sábado, marzo 14, 2020

Edgar Bayley Poemas






La Claridad


Me ha tentado siempre la claridad
Y la claridad se me ha negado a veces
Como un pájaro que vuela en sueños
Y cae y sigue cayendo
Sin volar
Como peso muerto

Me ha tentado siempre la claridad
Especialmente la claridad de las hojas del saúco
También la claridad del guijarro
Y de las ramas del abeto
Y la rápida y voraz claridad de una salamandra

He querido tener claridad para mirar
Los terrones del campo recién removido
Y para mirar también el mismo arado
Y el agua que se desliza límpida por la acequia

Claridad he querido para recorrer tantos sueños
Y glorias y poderes y dispersas situaciones y gentes
Y para estar en el aire sin ausentarme del fuego

Me ha tentado siempre la claridad
De estar totalmente en cada flor
En cada herida o condena o semilla
He querido tener claridad para vivir

Y cuando al fin pude definir la claridad que yo buscaba
Advertí cuánto sueño y plumón y roja tierra
Y confusión y olvido hacen falta para comprender claramente
Y estar aquí con total lucidez sentado a la vera del camino
Avivando el fuego bajo el cielo y el polvo de las horas

Y como me ha tentado siempre la claridad
Aquella vez cuando bajo un abierto y extendido sol
Comenzaron a encresparse las aguas de la bahía
Hasta adquirir un tinte violáceo
Y un gran pájaro blanco surgió de repente de entre las nubes
Batiendo sus alas y revoloteando suavemente a mi alrededor
Decidí que era el momento de arrojar estas palabras al mar
Porque la claridad que tanto he buscado
Sólo está en algunos silencios
En algunos espacios en blanco
Antes y después de unas pocas y triviales palabras


Un sol


No hay una naranja perfectamente redonda
No hay un día perfecto
Hay un sol para los que han peleado
contra las sombras
sin rendirse jamás
de noche
de día
a orillas del lago
bajo el sicómoro y el sauce
entre las rocas y las anémonas
Para ellos hay —habrá— un sol
porque han peleado contra las sombras
contra su propia oscuridad
su turbia lámpara
su ignorante desgano
Para ellos
habrá un sol
pero no hay
no habrá nunca un día perfecto
una naranja perfectamente redonda


Un hombre trepa por las paredes y sube al

Colgado de una soga
el hombre que escala las paredes
tiene fuertes zapatones con clavos
Escala las paredes
porque ha olvidado las llaves de su casa
y mientras escala las paredes
hasta llegar al piso trece
se detiene algunos momentos
en los balcones de cada piso
donde aspira el olor de los geranios
las madreselvas
las hortensias
y los malvones
Hay sol
gallardetes
vendedores ambulantes
y más allá está el río
y más allá los puentes
por donde se va a la pampa
Abajo están los niños
que salen de las escuelas
y por el cielo pasan aviones y pájaros
y sombreros de anchas alas
que el viento arrancó a los desprevenidos
La soga ha sido atada a la viga
que sobresale en la azotea
Un hombre la ciñó a su cintura
y asciende tomándose de la soga
con sus manos enguantadas
Usa un chaleco floreado y una gorra a cuadros
Debe llegar al piso trece
donde tiene que regar unos claveles
pisar maíz
escribir unas cartas
y preparar una cazuela
Sube lentamente
y en cada piso se detiene un rato para descansar
Entra en el balcón de cada piso
y se sienta en un sillón
o se extiende sobre una reposera
y conversa con la vecina o los vecinos
y acepta un café o un mate
o deja caer un chorro de una bota de vino
en su garganta
o juega a las cartas
o escucha confidencias y da consejos
y cuenta algún episodio de su vida
hasta que saluda y se va
y sigue trepando por las paredes
colgado de una soga
Es el hombre que tiene fuertes zapatones con clavos
y un chaleco floreado y una gorra a cuadros
que olvidó las llaves de su casa
y aspira el olor de los geranios
y debe llegar al piso trece
antes de que aparezcan los buhos
y se iluminen las ventanas
Están los pájaros y el río allá lejos
y el césped del parque
y los caballos que galopan por la llanura
y esta silla desvencijada
y la bañera
fuera de uso
llena de tierra y de flores
y el mar y el navio que se acerca
y la lagartija que se escurre entre las rocas
y el vendedor de diarios que desde abajo
le grita consejos y advertencias
mientras el hombre vuela
asciende
conquista cada piso con esfuerzo
y mira siempre hacia arriba
la tierra está lejos
el cielo está lejos
El hombre que trepa por las paredes
colgado de una soga
cuando entra en una casa por el balcón
es bien recibido por los vecinos
y él trata de ser útil
pero en uno de los pisos
una mujer inesperada
que es una sola
y al mismo tiempo
todas las mujeres de su vida
le pide que la lleve con él
Entonces ella se ata también con la soga
y sube con el hombre
más allá del piso trece
hacia las nubes
el aire libre
el cielo
el viento
entre los geranios
las sombrillas
las reposeras
sobre puentes y puestos de diarios
y mástiles
y enredaderas
y algunas gotas
y semillas
y sueños
con su gorra a cuadros
con su chaleco floreado
con su enamorada de siempre

Edgar Maldonado Bayley (Buenos Aires, 1919-agosto de 1990) fue poeta, traductor, cuentista, ensayista, editor y dramaturgo. A partir de 1945 elegiría el nombre de Edgar Bayley para firmar su obra literaria.  Hermano del artista plástico, diseñador y arquitecto Tomás Maldonado.
Bayley fue ante todo poeta y uno de los teóricos que más profunda y lúcidamente reflexionaron acerca de la poesía en América Latina. Escribió ocho libros de poemas (En común, 1949), La vigilia y el viaje (1958),  Ni razón ni palabra (1961),  El día (1968), Celebraciones (1976), Nuevos poemas (1981), Alguien llama (1983) Libro de  relatos (Vida y memoria del doctor Pi), dos de ensayos (Realidad interna y función de la poesía (1966)  y Estado de alerta y estado de inocencia, 1989) y tres piezas teatrales (Burla de Primavera (1951), Farsa de Isopete y El sastre y Dulioto (1951 y 1953), todos ellos reunidos, junto a otros textos no incluidos en libro o inéditos, en el volumen Obras, publicado por Grijalbo Mondadori en 1999. Nuevos poemas (1981), Alguien llama (1983)
Desde 1947 hasta su jubilación en1980 trabajó en la Biblioteca de la Caja de Ahorro y Seguro. Falleció en Buenos Aires en agosto de 1990.
Perteneció a múltiples formaciones culturales entre 1940 y 1960. De la revista Arturo (1944) a Poesía Buenos Aires (1950-1960) hasta Zona de la poesía Americana (1963-1964). Durante la segunda mitad de los años 40 integró con otros poetas y pintores uno de los más importantes movimientos de vanguardia de la Argentina, el "Invencionismo". Bayley es considerado como un espíritu rector del  "Invencionismo" argentino. En un comienzo, tomó las ideas de Vicente Huidobro y las desarrolló como "... la creación de una realidad propia en el poema y una negación vigorosa de la melancolía".




martes, marzo 10, 2020

Taller de Lectura de Poesía Marzo 2020




Imagen extraída de Biblioteca Ignoria. No figura nombre autor/a


Taller de lectura de Poesía Marzo 2020
Autor elegido: Edgar Bayley
Lugar: Caballito
Comienzo: Jueves 12 de Marzo 2020
Horario: 19 a 21
Modalidad: taller grupal, cuatro reuniones de dos horas cada una
Coordina: María del Carmen Colombo
Interesados escribir a: cotocolombo@gmail.com

miércoles, marzo 04, 2020

Taller de Lectura de Poesía-Marzo 2020






Taller de lectura de Poesía Marzo 2020

Autor elegido: Edgar Bayley
Lugar: Caballito
Comienzo: Jueves 12 de Marzo 2020
Horario: 19 a 21
Modalidad: taller grupal, cuatro reuniones de dos horas cada una
Coordina: María del Carmen Colombo
Interesados escribir a: cotocolombo@gmail.com

lunes, febrero 24, 2020

Pier Paolo Pasolini


“La poesía no es una mercancía porque no es consumible. Es hora de decirlo: este parangonar la obra con un producto y a sus destinatarios como consumidores puede ser una metáfora divertida e ingeniosa. Pero nada más opuesto a la verdad. Antes bien, quien se atreve a decir en serio una cosa semejante no es sino un imbécil. La poesía no se produce “en serie”: no es, en consecuencia, un producto. Y el lector de poesía puede leer hasta un millón de veces un poema: jamás lo consumirá. Por el contrario, y por extraño que parezca, acaso a la millonésima vez es posible que le parezca más extraño, nuevo y escandaloso que la primera. La poesía no es un valor meta histórico porque ni se escribe ni se lee fuera de la historia. Es en todo caso, híper histórica porque su carga de ambigüedad no se agota en ningún momento histórico concreto.”


 De la nota, 23 de febrero de 2020

Las tribulaciones de Pier Paolo Pasolini 

La rabia del marginado

Sadie Madhur: Pequeño mamífero eléctrico




"Hay topos alrededor del mundo, hay caballos,
hay nutrias. Hay patos alrededor del mundo, hay
murciélagos por todos lados. Hay unos blancos que
parecen de peluche. Son osos
pequeños y otros inventos de costureras creativas.
Hay de todo en el mundo. Hay miles de seres, de
reinos, de cosas animadas e inanimadas."


domingo, febrero 09, 2020

Jacobo Fijman: El canto del cisne




EL CANTO DEL CISNE

Demencia:
el camino más alto y más desierto.

Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.

Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia.

El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.

Cuerdas de los silencios más eternos.

Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.

¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?

Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡Piedad!


*De su libro Molino rojo, 1926.
**  (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970). 

viernes, enero 31, 2020

TALLER DE LECTURA DE POESÍA FEBRERO 2020


TALLER DE LECTURA DE POESÍA FEBRERO 2020



Autor elegido: Jacobo Fijman
Libro elegido: Molino rojo
Cuatro reuniones de dos horas cada una
Jueves de 19 a 21
Inicio jueves 13 de febrero 2020
Coordina María del Carmen Colombo
Inscripciones: cotocolombo@gmail.com

jueves, enero 23, 2020

Vallejo, César: TEORÍA DE LA REPUTACIÓN


He estado en la famosa taberna Sztaron de la calle de Seipel, en Budapest, taberna, según se murmura, de una secreta firma bolchevique y cuyo gerente, Ossag Muchay, es tan cortés con la clientela. Muchay ha estado conmigo un gran rato, conversando y bebiendo absintio de Viena, esa distilación religiosa y armada, color de convólvulo, que extrae de una extraña gramínea salvaje, llamada dístilo dormido. La taberna, esta tarde, se ha visto visitada por muy contados parroquianos, que entraban, estirando los miembros, bebían malvadamente ante el mostrador y se iban con gran perfección. Dos muchachas jugaban en un rincón de la planta baja, un juego de dulce de hierro,3 con pequeñas tortugas de capa y cintas de colores. A la entrada de la misma sala, platicábamos el buen Muchay y yo. Hablábamos de las supersticiones del Asia Menor, de las salobres ciencias de aprehensión, de las hechicerías.
Me despedí de Muchay y abandoné la taberna. Avancé hacia la esquina y tomé la calle de Praga, que apareció invadida de gente. La multitud observaba por sobre los tejados las maniobras de la policía. Enteréme, por crecidas puntuales y menguantes de viñeta, que se perseguía a un delincuente de un alto delito, que nadie sabía precisar. Un grupo de gendarmes salió de una de las torres de la iglesia de Ravulk, conduciendo preso a un hombre. Al descender el prisionero las gradas del atrio, pude verle entre la muchedumbre, trajeado de una pelliza en losanges, los ojos enormes, perrazo de gran estimación, que acabase de morder a una reina.
Hasta el comisariado fui detrás de esta gente. El comisario interrogó al preso, en tono de legal indignación:

––¿Quién es usted? ¿Cuál es su nombre?
––Yo no tengo nombre, señor, ––dijo el preso.
Se ha averiguado en Loeben, aldea donde vivía el aherrojado, por su nombre, sin conseguirlo. Nadie da razón de nada que se relacione con sus antecedentes de familia. En sus bolsillos tampoco se ha sorprendido papel alguno. Lo único que está probado es que vive en Loeben, porque todo el mundo le ha viso allí a diario, caminar por las calles, sentarse en los garitos, leer periódicos, conversar con los transeúntes. Pero nadie conoce su nombre. ¿Desde cuándo vivía en Loeben? Se ignora, por otro lado, si es húngaro o extranjero.
He vuelto a la taberna de Ossag Muchay y le he referido el caso en todos sus detalles y aun dándole la filiación minuciosa del preso. Muchay me ha dicho:
––Ese individuo carece, en verdad, de nombre. Soy yo quien guarda su nombre. ¿Quiere usted conocerlo?


Me tomó por el brazo, subimos al segundo piso y me condujo a un escritorio. Allí extrajo de un diminuto estuche de acero un retazo de papel, donde aparecía, en trazos gruesos y resueltos, pero tan enredados que era imposible descifrarlos, una firma delineada con tinta verde rana, de la que usan los campesinos de Hungría. Argumenté a Muchay:
––¿Se puede acaso tomar el nombre de una persona y esconderlo en un estuche, como una simple sortija o un billete...?
––Ni más ni menos, ––me respondió el tabernero.
––¿Y qué explicación tiene todo esto? ¿Cuál es, en resumen, ese nombre?
––Usted ni nadie puede saberlo, pues este nombre es ahora de mi exclusiva posesión. Puede usted conocerlo, mas no saberlo...
––¿Se burla usted de mí, señor Muchay?
––De ninguna manera. Aquel hombre perdió su nombre y él mismo, aunque quisiera darlo, no puede ya saberlo. Le es absolutamente imposible, en tanto no tenga en su poder la firma que usted está viendo aquí.
––Pero si él la trazó, le será fácil trazar otra y otras.

––No. El nombre no es sino uno solo. Las firmas son muchas, sin duda, mas el nombre está en una sola de las firmas, entre todas.
Sus inesperadas sutilezas de billar, empezaron a hacerme palos. Muchay, en cambio, hablaba sin vacilaciones. Encendió su pipa con dos centellas de pedernal croata. Cerró su estuche de acero y me invitó a bajar.
––La vida de un hombre, ––me dijo, descendiendo la escalera––, está revelada toda entera en uno solo de sus actos. El nombre de un hombre está revelado en una sola de sus firmas. Saber ese acto representativo, es saber su vida verdadera. Saber esa firma representativa, es saber su nombre verdadero.
––¿Y en qué se funda usted para creer que la firma que usted posee, es la firma representativa de ese hombre? Además, ¿qué importancia tiene el saber el nombre verdadero de una persona? ¿No se sabe, acaso, el nombre verdadero de todas las personas?
––¿Escuche usted, ––me argumentó Muchay, dando inflexión prudente a sus palabras––, el nombre verdadero de muchas personas se ignora. Esta es la causa por la cual, en lugar de apresar al obrero de Loeben, no se ha apresado al patrón de la fábrica donde éste trabaja.
––Pero usted sabe el delito de que se le acusa?
––De un atentado contra el Regente Horthy.
Bajé los ojos, dando viento a mis órganos medianos y me quedé Vallejo ante Muchay.

Walter Benjamin: Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los humanos


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lunes, diciembre 09, 2019

Maria Julia de Ruschi Ordalía del agua (plaquette)




                                               parece que vuesa merced debe ir adelante por el ahora,
                                           en cuanto tenemos la flor del verano en la mano
                                                                           Andrés de San Martín




La muerte fuera del tiempo 

madre,
el tiempo ha lavado a la muerte de toda manchacorrí desde las naves hacia las estrellascorrí desde las naves sobre el agua limpia,
purísima, iluminadahasta el horizontegusto a sangre en mi garganta,
los ojos cegados por el resplandorcorrí la lanza en ristre, belicoso,
la música del solestallando bajo el yelmomadre, la luz se convirtió en serpientesque se anudaron a mis piernas, a mi cinturamadre, la muertelavada de toda mancha me miróy yo miré hacia los barcosy vi a un niño que iba a cazar pájarosla sangre se escurrió entre mis dedosy vi a mi perro esperándome, jadeantey salí corriendo al huertomientras maduraba la muerteentre las hojasmadre,
la gloria, el saltoel relámpago en el pechola paz


Los marineros

 ―Soy Pedro, los dientes rotosun solo ojoel otro se lo llevó la gaviota en el picomi  madre a los doce nos expulsabacomo animalesdormía a la sombra de los barcosapoyada la cabeza sobre un rollo de cuerdas                   y arropado en el manto de las estrellas ―Y yo soy Juan, flacos los dientes
el ojo turbio y la lengua torpeajmaríla risa grande hueca amarga malade no haber sido acunadoajmaría nosotros los marinerosnos necesitan los capitanespara ignorarnos no hay manta¡no tengas frío!
no hay pan¡no tengas hambre!y si dicen“perdióse más de la mitad de la tripulación”esos somos nosotrosajmarí:
las estrellas de tu manto  

        La partida

                                       li capitani sui lo odiavano molto
                                                   Antonio Pigafetta  
Magalhais siempre extranjero
hacer crecer el tiempo
a razón de mil inexactitudes por segundo
telarañas
que soñaron astrónomos,
comerciantes y locos
ambiciosos, traidores
y navegantes por vocación o por la fuerza
Magalhais siempre extranjero
abre los portulanos sobre las rodillas del mar
y su voluntad desesperada
vuela ya, ya ha llegado, ya pisó cielo
el astrologus sensible de otra manera
a los ultrajes monárquicos
le calienta la cabeza
y el capitán está harto
del artero don Faleiro
su noche de sabiduría quedará en el muelle
y el sol le devorará en silencio el mapa de los ojos
horóscopos, cartas astrales,
naufragios y susceptibilidad de cuartos húmedos
en el barrio del puerto
ambos comerán de la mano de los monarcas
y morderán las manos de los monarcas
y las manos de los monarcas jugarán con ellos
así en la tierra como en el mar
mientras aquel a quien el sueño levanta
por encima de todos los desaires
y agrias certidumbres robadas en noches
de cacería delirante
ese, el señor de los señores,
el que no llegará pero hará llegar a todos
Moisés de suntuosas quimeras
engaña sutilmente a reyes, constelaciones y
parte suavemente de las orillas del mundo,
se aleja poco a poco
poco a poco
a la locura que le da sus laureles, que lo pierde
                     così voleva la sua infelice sorte


* María Julia De Ruschi nació en Buenos Aires. Poeta, traductora, ensayista. Publicó los siguientes libros de poesía: Polvo que une (1975), Et amava (1982), Artemis cantando, Artemis (1982) traducido, La mujer vacilante (2003), Salir de Egipto (2007) y Nada escrito (hilos, 2010). Codirigió la colección de poesía “el imaginero” e integró el Consejo Asesor de hilos editora. 




miércoles, noviembre 27, 2019

Taller de Lectura de Poesía- Enero 2020

Taller de Lectura de Poesía- Enero 2020



Autor elegido: César Vallejo

Libros: Los heraldos negros y Trilce
Cuatro reuniones de dos horas
Inicio: jueves 2 de enero de 2020, a las 19
Lugar: Caballito
Coordina: María del Carmen Colombo
Consultas e inscripciones: cotocolombo@gmail.com