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jueves, abril 26, 2018

Henri Michaux: EL MAR


Water Textureby purplestickypine



       Lo que sé, lo que es mío, es el mar indefinido.
       A los veintiún años me evadí de la vida de las ciudades, me enrolé, fui marinero. Había faena a bordo. Me sorprendió. Había pensado que en los barcos uno se dedicaba a mirar el mar, a mirar interminablemente el mar.
       Se desarmaron los barcos. Comenzaba el paro de la gente de mar.
       Volviendo la espalda me marché, no dije nada, tenía el mar en mí, el mar eternamente en torno mío.
       ¿Qué mar? Eso es lo que me costaría precisar.

De Henri Michaux Adversidades, Exorcismos (1988. Madrid: Ediciones Cátedra S.A. Traducción de Jorge  Riechmann. Poesía/ Cátedra.)

domingo, noviembre 19, 2017

Henri Michaux**: Poema: exorcismo por ardid*: una vez más

Poema: exorcismo por ardid*
Por Henri Michaux**

Harto extraordinario sería que de los miles de sucesos que acaecen cada año resultase una armonía perfecta. Siempre hay algunos que se atragantan, y que uno guarda dentro de sí, hirientes.
Una de las cosas que pueden hacerse: el exorcismo.
Toda situación es dependencia y cientos de dependencias. Sería inaudito que resultase de esto una satisfacción sin tacha o que un hombre pudiera, por muy activo que fuese, combatirlas a todas eficazmente en la realidad.
Una de las cosas que pueden hacerse: el exorcismo.
El exorcismo, reacción de poder, a modo de ataque con ariete, es el auténtico poema del prisionero. En el lugar mismo del sufirmiento y la manía se introduce tal exaltación, tan magnífica violencia, unidas al martillear de las palabras, que el daño se disuelve progresivamente y lo reemplaza una aérea ira demoníaca --¡maravilloso estado!
Muchos poemas contemporáneos, poemas de liberación, obran también uno de los efectos del exorcismo; mas un exorcismo por ardid. Por ardid de la naturaleza subconsciente que se defiende mediante una elaboración imaginativa apropiada: los sueños. Por ardid premeditado o tanteante, que busca su punto de aplicación óptimo: los sueños diurnos.
No sólo los sueños sino una infinidad de pensamientos son "para salir del apuro", e incluso sistemas filosóficos que se creían algo muy distinto fueron sobre todo exorcisantes.
Efecto liberador semejante, pero naturaleza por completo diferente.
Nada en ella de ese impulso de saeta, fogoso y como suprahumano del exorcismo. Nada de esa especie de torreta de bombardeo que se forma en los momentos en que el objeto que hay que rechazar se ha tornado casi eléctricamente presente y es mágicamente combatido.
Esta ascensión vertical y explosiva constituye uno de los momentos culminantes de la existencia. Por muchas veces que aconseje uno tal ejercicio a quienes viven a pesar suyo en dependencia desgraciada, siempre serán pocas. Pero resulta difícil encender el motor; solamente logra hacerlo la cuasi desesperación.
Como sabe el buen entendedor, los poemas del comienzo de este libro no están en absoluto escritos por odio a esto o aquello, sino para liberarse de infleuncias.
La mayoría de los textos que siguen son, en cierto modo, exorcismos por ardid. Su razón de ser: mantener en jaque a los poderes circundantes del mundo hostil.


*Prefacio del libro Adversidades, exorcismos. Traducc. Jorge Riechman. Editorial Poesía Cátedra, Madrid, 1988.

**Poeta y pintor francés de origen belga. Entre sus libros se cuentan: Quien fui (1924), Ecuador (1929), Un bárbaro en Asia (1932), Paz en los quebrantes (1959), El infinito turbulento (1957), Conocimiento en el abismo (1961), Las grandes pruebas del espíritu (1966). Murió el 19 de octubre de 1984.

lunes, julio 25, 2016

HENRI MICHAUX: TRES POEMAS



Gracias Jonio González

CAMINANDO

Caminando,
caminando,
vendedor de rostros azotados y de pájaros inquietos,
caminando en la ciudad abrasada,
vendedor de estelas perdidas,
de fantasmas de viento, de agua, de olores,
caminando con una vida de perro,
caminando,
caminando.

A LA ESPERA
Un ser loco,
un ser faro,
un ser mil veces tachado,
un ser exiliado desde el fondo del horizonte,
un ser enfurruñado en el fondo del horizonte,
un ser gritando desde el fondo del horizonte,
un ser flaco,
un ser íntegro,
un ser orgulloso,
un ser que querría ser,
un ser en el batir de dos épocas que entrechocan,
un ser en los gases deletéreos de las conciencias que sucumben,
un ser como en el primer día,
un ser...

Y ES SIEMPRE
Y es siempre la perforación por la lanza
el enjambre de avispas que se precipita sobre el ojo
la lepra
y es siempre el flanco abierto
y es siempre el enterrado vivo
y es siempre el tabernáculo quebrado
el brazo débil como una pestaña que lucha
contra el río
y es siempre la noche que regresa
el espacio vacío pero que acecha
y es siempre la vieja correa
y es siempre el enterrado vivo
y es siempre el balcón desplomado.
El nervio pellizcado en el fondo
del corazón que se acuerda
el pájaro baobab que vapulea el cerebro
el torrente donde el ser se precipita
y es siempre el encuentro en la tormenta
y es siempre el borde del eclipse
y es siempre tras la empalizada de las células
el horizonte que retrocede, que retrocede...
_______________________________________________

La vida en los pliegues, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1976. Trad.: Víctor Goldstein. 

lunes, agosto 25, 2014

Henri Michaux Agir voy...


Empujando la puerta en ti, he entrado
Agir, voy
Estoy ahí
Te sostengo
No más abandono
No más dificultades
Cordeles desatados, tus dificultades caen
La pesadilla de donde volviste despavorida ya no está
Te respaldo
Pones conmigo
El pie sobre el primer peldaño de la escalera sin fin
Que te lleva
Que te sube
Que te realiza

Te calmo
Extiendo manteles de paz en ti
Alivio a la criatura de tu sueño
Afluencia
Afluencia en palmas sobre el círculo de las imágenes de la asustada
Afluencia sobre las nieves de su palidez
Afluencia sobre su hogar... y el fuego se reanima

Agir, voy
Tus ideas de impulso son sostenidas
Tus ideas de fracaso están debilitadas
Tengo mi fuerza en tu cuerpo, insinuada
...y tu rostro, al perder sus arrugas, rejuvenece
La enfermedad ya no encuentra su trayecto en ti
La fiebre te abandona

La paz de las bóvedas
La paz de las praderas nuevamente floridas
La paz regresa a ti

En nombre del número más elevado, te ayudo
Como una fumarola
Todo lo que abruma tus hombros se volatiliza
Las cabezas malvadas de tu entorno
Observadoras viperinas de las miserias de los débiles
Ya no te ven
Ya no están

Equipaje de refuerzo
En misterio y en línea profunda
Como un surco submarino
Como un canto grave
Voy
Este canto te toma
Este canto te levanta
Este canto, lo animan muchos arroyos
Este canto está alimentado por un Niágara en calma
Este canto es todo para ti

No más tenazas
No más sombras negras
No más temores
Ya no hay rastro
Ya no tiene que haberlo
Donde había dificultad, hay algodón
Donde había dispersión, hay soldadura
Donde había infección, hay sangre nueva
Donde había cerrojos está el océano abierto
El océano portador y la plenitud de ti
Intacta, como un huevo de marfil

He lavado la cara a tu porvenir.


domingo, agosto 24, 2014

Henri Michaux: YO REMO


Maldije tu frente tu vientre tu vida 
maldije las calles que tu andar enfila 
los objetos que tu mano aprehende 
maldije el interior de tus sueños

Puse una charco en tu ojo que ya no ve 
un insecto en tu oreja que ya no oye 
una esponja en tu cerebro que ya no comprende

Te enfrié en el alma de tu cuerpo 
te congelé en tu vida profunda

el aire que respiras te sofoca 
el aire que respiras tiene un olor a sótano 
es un aire ya espirado que fue desechado las hienas 
el estiércol de ese aire ya nadie lo puede respirar

Tu piel está toda húmeda 
tu piel suda el sudor del gran miedo 
tus axilas exhalan a lo lejos un olor a cripta

Los animales de detienen cuando pasas 
los perros aúllan por la noche, con la cabeza 
enderezada hacia tu casa 

no puedes huir 
no te llega ni siquiera una fuerza de hormiga a la 
punta del pie 
tu cansancio hace tronco de plomo en tu cuerpo 
tu cansancio es una larga caravana 
tu cansancio llega hasta el país de Nan 
tu cansancio es inexpresable

Tu boca te muerde 
tus uñas te arañan 
ya no es más tuya tu mujer 
ya no es más tuyo tu hermano 
la planta de tu pie es mordida por una serpiente 
furiosa

Han babeado sobre tu progenitura 
han babeado sobre la risa de tu hijita 
han babeado frente al rostro de tu morada

El mundo se aleja de ti

Yo remo 
remo 
remo contra tu vida 
remo 
me multiplico en remeros innumerables 
para remar más fuertemente contra ti

Caes en lo vago 
careces de soplo 
te fatigas ante el menor esfuerzo

Yo remo 
remo 
remo

Te vas, ebrio, atado a la cola de un mulo 
la ebriedad como un enorme parasol que oscurece 
el cielo 
y junta las moscas 
la ebriedad vertiginosa de los canales semicirculares 
comienzo mal atendido de la hemiplejía 
la ebriedad no te abandona ya 
te tumba a la izquierda 
te tumba a la derecha 
te tumba sobre el suelo pedregoso del camino

Yo remo 
remo 
remo contra tus días

En la casa del sufrimiento entras

Yo remo 
remo 
sobre una faja negra se inscriben tus acciones 
sobre el enorme ojo blanco de un caballo bizco 
rueda tu por venir

YO REMO

martes, noviembre 15, 2011

Henri Michaux: el murciélago y más...



El murciélago no es un pájaro, si se quiere. Pero puede enseñarle a volar a todos los pájaros. Un pichón de paloma, se diría que rema, que golpea el agua, tal es el ruido que hace con las alas. Al murciélago no se lo oye. Se diría que toma el vuelo como una tela, con las manos.

Con su pico largo y su cabeza de torpedero, el cuervo es un cobarde negro. En la India, un cuarto de hora antes de la puesta de sol, se vuelve voraz, juega el todo por el todo, y viene a echarse encima del pedazo de pan que le ofrece una niñita tímida. Esa temeridad sólo dura un momento, luego vuela de prisa a su nido, un nido duro y hecho sin gusto. Hay decenas y decenas de millones de cuervos en la India.

Diez minutos después, viene el murciélago, aquí, allá, ¿dónde?, el silencioso enloquecido, con sus alas que no pesan nada y que ni hacen suspirar el aire. Se oye un picaflor; un murciélago, no. Nunca atraviesa un espacio en línea recta. Sigue los cielorrasos, los corredores, las paredes, hace escalas. Luego se cuelga de una rama como para dormir. Y la luna silenciosa lo alumbra.

* * *

Uno se distrae mirando los pájaros. Se van, vuelven, dan volteretas; son unos intrigantes.

La cotorra entiende el vuelo de otra manera. El vuelo es el paso de un punto a otro en línea recta. Las cotorras siempre están de prisa, el timón bien recto (tienen la cola muy larga y fuerte) van sin volver la cabeza, casi siempre de a dos, no apartándose ni por el viento ni por la sombra y siempre charlatanas.

* * *

El palomo es un obseso sexual. Desde que traga un bocado y repone un poco sus fuerzas, lo vuelve a poseer su demonio. Tiene un estertor (¿quién ha podido llamar eso un arrullo?), un estertor espeso, que turbaría a un ermitaño. En seguida la hembra responde, responde siempre, aunque no desee que se le acerque todavía, con un estertor que la inunda, que es más grande que ella, y pesado, obeso.

Y vuelan, más barullentos que un par de botas.


India

Los milanos son grandes inútiles. Mientras pueden utilizar los vientos, y estar de haraganes, menos mal.

Hasta los cuervos que tienen miedo de todo, atacan a los milanos. He visto una pareja que no encontraba dónde acomodarse. En los árboles, los pajaritos la atacaban. De lo alto de las azoteas, la desalojaban los cuervos.

Un ratón perseguido por un gato, puede escapar. Con una mangosta en los talones, le queda todavía una chispa de esperanza.

Pero si un cuervo, encaramado en una rama, lo ha visto, se acabó. Zambullendo casi perpendicularmente, o si el follaje no se presta, deslizándose en línea oblicua, o casi horizontalmente, llega, ya está, lo levanta. Por más que corra el ratón, es como si a un hombre que corriera bien, lo persiguiera un aeroplano. Está perdido. Está irrevocablemente perdido.


Malasia

Los pechirrojos son más livianos y mejor formados que los gorriones, de plumaje apretado que ningún viento puede levantar.

Tienen una especialidad. Desde que se juntan dos en una rama (y cuando hay uno, al rato hay dos) uno se retira (¡oh, apenas!) lateralmente en la rama y sin volver la cabeza.

El otro también cambia de lugar (¡oh, apenas!) como el primero, 5 o 6 mm.

Así pasan las horas. Pues hay más de una rama en un árbol. Cuando la rama ha agotado todas las posibilidades de ese juego, ¡a la siguiente!

Y nada del piar tan feo de los gorriones; a veces, y es raro, un pequeño «tac...» para demostrar que ahí están. Y aunque chiquito, no tiene esa agitación epiléptica de la cabeza que hace parecer tan tontos a los gorriones y tan extraños.

Cuando está solo, se queda sumamente quieto, y como «ocupado», aunque no haga absolutamente nada.


Zoológico de Saigón

El jabirú no come al pez que se defiende.

Lo traga muerto. Lo agarra y vuelve a cerrar su pico sobre él, en la cabeza, en el cuerpo, lo tira, lo recoge, lo vuelve a tirar hasta que sobreviene la muerte.

Hay el jabirú prudente y el jabirú imprudente.

El jabirú imprudente que se contenta con una apariencia de muerte (y cuidado con las espinas del pescado que se agita vivo en el estómago) es el que lleva el pez sobre los guijarros, y ahí le da picotazos hasta inmovilizarlo. Entonces lo come. Pero no hay jabirú con experiencia que no sepa que un peZ que no se mueva entre los guijarros, puede bien no estar muerto, y ser, pues, todavía peligroso, por eso el jabirú prudente lo remoja en el agua, para cerciorarse, y en efecto, muy a menudo, el pez vive, y con una lentitud sin esperanza, trata de escapar al sitio, y a la muerte. También sucede que un jabirú no puede sacar un pez del agua, aunque lo haya golpeado muchas veces, pero cada vez vuelve a caer. Entonces de golpe, harto, agita inmensas alas ruidosas sobre el estanque y se pregunta, y uno se pregunta, y los demás pájaros se preguntan lo que va a suceder.


De Un bárbaro en Asia
Traducción y prólogo: Jorge Luis Borges


sábado, marzo 05, 2011

Henri Michaux: Historia natural


El murciélago no es un pájaro, si se quiere. Pero puede enseñarle a volar a todos los pájaros.
Un pichón de paloma, se diría que rema, que golpea el agua, tal es el ruido que hace con las alas.
Al murciélago no se lo oye. Se diría que toma el vuelo como una tela, con las manos.
Con su pico largo y su cabeza de torpedero, el cuervo es un cobarde negro.
En la India, un cuarto de hora antes de la puesta de sol, se vuelve voraz, juega el todo por el todo,
y viene a echarse encima del pedazo de pan que le ofrece una niñita tímida.
Esa temeridad sólo dura un momento, luego vuela de prisa a su nido, un nido duro y hecho sin gusto.
Hay decenas y decenas de millones de cuervos en la India.
Diez minutos después, viene el murciélago, aquí, allá, ¿dónde?, el silencioso enloquecido,
con sus alas que no pesan nada y que ni hacen suspirar el aire. Se oye un picaflor; un murciélago, no.
Nunca atraviesa un espacio en línea recta. Sigue los cielorrasos, los corredores, las paredes, hace escalas.
Luego se cuelga de una rama como para dormir. Y la luna silenciosa lo alumbra.
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Uno se distrae mirando los pájaros. Se van, vuelven, dan volteretas; son unos intrigantes.
La cotorra entiende el vuelo de otra manera. El vuelo es el paso de un punto a otro en línea recta.
Las cotorras siempre están de prisa, el timón bien recto (tienen la cola muy larga y fuerte)
van sin volver la cabeza, casi siempre de a dos, no apartándose ni por el viento ni por la sombra
y siempre charlatanas.
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El palomo es un obseso sexual. Desde que traga un bocado y repone un poco sus fuerzas, lo vuelve a poseer su demonio. Tiene un estertor (¿quién ha podido llamar eso un arrullo?),
un estertor espeso, que turbaría a un ermitaño. En seguida la hembra responde, responde siempre,
aunque no desee que se le acerque todavía, con un estertor que la inunda, que es más grande que ella,
y pesado, obeso.
Y vuelan, más barullentos que un par de botas.

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Traducción de Jorge Luis Borges
http://bibliotecaignoria.blogspot.com/

jueves, enero 13, 2011

Johan Asbery: Entrevista a Henri Michaux



Publicado en la revista ArtNews, en marzo de 1961

Henri Michaux no es exactamente un pintor, ni siquiera un escritor, sino una conciencia: la sustancia más sensible descubierta hasta la fecha para registrar las fluctuaciones de la angustia de la existencia día a día, minuto a minuto.
Michaux vive en París, en la calle Séguier, en el corazón de un pequeño distrito de palacetes desvencijados, aunque aún aristocráticos, que parece misteriosamente silencioso y apagado pese a la proximidad de St. Germain-des-Prés y el Barrio Latino. En las escaleras del hôtel particulier del siglo XVII en el que vive se ha instalado un andamiaje de madera para evitar que la escalera se venga abajo. El apartamento de Michaux parece haber sido desgajado a partir de otro mayor. A pesar de la originalidad de la arquitectura y de la presencia de algún mueble antiguo muy hermoso, el efecto resultante es neutro. Las paredes no tienen color e incluso el jardín exterior tiene un aspecto fantasmagórico. Apenas hay cuadros: tan sólo una obra de Zao Wou-ki y un cuadro chino que representa, más o menos, un caballo y que parecen estar allí por casualidad: «No extraiga ninguna conclusión de ellos». El único objeto digno de mención es una enorme y flamante radio nueva: al igual que muchos poetas y muchos pintores, Michaux prefiere la música.
Detesta las entrevistas y parecía incapaz de recordar por qué había accedido a conceder esta. «Pero ya que está aquí, puede empezar». Se sentó de espaldas a la luz, de modo que resultaba difícil verlo; se protegía el rostro con la mano y me observaba receloso por el rabillo del ojo. Nada de fotografías, e incluso se niega a que se realice un dibujo de él para publicarlo junto a la entrevista. A su juicio, los rostros ejercen una fascinación atroz. Michaux escribió: «Un hombre y su rostro es un poco como si estuvieran devorándose mutuamente sin cesar». En una ocasión, cuando un editor le solicitó una fotografía para publicarla en un catálogo junto a las de los demás autores, le contestó lo siguiente: «Escribo con el fin de dar a conocer una persona que, viéndome, nadie habría podido sospechar jamás que existiera». Esta frase se publicó en el espacio destinado a su retrato.
Sin embargo, el rostro de Michaux es dulce y agradable. Es belga, nacido en Namur en 1899, y aunque exhiba la tez pálida de las gentes del norte, y algo de su flema, su semblante también puede iluminarse con una amplia sonrisa flamenca; y tiene una inesperada y encantadora risita.
-¿Ha suplantado para Michaux la pintura a la escritura como medio de expresión?
En absoluto. En los últimos años he realizado tres o cuatro exposiciones y he publicado tres o cuatro libros. Desde que hice mía la pintura hago más de todo, pero no al mismo tiempo. Escribo o pinto en períodos alternos. Empecé a pintar a mediados de la década de 1930, en parte como consecuencia de una exposición de Klee a la que asistí, y en parte a causa del viaje que hice a Oriente. En una ocasión, estando en Osaka, le pedí a una prostituta que me orientara y, para indicarme, me hizo un dibujo adorable. En Oriente todo el mundo dibuja.
El viaje supuso una experiencia capital en la vida de Michaux: de él nació Un bárbaro en Asia, además del descubrimiento de todo un nuevo ritmo de vida y creación.
Siempre pensé que habría otra forma de expresión para mí, pero jamás supuse que sería la pintura. Pero bueno, siempre me equivoco cuando se trata de mí. De joven estaba seguro de que quería ser marinero, y lo intenté durante una temporada; pero, sencillamente, no tenía el vigor físico necesario. Tampoco pensé nunca en escribir. C’est excellent, il faut se tromper un peu.
Por lo demás, me irritaba la parafernalia de la pintura. Los artistas actúan como prima donnas; se toman a sí mismos demasiado en serio, y tienen toda esa parafernalia: los lienzos, los caballetes, los tubos de pintura. Si pudiera elegir, preferiría ser compositor. Pero hace falta estudiar. Si hubiera algún modo de colocarse directamente ante un teclado… La música incuba mi insatisfacción. Mis dibujos a tinta grandes ya no son más que ritmo. La poesía no me satisface tanto como la pintura, pero es posible que existan otras formas.
-¿Cuáles son los artistas que más importan para Michaux?
-Me encanta la obra de Ernst y de Klee, pero por sí solos no habrían bastado para que yo empezara a pintar en serio. No admiro tanto a los estadounidenses, como Pollock y Tobey, pero lo cierto es que crearon un clima en el que podía expresarme. Son instigadores. Me concedieron la grande permission; sí, sí, eso es, la grande permission. Del mismo modo que no apreciamos tanto a los surrealistas por lo que escribieron como por autorizar a que todo el mundo escribiera lo que se le pasara por la cabeza. Y, por supuesto, los pintores clásicos chinos me enseñaron lo que se podía hacer con sólo unos pocos trazos, con sólo unos pocos signos. Pero no creo mucho en las influencias. Uno disfruta escuchando las voces de la gente en la calle, pero no resuelven tus problemas. Cuando algo es bueno te distrae de tu problema.
-¿Sintió Michaux que su poesía y su pintura eran dos formas diferentes de expresión de una única cosa?
-Ambas tratan de expresar una música. Pero la poesía también trata de expresar una verdad no lógica; una verdad diferente de la que se lee en los libros. La pintura es distinta; no tiene nada que ver con la verdad. En los cuadros creo ritmos, como si bailara. Eso no es una vérité.
Le pregunté a Michaux si sentía que su experiencia con la mescalina había tenido alguna consecuencia sobre su arte más allá de los dibujos que realizó bajo sus efectos, a los que denomina «dibujos mescalínicos» y que, con su hipersensible concentración de líneas insustanciales, como filamentos, en determinadas zonas ofrecen un aspecto muy distinto del que presenta la obra enérgica y abrupta que realiza en condiciones normales. «La mescalina incrementa tu atención por todo; por los detalles, por sucesiones tremendamente rápidas.»

Al describir una de estas experiencias en su reciente libro Paix dans les brisements, escribió:
Mi desazón era grande. La devastación era mayor. La velocidad era aún mayor… Una mano doscientas veces más ágil que la mano humana no habría bastado para seguir el acelerado curso de aquel inextinguible espectáculo. Y no se podía hacer nada más que seguirlo. Uno no puede concebir un pensamiento, un término, una figura, para elaborarlos, para que le sirvan de inspiración o de punto de partida para improvisar. Toda la energía se agota en ellos. Ese es el precio de su velocidad, su independencia.
También habló de la distancia sobrehumana que sentía bajo la influencia de la mescalina, como si pudiera observar la maquinaria de su propia mente desde cierta distancia. Esta distancia puede ser terrible, pero en una ocasión se tradujo en una visión de beatitud, la única de su vida, que describe en El infinito turbulento: «Contemplé miles de deidades […]. Todo era perfecto […]. No había vivido en vano […]. Mi existencia fútil y errabunda ponía pie, por fin, en la senda milagrosa…».
Este momento de paz y satisfacción carecía de precedentes en la experiencia de Michaux. No ha tratado de repetirlo: «Ya es bastante que haya sucedido una vez». Y no ha tomado mescalina en más de un año; al menos no «que él sepa». «Quizá la tome otra vez cuando vuelva a ser virgen», dijo. «Pero este tipo de cosas deberían experimentarse sólo de vez en cuando. Los indios fumaban la pipa de la paz únicamente en las grandes ocasiones. Hoy día la gente fuma cinco o seis paquetes de cigarrillos al día.
¿Cómo se puede experimentar algo de este modo?
La habitación había empezado a quedar a oscuras y, en el exterior, los árboles del jardín gris parecían pertenecer al fangoso territorio metafísico que describe en Mes propriétés. Señalé que en su obra apenas aparece la naturaleza. «Eso no es cierto», dijo. «En cualquier caso, los animales sí. Adoro los animales. Si alguna vez voy a su país, será sin duda para visitar los zoológicos» (su única visita a Estados Unidos la hizo siendo marinero en 1920, y sólo vio Norfolk, Savannah y Newport News).
En una ocasión, con motivo de una de mis exposiciones, pude disponer de dos horas libres en Francfort y escandalicé al director del museo pidiéndole que me enseñara el jardín botánico en lugar del museo. Lo cierto es que el jardín era adorable. Pero desde la experiencia con la mescalina los animales ya no me inspiran ningún sentimiento de fraternidad. El espectáculo de mi mente trabajando me hizo de algún modo más consciente de mi propia mente. Ya no siento empatía con un perro, porque él no tiene mente. Es triste…
Hablamos de los medios que utiliza. Aunque trabaja con óleo y acuarela, prefiere la tinta china. Son típicas de Michaux las grandes hojas blancas de papel de dibujo tachonadas por completo de pequeños nudos negros muy marcados, o con figuras vagamente humanas desperdigadas que evocaban alguna batalla o peregrinación desesperanzada. «Con la tinta china puedo hacer pequeñas formas muy intensas», decía. «Pero tengo otros planes para la tinta. Entre otras cosas, he estado pintando cuadros con tinta china sobre lienzo. Me entusiasma, porque con una misma pincelada, en un mismo instante, puedo ser al mismo tiempo preciso y difuso. La tinta es directa; no se corre ningún riesgo. No tienes que luchar contra las prisas del óleo, con toda la parafernalia de la pintura.»
En esos lienzos de los que habla Michaux suele pintar tres anchas franjas verticales utilizando poca tinta para producir un efecto desvaído. En ese medio difuso flotan docenas de figurillas desesperadamente articuladas: aves, hombres, tallos, animadas por la misma energía intensa de los dibujos, pero delineados de manera más deliberada.
Estos óleos parecen cumplir, mejor que sus demás obras, sus intenciones pictóricas tal como las formulaba recientemente en la revista Quadrum: En lugar de una imagen que excluye a las demás, me habría gustado dibujar los momentos que, uno junto a otro, se suceden y conforman una vida. Exponer la frase interior, una frase que no tiene palabras, para que la gente vea una soga que se desenrolla sinuosamente y que acompaña íntimamente a todo lo que nos afecta, ya sea desde el exterior o desde el interior. Quería dibujar la conciencia de la existencia y el flujo del tiempo. Como cuando te tomas el pulso.

viernes, julio 02, 2010

Poema: exorcismo por ardid*

Por Henri Michaux**

Harto extraordinario sería que de los miles de sucesos que acaecen cada año resultase una armonía perfecta. Siempre hay algunos que se atragantan, y que uno guarda dentro de sí, hirientes.
Una de las cosas que pueden hacerse: el exorcismo.
Toda situación es dependencia y cientos de dependencias. Sería inaudito que resultase de esto una satisfacción sin tacha o que un hombre pudiera, por muy activo que fuese, combatirlas a todas eficazmente en la realidad.
Una de las cosas que pueden hacerse: el exorcismo.
El exorcismo, reacción de poder, a modo de ataque con ariete, es el auténtico poema del prisionero. En el lugar mismo del sufirmiento y la manía se introduce tal exaltación, tan magnífica violencia, unidas al martillear de las palabras, que el daño se disuelve progresivamente y lo reemplaza una aérea ira demoníaca --¡maravilloso estado!
Muchos poemas contemporáneos, poemas de liberación, obran también uno de los efectos del exorcismo; mas un exorcismo por ardid. Por ardid de la naturaleza subconsciente que se defiende mediante una elaboración imaginativa apropiada: los sueños. Por ardid premeditado o tanteante, que busca su punto de aplicación óptimo: los sueños diurnos.
No sólo los sueños sino una infinidad de pensamientos son "para salir del apuro", e incluso sistemas filosóficos que se creían algo muy distinto fueron sobre todo exorcisantes.
Efecto liberador semejante, pero naturaleza por completo diferente.
Nada en ella de ese impulso de saeta, fogoso y como suprahumano del exorcismo. Nada de esa especie de torreta de bombardeo que se forma en los momentos en que el objeto que hay que rechazar se ha tornado casi eléctricamente presente y es mágicamente combatido.
Esta ascensión vertical y explosiva constituye uno de los momentos culminantes de la existencia. Por muchas veces que aconseje uno tal ejercicio a quienes viven a pesar suyo en dependencia desgraciada, siempre serán pocas. Pero resulta difícil encender el motor; solamente logra hacerlo la cuasi desesperación.
Como sabe el buen entendedor, los poemas del comienzo de este libro no están en absoluto escritos por odio a esto o aquello, sino para liberarse de infleuncias.
La mayoría de los textos que siguen son, en cierto modo, exorcismos por ardid. Su razón de ser: mantener en jaque a los poderes circundantes del mundo hostil.
*Prefacio del libro Adversidades, exorcismos. Traducc. Jorge Riechman. Editorial Poesía Cátedra, Madrid, 1988.
**Poeta y pintor francés de origen belga. Entre sus libros se cuentan: Quien fui (1924), Ecuador (1929), Un bárbaro en Asia (1932), Paz en los quebrantes (1959), El infinito turbulento (1957), Conocimiento en el abismo (1961), Las grandes pruebas del espíritu (1966). Murió el 19 de octubre de 1984.

lunes, noviembre 23, 2009

Henri Michaux: Tengo siete u ocho sentidos, uno de ellos el sentido de lo que falta

Muerte de un pájaro
Tenía un color magnífico; era un Carpintero,
Le descargué mis perdigones,
Pareció titubear, luego cayó sobre una ancha hoja de palmera.
Lo tomé en mi mano. Era así: oro, negro, rojo.
Lo palpé, le desplegué las alas, lo examiné minuciosa y largamente: Estaba intacto.
Debió morir de una conmoción súbita.

He nacido agujereado
Sopla un viento tremendo.
No es sino un pequeño agujero en mi pecho,
pero sopla en él un viento tremendo.
Pueblecito de Quito, tú no eres para mí.
Yo necesito odio, y envidia; ésta es mi salud.
Es una gran ciudad la que necesito.
Un gran consumo de envidia.

No es sino un pequeño agujero en mi pecho,
pero sopla en él un viento tremendo.
En el agujero hay odio (siempre), espanto también
e impotencia.
Hay impotencia y el viento está cargado de ella;
fuerte como los torbellinos,
rompería una aguja de acero,
y no es más que un viento sin embargo, un vacío.
¡Caiga la maldición sobre toda la tierra, sobre toda
la civilización, sobre todos los seres en la superficie
de todos los planetas, a causa de este vacío!
Un señor crítico ha dicho que yo no alimentaba
odio.
Este vacío, he ahí mi respuesta.
¡Qué mal se está, ay, en mi pellejo!
Siento la necesidad de llorar sobre el pan de lujo de la
dominación y del amor, sobre el pan de gloria
que está afuera.
Siento la necesidad de mirar por el cuadro de la ventana,
que está vacío como yo, que no se alimenta de nada.
Dije llorar: no, es un barreno a frío, que barrena,
barrena incansablemente,
como sobre una viga de haya en la que 200 generaciones
de gusanos se hubiesen legado esta herencia; "barrena, barrena..."
Esto ocurre a la izquierda, no digo que sea el corazón.
Digo agujero, y no digo más, es rabia y contra ella no puedo.
Tengo siete u ocho sentidos. Uno de ellos: el sentido
de lo que falta.
Lo toco y lo palpo como se palpa una madera,
una madera que sería más bien una gran selva de
esas que ya no se ven en Europa desde hace mucho.
Y esto es mi vida, mi vida en medio del vacío.
Si este vacío desaparece, yo me busco, enloquezco y
eso es todavía peor./Yo me he construido sobre una columna ausente.
¿Qué habría dicho el Cristo si hubiese estado hecho
de este modo?
Hay algunas de estas enfermedades que, si se las cura, no le dejan
nada al hombre.
Muere pronto, era demasiado tarde.
¿Puede acaso una mujer contentarse solamente con odio?
Si es así, amadme, amadme mucho y no dejéis de decírmelo,
y que alguna de vosotras me escriba.
¿Pero qué significa este ínfimo ser?
Casi no lo había advertido.
Ni dos nalgas ni un gran corazón pueden llenar mi vacío.
Ni ojos llenos de Inglaterra y de ensueños, como suele decirse.
Ni una voz cantante que dijese completivo y calor.

Los estremecimientos encuentran en mí un frío siempre alerta.
Mi vacío es un gran glotón, gran moledor, gran aniquilador.
Mi vacío es algodón y silencio.
Silencio que todo lo detiene.
Un silencio de estrellas.
Y aunque ese agujero es profundo carece totalmente de forma.
Las palabras no lo encuentran,
chapotean a su alrededor.
Siempre he admirado a esos que por creerse revolucionarios
se consideraban hermanos.
Hablaban los unos de los otros con emoción: chorreaban como sopa.
Eso no es odio, amigos míos, eso es gelatina.
El odio es siempre duro,
hiere a los demás,
pero también desgarra al hombre en su interior,
continuamente.
Es el reverso del odio.
Y no hay nada que hacer. No hay nada que hacer.

(De Ecuador, 1929)

Mi vida
Te vas sin mí, vida mía.
Ruedas,
mientras yo espero dar un paso todavía.
Siempre libras la batalla en otra parte.
De ese modo, me abandonas.
Nunca te he seguido.

Nada claro vislumbro en tus ofrecimientos.
Lo muy poco que ansío, nunca lo traes.
A causa de ese olvido, ¡es tanto a lo que aspiro!
A tantas cosas, casi al infinito…
A causa de ese poco que falta, que tú nunca traes.

(De La noche se agita, 1934)

*Poemas extractados del libro Michaux, poemas (Fabril Editora, 1959). Traducción Lysandro Galtier.

lunes, abril 27, 2009

Poema: exorcismo por ardid*

Por Henri Michaux**
Harto extraordinario sería que de los miles de sucesos que acaecen cada año resultase una armonía perfecta. Siempre hay algunos que se atragantan, y que uno guarda dentro de sí, hirientes.
Una de las cosas que pueden hacerse: el exorcismo.
Toda situación es dependencia y cientos de dependencias. Sería inaudito que resultase de esto una satisfacción sin tacha o que un hombre pudiera, por muy activo que fuese, combatirlas a todas eficazmente en la realidad.
Una de las cosas que pueden hacerse: el exorcismo.
El exorcismo, reacción de poder, a modo de ataque con ariete, es el auténtico poema del prisionero. En el lugar mismo del sufirmiento y la manía se introduce tal exaltación, tan magnífica violencia, unidas al martillear de las palabras, que el daño se disuelve progresivamente y lo reemplaza una aérea ira demoníaca --¡maravilloso estado!
Muchos poemas contemporáneos, poemas de liberación, obran también uno de los efectos del exorcismo; mas un exorcismo por ardid. Por ardid de la naturaleza subconsciente que se defiende mediante una elaboración imaginativa apropiada: los sueños. Por ardid premeditado o tanteante, que busca su punto de aplicación óptimo: los sueños diurnos.
No sólo los sueños sino una infinidad de pensamientos son "para salir del apuro", e incluso sistemas filosóficos que se creían algo muy distinto fueron sobre todo exorcisantes.
Efecto liberador semejante, pero naturaleza por completo diferente.
Nada en ella de ese impulso de saeta, fogoso y como suprahumano del exorcismo. Nada de esa especie de torreta de bombardeo que se forma en los momentos en que el objeto que hay que rechazar se ha tornado casi eléctricamente presente y es mágicamente combatido.
Esta ascensión vertical y explosiva constituye uno de los momentos culminantes de la existencia. Por muchas veces que aconseje uno tal ejercicio a quienes viven a pesar suyo en dependencia desgraciada, siempre serán pocas. Pero resulta difícil encender el motor; solamente logra hacerlo la cuasi desesperación.
Como sabe el buen entendedor, los poemas del comienzo de este libro no están en absoluto escritos por odio a esto o aquello, sino para liberarse de infleuncias.
La mayoría de los textos que siguen son, en cierto modo, exorcismos por ardid. Su razón de ser: mantener en jaque a los poderes circundantes del mundo hostil.
*Prefacio del libro Adversidades, exorcismos. Traducción, Jorge Riechman. Editorial Poesía Cátedra, Madrid, 1988.
**Poeta y pintor francés de origen belga. Entre sus libros se cuentan: Quien fui (1924), Ecuador (1929), Un bárbaro en Asia (1932), Paz en los quebrantes (1959), El infinito turbulento (1957), Conocimiento en el abismo (1961), Las grandes pruebas del espíritu (1966). Murió el 19 de octubre de 1984.

viernes, abril 24, 2009

El piano*, de Henri Michaux**

Compañero que no me observa, que no me evalúa,
que no toma nota, que no conserva huellas, compañero
que no exije, que no me obliga a prometerle nada.
Con él, todo tan simple.
Yo me acerco. Él está listo.
Yo traigo la obsesión, la tensión, la opresión.
Él canta.
Yo traigo la situación irremediable, el vano despliegue
de esfuerzos, el fracaso de todo junto con la mezquindad, las
precauciones llevadas por el viento, por el fuego, por el fuego,
sobre todo por el fuego:
Él canta.
Yo traigo la inundación de sangre, el rebuzno de los asnos contra
la paz, los campos, el trabajo forzado, la miseria, los prisioneros
de la familia, las cosas a medias, los amores a medias, las vacas
flacas, los hospitales, los interrogatorios policiales, los lentos
agonizantes de las aldeas perdidas, los amargos vivientes,
los dañados, aquellos que derivan conmigo sobre la helada
y loca ladera:
Él canta.
Yo acarreo todo en desorden, sin saber lo que traigo, de quién,
para quién, quién habla en la cesta de las llagas:
Él canta.
* Texto incluido en el libro Passages (Gallimard, París, 1963).
* Poeta y pintor nacido en Bélgica en 1899 y nacionalizado francés. Murió en 1984.

martes, agosto 28, 2007

Poema: exorcismo por ardid*



Por Henri Michaux**




Harto extraordinario sería que de los miles de sucesos que acaecen cada año resultase una armonía perfecta. Siempre hay algunos que se atragantan, y que uno guarda dentro de sí, hirientes.
Una de las cosas que pueden hacerse: el exorcismo.
Toda situación es dependencia y cientos de dependencias. Sería inaudito que resultase de esto una satisfacción sin tacha o que un hombre pudiera, por muy activo que fuese, combatirlas a todas eficazmente en la realidad.
Una de las cosas que pueden hacerse: el exorcismo.
El exorcismo, reacción de poder, a modo de ataque con ariete, es el auténtico poema del prisionero. En el lugar mismo del sufirmiento y la manía se introduce tal exaltación, tan magnífica violencia, unidas al martillear de las palabras, que el daño se disuelve progresivamente y lo reemplaza una aérea ira demoníaca --¡maravilloso estado!
Muchos poemas contemporáneos, poemas de liberación, obran también uno de los efectos del exorcismo; mas un exorcismo por ardid. Por ardid de la naturaleza subconsciente que se defiende mediante una elaboración imaginativa apropiada: los sueños. Por ardid premeditado o tanteante, que busca su punto de aplicación óptimo: los sueños diurnos.
No sólo los sueños sino una infinidad de pensamientos son "para salir del apuro", e incluso sistemas filosóficos que se creían algo muy distinto fueron sobre todo exorcisantes.
Efecto liberador semejante, pero naturaleza por completo diferente.
Nada en ella de ese impulso de saeta, fogoso y como suprahumano del exorcismo. Nada de esa especie de torreta de bombardeo que se forma en los momentos en que el objeto que hay que rechazar se ha tornado casi eléctricamente presente y es mágicamente combatido.
Esta ascensión vertical y explosiva constituye uno de los momentos culminantes de la existencia. Por muchas veces que aconseje uno tal ejercicio a quienes viven a pesar suyo en dependencia desgraciada, siempre serán pocas. Pero resulta difícil encender el motor; solamente logra hacerlo la cuasi desesperación.
Como sabe el buen entendedor, los poemas del comienzo de este libro no están en absoluto escritos por odio a esto o aquello, sino para liberarse de infleuncias.
La mayoría de los textos que siguen son, en cierto modo, exorcismos por ardid. Su razón de ser: mantener en jaque a los poderes circundantes del mundo hostil.

*Prefacio del libro Adversidades, exorcismos. Traducción, Jorge Riechman. Editorial Poesía Cátedra, Madrid, 1988.
**Poeta y pintor francés de origen belga. Entre sus libros se cuentan: Quien fui (1924), Ecuador (1929), Un bárbaro en Asia (1932), Paz en los quebrantes (1959), El infinito turbulento (1957), Conocimiento en el abismo (1961), Las grandes pruebas del espíritu (1966). Falleció el 19 de octubre de 1984.