha reservada.

**Patricia Pacino nació en Buenos Aires. Estudió Filosofía y Letras en la UBA. En 1999 editó Cosecha Reservada, en Editorial Nusud.

Dos nuevos libros de poesía


Ediciones en Danza ha lanzado dos nuevos libros de poesía:
Los que van a morir, de Gabriela Franco, y Poemas del sin trabajo, de Eduardo Mileo. Ambos pueden encontrarse en todas las librerías de Buenos Aires.

martes, agosto 21, 2007

Un cuento de Felisberto Hernández

La pelota

Cuando yo tenía ocho años pasé una larga temporada con mi abuela en una casita pobre. Una tarde le pedí muchas veces una pelota de varios colores que yo veía a cada momento en el almacén. Al principio mi abuela me dijo que no podía comprármela, y que no la cargoseara; después amenazó con pegarme; pero al rato y desde la puerta de la casita – pronto para correr – yo le volví a pedir que me comprara la pelota. Pasaron unos instantes y cuando ella se levantó de la máquina de donde cocía, yo salí corriendo. Sin embargo ella no me persiguió: empezó a revolver un baúl y a sacar trapos. Cuando me di cuenta que quería hacer una pelota de trapo, me vino mucho fastidio. Jamás esa pelota sería como la del almacén. Mientras ella la forraba y le daba puntadas, me decía que no podía comprar la otra y que no había más remedio que conformarse con ésta. Lo malo era que ella me decía que la de trapo sería más linda; era eso lo que me hacía rabiar. Cuando la estaba terminando, vi cómo ella la redondeaba, tuve un instante de sorpresa y sin querer hice una sonrisa; pero enseguida me volví a encaprichar. Al tirarla contra el patio el trapo blanco del forro se ensució de tierra; yo la sacudía y la pelota perdía la forma: me daba angustia de verla tan fea; aquello no era una pelota; yo tenía la ilusión de la otra y empecé a rabiar de nuevo. Después de haberle dado las más furiosas patadas me encontré con que la pelota hacía movimientos por su cuenta: tomaba direcciones e iba a lugares que no eran los que yo imaginaba; tenía un poco de voluntad propia y parecía un animalito; le venían caprichos que me hacían pensar que ella tampoco tendría ganas de que yo jugara con ella. A veces se achataba y corría con una dificultad ridícula; de pronto parecía que iba a parar, pero después resolvía dar dos o tres vueltas más. En una de las veces que le pegué con todas mis fuerzas, no tomó dirección ninguna y quedó dando vueltas a una velocidad vertiginosa. Quise que eso se repitiera pero no lo conseguí. Cuando me cansé, se me ocurrió que aquel era un juego muy bobo; casi todo el trabajo lo tenía que hacer yo; pegarle a la pelota era lindo; pero después uno se cansaba de ir a buscarla a cada momento. Entonces la abandoné en la mitad del patio. Después volví a pensar en la del almacén y a pedirle a mi abuela que me la comprara. Ella volvió a negármela pero me mandó a comprar dulce de membrillo (cuando era día de fiesta o estábamos tristes, comíamos dulce de membrillo). En el momento de cruzar el patio para ir al almacén, vi la pelota tan tranquila que me tentó y quise pegarle una patada bien en el medio y bien fuerte; para conseguirlo tuve que ensayarlo varias veces. Como yo iba al almacén, mi abuela me la quitó y me dijo que me la daría cuando volviera. En el almacén no quise mirar la otra, aunque sentía que ella me miraba a mi con sus colores fuertes. Después que nos comimos el dulce yo empecé de nuevo a desear la pelota que mi abuela me había quitado; pero cuando me la dio y jugué de nuevo me aburrí muy pronto. Entonces decidí ponerla en el portón y cuando pasara uno por la calle tirarle un pelotazo. Esperé sentado encima de ella. No pasó nadie. Al rato me paré para seguir jugando y al mirarla la encontré más ridícula que nunca: había quedado chata como una torta. Al principio me hizo gracia y me la ponía en la cabeza, la tiraba al suelo para sentir el ruido sordo que hacía al caer contra el piso de tierra y por último la hacía correr de costado como si fuera una rueda.
Cuando me volvió el cansancio y la angustia le fui a decir a mi abuela que aquello no era una pelota, que era una torta y que si ella no me compraba la del almacén yo me moriría de tristeza. Ella se empezó a reír y a hacer saltar su gran barriga. Entonces yo puse mi cabeza en su abdomen y sin sacarla de allí me senté en una silla que mi abuela me arrimó. La barriga era como una gran pelota caliente que subía y bajaba con la respiración. Y después yo me fui quedando dormido.

*Hernandez, Felisberto (1902 - 1963). Escritor y músico. Nació y murió en Montevideo. Entre 1946 y 1948 vivó en París. Publicó, entre otros, los siguientes libros: Fulano de tal, Libro sin tapas, La cara de Ana, y La envenenada, Por los tiempos de Clemente Colling, El caballo perdido, Tierras de la memoria, Nadie encendía las lámparas.

Literatura y canción

Las letras de las canciones son una forma particular de manifestación de la poesía. Y por eso, creo, deben considerarse incluidas dentro de la literatura. Me sumo, entonces, a todos aquellos que consideran necesario, de parte de los escritores y sobre todo de los poetas, un gesto de apropiación y recuperación de la canción; gesto de recuperación, primero de un origen--porque no olvidemos que en sus comienzos la poesía estuvo ligada hasta cierto punto al espectáculo, pues suponía la interpretación pública del poema, con su adecuado apoyo instrumental--, y luego también entonces, de un territorio como el de la canción --con su hacer específico y sus propias reglas-- dentro del género poesía y por lo tanto de la literatura.

Avellaneda Blues

Vía muerta, calle con asfalto
siempre destrozado.
Tren de carga, el humo y el hollín
están por todos lados.

Hoy llovió, y todavía está nublado.

Sur y aceite, barriles en el barro,
galpón abandonado.
Charco sucio, el agua va pudriendo
un zapato olvidado.
Camión interrumpe
el triste descampado.

Luz que muere, la fábrica parece
un duende de hormigón.
Y la grúa, su lágrima de carga
inclina sobre el dock.

Un amigo duerme
cerca de un barco español.

Amanece, la avenida desierta
pronto se agitará.
Y los obreros, fumando impacientes,
a su trabajo van.

Sur, un trozo de este siglo,
barrio industrial.

Autor: Javier Martínez


La Balsa

Estoy muy solo y triste acá
en este mundo abandonado.
Tengo una idea: es la de irme
al lugar que yo más quiera.
Me falta algo para ir,
pues caminando yo no puedo:
construiré una balsa
y me iré a naufragar.
Tengo que conseguir mucha madera,
tengo que conseguir de donde pueda.
Y cuando mi balsa esté lista
partiré hacia la locura.
Con mi balsa yo me iré a naufragar.

Autor: Tanguito

Alejandra Pizarnik: Una voz

lunes, agosto 20, 2007

Macedonio, Alfonsina y Eva Perón

Fue la poeta Patricia Somoza quien hace tiempo me habló de la mención que hace Macedonio Fernández* acerca de Alfonsina Storni en su Museo de la novela de la eterna. Efectivamente, en una sección de ese libro llamada "La conquista de Buenos Aires" (pp. 204 de la edición de Corregidor) pude leer lo siguiente:

"Y el Misterio quedó brindado al revelar el Presidente, concluida la Conquista, el hecho más singular de ciudad alguna, de que fue único testigo sabiente. Pues he aquí que en un día del año 1938 y dentro de un período de mero vivir, de frivolidad, al ocurrir que el cuerpo de Alfonsina Storni tocó las aguas de la muerte, la ciudad se desplazó sobre su eje girando su perímetro unos centímetros. El Presidente, perplejo aún al ignorar si ese esguince urbano fue un clamante "no mueras" o una, aunque dolida, aprobación a una temida y triste declinación de vivir, sabe que gracias a ese hecho, a la sensibilidad de la sede de una ciudad al instante de la muerte de un alma soñadora, Buenos Aires entró al Misterio."

Hermoso homenaje a Alfonsina de Macedonio, el mismo que, según cuentan algunos, supo decir de Eva Perón: "Es nuestra Juana de Arco".

*Macedonio Fernández, escritor argentino (1874-1952 ).

Contramuros

Por María del Carmen Colombo

"Es terrible soñar a destiempo –nos dice César Bisso— pero más terrible es esperanzarse por mundos que no podré habitar”: la concisión y contundencia de estos versos acaso nos recuerden que el tiempo del poema es tiempo del acontecimiento (“donde nada es estable y todo se sueña”).
Desde esta dimensión de desamparo y temblor, tan distante del advenimiento del “gran día” y de la lógica de la espera, se proyecta el soñar perdurable de Contramuros: lo lejano se acerca, y los ojos tatuados en la noche descubren que hay más paraíso en ellos que en el cielo.
Quien encuentre y se conmueva con el vertiginoso viaje que nos propone César Bisso en este libro, seguramente "habrá partido el pan en dos mitades".*
*Texto de contratapa del libro Contramuros de César Bisso, (1995).

*César Bisso nació en Santa Fe, en 1952, pero vive en Buenos Aires. Además de poeta, es sociólogo, periodista y docente universitario. Publicó, entre otros, Poemas y cuentos del taller (coautor,1975), La agonía del silencio (1976), El límite de los días (1986), El otro río (1990), A pesar de nosotros (1991), Contramuros (1995), Isla adentro (1999).

jueves, agosto 16, 2007

Niní Bernardello: una travesía de pequeños detalles

Por María del Carmen Colombo

Niní Bernardello es una poeta extraña, difícil de definir o encasillar. Desentendida de las modas, su poesía dialoga en tensión amorosa con elementos de muy diferente procedencia. Segmentos de discurso lindantes con la alquimia, las ciencias contemporáneas, la pintura, que su poética reordena de manera no convencional, siempre sostenida en una impecable composición del poema. Nuestra poeta sabe del arte de "con-mover", tan ligado a la metáfora del corazón, y guiada por esa "emoción conjunta", traduce puntualmente los temblores de una existencia, atravesada por la intemperie de la Gran Historia. Así, la travesía que nos propone la obra de Bernardello reconoce los desplazamientos de un yo poético, en diálogo abierto con los pequeños detalles de la historia personal y social. Como pocas, la poesía de Niní Bernardello logra mostrar dramáticamente lo que nos pasa y, a través del baile que propone para este fin de siglo, alcanza a esbozar con el poder delicado de su palabra un camino para esquivar la fatalidad de nuestro destino latinoamericano, logrando materializar en sus poemas la sentencia de la escritora chilena Eugenia Brito: "doblar el signo de la dependencia es el proyecto de destino que ya para muchas se ha convertido en un signo necesario y gozoso". En este sentido la poesía de Bernardello reactualiza, y sí que gozosamente, ese "acto-destino" conmovedor que descentra, cuestiona, pone en tela de juicio el orden dominante, para inaugurar uno nuevo que reconozca, en su comienzo, el gesto de asumir la distorsión que nos reenvía el espejo del imperio, para devolverla amorosamente multiplicada.*
Bailando con Tina

bailando en la oscuridad, unidas a estrellas y espadas,
girando lentamente entre el humo asfixiante
que lanza el águila de alas abiertas,
bailando en la oscuridad, en el savoy,
en las nubes, en la pista de la bandera
a bandas, subiendo y bajando por el mástil
helado, cubriéndote la cabeza con un margen
de dolor pegajoso y fatal,
bailemos tina, bailemos enredándonos
en el decorado fulguroso y maloliente
de seda y de neón quebradizo,
bésame, tina, bésame,
dame el aliento del imperio, su olor,
su trampa, su infortunio,
arrincona mi corazón,
arrincona mi corazón
y hazlo estallar como un país sudamericano.**


* Comentario publicado en Revista Ñ, el 24 de agosto de 2002.
** Poema incluido en el libro de Niní Bernardello Copia y transformaciones (Libros de Tierra Firme, 1990).

Otras voces, nuevas voces



María del Carmen Pardo nació en Buenos Aires el 26 de septiembre de 1949. Colaboró con la revista El enjambre azul y con diversas publicaciones de la Casa de la Poesía. Publicó dos plaquetas de poemas: Balbuceos (2002) y Reencuentros (2003).
...
Cuando nace
el día se afirma

en una sola estrella

tenaz
labriega
fecundada por el viento

el canto del hornero
corroe
la tierra
abre la mañana

cruz solitaria
en el camino
polvo piedra cardón

una luz que atraviesa.
…

albores de la noche
sangra una herida
suntuosa
en los ciruelos
carga la luz

un chal de nubes se derrumba

silueta noble
del sol en sus entrañas

sangre de plata.
…

Silencio en la frontera

un caballo camina lento
vacía su silueta

el horizonte rojo verde el campo

la luz de las ciruelas
se entremezcla en sus ojos
el árbol de las moras
el limonero

ladra entre sus patas el perro
las moscas los mosquitos

cansado cabecea

el sol ya se ha escondido
la noche sobre el pelo


Salpicón de mariposa

Picar
los ojos de la mariposa
dejarlos reposar

rellenar
el tímpano derecho
con ostias

dejarlo una semana arrollado

prensar la boca
hasta las lágrimas
mezclar su sangre
con alcohol cocido
y
pintar las alas
cuidando no dañarlas

cuando todo esté listo
colocarlas
en el medio del plato

sazonar la cocción
mendrugos de plata
y alcanfor dorado
sabiendo

que el alcohol y las lágrimas
deberán consumirse

decorar
con perlas en el centro
un cintillo de gloria

servir

pasadas las doce

cuando el sueño te ronde.

Ciclo Poesía


LECTURAS EN BARTOLOMEO

Coordinado como siempre por Daniel Gradar, este lunes 20 de agosto de 2007, a las 20,
tendrá lugar en Bartolomé Mitre 1525, Buenos Aires, un nuevo encuentro dedicado a lectura de poemas. Leerán sus textos los escritores:

* María Meleck Vivanco
* Ramiro Vicente
* Renato Sandoval
* Vicente Muleiro

Micrófono abierto.
Entrada libre y gratuita.

miércoles, agosto 15, 2007

Compañeros


Hoy, revisando mis libros, encontré el ejemplar del Breviario de estética teatral, de Bertolt Brecht, que mis compañeros Marta y Hugo me prestaron. Nunca se los pude devolver, tampoco agradecerles todo lo que me enseñaron, porque fueron asesinados por la dictadura. Pero ellos siempre están conmigo.

martes, agosto 14, 2007

Presentación


Bajo la Luna editorial y Librería Fedro invitan a la presentación de Una letra familiar, de Irene Gruss, a cargo de Sylvia Iparraguirre.
Martes 21 de agosto, a las 19, en Fedro San Telmo, Carlos Calvo 578, Buenos Aires.

Querella

Así se llama este nuevo libro de poemas de Horacio Zabaljáuregui, editado por el sello Bajo la Luna (Buenos Aires, 2006). El autor, que nació en América, provincia de Buenos Aires, en 1955, publicó además, Fragmentos órficos (1989), Fondo Blanco (1989) y La última estación del mundo (2001). Zabaljáuregui es, también, compilador y prologuista de Relámpagos de lo invisible, el volumen que recoge la obra de Olga Orozco (Fondo de Cultura Económica, 1998). A continuación, va un poema incluido en "Primer otoño", una de las secciones en que está dividido este libro.



Soy el pastor
en la boca del lobo, en la noche cerrada
soy el pastor, el chamán.
Tus mutaciones
atraen los relámpagos y las desgracias y el fuego baldío.
Soy el chamán
desenmascaro la mantis piadosa y su invisibilidad
hermética,
sus arrebatos de ópera:
pensar la velocidad y el silencio,
destejer las raíces y vadear el mundo
como los perros de la nieve,
como el fuego de la vigilia
en la madriguera del sueño.
Soy el pastor
en la boca del lobo,
en la noche cerrada
aliento la canción:
lo perdido
va de contrabando.

Diario de estos días, de Gabriela De Cicco



Por María del Carmen Colombo

Sólo a través del diálogo -parece recordarnos Gabriela de Cicco- es posible constituir una voz. Diálogo amoroso en la medida en que recrea con su dinámica abierta la aceptación de las diferencias y, podría decirse, que hasta las alienta.
Cómo conformar si no ese nuevo lugar de enunciación para un sujeto poético que se reconoce femenino. La autonomía de un decir parece precisar, entonces, de una genealogía, un sistema de representación, creado, como en este caso, casi de la nada. Una narrativa preexistente, la llamaría Mary Jacobus, para poder verse a sí misma y ser vista. Genealogía: cuando la memoria se filtra como un palimpsesto en la escritura de De Cicco se hace claro el movimiento de fusión, de identificación : otras, ellas, nosotras, yo, es la secuencia que dramatiza el poema "Por las ramas", forma coral del canto de la especie, canto de fundación en la palabra maternal que, "dice al héroe ya es tarde. Tarde para un color más oscuro que la muerte".
En Diario de estos días, el nuevo libro de De Cicco, citas, dedicatorias, o veladas referencias a otras autoras y a otros saberes, deben leerse en ese sentido: diálogo entre identidad y alteridad, evidenciando el principio de individuación por el que un sí mismo se torna histórico, haciéndose cargo de sí.

II
“Paradoja: esta poesía despierta al discurrir de la duración, al paso del tiempo, aferrada al destello del instante, discurso continuo y sorpresa de lo inesperado”: Así, bella y acertadamente, definió Diana Bellessi (1), el corazón del libro anterior de Gabriela De Cico La Duración, y que éste su nuevo libro, Diario de estos días, retoma. Mirando hacia atrás -como el que reconoce su derecho a ser parte incuestionable del pasado y por lo tanto recoge las huellas dejadas en otros poemarios- avanza el discurrir de este libro diario, bitácora de vida y escritura, donde la memoria íntima, en minucioso trabajo, macera , a la manera de un antiguo crisol, su filigrana. Frágil filigrana, dice De Cicco, quizás aludiendo al carácter fragmentario de cada instante de vida, que en su viaje de tiempo busca "un punto de reunión,/ un hogar tibio para la leyenda". O tal vez diga frágil desde el desamparo que la conciencia del paso del tiempo genera: ese vacío que se abre en el vacío, de donde emergen los espectros que quedan después de la caída y que la escritura conjura: "un cuerpo peticionado a destiempo no sirve/para vestir galas, a no ser por el desvío/ de las mangas o por el crudo/ recorte del escote". Porque entrar en la rueda del tiempo también significa caer del arbol de la eternidad, al llano territorio donde el claroscuro vida-muerte nos fija límites precisos, ante los cuales se necesita revisar las creencias.
Sólo un exhaustivo trabajo de reflexión y composición puede ahondar como lo hace Diario de estos días en las propias creencias de vida y escritura: movimiento de recuperación de un yo que instala la distancia, detiene en instante el vértigo del discurrir, para que resuene su palabra en diferencia: Imagen y concepto se articulan también en paradoja: "asentarse nómade en tus ojos", pide De Dicco a la amistad y al amor, anticipando una forma de encuentro, un arte combinatoria de elementos disímiles.
La impecable artesanía parece respetar este principio constructivo, elaborado desde un género, el diario íntimo, que si bien forma parte del cánon literario, ha sido considerado muchas veces en los márgenes: leyenda, elegía, fábula, plegaria y drama resultan así, más que templos clásicos de prisión de la palabra, rincones íntimos donde, dice De Cico, "reina la posibilidad/de otra vida en ésta".
Desde un lugar apenas perceptible, ese lugar de trabajo junto al río, una mujer hace ingresar en el presente continuo de su escritura, pasado y futuro. Pasado que sólo puede recuperarse en distorsión porque "el recuerdo todo lo agiganta", aunque la pulsión de una nostalgia recatada obligue a "fijar la imagen tímida que la memoria devuelve". Futuro que se hace presente como proyecto cuando lo acuna en lo secreto el corazón paciente de la palabra, la espera de lo que vendrá.

(1) Véase: Lo propio y lo ajeno. Ensayo de Diana Bellessi. Feminaria, Buenos Aires, 1996.
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* Este texto fue leído en ocasión de la presentación del libro Diario de estos días, realizada en la Librería Liberarte en 1998.
*Gabriela De Cicco nació en Santa Fe, en 1965. Es poeta, ensayista y periodista. Dirige junto con la poeta Irene Ocampo La Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA), un portal y red de información e intercambio entre mujeres feministas. Publicó los siguientes libros de poemas: Bebo de mis manos el delirio (1987), Jazz me blues (1989), La duración (1994), Diario de estos días (1998).
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lunes, agosto 13, 2007

Nuevo libro


Publicado por editorial Bajo la Luna,
ya está en todas las librerías
el nuevo libro de la poeta Irene Gruss,
Una letra familiar (Nouvelle).

De nadie, de Marta Cwielong

Por María del Carmen Colombo

Acaso como el aroma del romero , así el anhelo de nacer a la palabra persiste en las páginas de este segundo libro de Marta Cwielong*. Inasible pero presente como espíritu, secreto hilo, el que permite a una mujer transitar el exilio, ese estado invernal, letargo donde nada reverdece, destierro donde nada deviene.

Desde esa intemperie irrumpen como una revelación los versos, a veces breves y contundentes estallan en las manos, la intensidad de su precisión se impone al lector y la densidad de su indefinición lo despiertan: "Acecha tiempo/ atardeceres destemplados/ no he nacido/ son los otros que han muerto".

Otras veces la forma evoca el movimiento discursivo de la historia, intento quizás de ingresar en el tiempo, de transcurrir, que abruptamente se quiebra imantado por el desencanto hacia el futuro o lento se apaga, porque cesa la confianza en las palabras: "nadie sabe si mañana/ el río/ el miedo de los gestos/ la mirada/no decirse/ ni apoyarse a descansar// todos esperan que llegue/ pero el río sólo traerá peces// ahora están separados/ sin mirarse/imaginando que la costa es firme/ que el agua es movimiento/ y la mañana que no llega".

Las cuatro partes en que se divide este libro –“Razones para huir”, “Señales del nombre”, “Las líneas secretas” y “Poemas italianos”- recortan un territorio de escenas fragmentadas que emergen, entonces, como restos de un naufragio. Obstinada sobreviviente, la voz de Cwielong se constituye en esa lejanía, en ese permanente desvío de sí, huida que se traduce, por ejemplo, en la recurrencia de afirmaciones negativas –“no sabía”, “no he nacido”, “no alcanza la voz”, “no existe”--. Quien se afirma negando borra huellas, suelta amarras, conduce su palabra hasta el límite: "dame el silencio de mirarte", dice Cwielong, y al hacerlo otorga a los poemas ese aire de silencio y abandono, esa amplitud que generan los blancos espaciosos.

Estas estrategias de despojamiento conducen también a un jubiloso estado de orfandad: "mirarme el pie/verlo/ inquieto//las manos lo acarician/como si fuera/huérfano// y si tanta esplendorosa desnudez/ saliera a caminar?". Esplendorosa desnudez, ausencia, que parece liberar a quien la padece de una dolorosa sujeción, la del nombre que identifica, el nombre propio: acaso por eso este nuevo libro de Marta Cwielong se llame De nadie .

*Marta Cwielong nació en la provincia de Buenos Aires, en 1952. Ha publicado Razones para huir (1991), De nadie (1997) y Jadeo animal (2003).

Poesía en vivo

Si tenés ganas de escuchar buena poesía, podés acercarte este jueves 16 de agosto, a las 20,
a la Facultad de Filosofía y Letras (Puán 480) para escuchar a: Leonor Silvestri, Guadalupe Muro, Mariana Suozzo, Pablo Katchadjián, Marcelo Galindo y Florencia Minici. La entrada es libre.

sábado, agosto 11, 2007

Acerca de El borde es un río, de Alicia Genovese

Por María del Camen Colombo

Para quien transita por la irregular topografía del borde, mirar implica un acto comprometido con el mundo donde el mínimo detalle nos socava. Las cosas -perfumes, objetos, cuerpos- irrumpen azarosas, incitadoramente o se nos imponen como una rutina; la mirada, a su vez reordena, reacomoda el entorno, lo modifica. La subjetividad se constituye en ese diálogo. Desde ese lugar Alicia Genovese desoculta la trama contradictoria, muchas veces violenta de la realidad y también lo imaginario, ese río que mana elemental y nos conduce al límite sin domesticar, a la desmesura del agua desoída.
En El borde es un río una mujer ensaya sus movimientos de lejanía y proximidad como forma de templar lazos, establecer vínculos para no devorar ni ser devorada. Las cuatro secciones en que se divide este libro -"La ausencia", "La opulencia", "La rompiente", y "La vuelta"- van demarcando así un lugar de enunciación, una morada, cuyos contornos están delimitados por esos movimientos de fusión y recuperación, de entrada y salida de la escena. Distancia sobre el sitio diario y cercanía de un ojo táctil sobre el suelo extranjero, definen para Genovese la forma de habitar una lengua, de hablar en una casa. Bordeando, entonces, el dato biográfico, su estado de alerta, su anhelo de sinceramiento, encuentra el fluir de dos tiempos -tiempo de expansión y tiempo de reticencia-, una voz que arma su recorrido en el amor al origen y la hostilidad.
Pocos libros de poesía despliegan tan intensamente como éste un trabajo de composición que incorpora no sólo las huellas dejadas por la autora en otros poemarios: se trata de una combinatoria cuyo caudal se alimenta, además, con las aguas de diversos estratos discursivos lindantes con la alquimia, la ciencia contemporánea, el arte pictórico y la revisión de ciertos tópicos recurrentes en la poesía argentina escrita por mujeres.
Poeta, alquimista, científica, Genovese aplica su arte combinatoria a la lírica material verbal, que como un organismo vivo comienza a imantarse y a fluir conducida por una delicada artesanía constructiva. "No hay distancia correlativa o contraste/ sino injerto", nos dice en su bello poema "Composición": la diversa configuración de los poemas registra el modo particular y permanente por medio del cual entran en contacto íntimo materiales tan diferentes, forma de unión cuyo resultado nada tiene que ver con las variedades establecidas.
"Reflexivo, conceptual el trayecto/ inexplicablemente lírico": La exacta formulación del enunciado traduce un deseo sostenido por Genovese en sus libros anteriores -sobre todo en Anónima-. Pero aquí dos vertientes, lirismo y reflexión, confluyen actualizadas en una doble voz poética. Lirismo y reflexión constituyen en la escritura de Genovese, un acople no previsible para la poesía argentina actual.
"Hacia atrás/según la lógica del cangrejo/ que avanza", este libro deslee su propia historia y al hacerlo nos permite ingresar a la desmesura del agua desoída.: agua y palabra como en un rito bautismal revelan el secreto de un nombre, la que desoculta la verdad, la que practica la aletheia como querían los griegos porque ese, precisamente es el significado de Alicia.
*Comentario publicado en El Desierto, revista editada por el Grupo Nusud, en 1999.

*Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, 1953). Publicó: El cielo posible (1977), El mundo encima (1982), Anónima (1992), El borde es un río (1997), Puentes (2000), Química diurna, (2004); La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas (ensayo, 1998).

Leónidas Lamborghini: poesía y política*


Por María del Carmen Colombo

Se ha señalado con ligereza que Lamborghini "canta en clave peronista". Y detrás de este comentario, imbuido, aparentemente, de un total y absoluto 'compromiso con', se esconde una disyuntiva que invita a optar entre dos términos, poesía o política, seccionando quirúrgicamente con bisturí de buen amputador lo que para Lamborghini no sólo va junto sino que, además, encuentra en la escritura su punto de fusión.

No es casual que enfrentados a un libro como Las Patas en la fuente se estrellen aquellos que tienden a ver la problemática política como un conjunto de consignas ortopédicas, patas atornilladas al cuerpo del poema, para que éste, como la famosa cucaracha herida pueda con ellas caminar.

Pero la puesta de Lamborghini es otra: alumbrar un nacimiento, el de un nuevo cuerpo que necesita ser relatado, escrito, y que trae consigo ya sus propias patas ("Una primavera me sorprende/ y el mover de este pueblo./ El ruido se hizo carne y habitó entre nosotros.") Así, enfatizando la inmediatez del mundo, su materialidad, encarnada en ese sonido ("lo mortal/ lo que se oye") que es resto de sentido y eco ("el nombre: eco del eco") de un habla congelada ("lo dignísimo"), Lamborghini lanzará su propuesta ubicándose fuera de aquella agotada escena, donde los viejos cuerpos de muñecos ventrílocuos, poemas vaciados de un proceso y rellenos de estopa, ejecutan sus ademanes, morisquetas o guiños retóricos.

Elegirá, entonces, el margen, el basural", entre los "no antologados", en el lugar del no poder ("-Poder/mi no poder"), en el ningún lugar. Y allí, entre los restos y con ellos pondrá en escena ese alumbramiento.

Haciendo oídos al "croar del corazón del feto", Lamborghini partero transformará en poesía todos esos restos flotantes y, como buen escuchador deseoso ("con el deseo del deseo") acompañará ese deambular dialogando con una multiplicidad de ecos ("Cómo se pianta la vida/ cómo rezongan los años/ cómo se viene la muerte/ tan callando").

Constituyéndose en ese diálogo, el poeta escribirá su propio nacimiento: un hablar entrecortado de frases suspendidas, como entre la vigilia y el sueño ("... el canto que es lo que sale del sueño y/ entra en/la realidad y/entra en el sueño"). Con él responderá apropiándose de ese lenguaje ajeno, exterior, donde el poder se instala (" y eres libre o no eres libre"). No para reproducirlo y reproducir con él sus efectos de sentido, sino para diferenciarse, oponiéndose, enfrentándose y teatralizando ese enfrentamiento ("y fui hacia los libertadores/ y eran/ los opresores"). En este sentido, la apropiación del habla directa de la política, que se efectúa en Las Patas... se presenta como condición necesaria para decir, en la medida que posibilita al habla dominada escribirse, hacer su aparición ("somos los destrozados/los mutilados/ la vida por/la vida por").

Se trata, entonces, de sabotear formas consagradas, "bellas", para que el verso dé la vida al poeta, terminando con el miedo y “asomando de tantas sofisticadas acumulaciones". El poeta “pegará el cascotazo", responderá pateando el tablero, dinamitando la lengua corriente y normativizada de la literatura, violando, en un mismo movimiento, ese conjunto de convenciones que provienen del sentido común, del statu - quo literario.

No es ajena a esta propuesta la elección de una primera persona del singular. Como acabando con la "estatua del yo mismo", ese fantoche erigido por toda una tradición literaria, Lamborghini "rompe el mito/ de que (ha) nacido antes que nada", es decir, rehúye toda forma de trascendentalismo y dualidad, retirándole al yo ese estatuto previo, ese fundamento originario de instaurador de sentido previo a la formación de la palabra ("identidad en/ los principios:-a/ e.i.o.u.). El yo, entonces, se descentra, se descascara, y ese descamisamiento da entrada a la voz plural, ramillete cantor y dialogante que ha encarnado en el coro multitudinario de voces que en Episodios cuentan -"oyen"- un susurro: "susúrrame -lo que está unido/ susúrrame: lo que está entero". En un vertiginoso movimiento de fusión y recuperación de "entrada y salida" las voces se van entrelazando dentro del poema. "Metiéndose" en la cabeza de los personajes ("estoy con la cabeza/ metida en la cabeza/ del adicto cabeza"), y saliendo para meterse nuevamente en la cabeza del juglar, o en la del letrista proscripto, o bien transcribiendo voces interiores en la forma de un escucharse a sí mismo ("-No obstante tratá de dar los pasos necesarios"): así la voz lamborghiniana de los primeros libros se va desenredando.

Y en ese permanente movimiento de vaivén, hablar es actuar, dejar el comentario para "meterse/ metiéndose": como en La estatua de la Libertad, uno de los libros donde con más énfasis se cuestiona el aislamiento del "yo mismo/ de la estatua de mí mismo". Es el drama del sujeto escindido el que se representa: el que ríe con la risa de lo cómico, risa humana por excelencia, ruptura del pacto entre dios y la criatura. Riéndose de sí mismo, acentuando la ruptura, la separación, poniendo el dedo en la llaga, mostrando su herida, ese hueco, Lamborghini abandona la clausura de la fijación en el tiempo y en el espacio y se hace sujeto, autor, y en ese su movimiento inacabado se transforma en futuro: canto futuro, clave lamborghinana con la que, en todo caso, en todo caso, el peronismo puede ser cantado.
* Ponencia leída en ocasión del primer Encuentro de Poesía, organizado por la Universidad Nacional de San Luis, y a cargo del poeta Patricio Thorne, que se realizara en la ciudad de Villa Mercedes, durante los días 9, 10 y 11 de octubre de 1987.
*Leónidas Lamborghini (Buenos Aires 1927). Poeta y periodista. Residió en México desde 1978 hasta 1990. Publicó, entre otros, los siguientes libros: El saboteador arrepentido (1955), Al público (1957, reedit, 1960), Las patas en la fuente (1965, reedit. 1966 y 1968), La Estatua de la Libertad (1967), La canción de Buenos Aires (1968), El solicitante descolocado (1971, reedit. 1990), Partitas (1972), Eva Perón en la hoguera (versión grabada), Circus (1986), Verme y 11 reescrituras de Discépolo, Odiseo confinado (1992), Tragedias y parodias (1994), Comedieta (1995).

viernes, agosto 10, 2007

Olga Orozco

Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.
Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,
y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.
Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron.
De mi estadía quedan las magias y los ritos,
unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,
la humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,
y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.
Lo demás aún se cumple en el olvido,
aún labra la desdicha en el rostro de aquella que se buscaba en mí
igual que en un espejo de sonrientes praderas,
y a la que tú verás extrañamente ajena:
mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.
Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo,
en un último instante fulmíneo como un rayo,
no en el tumulto incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada entre los remolinos de tu corazón.
No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza.
No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo.
Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte
porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura
que los cambiantes sueños, allá, donde escribimos la sentencia:
"Ellos han muerto ya.
Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno.
Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento".

*Había nacido en Toay, provincia de La Pampa, en 1920. Después vivió en Bahía Blanca hasta que se trasladó a Buenos Aires. Trabajó como periodista y dirigió algunas publicaciones literarias. Publicó, entre otros libros: Las muertes (1951), Los juegos peligrosos (1962), Cantos a Berenice (1977), Con esta boca, en este mundo ( 1994). Falleció en 1999.

La hija del insomnio

Se trata del prólogo que escribió el gran poeta argentino Enrique Molina* en ocasión de la reedición de los libros de Alejandra Pizarnik La última inocencia y Las aventuras perdidas, y que llevó adelante la editorial Botella al Mar, en Buenos Aires, en el año 1976. Lo transcribimos a continuación.


"Cuando pienso en Alejandra la veo pasar, solitaria, en una de esas enormes burbujas del Bosco donde yacen parejas desnudas, dentro de un mundo tan tenue que sólo por milagro no estalla a cada segundo. Pero la suya es una burbuja nocturna, irisada como una perla negra. Criatura fascinada y fascinante, víctima y maga, ardía en la hoguera y, al mismo tiempo, con esa maldad de la poesía, prendía fuego al mundo circundante, lo hacía arder con una fosforescencia tierna y sombría, que iluminaba su rostro de niña con una sonrisa fantasma. Niña predestinada a ser vista, con los ojos absortos, en la ventana de un caserón ruinoso, en alguna de esas aldeas de la Alquimia del Verbo, entrevistas en el fondo de un lago. Pero aún allí, en la profundidad de los sueños, fue también la extranjera, la extraviada de sí misma. Una desconocida con su mismo rostro avanzaba hacia ella en todo lugar, en todo instante de su existencia terrestre, interrogándola con las preguntas más desgarradoras, planteándole sin cesar sus propios enigmas, el misterio de todo amor y de toda ausencia. Porque Alejandra permaneció siempre en el linde perdido de otra ribera, cuyo eco no dejó nunca de resonar en las zonas de sombra de su ser con la nostalgia de "los verdes paraísos de los amores infantiles". Pocos seres he conocido tan plenos de fatalidad poética. Extrañamente, todos sus elementos, sus pájaros, sus nubes, su país de huérfana que oculta un secreto desmesurado, su memoria y su pasión se ordenan en dos coordenadas esenciales: el deslumbramiento de la infancia, cuyos poderes sobrevivían en ella, y un permanente sentimiento de muerte, como otro deslumbramiento terrible que la precipitaba al asombro y al terror. Duende desposeído por la caída, cautiva de un reino perdido, sólo podría ver las cosas a la luz de esa exigencia inflexible y sin consuelo. No tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar. Pero la fascinación de la infancia perdida se convierte en ella, por una oscura mutación que cambia los signos, en la fascinación de la muerte, igualmente deslumbradora una y otra, igualmente plenas de vértigo. Toda su poesía gira en torno a estos dos polos magnéticos, dos solicitaciones extremas que se funden en su voz y le dan, desde sus primeros libros hasta sus últimos textos, un acento inconfundible, una emoción esencial y de una calidad extrañamente perturbadora. En uno de los planos más remotos de su conciencia, una imagen materna, blanca y luminosa, la acoge y la protege, le revela las cosas y los sueños en una unidad total. En el extremo opuesto, una mujer pálida y nocturna, la acoge también con la misma solicitud maternal, con una tenebrosa belleza. Hacia una y otra la hija del insomnio corre con los brazos tendidos. Ahora que tantas parejas enamoradas escuchan su palabra, ¿qué puede darles ella? No la esperanza ni la calma, sino una exaltación, una apuesta perdida. Un paraíso infantil doblado por el paraíso de la muerte, la aventura del amor y su imposible realidad. La letra de Alejandra era pequeñita, como un camino de hormigas o un minúsculo collar de granos de arena. Pero ese hilo, con toda su levedad, no se borrará nunca, es uno de los hilos luminosos para entrar y salir del laberinto."


*Nació en Buenos Aires en 1910. Fue tripulante de barcos mercantes en el Caribe y Europa. Adhirió al movimiento surrealista. En 1952 fundó con Aldo Pellegrini la revista A partir de cero. Publicó, entre otros: Las cosas y el delirio (1941), Pasiones terrestres (1946), Costumbres errantes o la redondez de la Tierra (1951), Amantes antípodas (1961), Fuego libre (1962), Las bellas furias (1966), Monzón napalm (1968), Los últimos soles (1980) y El ala de la gaviota (1985). Falleció en Buenos Aires en 1997.

jueves, agosto 09, 2007

Recordando a Miguel Ángel Bustos

Había nacido el 31 de agosto de 1932. Y el dibujo y la poesía fueron sus grandes pasiones (en cuatro de sus cinco libros incluyó sus propios dibujos).
Admiró al poeta Jacobo Fijman. Y al escritor Leopoldo Marechal, a quien definiría como su maestro y que prologó su libro Visión de los hijos del mal (Segundo Premio Municipal de Poesía 1968). Colaboró como crítico literario en las revistas Siete Días y Panorama y en los diarios La Opinión y El Cronista Comercial. Un día de mayo de 1976, un grupo de paramilitares lo secuestró de su casa. A partir de ese momento integra la lista de los treinta mil desaparecidos. Publicó los siguientes libros de poemas: Cuatro murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967), El Himalaya o la moral de los pájaros (1974).


Comunión salvaje

Me como a dios.
Como mi salvación y espanto.
Corazón de los sentidos digiere la cúpula celestial.
Ahora estoy en el campanario, un campanario tímpano cálido y extinguido.
Con el bronce, con la trompa badajo en el viento inflamo los mares. Que todo sea una salvaje profecía amor poseído amor ido.




Osar morir de vida

Reproducimos a continuación una nota del poeta Paco Urondo*, publicada en la revista Crisis, en el año 1974. Es de esos textos que, a nuestro humilde entender y como diría el mismo Urondo, "valen la pena".
"Los hechos históricos que estamos viviendo, y que están siendo bien registrados por su natural protagonista –el pueblo– todavía no han sido captados por nuestros artistas e intelectuales. No se ha producido todavía la inmersión de estos grupos en la realidad cabal que se vive en el campo del pueblo. Hay trabas, debilidades objetivas para esta identificación y sólo la práctica, la imaginación y la capacidad creativa de estos artistas e intelectuales irán encontrando los caminos, superando las dificultades hasta que sean suyas las alegrías y las preocupaciones del pueblo.
Pero la superación de estas dificultades objetivas sólo puede darse en la medida en que encaren simultáneamente los problemas ideológicos. El individualismo, el descompromiso, toda la sintomatología del liberalismo, estarán sumándose a las dificultades objetivas que intelectuales y artistas tienen para aportar su tarea a la causa del pueblo.
Por ejemplo, si alguien convierte su dignidad en susceptibilidad no sólo se aísla, trabado por la reticencia, sino que por ese camino indigno, por esa necesidad, deja de respetarse. Y quien deja de amarse no quiere a nadie. Y quien no quiere a nadie, no puede querer a su pueblo, no puede estar metido seriamente en una revolución que el pueblo hace para liberarse. El Che decía que la revolución es un acto de amor. Y es cierto, porque los actos de amor requieren entrega y lucidez.
"Osar morir de vida", me recordaba Lezama Lima que alguna vez dijo José Martí. Cuando se considera a la vida una propiedad privada, sólo el heroísmo, con su carga de posteridad o en el mejor de los casos, de búsqueda de inmortalidad, permite la osadía de ponerla en riesgo. Pero el sentido de la osadía que propone Martí no es individualista, sino que responde a una concepción ideológicamente más generosa. Porque la vida no es una propiedad privada, sino el producto del esfuerzo de muchos. Así, la muerte es algo que uno no solamente no define, que no sólo no define el enemigo ni el azar, que tampoco puede ponerse en juego por una determinación privada, ya que no se tiene derecho sobre ella: es el pueblo, una vez más, quien determina la suerte de la vida y de la muerte de sus hijos. Y la osadía de morir, de dar y, consecuentemente, ganar esa vida, es un derecho que debe obtenerse inexcusablemente."

* Poeta y periodista argentino (1930-1976).


Abrazo austral de Juano Villafañe

Durante el Encuentro de Escritores Patagónicos, que se realizará en Puerto Madryn del 16 al 19 de agosto, organizado por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de esa ciudad, el poeta argentino Juano Villafañe presentará el libro Abrazo austral: poesía del sur de Argentina y Chile --título que ya integra la colección de libros de Editorial Desde la Gente, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, entidad con más de 2.500.000 libros difundidos y más de 1.500 escritores principalmente latinoamericanos.
Con el auspicio del Espacio "Juan L. Ortiz" y del Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini", Villafañe también presentará durante el mismo Encuentro, su último libro de poemas: Deconstrucción de la mañana (Ediciones Atuel), del que transcribimos, a continuación, un poema

Perdida por la lluvia

Veo tu rostro
sobre el agua de la calle de la lluvia
en los verdes que llevan tu cuerpo
vestido en una blusa.
Te debes bañar y mirar la calle
la avenida donde arrastrabas las flores en la noche
en la enorme y fabulosa calle de la lluvia
que vuelve a sí misma como el agua de la lluvia
y abres un sueño, un corredor
por las paredes de la lluvia
y en todas las flores de la lluvia
que cae sobre los infinitos paraguas de la lluvia
antes que el aire y el sol
den a tu cuerpo
con ese agua de lluvia
con ese frío del cuerpo perdido por la lluvia.

miércoles, agosto 08, 2007

Es infinita esta riqueza abandonada

Autor: Edgar Bayley

esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro
cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas
distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha
extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos
islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de
todos de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas
vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas
veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío
no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada

Diadema: territorio libre de la palabra

Durante los días 23 al 30 de noviembre, en la ciudad de Diadema, Brasil, tendrá lugar la Segunda Muestra Internacional de Literatura-Poesía & Prosa, bajo el lema: “Diadema: territorio libre de la palabra”. El evento, uno de cuyos objetivos es "crear canales de intercambio literario-culturales", contará con la presencia de un gran número de participantes de diversos países. Artistas y académicos interesados en sumarse a esta muestra pueden solicitar informes escribiendo a: jgneres@uol.com.br; o bien entrar a las siguientes páginas: www.palavreiros.org y www.palavreiros.org/mostradeliteratura.htm

martes, agosto 07, 2007

Clínica de Poesía

Informamos por este medio a los poetas seleccionados, que la Clínica de Poesía organizada por la Secretaría de Cultura de la Nación, y coordinada por la poeta María del Carmen Colombo, comenzará a dictarse a partir del próximo miércoles 15 de agosto, en el horario de 19 a 21, en la sede de la Conabip, Ayacucho 1578.

Al abrigo de Edgar y de Paco

Fue una noche en el bar "Los galgos" que el maestro Edgar Bayley* me dijo, refiriéndose a Urondo*: "Es el verdadero poeta de su generación. Uno de nuestros más grandes". Sabía Edgar que me gustaba el tango y, acaso, por eso, me recomendó que leyera especialmente "Abrigo", un poema del santafesino. Lo hice mucho, mucho tiempo después, cuando, cosas del destino, en pago de una deuda incobrable, alguien me cedió una desvencijada antología de textos de Urondo. Leí ese poema y todos los otros textos incluidos en el ejemplar, comprobando que, una vez más, Edgar tenía toda la razón. Pero era demasiado tarde para decírselo: él ya se había ido de este mundo.


Abrigo

Aquel tapado de armiño,
esta situación que vivimos, mi amiga,
estos recuerdos que siempre tendremos
y esta vida que juntos vamos haciendo.

Algún día, y digo por decirlo, tendremos
ese tapado de armiño;
será un tiempo más justo, forrado en lamé,
como el tapado del tango. Un tiempo sin olvido.

Ese tapado de lo que fue,
nos hará siempre felices, viejos golpeados;
y tendremos tiempo para el ocio, o para la melancolía
y nunca llegaremos a aburrirnos.

Esta noche espero contento y hacerlo
es como ganar la revolución; estaba escrito
que tu llegada sería como una caricia después de la pelea,
la alfombra de la victoria, el puño que consume la derrota.

Pronto será la hora de las brujas y de los secretos
y después veremos la luz y escucharemos juntos ese disco del tapado;
y comerás con apetito, con juventud y seguramente haremos el amor,
y estarás conmigo y no tendrás miedo a nada.

*Poeta argentino (1919-1990).
*Poeta argentino (1930-1976).

jueves, agosto 02, 2007

LA YO VACA*

Acerca de La muda encarnación de María del Carmen Colombo

Por Diana Bellessi

Con un ideal de tersura barroca en la representación y apropiándose de una sofis-ticada tradición literaria, Colombo abre paso a los “salvajes nacionales”: Discépolo, el sainete, Artl, la parodia a la gauchesca desde Estanislao del Campo hasta Lamborghini. Al borde de la desintegración sintáctica y montado en un ritmo arrasador, este libro atraviesa la tradición antedicha con la mirada de una mujer que sustenta un feminismo “bárbaro” –no programático, ni siquiera del todo auto consciente--, donde la luz del escenario abandona el relincho del caballo del héroe para enfocar el rumiar metafísico de –al decir de Colombo— la yo-vaca.



*El Cronista Cultural, viernes 24 de diciembre, 1993