jueves, agosto 30, 2018
lunes, agosto 27, 2018
Choi Seung-Ho: Gusano de seda
GUSANO DE SEDA
Los gusanos de seda son seres que meditan recluidos. Como metiéndose en una trampa construida por ellos mismos, se meten en la cueva blanca, cierran la puerta y esconden silenciosamente sus cuerpos. En esos momentos solitarios de gusano encogido, empieza la transformación de la existencia. Sus células se alinean de nuevo y aparecen las alas que no poseían. ¿Esa misteriosa transformación habría sido posible sin la fuerza del sueño? Un día, esa cara de claridad solar matutina, sale abriendo la caverna. Como afectado por una mortificación, tan sólo después de la dolorosa noche de alquimia, empieza el aleteo de esos habitantes del cielo. No existe el rey de los gusanos de seda que perfore la salida desde afuera. Los gusanos de seda saben que siempre tienen que perforar por sí mismos la pared y que deben hacerlo desde adentro.
.
(Véase Autobiografía de hielo de Choi Seung-Ho. Traducción: Kim Un-kyung. Revisión
Olivero Coelho. bajo la luna/POESÍA)
** Poema copiado del muro de facebook de Horacio Tubbia.
domingo, agosto 26, 2018
Héctor G. Oesterheld: “El cristal de Marte”
"En
algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy
extraño.
Si
alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más
adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen
arder, son tus pensamientos.
Si
oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos
adquirirán claridad y justeza deslumbrantes, descubrirás de un golpe la clave
del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último porqué.
En
algún lugar de Marte se halla ese cristal.
Para
encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables arenales.
Sabemos,
también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo, el cristal se
disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre los dedos.
Sabemos
todo eso, pero lo buscamos igual."
*Texto
copiado del muro de Facebook de la poeta Iris Alejandra Giménez.
**Héctor Germán Oesterheld (Buenos Aires, 1919 –
desaparecido por la última dictadura argentina en 19771
y asesinado por los militares en 1978). Guionista de historietas y escritor
argentino. Escribió numerosos relatos breves de ciencia ficción y novelas, y
publicó en revistas como Misterix, Hora Cero y Frontera, siendo sus series más
conocidas Sargento Kirk, Bull Rocket y sobre todo El Eternauta, la que es
considerada su obra maestra.
lunes, agosto 20, 2018
Liliana Ponce: Aquí, ayer y mañana Notas sobre Hay que dejar de ser hermosas, de Mónica Tracey
En
las praderas inmutables zumbaba desde el alba hasta la noche una
vida
siempre nueva. Frente al cielo cambiante la fidelidad se
distinguía
de la rutina, y envejecer no era necesariamente renegarse.
Simone
de Beauvoir, Memorias de una joven formal
Hay
que dejar de ser hermosas
es un título inquietante, incita tal vez, a ciertas preguntas y reflexiones,
pero me referiré a él más adelante y comenzaré con otros aspectos del libro.
Todo el texto se presenta como
compacto, coherente, imbuido de cierta melancolía en el seno de algunas
certezas implacables sobre lo que implica el devenir de la vida humana, y en
sentido más estricto, el devenir en el cuerpo femenino. Lentamente, el sujeto poético
se sumerge en la comprensión de la impermanencia, y la aceptación que se va imponiendo
respecto de los cambios. Pero también nos habla, de modo sesgado, de heridas
sufridas, y lo hace en curvas ascendentes y descendentes, que avanzan mediante resonancias
en la memoria, y se detienen.
Sin embargo, lejos están los
poemas de una enunciación de premisas obvias: su poesía permite que eso emerja
en las palabras, las frases y las imágenes, tan cercanas como sutiles.
El
libro está dividido en tres partes, sin título diferencial para cada una, como
tampoco tienen título los poemas. No obstante, cada parte se diferencia de la
otra dentro de una estructura de íntima conexión. Así, el recorrido de los
textos fluye en su hilo lanzado al aire, al oído y al ojo, en su soporte de
poemas.
La
primera parte se instala en el presente – el presente donde el sujeto poético
(en primera persona) se somete a la observación de una ordenada naturaleza,
cuyos objetos son árboles, plantas, a veces pájaros. Ver, contemplar lo que
rodea, nombrar esos elementos apenas adjetivados, van reforzando una suerte de
desnudez –la ausencia de emociones
indica, paradójicamente, el giro hacia el yo en su dimensión del ahora sin proyecciones,
del estar, que se observa en varios versos.
Muchos poetas a través de la
literatura y desde distintos ángulos, han buscado (y a veces encontrado) las
señales de una naturaleza a la que lo humano se contrapone o, inversamente, se
identifica. Cuando leí los poemas de la primera parte de Hay que dejar de ser
hermosas, vinieron a mi mente textos de autores del trascendentalismo norteamericano,
como Ralph W. Emerson y Henry D. Thoreau, que vieron en la fuerza que la
naturaleza otorga, un punto de partida para percibir la pertenencia cósmica, y simultáneamente,
la libertad interior.
Decía Emerson en su
emblemática obra Naturaleza: “Yo no estoy a solas cuando leo y escribo, aunque
nadie esté conmigo. Si el hombre ha de estar solo, que mire las estrellas”; y
Thoreau en la contestataria Una vida sin principios: “Observar de verdad el
amanecer y el atardecer cada día, recordando que nos relacionamos con un hecho
universal, nos preservaría cuerdos para siempre”. Así, en esta primera parte,
Mónica Tracey se instala en el presente y las escasas acciones indican el
disfrute y la entrega a la soledad, aventura imprescendible para trazar el
poema.
La
segunda parte pareciera concentrarse sobre el eje del cuerpo. El sujeto poético
se introduce en su imagen y la percepción propia mediante la figura de la
bailarina, en lo que representa la habilidad de su dominio y el equilibrio de
su estética. Los poemas interrogan la disciplina previa a su danza –quizá real,
quizá metafórica– e invocan el momento del goce de los pasos, ese que borra la
memoria del aprendizaje para someterse al presente de cada movimiento.
Lentamente nos va dirigiendo del temor que emana de lo físico, a lo simbólico
de la boca sin saliva, al hallazgo de la palabra.
La
tercera parte está atravesada por lo amoroso –amor en los espejos femeninos de
la madre y las hermanas–; o el amor sereno y asombrado de la madurez, que se reencuentra
después de íntimas heridas. Así, lo femenino y lo masculino, eros y lazos sanguíneos,
colocan al amor en la superficie de lo vital como ofrenda y como esperanza.
El
tiempo se expande y se detiene, retrocede, reconstruye experiencias y recuerdos
en una especie de fraccionados mosaicos en los que la figura del viaje registra
vivencias que emana de lo físico, a lo
simbólico de la boca sin saliva, al hallazgo de la palabra.
La tercera parte está
atravesada por lo amoroso –amor en los espejos femeninos de la madre y las
hermanas–; o el amor sereno y asombrado de la madurez, que se reencuentra
después de íntimas heridas. Así, lo femenino y lo masculino, eros y lazos sanguíneos,
colocan al amor en la superficie de lo vital como ofrenda y como esperanza.
El tiempo se expande y se
detiene, retrocede, reconstruye experiencias y recuerdos en una especie de
fraccionados mosaicos en los que la figura del viaje registra vivencias
pasadas, y también es indicio de la fugacidad del instante.
En
relación al sujeto poético hay diferencia entre las tres partes del libro,
aunque en todas está en primera persona. En la primera parte, su aparición es
casi subliminal, se asoma en pocos poemas de modo específico. En la segunda y
la tercera, su presencia es más concreta, la percepción del propio cuerpo
transportado en la imagen de la bailarina va recorriendo los versos.
Me
parece que el tópico, la clave, que se eleva por encima de todo el libro y que
sujeta a todos sus poemas, es el tiempo y su transcurrir, desplegado en sus
tres niveles: presente, pasado y futuro. El presente atraviesa la primera parte
–un estar, un ahora, que se refleja en las imágenes, a menudo silenciosas–; es
observación y registro de una naturaleza que se impone, no por magnificencia
sino por la misteriosa belleza que oculta el mundo vegetal en lo simple y
múltiple a la vez. El pasado es esa especie de calle que se recorre en la
memoria. Hay escenas del tiempo dentro del tiempo y su coincidencia en
fragmentos de viajes.
El futuro está lanzado en el
propósito, y también el deseo.
En
todo el desarrollo del libro, la lengua –así nombrada–, se escurre en muchos
versos. La lengua en tanto órgano o como metáfora, citada como palabra o signo
del discurso poético. Y está presente como deseo de resolución, porque es lo
que permite expresarse y lo que, finalmente, libera.
boca
seca
sabor
amargo sinsabor
más
tarde ahora
todo
pasa por la lengua.
(p. 43)
ceremonia
sin palabras el amor
(p. 52)
Los
poemas son oraciones mantras
los
poemas son palabras música
los
poemas son palabras silencio
los
poemas son celebración
(p. 66)
El
ritmo, la escanción de los versos, tienen en el libro una importancia
fundamental, ya que las palabras se van encadenando con fuerte musicalidad. Son
versos libres construidos sobre la base del plano coloquial que, sin embargo,
absorben ciertas rimas internas o repeticiones, que dan un giro a variantes
semánticas. Pero la categoría coloquial hace que su aparente despojamiento sea
la línea de un decir que va del interior del pensamiento, para enunciarse –con
intensidad o sutileza–, hacia la voz. Y es como si la poeta fuera logrando,
poco a poco, sortear la dificultad de la palabra, de esa boca sin saliva llegar
a la experiencia de la armonía con el sentido.
Me
referiré por último al título del libro de Mónica Tracey que somete al lector a
una especie de pauta y de interrogante. Porque el imperativo, la orden :”Hay que…”, enunciado de modo genérico,
amplio, involucra a los receptores, es orden que debe entenderse como paso a
una liberación de mandatos sociales, culturales, y desplazarse del juicio de la
mirada externa. Pero también puede leerse como ese umbral que hay que atravesar
en cierta etapa de la vida, cuando el cuerpo sumerge al yo en la conciencia de sus
límites y su fragilidad. Puede ser, además, una invitación a traspasar el adjetivo
referido a la cualidad de hermosura, que es escala anterior a la belleza –la
belleza, en la filosofía clásica, implica estado superior y está atada al ser
tanto como la verdad. “Hay que dejar de ser hermosa” porque el reloj recuerda
que si no comenzamos antes, ya es hora de ser bellas. La belleza vendrá al
recinto del ser porque ya se inserta en la palabra, en el poema abierto al
sentido que fluye y se expande.
Tiempo, amor y muerte son
temas permanentes del pensamiento y de la poesía
universal, que laten en Hay que dejar de ser hermosas . Un texto
de la filósofa española María Zambrano, Poesía
y Filosofía, analiza la tarea de ambas esferas a partir de dos polos:
unidad y heterogeneidad respecto del ser y del mundo; y dice al referirse al filósofo
que busca la unidad, porque “quien tiene la unidad lo tiene todo”. En cambio, subraya,
“asombrado y disperso es el corazón del poeta”. Zambrano deslinda, con cuidado y rigor, los
puntos de contacto y las diferencias entre filosofía y poesía, aunque en la explicación
de lo humano, el uso de la palabra en ambos campos es incompleto. La filosofía
busca la explicación del ser en su totalidad, como unidad. La poesía alcanza esa
unidad a través del mismo poema. Algunos de los versos de los últimos textos de
Mónica
Tracey nos dirigen a esos trazos:
Huyendo
hacia adelante
como
si la vida se abriera ante la muerte
seguir
seguir como si nada
hubiera
salvo esa vía iluminada
entre
sombras (p.
80)
ahora
sólo el cuerpo teme
¿es
ésta la edad madura?
(p. 86)
Y
como dice Zambrano: “Para la poesía, a la muerte nada la vence, sino
momentáneamente,
el amor”.*
Liliana
Ponce
Buenos
Aires, julio de 2018
Palabras de la poeta Liliana Ponce Leídas en ocasión de la presentación del libro Hay que dejar de ser hermosas (Hilos Editora, 2018)
domingo, agosto 19, 2018
viernes, agosto 10, 2018
APOA: Olimpiadas Colegiales de Poesía
Sabrina Usach y Esther Pagano nos informan que APOA está organizando las Olimpiadas Colegiales de Poesía y, commo todos los años convocan a los atores y autoras para que colaboren con libros a fin de obsequiar a los alumnos que resulten ganadores, a los profesores y a las bibliotecas de las escuelas de los premiados;consideramos importante la presencia de tu obra en manos del futuro literario, material con que los chicos podrán apreciar la poética contemporánea.
Las finales tendrán lugar el 24 de agosto en el salón Dorado de la Legislatura Porteña.
La jornada que comienza a las 9 hs con la ceremonia de apertura y los premios son entregados a las 17 hs al cierre de la jornada; asimismo quien lo desee podrá acompar a la institución ese día tan emotivo, imposible de olvidar.
Asociación de Poetas Argentinos
apoa.asocpoetas@gmail.com /
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APOA- +54 11 4932 8739 / +54 911 3600 0737
La Rioja 138 Piso 10 Dto. CC CABA (C1214ADB)
apoa.webnode.com
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martes, julio 31, 2018
sábado, julio 28, 2018
Marina Tsvietáieva: Viva voz de vida: Maximilián Voloshin
Marina Tsvietáieva
Viva voz de vida
Traducción: Selma Ancira
Editorial Minúscula, 2008.
La
pasión que Maximilián Voloshin sentía por la creación de mitos se extendió
hasta mí.
“¡Marina! ¡A ti te perjudica tu abundancia!
Tienes material para más de diez poetas – y todos, ¡extraordinarios! ¿No te
gustaría (voz zalamera), por ejemplo,
publicar con seudónimo tus poemas sobre Rusia, aunque el seudónimo fuera,
digamos... Petujov? Verías como (encendiéndose)
al cabo de diez días toda Moscú y todo Petersburgo los conocerían de memoria.
Briúsov escribiría un artículo. Yablonovski escribiría un artículo. Y yo
escribiría el Prólogo. Pero tú nunca (el
dedo levantado, los ojos encendidos), nunca dirás que eres tú, Marina, (suplicante), ¡si supieras cuán
formidable será! Briúsov, por ejemplo, no parará de chincharte con los versos
de Petujov: «Si usted, señora Tsvietáieva, en vez de cantarle a sus propios
ojos verdes, se volviera a los verdes campos de su país como hace el señor
Petujov que también tiene diecisiete años...» Petujov se convertiría en tu bête noire, Marina, te atormentarán con
él, Marina, pero tú ya nunca –¿entiendes? ¡Nunca!– podrás volver a escribir
nada sobre Rusia con tu nombre, de Rusia sólo escribirá Petujov… Marina,
¡acabarás por odiar a Petujov! Y después (ya
de plano atragantándose), ¡no! ¿por qué después? Ahora mismo, junto con
Petujov, crearemos otro poeta –¿poetisa o poeta?– una poetisa y un poeta, serán
gemelos, los Kriúkovy, digamos, un hermano y una hermana. Crearemos algo que no
ha existido todavía, unos gemelos geniales. Serán ellos los autores de tus
poesías románticas.
¡Max! – ¿y a mí qué me quedará?
¿A
ti? Todo, Marina. ¡Todo lo que todavía serás!”
¡Cómo me rogaba! ¡Cómo me seducía! ¡De qué
manera tan cautivadora pintaba el anonimato de esa gloria, la gloria de ese
anonimato!
“Tú
serás como aquel monarca, Marina, en cuyos dominios nunca se ponía el sol. En
la poesía rusa no quedará nadie que no seas tú. Con tu Petujov y tus gemelos
les sobrevivirás a todos, Marina, a Ajmátova, a Gumiliov, a Kuzmín...
¡Y
a ti, Max!
Y
a mí, por supuesto. De nosotros no quedará nada.
Tú
serás – todos, tú serás – todo. Y (los
ojos en blanco, en la voz – la sordina) tampoco quedarás tú. Tú serás –
esos.”
Pero
la pasión mitocreadora de Max se estrelló de forma funesta contra la roca de mi
germana honestidad protestante, con ese nefasto orgullo que me hace firmar
cuanto escribo. Y..., ¡qué buen poeta habría sido Petujov! Y..., ¡hasta el día
de hoy lloro aquellos gemelos poéticos!
[...]
Coexistencia
de dos poetas – igualdad de un ilustre con un desconocido. Yo misma soy un
ejemplo vivo, ya que nadie nunca tuvo una actitud de tanta atención y culto
hacia mis poesías llamadas maduras, como Maximilán Voloshin a sus treinta y
seis años, por mí a mis dieciséis. La gente sólo se comporta así con lo
patentado, que para ellos es –por la mayoría de voces por la fama–
incuestionable. Nunca y en nada M.V. me hizo sentir las prerrogativas de su
experiencia, por no hablar de su nombre. Me amaba también por mis fracasos.
Como a quien había sido alguien. Nada de un maître
(¡y eran tiempos de maestrear!), y todo de un igual. Puedo decir que amaba la
poesía como yo – como si él nunca la hubiera escrito, con toda la fuerza de un
amor desesperado por una fuerza inaccesible. Y, al mismo tiempo, escuchaba
cualquier buen poema como si fuera suyo. Cualquier buen verso era para él un
regalo personal, como para quien ama la naturaleza –un rayo de sol. («Todo eso
fue, fue, fue» –y a qué punto ese fue es más grande que el es, ¡más
significativo! ¡A qué punto es – es para siempre! ¡A qué punto punto fue – ¡ha
dejado de ser!) Me acuerdo sólo de una, de una sola corrección, intento de
corrección –en todo el voluminoso Álbum
vespertino al mero principio de nuestra amistad:
“Y
con un suspiro, entre negras patas,
quemaremos,
tristes, nuestras naves...
—¿No
le parece, Marina (una pausa, los ojos
expectantes).., Ivánovna, que es un poco difícil – y retorcido – eso de
quemar las naves – entre negras patas? ¿Que para eso – entre las patas– hay
poco espacio? Aunque, no cabe duda de que son de oso, es decir, fuertes,
apretadoras. Digamos que las naves se acostumbra a quemarlas en el mar, y aquí
– unas patas de oso – es obvio – el bosque, espeso. Es difícil suponer que un
oso se hubiera instalado con usted a la orilla del mar donde – justo en ese
momento – estuvieran ardiendo sus naves.”
Así
se me quedó grabado: la orilla desierta de Koktebel, en ella un oso, es decir,
Max está conmigo, y justo en ese momento, en la playa –para que sea más cómodo–,
una flotilla en llamas.
viernes, julio 27, 2018
Bustriazo Ortíz: Poemas
Canción
En
un paisaje de adobes
y
de piedras solitarias,
debajo
del cielo puelche
una
calandria cantaba.
(En
el corazón tenía
una
guitarra hechizada.)
Cuántas
cosas le salían
de
su sangre enamorada:
todo
el canto de la tierra
le
cabía en la garganta.
(Qué dios remoto y silvestre
le regaló tanta magia?)
Era el triste de los yuyos,
la huella de las aguadas,
era el estilo del viento,
la milonga de las bardas.
(Porque mil pájaros sabios
era la sola calandria.)
Una vez regresó el río
con pifulcas desbordadas,
y sus viejas sinfonías
me repitió la calandría.
(Era una niña de cobre
con un cacharro de lágrimas.)
Dónde andará con su canto?
De quién serán sus tonadas?
Con esta música vuelve,
pero mi voz no la alcanza.
(Se me ha vuelto la calandria
una guitarra con alas!)
allí
estabas...
allí
estabas mi amor allí estabas en los penachos de la
enredadera
del monte pelusa de pollito blanco enamorada
del
molle espeso abrazándolo fina en la fruta verde
del
camambú en la ruta anaranjada del camambú con su
corazón
de pequeña sandía en la flor de la pasión del señor
del
camambú allí estabas mi amor allí estabas en las varas
bermejas
de la quina apenas alzándose de latierra
pesada
de semillas en las hojuelas rubionas que confundía
el
viento veranoso que levantaba el viento con ruido de
cachilote
que las robaba él allí estabas mi amor allí
estabas
en la sangre de enero de las muchachas de trece
años
en el gateado mordiendo a su rosilla en el olor
precioso
de la siesta soltada en los cuú de ella en los más
gruesos
vinos debajo del gran caldén en la mariposa púrpura
sobre
la mariposa blanca allí estabas mi amor allí
estabas
en la garganta del agua en lo bondadoso del poleo
en
el sol en el sol mapuche en las briznas de lo que respiraba
en
lo que caminaba y en lo que saltaba y era florido
y
hacía bien allí estabas mi amor allí estabas
De "Hornos de los mareque", Caja amarilla (1973-1974).
*Juan Carlos Bustriazo (
Santa Rosa, La Pampa, 1929). Se trata de
una de las mayores voces poéticas de La Pampa. Los poemas puelches (1954-1959) incluye más de sesenta títulos que
se conservan inéditos. Gracias a Cristian Aliaga, Sergio De Matteo y Andrés
Cursaro Bustriazo Ortiz y su obra
salieron a la luz. Estos tres poetas durante años han relevado archivos,
documentos y testimonios acerca del “Flamenco Bustriz”, como lo llamaban sus amigos. Hoy, por fin, aparecen volcados en
este volumen, coordinado por Javier Cofreces, los poemas del genial poeta
pampeano: Herejía bermeja (2008,
Ediciones en Danza).
martes, julio 17, 2018
lunes, julio 16, 2018
Hilos Editora Presenta
Hilos Editora presentará el miércoles 1 de agosto, a las 19. en la Casa de la Lectura, Lavalleja 924, el nuevo libro de la poeta argentina Mónica Tracey: Hay que dejar de ser hermosas..
La presentación estará a cargo de la poeta Liliana Ponce,
miércoles, julio 11, 2018
lunes, julio 09, 2018
Adelia Prado: Cenizas
Cenizas
En
el día de mi boda me quedé muy afligida./
Tomamos
cerveza tibia con empanadas de masa hojaldre./
Tuve
hijos con dolores./
Ayer,
imprecisamente, a las nueve y media de la noche,/
yo
sacaba de la bolsa un kilo de arroz./
Ya
no lucho más de aquel modo histérico,/
entendí
que todo es polvo que sobre todo se posa y recubre/
y,
a su modo, pacifica./
Las
naranjas freudianamente me remiten a una rodaja de sueño./
Mi
apetito se agudiza, hago estallar las costuras de buena/
impaciencia./
¿quiénes
somos entre el laxante y el somnífero? /
Habrá
siempre una marca de polvo sobre las camas, /
un
vaso mal lavado. ¿Pero qué importa? /
¿qué
importan las cenizas /
si
convertidos en su materia ingrata, /
hay
también ojos que sobre mí se estremecieron de amor? /
Este
valle es de lágrimas. /
Si
dijera otra cosa mentiría. /
Hoy
parece mayo, un día espléndido, /
los
que vamos a morir iremos a los mercados, /
¿qué
hay en este exilio que nos mueve? /
Digan
no a las legumbres llevadas en los brazos /
y
a esta elegía. /
Lo
que escribí, lo escribí /
porque
estaba alegre.
*Adelia
Prado (Brasil, Divinópolis, (1935)
(Traducción
de Fernando Noy y Claudia Schvartz)
miércoles, julio 04, 2018
Pier Paolo Pasolini: El privilegio de pensar
¡Ah,
reconcentrarse, y pensar!
Decirse,
esto es, ahora pienso -sentado
sobre
el banco junto a la ventanilla amiga.
¡Puedo
pensar! Quema los ojos, el rostro,
desde
el césped de Piazza Vittorio,
la
mañana y mísero, adhesivo,
mortifica
el olor del carbón
la
avidez de los sentidos: un dolor terrible
pesa
en el corazón, así de nuevo vivo.
Bestia
vestida de hombre -niño
arrojado
solo al mundo,
con
su abrigo y sus cien liras,
heroico
y ridículo me voy a trabajar,
yo
también, para vivir... Poeta, es verdad,
pero
mientras heme aquí en este tren,
cargado
tristemente de tareas,
como
por broma, blanco de cansancio,
heme
aquí sudando mi salario,
dignidad
de mi falsa juventud,
miseria
de quienes con humildad interna
y
aspereza ostentada me defiendo...
¡Pero
pienso! Pienso, en el rincón amigo,
en
la íntegra media hora del recorrido,
desde
San Lorenzo hasta las Cappannelle,
desde
las Cappannelle hasta el aeropuerto,
pensando,
buscando infinitas lecciones
en
un solo verso, en un trocito de verso.
¡Qué
estupenda mañana! ¡A ninguna otra
igual!
Ahora hilos de débil
neblina,
desconocida detrás de los murallones
del
acueducto, recubierto
de
casitas pequeñas como perreras,
y
calles arrojadas allá, abandonadas,
frecuentadas
sólo por aquella pobre gente.
Ahora
arrebatos de sol, sobre praderas de grutas
y
cuevas, barroco natural, con verdes
extendidos
por un Corot pordiosero; ahora soplos de oro
sobre
las pistas donde con deliciosas grupas marrones
corren
los caballos, montados por muchachos
que
parecen aun más jóvenes, y no saben
cuánta
luz en el mundo hay en torno a ellos.
(Piero Paolo Pasolini (Italia, Bolonia, 1922- Roma, 1975). (Traducción: Delfina
Muschietti)
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