viernes, enero 09, 2009

Esther Andradi: El desafío de vivir en otra lengua

Reproducimos a continuación la nota de Luis Fayad acerca de la escritora argentina Esther Andradi (extractada de"Rinconete", Centro Virtual Cervantes --cvc@cervantes.es--).

Vivir en países de idiomas diferentes al suyo ha hecho reflexionar a la escritora argentina Esther Andradi sobre lo que significa la misma circunstancia para otros escritores. En sus propios relatos se comprueba que a sus viejos escenarios se han agregado unos nuevos, los que han estado a su paso y los que le han servido de nueva vivienda, pero no han cambiado las palabras con que los recuerda. Su pregunta es cómo actúa en la literatura de los otros ese traslado a mundos de otros sonidos. Basándose en algunas respuestas ella se adelanta a sacar sus conclusiones y dice que ese lenguaje que puede enloquecer a los traductores por la diversidad de temas y detalles, lleva la marca del escritor que vive en otra lengua, ninguna palabra es inocente.
Su curiosidad se amplió y para hacer del lector su cómplice y darle muestras de creación y no de teoría, publicó un libro titulado Vivir en otra lengua, con trabajos de escritores latinoamericanos que tienen su residencia en los países europeos, excepto en España. Las otras lenguas son el alemán, el inglés, el francés, el italiano, cualquiera que signifique un encuentro diario con la persona que hace del lenguaje su oficio. En esta indagación de las experiencias ajenas también existe la intención de reafirmar coincidencias con su propio trabajo, y encontrar situaciones personales que estaban ocultas y se descubren durante la charla literaria. El anhelo y el interés por practicar una vuelta a los orígenes de su vocación de escritora, un regreso con el que también se identifican sus libros de creación, una vuelta para recobrar los años recientes y los lejanos de la infancia. En sus primeros libros, Come este es mi cuerpo y Tanta vida, los relatos se suceden como trozos de una intimidad que se les revela a los demás y que resultan un rescate personal con estructura de novela, un espejo para mirar los momentos que llenaron el paso de los años.
La distancia en el tiempo y de los primeros lugares sirven de inspiración para unas prosas que llevan el sentimiento de los homenajes, como en su libro Sobre Vivientes, pero no para glorificar el regreso sino para aclarar la intimidad con las cosas que hablan de sí mismas y de quien las evoca. Aparecen las estampas de los sitios y de las personas que ahí viven y llevan a cabo sus ocupaciones, de los oficios que cada vez son más raros, la carpintería y el carpintero, la mercería y su única vendedora, y de los que permanecen y a los que se les desea larga vida, la librería y su auténtico librero, los depósitos y cuartos trasteros de las casas que esperan los objetos sobrantes. Una vieja colección que renace después de haber sido trasladada a una sociedad de otro continente. En su novela Berlín es un cuento, se lee: «Contar la historia desde la fiesta y el regocijo, el placer y el nacimiento de una nueva cultura», «De tanto viaje la vida se nos quedó en el camino. Nuestro lugar es tránsito, nuestra tierra el movimiento», «El otro, el verdadero corazón nos está añorando desde alguna parte». Los personajes se encuentran en Berlín, en Argentina, en Perú, en ciudades donde se acumulan las aventuras que luego coinciden en un solo sitio. A la protagonista, según se describe, la sostiene en sus momentos de indecisiones y luchas una pertenencia, convertida en riqueza, que trae desde su punto de origen: «¿Qué sería de ella sin la poesía, si le faltasen el par de libros que trajo en su maleta? ¿Qué sería de ella si nadie nunca jamás le escribiera una carta en su idioma?»
Todo lo que va y viene, no solo los lugares sino las relaciones con las personas y las cosas, con los cambios que los viajes ejercen en la existencia, oír y aprender otros idiomas para quedarse en el suyo y evocar su mundo, volver a lo que se conoció cuando no se tenía nada más que eso.

Martín Araujo*: Cantata

soy rock

el buche lleno de baba
mono a pleno
el coro se sabe la letra
todo esquilo todo sófocles
la banda suena kamikaze

nadie va a sobrevivir

el baile
venir a darnos cuervos
como danzas
estrellas y barras
por la cabeza
cuando sólo queríamos
bailar

el bafle reventó
a la altura de los pelos
venía la parrilla
como un ángel pardo
un cazamoscas
tan pegajosa como caliente
un alga una hoja negra
música
en la carne

la cosa suena purple
baila la oreja en el giro
no hay pista para correr

shake it baby sahke it
twist and shout

el coro traduce:
da vuelta
y gritá
*Martín Araujo (Buenos Aires, 1978). Cantata es su primer libro, publicado por Ed. Macedonia (2008). Actualmente reside en Córdoba.

lunes, enero 05, 2009

Antonio Di Benedetto: Mariposas de Koch*

Dicen que escupo sangre, y que pronto moriré. ¡No! ¡No! Son mariposas, mariposas rojas. Veréis.
Yo veía a mi burro mascar margaritas y se me antojaba que esa placidez de vida, esa serenidad de espíritu que le rebasaba los ojos era obra de las cándidas flores. Un día quise comer, como él, una margarita. Tendí la mano y en ese momento se posó en la flor una mariposa tan blanca como ella. Me dije: ¿por qué no también?, y la llevé a los labios. Es preferible, puedo decirlo, verlas en el aire. Tienen un sabor que es tanto de aceite como de yerbas rumiadas. Tal, por lo menos, era el gusto de esa mariposa.
La segunda me dejó sólo un cosquilleo insípido en la garganta, pues se introdujo ella misma, en un vuelo, presumí yo, suicida, en pos de los restos de la amada, la deglutida por mí. La tercera, como la segunda (el segundo, debiera decir, creo yo), aprovechó mi boca abierta, no ya por el sueño de la siesta sobre el pasto, sino por mi modo un tanto estúpido de contemplar el trabajo de las hormigas, las cuales, por fortuna, no vuelan, y las que lo hacen no vuelan alto.
La tercera, estoy persuadido, ha de haber llevado también propósitos suicidas, como es propio del carácter romántico suponible en una mariposa. Puede calcularse su amor por el segundo y asimismo pueden imaginarse sus poderes de seducción, capaces, como lo fueron, de poner olvido respecto de la primera, la única, debo aclarar, sumergida -muerta, además- por mi culpa directa. Puede aceptarse, igualmente, que la intimidad forzosa en mi interior ha de haber facilitado los propósitos de la segunda de mis habitantes.
No puedo comprender, en cambio, por qué la pareja, tan nueva y tan dispuesta a las locas acciones, como bien lo había probado, decidió permanecer adentro, sin que yo le estorbase la salida, con mi boca abierta, a veces involuntariamente, otras en forma deliberada. Pero, en desmedro del estómago pobre y desabrido que me dio la naturaleza, he de declarar que no quisieron vivir en él mucho tiempo. Se trasladaron al corazón, más reducido, quizás, pero con las comodidades de un hogar moderno, por lo que está dividido en cuatro departamentos o habitaciones, si así se prefiere nombrarlos. Esto, desde luego, allanó inconvenientes cuando el matrimonio comenzó a rodearse de párvulos. Allí han vivido, sin que en su condición de inquilinos gratuitos puedan quejarse del dueño de casa, pues de hacerlo pecarían malamente de ingratitud.
Allí estuvieron ellas hasta que las hijas crecieron y, como vosotros comprenderéis, desearon, con su inexperiencia, que hasta a las mariposas pone alas, volar más allá. Más allá era fuera de mi corazón y de mi cuerpo.
Así es como han empezado a aparecer estas mariposas teñidas en lo hondo de mi corazón, que vosotros, equivocadamente, llamáis escupitajos de sangre. Como véis, no lo son, siendo, puramente, mariposas rojas de mi roja sangre. Si, en vez de volar, como debieran hacerlo por ser mariposas, caen pesadamente al suelo, como los cuajarones que decís que son, es sólo porque nacieron y se desarrollaron en la obscuridad y, por consiguiente, son ciegas, las pobrecitas.
*De su libro: Mariposas de Koch.

viernes, enero 02, 2009

Antonio Di Benedetto*: Nido en los huesos

Yo no soy el mono. Tengo ideas distintas, aunque se nos haya puesto, por lo menos al principio, en la misma situación.
Mi padre lo trajo como a la palmera. Le sobra tierra, le sobra dinero. Puso la palmera y le pareció muy bien mientras permaneció joven y primorosa. Pero cuando se fue estirando, estirando, se fastidió de ella, por desgarbada y barbuda, por inadaptada, dice él. Porque la perdió de vista, creo yo, pues no acostumbra llevar la mirada al cielo, al menos, hacia el lado donde se erguía la palma. Mira hacia la boca del río, donde se forman las tormentas, ya que de las lluvias depende, para bien o para mal, la cosecha.
Tampoco cayó en la cuenta de que el monito no se adaptaría, no sólo por cuestiones de clima, sino porque le sería imposible adaptarse a la familia, y él quería que fuese como un miembro de la familia. Quizás no andaba del todo desacertado, pues, favorecido por ciertas consideraciones, en las que mi padre ocasionalmente se mostraba intuitivo, el pequeño simio hacía algo por ganarse el lugar que se le prometiera. Pero su sitio, en definitiva, fue la palmera. No siempre empleaba mi padre la fiesta, el alimento y la caricia; por sobre todo, lo privaba de comida y no se cuidó de educarlo verdaderamente. El mono huyó, refugiándose en la palmera, como el hijo vuelve a la madre. Bajaba sólo para hurtar o para tomar la comida que la compasión de alguien le hubiese dejado al pie de su vivienda. Vivió solo, tal como se veía la copa raquítica del árbol en su altura. Se puso huraño y meditabundo, torpe para todo lo que no fuera procurarse el sustento. Quizás por malhumor -porque el invernáculo anunciado nunca se construyó- mi padre hizo limpiar de vegetales todo el sector donde se estiraba lentamente, como un suspiro nostálgico, la palmera. Cayeron palmera y mono, y el mono se escondió entre algunos cajones y baúles hasta que los perros, enardecidos por la sangre de un pollo que dio degollado unos pasos agónicos, se le echaron encima sin que nadie se los impidiera.
* * *
Yo no soy el mono, pero también, por orden de mi padre, a causa de infracciones leves, en la niñez muchas veces tuve prohibido el acceso a la mesa. No tengo palmera, sin embargo hice de mi casa una palmera, mejor dicho, de los cuartos y de los cuadros de tierra que podían serlo, de algún paseo, de algún libro y de algún amigo. Mi palmera poseía, en verdad, muchas ramas, y por eso, quizás, tuve la posibilidad de pensar que yo no debía ser como el mono. Tal vez todo dependiese, como en el caso del simio y de la palma, del lugar de nacimiento y del ulterior destino inadecuado. No sé. Tal vez debí nacer en otras tierras y tal vez no sea así.
Es posible que yo no debiese haber nacido en este tiempo. No quiero decir con ello que mi alumbramiento hubo de producirse en la Edad Media ni en el mismo año que el de Dostoyevski. No. Tal vez yo debí nacer en el siglo xxi o en el XXII. No tampoco porque crea que entonces será más fácil vivir, aunque es posible que lo sea. Para que sea posible, ya que es imposible que yo nazca transcurrida una centuria, he querido, en la medida de mis fuerzas, ser de alguna utilidad.
Cuando comprendí la inutilidad del mono pude acercarme a lo que me pareció hacerse un destino útil, siquiera sea para los demás. Su cabeza hueca me sugirió el aprovechamiento de la mía. Quise hacer de ella, y fue sencillo hacerlo, un nido de pájaros. Mi cabeza se colmó de pájaros, voluntaria y gozosamente, de mi parte y la de ellos. Gozaba, sí, por la felicidad del nido firme, seguro y abrigado que podía darles, y gozaba de otras maneras distintas. Cuando, por ejemplo, aquella vez hice mi aparición, físicamente sombría, en el semialborozo, con urdimbre de cálculo e inquietud transfigurados, del té-canasta de mi madre, y ella tuvo que decirme, retadora y perdiendo aplomo, que cómo hacía eso de ponerme a silbar en medio de la reunión de señoras. Y yo decía, con mi boca de labios desunidos nada más que por una sonrisa de lástima de su ignorancia, que no era yo mismo quien silbaba, y en aquella muchacha suscité el asombro candoroso de quien presencia el tránsito de un-dios musical, tangible y perecedero.
* * *
No fue siempre así, sino apenas unos años, quizás unos meses. Con el cambio he dudado un tanto de que haciendo la felicidad de un pájaro haré la felicidad de todas las familias de los siglos venideros. Si todos pusiéramos nuestra cabeza al servicio de la felicidad general, tal vez podría ser. Pero nuestra cabeza, no sólo el sentimiento.
Yo puse la mía y tuvo gorriones, canarios y perdices dichosos. También lo son ahora los buitres que han anidado en ella. Pero ya no puedo serlo. Son inacabablemente voraces y han afinado su pico para comerse hasta el último trocito de mi cerebro. Ya en hueso mondo, aún me picotean, no diré con saña, pero como cumpliendo una obligación. Y aunque sus picotazos fueran afectuosos y juguetones, nunca podrían ser tiernos. Duelen ferozmente, hacen doler el hueso y hacen expandir mi dolor y mi tortura en un llanto histérico y desgarrado de fluir constante. Nada puedo contra ellos y nadie puede, pues nadie puede verlos, como nadie veía a los pájaros que silbaban. Y aquí estoy yo, con mi nido rebosante de buitres que, aprovechados, insidiosos y perennes, hacen crujir, con cada picotazo de cada uno de sus mil picos, cada hueso de cada parte de todo mi esqueleto. Aquí estoy, escondido entre los baúles, a la espera de que alguno de los que antaño dieron de comer al mono se compadezca de este acorralado y azuce los perros.
Pero, por favor, que nadie, por conocer mi historia, se deje ganar por el horror; que lo supere y que no desista, si alienta algún buen propósito de poblar su cabeza de pájaros.
*Narrador argentino, nacido en Mendoza.
**De su libro Mundo animal.

Antonio Di Benedetto: Volamos*

Como puesta ante un apacible e inofensivo misterio, que puede serlo, con ganas de hablar, que a mí me faltan, me cuenta de su gato. Es, sí. Claro que es; pero... Ante todo, como es huérfano, recogido por compasión, se ignora su ascendencia. Es gato y le agrada el agua. De las acequias no prefiere los albañales, sino la corriente barrosa. Se lanza acezante, pisa fuerte y salpica: hunde las fauces y hace que toma, pero no toma, porque es de puro goloso que lo hace. Puede pensarse que no es un gato, que es un perro. También por su actitud indiferente en presencia de los demás gatos. Pero es que asimismo se limita a observar desde lejos a los perros y ni siquiera se enardece frente a una pelea callejera. Como al emitir la voz desafina espantosamente y además es ronco, no puede saberse si maúlla o ladra. Hago como que me asombro. Pero no abro la boca, porque de preguntar o comentar me preguntaría por qué pienso así y tendría que explicar y complicarme en un diálogo. Empero ya no me habla: se habla. Revisa lo que sabe y quiere saber más. Es gato y le gusta el agua. Eso no autoriza a concluir que sea un perro. Ni siquiera está la cuestión en que sea perro o gato, porque ni uno ni otro vuelan, y este animalito vuela; desde hace unos días se ha puesto a volar. Yo espero que me pregunte si creo que se trata de una brujería. Pero no; al parecer, no cree en eso. Yo tampoco; aunque lo pensé. Mejor dicho, pensé que ella lo pensaba. Pero no. ­¿No te maravillas? ­Sí; seguramente. Me maravillo. Cómo no. Me maravillo.Podría maravillarme, cómo no. Pero no. Puedo maravillarme porque el gato-perro vuela. Pero es que no sólo hablo. Estoy pensando. Pienso que ella supone que he de maravillarme porque lo que creyó era gato puede ser perro o lo que puede ser gato o perro puede ser un ave o cualquier otro animal que vuele. Debiera maravillarme porque, lo que se cree que es, no es. No puedo. ¿Acaso me maravilla que tú no seas lo que tu esposo cree que eres? ¿Acaso me maravilla no ser lo que mi esposa cree que soy? Tu animalejo es un cínico, nada más. Un cínico ejercitado.
*De su libro Mundo animal, 1953.

sábado, diciembre 27, 2008

Susana Villalba: Antes de que amanezca*

Que diga azul y se alce como un potro un día de oro, espléndido que diga y sienta el corazón a pleno, al mediodía arde por nada, porque el verano o sea que cuando diga sombra sea agua entre las piedras de otro pueblo. Que aun en ruinas se hace oír por el silencio en que nos sume lo distinto, serpientes se escurren en el viento, la arena silbe como fue la eternidad alguna vez pintada con alheña indeleble. Sobre pueblos levantados sobre pueblos sobre cenizas de un volcán. El pasto crece ahora sobre cimientos de lo que fue una habitación, ¿se hacía el amor del mismo modo? ¿qué se decía antes? ¿después? Que diga ahora y haya ahora un cuerpo en mí y que lo que quede en mí comprenda que es sólo una siesta lo que dura el armisticio, se enfrentan, se temen tanto como se fascinan. Detrás de su mirada cada uno sea arrebatado por eso que no es uno de los dos, algo tan físico, palpable como lava diluye ese intangible saber de sí que los separa. Que diga mañana y sea mañana cuando piense, cuando diga qué hacer con esa siesta que queme hasta dejar su marca. Piel de culebra ahora se funde con la arena, testigo de los cambios, pueblos que amaron sin pensar que dios fuera más lejos que un dios, camino de la savia en el árbol no necesita una salida para andar. Que recorra una espalda sin leerla, que se queme al tocar y al despertar no haya cenizas, que encuentre ceniceros, vasos (dos) debajo de la cama y piense que todo ha sido un sueño. No un blockout, no por remordimiento ni por idea alguna sobre sí o no o sea el amor un encabritamiento, una raza de sol en cruza con espléndido caballo y corazones de cenizas. Que vista de jaeces o desnude un ángulo de sombra en almenares, a través de los vitraux, que ascienda eternamente sin llegar como pirámide que trunca es un remedo de infinito. Que cambie de lugar sin que se note, como el día. Como serpiente azul entre maleza vuelta azul de tanto verde. Que diga estoy como decir sin patas ni cabeza en otro sitio que la arena caliente, ese calor sienta detrás de la mirada, el sol bajo los párpados cerrados sea como si sombra fuera un remanente de la luz. Astillas de color en los brillitos de las piedras.Que sepa de pronto que no está donde supone. Que mire alrededor y se vea en pleno centro, en La Academia, en un invierno. Calor por el calor de las dicroicas, el humo, las estufas, los billares entrechocan como base percutiva en esa música de voces, vasos, registradora y esa locomotora cada vez que hacen café. Cada minuto. Al abrirse la puerta un tronar de colectivos y escapes de las motos, afuera es otra noche igual pero distinta. Que ahora diga noche, es de noche, es ahora. Se mira. Tiene un pulóver Ruta 66 que no recuerda haber comprado, un hombre lo olvidó en su casa, ella olvidó al hombre, el cuerpo olvida el abrigo que lleva, ella le regaló un reloj azul, él mira la hora que es ahora sin recordarla, el reloj tiene una lucecita como agua, como la hora bajo el agua, peces, destellos de color. Mi padre me regaló una casa que no es mi padre, es mi casa. Ahora, crezco en esa habitación que se levanta sobre el polvo que es él. Que confunda los ojos abiertos de los muertos con vidrios en la playa. Botellas, tazas, cigarrillos, la mesa crece, se suma gente, la noche crece, el color es estridente, rojo de La Continental, turquesa y fucsia de la tele, de pulóveres. Que diga piel y ascienda olor a tilos, a durazno, morderlo sea en la boca decir verano como agua, como la fruta cae en el barro, brisa dulce a través de la ventana, la luna como el cuerpo en su estado de agua quieta electrizada, fuego frío que es ninguno de los dos sino dos en espera de otra noche. Otro verano. Esa moto que se escucha ahora va hacia el mar. O no. El mar siempre está ahí, yendo y viniendo. Que me sumerja y sea cálido, peces de colores a través del visor. El agua guarda las esencias, murmullos del naufragio, la culebra de mar entre platos de bronce, arcones, de las banderas queda el musgo, enredaderas de agua entre hilachas de jarcias, un pueblo que no llegó a la tierra prometida. Sumergido, uno mira su reloj, prende una lucecita que coloca sobre un libro, en otra mesa se juega a los dados, tantos hablan que no escucho a nadie. Miro como a través de agua, afuera crece una bruma sin que se vea río alguno que la exhale, enciendo el walkman. Una noche se intoxicó y perdió todo menos la llave en el puño cerrado como piedra. Cuido mi casa como un centro de mí que siempre está, yendo y viniendo. Ahora estoy aquí, en el café. Ahora no estoy.Que diga azul y sea ese momento de la tarde casi noche, el ladrido de los perros, el olor de una humedad que será bruma en la mañana, las puertas que comienzan a cerrarse, un alboroto de pájaros antes de acurrucarse y ceder a signos de la noche. Ahora es Clapton, ahora abro la puerta, camino entre la bruma, necesito creer que existe un río, en realidad existe, una cúpula iluminada se levanta sobre una ciudad difuminada y casi a oscuras. Ese hombre, otro, le dijo vuelvo de París. Ella llamó a París para saber a qué hora de Buenos Aires. El le regaló una medalla de Notre Dame que ella olvidó después junto al reloj azul de otro, el del pulóver Ruta 66 se la devolvió para que otra no la encontrara en su mesa de luz. Una sola rama, desnuda, asoma sobre un farol, iluminada parece que saliera del vacío, como un rayo. Escribe un mail a España y le dicen que aquí es ahora verano tía. Escribe a Mendoza y le dicen que están bloqueados por la nieve. Llamó a París pero él estaba en Notre Dame y no permitían celulares. Ahora, más tarde, no hay el estruendo de colectivos ni colectivos ni taxis ni persona alguna en la niebla, da vueltas como pantera atrapada en un claro demasiado extenso, como un loco que creyera vivir en una gran ciudad espera un auto en medio de la nada. Quiere fumar, quiere ver el vapor a través de su ventana. Después, antes, el de París ya estaba en Buenos Aires, los dos se recuerdan pero no se acuerdan, ¿o viceversa?, se olvidan de llamarse. De noche parece grave, de día no.Pero es el amanecer, es el aire, la bruma es violeta, nubes bajas parecen edificios reflejos de otros de concreto. En todas partes amanece aunque no ahora, cuando el cuerpo se levanta, cuando la voz se acomoda a un lenguaje que es distinto hasta en el sueño. Aunque no haya dormido une las manos en la frente. Que en su saludo al sol se alce un verano azul, que brille la arena como un oro animal, sea la piel de piedra molida y de calor, el mar surja de pronto como un día que hasta ahora no había sido y siempre es. Que pase lo que pase el viento y sea el sol que gire en torno, es decir sombra sea entrar en el mar. Con un snorkel, la música del fondo tiene un tiempo diferente, el tiempo de los cuerpos en la siesta, en la penumbra de un hotel de verano. De noche se está en una o en el otro. De día, en la arena se está fuera de sí porque es afuera donde siente. Pensamiento que la astilla, destellos en las piedras. Que sea como distancia un día del siguiente. Que si dos cuerpos, se separen como el día se levanta de la noche. Que se encuentren como una noche que no ha sido todavía. Que diga calor y en el calor no encuentre qué decir. Ni qué callar.
Bar La Academia, Callao entre Corrientes y Sarmiento
*De su libro Plegarias.

martes, diciembre 23, 2008

Reportaje en argentina Satelital

Entrando en argentina satelital, podés ver todavía el reportaje que me hizo la poeta Gisella Galimi en la audición "Calentito el Café".

Encuesta de Página/12 acerca de los mejores libros del año 2008: Vale una aclaración

Convocada por la periodista de Página/12 Silvina Friera, respondí el cuestionario acerca de los mejores libros editados durante el 2008 en los rubros "poesía" y "reedición de libros", no sólo respetando la consigna de fundamentar en diez líneas, como máximo, mis elecciones, sino --simple cuestión de responsabilidad y compromiso con una tarea-- tratando de ser leal conmigo misma a través de mis opiniones. De esta forma, mi voto fue para dos libros de poemas en el primer ítem: Fudekara, de Liliana Ponce (Ed. Tsé Tsé) y El mal menor, de Mónica Sifrim (Ed. Bajo La Luna); y para La mitad de la verdad, obra reunida de Irene Gruss (Ed. Bajo La Luna), en el segundo ítem (pueden leerse en este mismo blog las fundamentaciones).
Cuál no sería mi sorpresa cuando leí hoy, 23 de diciembre de 2008, en el relevamiento de referencia, publicado en Página/12 bajo el título: "Celebración de la diversidad y la edición independiente", que, en el rubro poesía, yo había votado sólo un libro --el de Liliana Ponce (la fundamentación fue reducida a una línea)-- y no dos libros como voté; y en el caso de las reediciones, bueno, ni siquiera se mencionaba respuesta mía alguna.
¿Problemas de espacio?, ¿de distracciones y apuros periodísticos en un cierre?, ¿de desencuentros entre la periodista y el editor de la nota?: puede ser... Pero, de cualquier forma, y más allá de la buena fe de quien hizo la nota, me pareció importante hacer esta aclaración.

lunes, diciembre 22, 2008

¡Escuchemos! a Miguel Ángel Bustos*

Escuchemos
que viene la mañana
de hombros alzados a las nubes,
escuchemos su empujón en el pecho.
Que traemos amores
brotados en la noche al día.
Muriendo van los besos
en bocas golpeadas y dormidas.
Vueltos del sueño,
que viene abrazando la vida.
Escuchemos el fragor de la noche que llega doliendo.
Escuchemos al corazón de la mañana!
Cada aurora nos compran el alma.
Niños de lejanas manos
queman el aire.
Brasa a brasa
nuestras voces lamen el viento.
Corazón de la mañana,
tu luz arriba.
Cómete la noche y avanza.
*Poeta, dibujante y periodista argentino, secuestrado por la dictadura.

viernes, diciembre 19, 2008

Ni olvido ni perdón




En este día tan triste, en que los jueces Gustavo Mitchell, Guillermo Yacobucci y Luis García, integrantes de la Cámara de Casación Penal argentina, liberaron a doce de los más sangrientos genocidas, desde este blog del amasijo decimos: NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS.

miércoles, diciembre 17, 2008

Libros y más libros: La mitad de la verdad


La reedición de todos los libros de la poeta Irene Gruss, bajo el nombre La mitad de la verdad (Editorial Bajo La Luna) constituye un acontecimiento para la poesía argentina. Porque ofrece la posibilidad de disfrutar en plenitud de los diversos matices de una de las voces que, contradiciendo a la autora ("Nunca digan que poseo una voz/ particular”), me atrevo a señalar como una de las más personales entre las surgidas en las últimas décadas. Destaco, entre muchas otras virtudes de su escritura: la forma en que el tembladeral de la existencia se hace presente en sus poemas (La luz en la ventana, 1982), su delicado manejo de la ironía (El mundo incompleto, (1987), el contrapunto que instala su voz aterciopelada de contralto para escandir su propio canto (La calma, 1991; La dicha, 2004).

Comunicado de la Sea: Legislatura caliente

Concentración y vigilia de los escritores para que se apruebe el régimen de subsidio

Desde la tarde del lunes 15, cuando más de cien escritores convocados por la SEA se reunieron frente a la Legislatura, va aumentando la presión para que se trate y vote en el Recinto, en la próxima sesión extraordinarias, el Régimen de Reconocimiento a la Actividad Literaria, subsidio que permitirá que las escritoras y escritores de más de 60 años puedan seguir escribiendo y completando su obra en condiciones dignas.

María Rosa Lojo, Elsa Osorio, Diana Bellessi, Pacho O’Donnell, Vicente Zito Lema, Alberto Laiseca, Noé Jitrik, Rafael Vásquez, Ricardo Horvath, Leonardo Martínez, Julio Bepré, Hebe Solves, María del Carmen Suárez y las muy jóvenes Florencia Abadi y Aldana Gaggero, entre otras escritoras y escritores, se hicieron presentes para respaldar el proyecto de la SEA, presentado en 2007 por el fallecido Elvio Vitali y retomado con entusiasmo por su colega del mismo bloque Inés Urdapilleta.

El proyecto ya tiene dictamen favorable de las Comisiones de Cultura y Presupuesto, y se descuenta que en las próximas horas será convertido en ley, con el apoyo de todos los bloques de la Cámara.

La Comisión Directiva de la SEA exhorta a los legisladores –preocupados en estos días por preservar su imagen, en un marco de escándalos y denuncias- a votar YA este proyecto que ha sido consensuado largamente, permitiendo que numerosos escritores accedan al subsidio, que incide mínimamente en el Presupuesto de la ciudad y redunda en un enorme beneficio social y cultural.

¡TODOS JUNTOS, POR LA PENSIÓN DEL ESCRITOR!

COMISIÓN DIRECTIVA DE LA SEA
Martes 16 de diciembre de 2008

martes, diciembre 16, 2008

Libros y más libros: El mal menor

El mal menor, de Mónica Sifrim (Bajo La Luna Poesía, Buenos Aires, 2008)

Comprometida con el tiempo que le toca vivir –tiempo de crisis de los grandes relatos, de valores y utopías, de creencias —Mónica Sifrim se interna en este su cuarto libro, en los enredados laberintos del corazón contemporáneo, un corazón trabado/ en la derrota, cuyo padecimiento asimila, al menor de los males o “mal del cangrejo”.
Así como en su segundo libro Novela familiar dialoga con el bildungsrooman, en El mal menor la poeta indaga en diversos relatos míticos y religiosos de la tradición judeo-cristiana –sobre todo las Sagradas Escrituras-, interpretando a la luz de esa narrativa preexistente los avatares de una existencia, ciertas etapas de una historia de vida. El periplo vital que se despliega en este libro abreva, además, en diversos materiales: textos literarios de autores clásicos y contemporáneos (Góngora, Garcilazo, Baudelaire, Eliot, José Hernandez, por citar sólo algunos).
Pero, aquí, y a diferencia de su segundo libro, el diálogo admite un movimiento doble: de denuncia por un lado, pero también de reconocimiento con esos legados.

Libros y más libros: Liliana Ponce


Fudekara, de Liliana Ponce (Ed. Tsé Tsé, Buenos Aires, 2008).

Escrito como un diario de iniciación que abarca doce días y que da cuenta de la experiencia del aprendizaje de la caligrafía chino-japonesa, “un arte puente entre la pintura y la escritura literaria”, Fudekara se revela como una manera singular de observar el mundo y registrarlo: “Al escribir observo. Después, voy hacia tierras marcadas con signos invisibles. Continuidad de esa trama, breve pero intensa, consistente pero también fluida y móvil, que ha ido tejiendo toda la obra de Liliana Ponce, este libro incluye --otro rasgo singular--, un ensayo de la propia autora sobre la escritura ideogramática, “como un sistema trazado en el umbral de la poesía”.

lunes, diciembre 15, 2008

Postergación del tratamiento del Proyecto de Pensión para el Escritor

Desde las 16 horas y hasta las 18.30 del día de hoy, lunes 15 de diciembre, un nutrido grupo de escritores, convocados por la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA), se dio cita en la puerta de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. El objetivo, como ya informáramos en este blog del amasijo, era estar presente durante la sesión en la que sería tratado por el cuerpo legislativo el Proyecto de Pensión para el Escritor.
Lamentablemente, y según se nos informó ya pasadas las 18, la Legislatura no iba a dedicar su sesión del lunes al tema de nuestro interés, postergándolo quizás para este jueves.
Habrá que esperar entonces un poco más.

Homenaje a una compañera: Graciela "Chiche" Fraccino

Anoche, pensando en la posible sanción de la Pensión para el Escritor en el día de hoy, lunes 15 de diciembre, recordé aquellos otros días de 1974 y 1975, cuando, con un conjunto de poetas, peléabamos en la Sade por la inclusión --el reconocimiento-- de lo que llamábamos Las Nuevas Promociones Literarias (los más jóvenes) en el estatuto de esa entidad.
La Sade era en esos momentos un reducto burocrático, un sello nada más, del que nada podían esperar los escritores --lamentablemente, con los años se fue transformando en algo peor: en una simple caja que solventó, a través de estafas y desfalcos, a diversos vagos y maltretenidos (de allí su reciente intervención).
Decía que estaba recordando aquellos días, y un nombre vino a mi memoria: el de Graciela "Chiche" Fraccino --hoy ya fallecida--, compañera constante de esas luchas... Vaya entonces para ella, en este día histórico para todos los escritores, mi homenaje más sentido.

Hoy al fin podría sancionarse la Pensión del Escritor

Reproducimos, a continuación, la nota aparecida hoy, lunes 15 de diciembre de 2008, en el diario Pagina/12:

No queremos más dilaciones
El proyecto que contempla un subsidio mensual apunta a evitarles la indigencia a varios creadores valiosos y significa un 0,0147 por ciento del presupuesto total de la ciudad: todo depende de que los legisladores del PRO ocupen sus bancas.

Por Silvina Friera

La jornada puede ser histórica para todos los escritores de la ciudad y del país, si los diputados del PRO no se hacen los “distraídos”. Esconderse y no dar la cara, además de ser una actitud canallesca, tendría altos costos políticos en un ámbito, el de la cultura, donde el macrismo se hunde en un mar de desidias e insensibilidades inadmisibles, aunque cree flotar sobre la luz de megaespectáculos trasnochados y un turismo prêt-à-porter. Los legisladores hoy tendrán que poner el cuerpo en sus bancas para convertir en ley el Régimen de Reconocimiento a la Actividad Literaria, un proyecto gestado e impulsado por la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA) y presentado por el querido Elvio Vitale allá por febrero de 2007. La Pensión del Escritor (así llamada por la SEA), que cuenta con el apoyo de más de 500 escritores y artistas, ha sorteado la muralla de dilaciones con las que se topó en las comisiones de Cultura y Presupuesto. Ahora está a un paso de convertirse en ley, pero para que el proyecto sea tratado sobre tablas se necesita un quórum de 40 diputados, los dos tercios del total de 60 legisladores, y para ser sancionado requiere de una mayoría simple, la mitad más uno de los diputados presentes. Los escritores, curtidos como pocas veces en esta larga batalla, se concentrarán desde las 16 en la esquina de Perú e Hipólito Yrigoyen para luego acceder al recinto.
Aún suscita rabia recordar los pruritos del PRO para dar vía libre al Régimen de Reconocimiento a la Actividad Literaria que, de aprobarse, dispondrá del 0,0147 por ciento del presupuesto total de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires –2.500.000 pesos anuales–, una cifra irrisoria que servirá para paliar el estado de indigencia de muchos escritores, que serían beneficiados con un subsidio mensual y vitalicio, de carácter no contributivo, equivalente al ingreso básico del personal del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que revista en el Agrupamiento Servicios Sociales e Institucionales de la Carrera Administrativa (Nivel SA01), es decir unos 1650 pesos mensuales. Gozarán del subsidio aquellos creadores literarios que tengan residencia en la ciudad no inferior a los 15 años, que hayan publicado cinco libros debidamente registrados como mínimo en los géneros de literatura, poesía, ensayo o teatro, los cuales deberán haber sido escritos en lengua castellana o cualquiera de las lenguas originarias, comprendiéndose también las ediciones bilingües, y que no cuenten al cumplir 60 años –la edad mínima para solicitar el beneficio– con otro ingreso o haber jubilatorio equivalente.

Graciela Aráoz, presidenta de la SEA, plantea a Página/12 que el proyecto de Ley de Reconocimiento de la Actividad Literaria tiene razones vitales para los escritores. “A diferencia de otras actividades artísticas, los escritores carecemos de cualquier forma de cobertura previsional. Nuestros ingresos están atados estrictamente a los derechos de autor, que son proporcionales a la venta de los libros. Así, el escritor que llega a una edad avanzada, sólo podrá sobrevivir si logró un éxito comercial o, en su defecto, si realizó otras actividades laborales durante un tiempo suficiente –explica Aráoz el vacío jurídico que afecta a los escritores–. Los que no se encuentran en ninguno de estos dos casos, estarán condenados a no tener una vida digna como se merece cualquier ser humano, algo que ya sucedió con varios y valiosos compañeros fallecidos. ¿La vida de un creador debe depender de la mercantilización de la cultura? Vemos, con mucha preocupación, que mientras se han presupuestado 70 millones de pesos en favor del régimen de mecenazgo –que coloca a la cultura bajo el sponsoreo de grandes empresas–, se nos sigue postergando un recurso para el cual está prevista una cifra treinta veces menor. La SEA desde hace cuatro años viene sosteniendo esta lucha, desde la misma redacción del proyecto, y luego con nuestra presencia permanente en cada despacho de los diputados, en las comisiones de cultura y de presupuesto, defendiendo en favor de los escritores cada artículo y modificación que se realizó, presentes siempre y en cada momento.”

La Pensión del Escritor cuenta con el apoyo de Osvaldo Bayer, Eduardo Belgrano Rawson, Vicente Battista, Beatriz Sarlo, Diana Bellessi, Arturo Carrera, Leopoldo Brizuela, Carlos Chernov, Antonio Dal Masetto, Daniel Divinsky, Alejandro Dolina, Juan Gelman, Angélica Gorodischer, Noé Jitrik, Sylvia Iparraguirre, Elsa Drucaroff, Guillermo Martínez, Tununa Mercado, Cristina Mucci, Mauricio Kartun, Guillermo Saccomanno, Ana María Shua, Fernando Noy, Miguel Rep, Héctor Tizón, David Viñas y Luisa Valenzuela, por mencionar apenas un puñado de los 500 escritores y personalidades de la cultura que adhieren al proyecto. “No queremos más dilaciones –-advierte Aráoz–. Esperamos que la ley se apruebe hoy mismo.” Será, si los diputados macristas no huyen de sus responsabilidades, una conquista histórica. Y un modelo para replicar la ley a nivel.

domingo, diciembre 14, 2008

Mañana se vota en la Legislatura de la Ciudad el proyecto de Pensión para el Escritor

A todos los escritores, compañeros y amigos, les decimos desde este blog del amasijo, que mañana, lunes 15 de diciembre, puede ser un día histórico: porque se vota en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires el proyecto de Pensión para el Escritor.
Por eso, los invitamos a que nos acompañen: nos encontraremos a las 16, en Perú e Hipólito Yrigoyen, junto a la Sea (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina). No se olviden de llevar documento de identidad.
Todos juntos y unidos por nuestra legítima reivindicación.

sábado, diciembre 13, 2008

Comunicado de la Sea: Votarán el lunes el subsidio para los escritores de Buenos Aires

El Régimen de Reconocimiento a la Actividad Literaria –un proyecto gestado e impulsado por la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA)- ya cuenta con dictamen favorable de las comisiones de Cultura y Presupuesto y va camino a convertirse en ley con el apoyo de los bloques opositores de la Legislatura porteña.
Diputados del PRO que individualmente apoyan esta iniciativa, han solicitado a sus colegas que el tratamiento sobre tablas se haga este lunes 15 de diciembre, ya que esperan recibir este fin de semana una señal aprobatoria del ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi.
Gozarán del subsidio aquellos creadores literarios que tengan residencia en la ciudad no inferior a los 15 años, que hayan publicado al menos cinco libros, en los géneros conocidos, y que no cuenten, al cumplir 60 años, con otro ingreso o haber jubilatorio equivalente.
La Pensión del Escritor (así la llama la SEA) toma por primera vez en cuenta el aporte silencioso y constante que los Escritores porteños, con sus narraciones y sus versos, con sus reflexiones y su humor, le han hecho a la imagen y al patrimonio cultural de la ciudad de Buenos Aires.
Hasta hoy, la Legislatura acostumbraba conceder pensiones graciables en los casos más apremiantes y penosos. Pero a partir de este momento, habrá un régimen que sostendrá al creador literario, para que pueda seguir entregando belleza a través de su palabra, y participando, con sobrados méritos, en la vida de la comunidad.
¡TODOS JUNTOS POR LA PENSIÓN DEL ESCRITOR!

COMISIÓN DIRECTIVA DE LA SEA
Viernes 12 de diciembre de 2008

SEA / Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina. Asociación Civil-Personería Jurídica IGPJ 0078/2001. Bartolomé Mitre 2815, 2º piso, oficinas 225 a 230-C1201. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina. Tel. (5411) 4 864 8101: www.lasea.org.ar

Irene Gruss*: He cantado

Aquí me ven con la boca abierta
como una ballena,
esa ballena que escupe
pura congoja. Oh, Ahab, ¿alguien
podrá decir es aquí
donde me deshago ahora?
Oh, boca abierta, yo,
que he cantado,
ballena blanca y mortal, no quisquillosa sirena,
oh, amor mío,
quién ha muerto
a quién.
* Irene Gruss nació en Buenos Aires, en 1950. Publicó, entre otros libros: La luz en la ventana (1982), El mundo incompleto (1987), La calma (1991), Sobre el asma (1995), Solo de contralto (1997), En el brillo de uno en el vidrio de uno (2000), La dicha (2004),y la nouvelle Una letra familiar (2007). Además, seleccionó y prologó la antología Poetas argentinas (1940-1960), 2006.