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viernes, julio 12, 2013

Elías Canetti: Mi primer recuerdo...



Matisse: El cuarto rojo.

Mi recuerdo más remoto está bañado de rojo. Salgo por una puerta en brazos de una muchacha, ante mí el suelo es rojo y a la izquierda desciende una escalera igualmente roja. Frente a nosotros, a la misma altura, se abre una puerta y aparece un hombre sonriente que viene amigablemente hacia mí. Se me arpoxima mucho, se detiene, y me dice: "¡Enséñame la lengua!". Yo saco la lengua, él palpa en su bolsillo, extrae una navaja, la abre y acercando la cuchilla junto a mi lengua dice: "Ahora le cortaremos la lengua". No me atrevo a retirar la lengua, él se acerca cada vez más hasta rozarla con la hoja. En el último momento retira la navaja y dice: "Hoy todavía no, mañana". Cierra la navaja y la guarda en su bolsillo.

Cada mañana cruzamos la puerta y salimos al corredor rojo, se abre la puerta y aparece el hombre sonriente. Sé qué es lo que va a decir y espero su orden para mostrar la lengua. Sé que me la cortará y cada vez tengo más miedo. Así comienza el día, y la historia se repite muchas veces.



 Guardo esto para mí y es sólo mucho más tarde que se lo menciono a mi madre. De color rojo sólo recuerda la pensión de Karlsbad, donde había pasado el verano de 1907 con mi padre y conmigo. Habían traído para el pequeño de dos años una niñera de Bulgaria, una muchacha que no tenía quince años de edad. Todas las mañanas salía temprano con el niño en brazos, hablaba sólo búlgaro, pero se encontraba a gusto en la animación de Karlsbad y regresaba siempre puntualmente con el pequeño. Una vez la vieron en la calle con un joven desconocido; no sabe qué decir de él, una relación casual. Tras pocas semanas se comprueba que el joven ocupa la habitación frente a la nuestra, al otro lado del corredor. A veces la muchacha corre a su encuentro durante la noche. Mis padres se sienten responsables por ella y la envían inmediatamente a Bulgaria.

Ambos, la muchacha y el joven salían siempre de casa a primera hora, así debió tener lugar el primer encuentro, así debió comenzar todo. La amenaza del cuchillo surtió efecto, el niño guardó silencio durante diez años.



*Elías Canetti nació en Bulgaria en 1905. Premio Nobel de Literartura, 1981.

**Este texto está incluido en el libro La lengua absuelta (Ed. Raíces, Barcelona, 1980).

Xohana Torres: Sibila en Ribadavia



Pintura de Chagall.


Protégeme, crepúsculo,
lugar de mis ex votos,
humilde acudo al sol en rogativa.
A vueltas con el pasado
buscar en la infancia
el tesoro del mapa oculto bajo las piedras.
En mí siempre levita Lola ingrávida,
con un acompañamiento sonoro de gorriones,
su perfil en realce por los lindes.
Sibila en Ribadavia, blusa negra,
bendita sea la que pisaba los racimos
para hacer el vino como si fuera la luz,
¡cuánto amor aún mueve!
En esta hora, amparada o poniente
peregrino hasta el mundo amatista de las viñas:
es que nada se entenderá de todo
si antes no regreso al punto de partida.
No me permite la muerte
alcanzar el rincón por el que Lola asoma
como un dulce dibujo de Chagall.


Del libro Olas atlánticas (Puerta del Mar, 2005).

Traducción: Luciano Rodríguez.


* Xohana Torres: Voz central de la poesía gallega de la segunda mitad del siglo XX, Xohana Torres, nació en Santiago de Compostela en 1931. Es autora teatral (A otra banda do Iberr (1965), Un hotel de primeira sobre o rio (1969); novelista (Adiós, María, 1971); y poeta (Do sulco (1957), Estacións au mar (1980), Tempo de Ría (1992). En 2004 publicó su Poesía reunida (1957-2001).