lunes, enero 25, 2010

Marguerite Duras*: la soledad no se encuentra, se hace...

“La soledad de la escritura es una soledad sin la cual el escribir no se produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué seguir escribiendo. Se desangra, el autor deja de reconocerlo. Y ante todo, nunca debe dictarse a secretaria alguna, por hábil que sea, y, en esta fase, nunca hay que dar a leer lo escrito a un editor.Alrededor de la persona que escribe (…) siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas la luces, ya sean del exterior o de la lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel período de mi primera soledad ya había descubierto que lo que tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era éste: “Escribe, no hagas nada más”.
Escribir: era lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. La escritura nunca me ha abandonado.
Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, ritos de tinta negra, huellas de tinta negra inencontrables, es una silla determinada. Y determinados ritos a los que siempre vuelvo, a dondequiera que esté, incluso en los lugares donde no escribo, como por ejemplo las habitaciones del hotel, el rito de tener siempre whisky en mi maleta en caso de insomnios o de súbitas desesperaciones. Durante aquel período tuve amantes. Se acostumbraban a la soledad de Neauphle. Y según su encanto a veces esta soledad les permitía que, a su vez, escribieran libros. Raramente daba a leer mis libros a esos amantes. Las mujeres no deben hacer leer a sus amantes los libros que escriben. Cuando terminaba un capítulo, lo escondía. En lo que a mí respecta, es tan verdad que me pregunto qué pasa en otras partes y también cuando se es una mujer y se tiene un marido o un amante. En tal caso, también hay que esconder a los amantes el amor del marido. El mío nunca ha sido sustituido. Lo sé, todos los días de mi vida.
Esta casa, esta casa es el lugar de la soledad, sin embargo da a la calle, a una plaza, a un estanque muy antiguo, al grupo escolar del pueblo. Cuando el estanque está helado, hay niños que vienen a patinar y me impiden trabajar. Les dejo hacer. Los vigilo. Todas las mujeres que han tenido hijos vigilan a esos niños, desobedientes, locos, como todos los niños. Pero, qué miedo, cada vez, el peor de los miedos. Y qué amor.
La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Porque decidí que era allí donde debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros. Sucedió así. Estaba sola en casa. Me encerré en ella, también tenía miedo, claro. Y luego la amé. La casa, esta casa, se convirtió en la casa de la escritura. Mis libros salen de esta casa. También de esta luz, del jardín. De esta luz reflejada del estanque. He necesitado veinte años para escribir lo que acabo de decir. (...)
(...) Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro, como el último hijo, siempre al más amado.

Un libro abierto también es la noche.
Estas palabras que acabo de pronunciar me hacen llorar, no sé por qué.
Escribir a pesar de todo pese a la desesperación. No: con la desesperación. Qué desesperación, no sé su nombre. Escribir junto a lo que precede al escrito es siempre estropearlo. Y sin embargo hay que aceptarlo: estropear el fallo es volver sobre otro libro, un posible otro de ese mismo libro.
Ese extravío de uno mismo por la casa no es nada voluntario. No decía: “Estoy encerrada aquí todos los días de año”. No lo estaba, decirlo hubiera sido falso. Iba a hacer compras, iba al café. Pero, al mismo tiempo, estaba aquí. El pueblo y la casa es lo mismo. Y la mesa frente al estanque. Y la tinta negra. Y el papel blanco es lo mismo. Y en lo que a los libros refiere, no, de pronto, nunca es lo mismo. (...)”
*Del libro Escribir, escrito en 1993.

sábado, enero 23, 2010

Lezama Lima: La cara oscura del viaje

"El viaje es reconocer, reconocerse, es la pérdida de la niñez y la admisión de la madurez..., casi nunca he salido de La Habana. Admito dos razones: a cada salida, empeoraban mis bronquios: y además, en el centro de todo viaje ha flotado siempre el recuerdo de la muerte de mi padre. Gide ha dicho que toda travesía es un pregusto de la muerte, una anticipación del fin. Yo no viajo: por eso resucito."
*Valoración múltiple. Recopilación de textos sobre L. Lima. La Habana. Casa de las Américas, 1970.

Martín Rodríguez: Paraguay

¿Cuando empezó la guerra, Mariscal?

¿Corrientes no era Polonia?

El Mariscal quería pisar tierra, una vez.
Paraguay era una ciudad de agua, un pantano.
Mato Grosso-Corrientes, países de agua también
pero que van hacia el mar…
Las aguas como la piel de gallina:
llegó a Corrientes pisando las aguas,
en patas, tirando flores. Quería pisar tierra, una vez.

Con su vapor de la marina paraguaya, de una marina sin mar.

No te duermas sin haber cantado las nanas de la guerra. Decía.

Pintate con carbón no sólo los bigotes, el ceño fruncido, la bala hundida, el
orificio: todo.

Después llegó la guerra, Mitre, Caxias, las batallas, una a una, en series:
Curupaytí: el flujo temporal de la batalla.
Curupaytí: 3ra columna, 4ta columna, columnas de humo hacia el fuego.

Pero fueron necesarios los niños. Los niños: la bala líquida.

”Esquema semiótico básico”: ataque-defensa, aliados-enemigos, derrota-victoria.

Pero los niños, como el agua, se escurrían en los dedos. Grababan sus figuras en
el barro, temblaban con el racimo de sus dedos (la uva blanca), contra el agua
dejaban caer el polvo de la pólvora como polvo dorado, se sacaban todo de
encima. Incluso la guerra se la sacaban de encima: corrían como si tuviesen
encima un hormiguero. Hormigas rojas corrían en ellos también.

Siguieron al Mariscal hasta la muerte, en manos de los negros-esclavos-libres.

Camorra
Los árboles, los árboles, los árboles,

Los niños, los niños, los niños.
Los camorreros, la saliva, la rabieta,
desnudos junto al fuego...

El fuego, el fuego, el fuego.
Hay que leer el mundo.

Palo
Vuelve a la Normalidad el Caos Original…
Al primer niño lo hallaron sólido, abrazado a un palo.
Sentado de espaldas a un hormiguero,
recitando estos versos:
“El mundo se acabará.
No se encontrará el secreto.”

Palangana
La obsesión del espíritu está hirviendo: la guerra en la pava abollada.
En esas circunstancias de amor y condena.
De una palangana cayó un callo de piel blanca: la nueva ser para la guerra.
Calcio: un estero te baña.
Una isla de té verde bañada insistentemente con leche.

Guerra
Todo era huir de la madre.
De la muerte de la madre,
la madre muerta,
morir con la madre,resucitar entre sus piernas
crucificado, deseoso el que huye de la muerte de la madre
porque es su propia muerte en sustancia, el que
huye de la locura de la madre,
de sus voces en el sueño,
de sus pasos en el corral.

Todo era huir.
Todo era resucitar.
Todo era calcinarse al sol, junto a un palo.

*Martín Rodríguez, poeta argentino (buenos aires 1978). Publicó, entre otros libros, Agua negra, Natatorio, El conejo, Lampiño, Maternidad Sardá.
Los poemas que se transcriben son inéditos (Gentileza: http://www.elinterpretador/).

jueves, enero 21, 2010

Marguerite Duras: escribir...

--Ser escritor no es saberlo.
--No, eso no es suficiente, pero se dice tanto que debe haber algo de cierto. Escribir es también no saber qué se hace, ser incapaz de juzgarlo, hay también un poco de eso en el escritor, un brillo cegador.
*De Emily L., Ed. Tusquets, 1988.

miércoles, enero 20, 2010

Taller de poesía 2010

Está abierta la inscripción para el taller de poesía, coordinado por la poeta María del Carmen Colombo*. Los interesados pueden solicitar entrevista al 4923-1112 (por la mañana), o al 156-025-5595, o escribir a: colombomc@fibertel.com.ar, o bien a cotocolombo@gmail.com.ar

PLAN DE TRABAJO
Metodología.
Lectura y análisis de los textos de los participantes.. La palabra del otro como generadora de textos: práctica intensiva de la escritura.. Voces y resonancias. Propuestas estéticas: lectura de la obra de otros autores: Baudelaire - Rimbaud - Mallarmé - Valery - Eliot - Lezama Lima –Discépolo - Pizarnik Bayley - Orozco - Ortiz - Lamborghini - Bellessi- Gruss, Genovese, etc.
Objetivos
. Perfeccionar la artesanía propia del oficio.
. Ahondar en aquellos temas y motivos que se manifiesten en la producción grupal e individual.
. Reconocer en los textos filiaciones y parentescos literarios.
. Adquirir una mayor conciencia del proceso creativo.


Actividad complementaria: evaluación grupal del conjunto de los textos presentados por cada uno de los integrantes.

*María del Carmen Colombo nació en 1950 en Buenos Aires. Ha publicado: La edad necesaria (1979); Blues del amasijo (1985); Blues del amasijo y otros poemas (1992, reedit. 1998); La muda encarnación (1993) y La familia china (1999); además publicó Santo y Seña (publicación conjunta, 1984) y Folletín (Plaquetas del Herrero, 1998). Tiene un libro inédito: Bestiario sentimental. Ha recibido, en otros, el Primer Gran Premio de Poesía V Centenario (1992) y Mención Especial del Premio Nacional de Poesía, Producción 1996-1999 (2005). Integra antologías de poetas argentinos editadas en el país y en el extranjero -la más reciente Puentes/Pontes (Fondo de Cultura Económica, 2003)-. Colabora en diarios y revistas. Desde 1980 coordina talleres literarios.

lunes, enero 18, 2010

Ítalo Calvino: El jinete del cubo o la búsqueda de la levedad como reacción al peso del vivir

"(...) Quisiera terminar esta conferencia recordando un cuento de Kafka, "El jinete del cubo" (Der Kübelreiter). Es un breve relato en primera persona, escrito en 1917, y su punto de partida es evidentemente una situación muy real de aquel invierno de guerra, el más terrible para el Imperio austríaco: la falta de carbón. El narrador sale con el cubo vacío en busca de carbón para la estufa. Por la calle el cubo le sirve de caballo, llega a izarlo a la altura de los primeros pisos y lo transporta meciéndolo como en la grupa de un camello. La carbonería es subterránea y el jinete del cubo está demasiado alto; trata de hacerse oír por el hombre, que está dispuesto a satisfacerle, mientras que la mujer no lo quiere escuchar. El jinete le suplica que le dé una paletada del carbón de la peor calidad, aunque no pueda pagarle en seguida. La mujer del carbonero se desata el mandil y ahuyenta al intruso como si espantara una mosca. El cubo es tan liviano que sale volando con el jinete hasta perderse más allá de las Montañas de Hielo. Muchos de los cuentos de Kafka son misteriosos y éste lo es especialmente. Tal vez Kafka sólo quería contarnos que salir en busca de un poco de carbón, una fría noche en tiempos de guerra, se transforma, con el simple balanceo del cubo vacío, en quete de jinete errante, travesía de caravanas en el desierto, vuelo mágico. Pero la idea de este cubo vacío que te levanta por encima del nivel donde se encuentra la ayuda y también el egoísmo de los demás, el cubo vacío signo de privación, de deseo, de búsqueda, que te levanta hasta el punto de que tu humilde plegaria ya no puede ser escuchada, abre el camino a reflexiones sin fin.
(…).
*Véase Seis propuestas para el próximo milenio, Ed. Siruela, 1989.

F. Kafka: El jinete del cubo

Todo el carbón se había consumido; vacío el cubo; la pala, sin objeto ya; la chimenea respirando frío; el cuarto lleno de soplo de la helada; ante la ventana, árboles rígidos de escarcha; el cielo, un estuche de plata vuelto hacia aquel que le pida ayuda. Necesito carbón; no debo congelarme; detrás de mí la chimenea inhospitalaria, ante mí, el cielo igualmente despiadado: deberé cabalgar entre ambos y en medio de ambos pedir ayuda al carbonero. Pero ante mis súplicas habituales él se ha endurecido ya; debo probarle exactamente que no me queda ni el más leve polvillo de carbón y que, por lo tanto, él es para mí como el sol de los cielos. Debo actuar como el mendigo hambriento que decide expirar en el umbral de la puerta y a quien, por eso, la cocinera de los señores se decide a dar el poso del último café; así también, furioso, pero a la luz del mandamiento "no matarás", el carbonero tendrá que echarme una palada en el cubo.
Mi ascensión lo va a decidir; por eso voy hacia allí montado en el cubo. Jinete del cubo, y puesta la mano en el asa, riendas harto sencillas, desciendo penosamente la escalera; pero una vez abajo, mi cubo asciende; ¡magnífico!, ¡magnífico!; los camellos echados en tierra no se levantan sacudiéndose con más belleza bajo el palo del guía. Marchamos al trote por la callejuela helada; con frecuencia me veo alzado hasta el primer piso; nunca llego a descender hasta la puerta de la calle. Ante el abovedado sótano del carbonero floto a extraordinaria altura, en tanto él, allá abajo, escribe, encogido ante su mesita; para dar paso al calor excesivo ha abierto la puerta.

— ¡Carbonero! —grito, con voz hueca, quemada por el frío y oculto por las nubes de mi aliento lleno de humo—, por favor, carbonero, dame un poco de carbón. Mi cubo está vacío, ya no puedo cabalgar sobre él. Sé bueno. Tan pronto pueda, te pagaré.

El carbonero se lleva la mano al oído.

— ¿Oigo bien? —pregunta por sobre el hombro a su mujer, que teje sentada en el banco de la chimenea—, ¿oigo bien? Un cliente.

—No oigo nada —dice la mujer, respirando con tranquilidad por encima de las agujas de tejer, con un agradable calor en la espalda.

— ¡Oh, sí! —exclamó—. Soy yo; un viejo cliente; un seguro servidor; sólo que momentáneamente sin medios.

—Mujer —dice el carbonero-, ahí hay alguien, hay alguien; no puedo equivocarme hasta ese extremo; tiene que ser un cliente antiguo, muy antiguo, para que así me hable al corazón.

— ¿Qué te pasa hombre? —dice la mujer, y aprieta su labor contra el pecho, descansando por un instante—. No hay nadie, la calle está vacía y toda nuestra clientela está ya servida; podemos cerrar el negocio por unos días y descansar.

—Pero yo estoy aquí, sobre el cubo —grito, e insensibles lágrimas de frío velan mis ojos—. Por favor, aquí arriba; me veréis en seguida; tan sólo una palada; y si me dierais dos, me haríais más que feliz. Toda la clientela está ya provista. ¡Ah, si pudiera oírlo sonar ya en el cubo.!

—Voy —dice el carbonero, y quiere subir la escalera con sus cortas piernas, pero la mujer está ya junto a él, le coge por el brazo y dice:

—Tú te quedas. Si no desistes de tu testarudez, seré yo quien suba. Acuérdate de tu tos. Pero por un negocio, aunque sólo sea imaginario, olvidas mujer e hijo y sacrificas tus pulmones. Iré yo.

—Entonces dile todas las clases que hay en depósito; yo te cantaré los precios.

—Bueno —dice la mujer, y sube hacia la calle. Como es natural, me ve en seguida.

-Señora carbonera —exclamo—, la saludo; sólo una palada de carbón; aquí, en seguida, en el cubo; yo mismo lo llevaré a casa; una palada del peor. La pagaré toda, claro está, pero no ahora, no ahora.

¡Qué tañido de campanas son esas dos palabras, "no ahora", y que turbadora para los sentidos que se mezclan al toque del reloj que precisamente me llega desde la cercana torre de la iglesia!

-¿Qué es, pues, lo que quiere? -exclama el carbonero.

—Nada —le replica la mujer—, no hay nadie; no veo nada, no oigo nada; sólo están dando las seis y nosotros cerramos. Hace un frío terrible; es probable que mañana tengamos mucho trabajo aún.

No ve nada, no oye nada, y sin embargo, suelta la cinta de su delantal y procura alejarme con él. Por desgracia lo consigue. Mi cubo tiene todas las desventajas de un animal de silla; carece de fuerzas para resistir; es demasiado liviano; un delantal de mujer obliga a sus patas a dejar el suelo.

— ¡Mala mujer! —grito aún, mientras ella, volviéndose hacia el negocio, entre despreciativa y satisfecha, hace un gesto en el aire con la mano-. ¡Mala! Te pedí una palada del peor y no me la has dado.

Y con ello me elevo a las regiones de los pinos helados y me pierdo de vista para siempre.

F. Kafka: Una cruza

Tengo un animal curioso, mitad gatito, mitad cordero. Es una herencia de mi padre. En mi poder se ha desarrollado del todo; antes era más cordero que gato. Ahora es mitad y mitad. Del gato tiene la cabeza y las uñas, del cordero el tamaño y la forma; de ambos los ojos, que son huraños y chispeantes, la piel suave y ajustada al cuerpo, los movimientos a la par saltarines y furtivos. Echado al sol, en el hueco de la ventana, se hace un ovillo y ronronea; en el campo corre como loco y nadie lo alcanza. Dispara de los gatos y quiere atacar a los corderos. En las noches de luna su paseo favorito es la canaleta del tejado. No sabe maullar y abomina de los ratones. Horas y horas pasa en acecho ante el gallinero, pero jamás ha cometido un asesinato.
Lo alimento a leche; es lo que le sienta mejor. A grandes tragos sorbe la leche entre sus dientes de animal de presa. Naturalmente es un gran espectáculo para los niños. La hora de visita es los domingos por la mañana. Me siento con el animal en las rodillas y me rodean todos los niños de la vecindad.

Se plantean entonces las más extraordinarias preguntas, que no puede contestar ningún ser humano: Por qué hay un animal así, por qué soy yo su poseedor y no otro, si antes ha habido un animal semejante y qué sucederá después de su muerte, si no se siente solo, por qué no tiene hijos, cómo se llama, etcétera. No me tomo el trabajo de contestar: me limito a exhibir mi propiedad, sin mayores explicaciones. A veces las criaturas traen gatos; una vez llegaron a traer dos corderos. Contra sus esperanzas no se produjeron escenas de reconocimiento. Los animales se miraron con mansedumbre desde sus ojos animales, y se aceptaron mutuamente como un hecho divino. En mis rodillas el animal ignora el temor y el impulso de perseguir. Acurrucado contra mí es como se siente mejor. Se apega a la familia que lo ha criado. Esa fidelidad no es extraordinaria: es el recto instinto de un animal, que aunque tiene en la tierra innumerables lazos políticos, no tiene uno solo consanguíneo, y para quien es sagrado el apoyo que ha encontrado en nosotros.

A veces tengo que reírme cuando resuella a mi alrededor, se me enreda entre las piernas y no quiere apartarse de mí. Como si no le bastara ser gato y cordero quiere también ser perro. Una vez -eso le acontece a cualquiera- yo no veía modo de salir de dificultades económicas, yo estaba por acabar con todo. Con esta idea me hamacaba en el sillón de mi cuarto, con el animal en las rodillas; se me ocurrió bajar los ojos y vi lágrimas que goteaban en sus grandes bigotes. ¿Eran suyas o mías? ¿Tiene este gato de alma de cordero el orgullo de un hombre? No he heredado mucho de mi padre, pero vale la pena cuidar este legado.Tiene la inquietud de los dos, la del gato y la del cordero, aunque son muy distintas. Por eso le queda chico el pellejo. A veces salta al sillón, apoya las patas delanteras contra mi hombro y me acerca el hocico al oído. Es como si me hablara, y de hecho vuelve la cabeza y me mira deferente para observar el efecto de su comunicación. Para complacerlo hago como si lo hubiera entendido y muevo la cabeza. Salta entonces al suelo y brinca alrededor.

Tal vez la cuchilla del carnicero fuera la redención para este animal, pero él es una herencia y debo negársela. Por eso deberá esperar hasta que se le acabe el aliento, aunque a veces me mira con razonables ojos humanos, que me instigan al acto razonable.

sábado, enero 16, 2010

De la poesía de Haití

Si te interesa, podés entrar al siguiente sitio para leer un pequeño artículo "Sobre la poesía de Haití", especialmente preparada por el poeta argentino EWduardo Dalter:
http://danielmontoly.blogspot.com/2005/10/de-la-poesa-de-hait-por-eduardo-dalter.html

Via Sole: blog de traducciones de poesía italiana

El poeta argentino Carlos Vitale, radicado en España, estrena su blog Via Sole, de traducciones de poesía italiana de los siglos XIX y XX, en el cual se podrán leer las traducciones realizadas por este autor durante los últimos 25 años, no incluidas en libros. Feliz lectura: http://viasole.blogspot.com/

viernes, enero 15, 2010

Premio Carmen Conde de poesía escrita por mujeres 2010

Agradecemos al poeta Enrique Solinas por el envío de la siguiente información:

PREMIO "CARMEN CONDE" DE POESIA ESCRITA POR MUJERES 2010

Requisitos: Podrán concurrir al mismo poetisas de cualquier nacionalidad con libros escritos en lengua española no premiados anteriormente en ningún otro concurso.
Los originales, con libertad de tema y forma, deberán ser inéditos en su totalidad y tener una extensión no inferior a 600 versos ni superior a 800.
Se presentará un ejemplar, impreso por una sola cara, debidamente numerado y encuadernado. Se admitirá un solo poemario por autora.
Los libros presentados deberán ir firmados por sus autoras, incluyendo en el ejemplar sus datos personales (nombre, domicilio, teléfono y correo electrónico) y una breve reseña bibliográfica.
El envío, por correo certificado, se hará llegar a Ediciones Torremozas, Apartado 19032, 28080 Madrid, España, indicando en el sobre “Para El Premio Carmen Conde”. El plazo de admisión quedará cerrado el 15 de Marzo de 2010.
El premio consistirá en la publicación del libro premiado en la Colección Torremozas, con entrega de 50 ejemplares a su autora. La Editorial se reserva los derechos de la primera edición y, en caso de posteriores ediciones, estas serían objeto de contrato con la poeta premiada.
El Jurado estará compuesto por especialistas en poesía cuyo nombre se dará a conocer en el momento de hacerse público el fallo, que será inapelable.
Ediciones Torremozas no mantendrá correspondencia sobre este concurso ni devolverá los originales no premiados, que serán destruidos tan pronto se haya producido el fallo.
La presentación al Premio “Carmen Conde” implica la total aceptación de sus bases, cuya interpretación, incluso la facultad de declararlo desierto, quedará a juicio del Jurado.
Fecha cierre: 15/03/2010 .
Información: Pueden consultar las bases en www.torremozas.com
Lugar: INTERNACIONAL - España

jueves, enero 14, 2010

miércoles, enero 13, 2010

Poetas argentinas en España

El próximo martes 19 de enero de 2010, a las 19.30, y como parte del Ciclo La Estafeta del Viento, se realizará en la Casa de América --Plaza de Cibeles, 2. 28014 Madrid, España. Tel. 91 595 48 00-- una lectura de poemas en la que participarán tres poetas argentinas: Noni Benegas, Luisa Futoransky y Agustina Roca, con la coordinación de Jorge Alemán ( www.laestafetadelviento.es) y la presentación de Susana García Iglesias.

martes, enero 12, 2010

Boca de Sapo

Salió BOCADESAPO
Revista de arte, literatura y pensamiento
Segunda época año XI Nº 5 Enero 2010
No te la pierdas.
SUMARIO
• Editorial
• La violencia de la ilusión. Amartya Sen
Dossier Memorias e Identidades
• Presentación del dossier. Claudia Feld
• Deshilvanar. Fragmentos. Liliana Lukin
• La figura de hijos de víctimas de la violencia de Estado. Andrea Cobas Carral
• Entrevista a Héctor Schmucler: “Toda memoria es política”. Shila Vilker
• Fronteras políticas y testimonio. María Teresa Johansson M.
• La escena como espacio para la reparación del daño. Lorena Verzero
• Crónica. “Con las maletas preparadas”. Igor Štiks
Artículos
• Homenaje a Leónidas Lamborghini. Escribir con las patas en la fuente. Marisa do Brito Barrote
• La ciudad latinoamericana contemporánea revisitada. Gisela Heffes
• Magia, brujería, escritura. Jimena Néspolo
Cuento
• So far. Pablo Manzano
Reseñas
• Variaciones sobre el erotismo: Charlotte d´Ingerville de Georges Bataille
• Las apuestas de la derrota: El otro lado de Jorge Consiglio
• Hazañas bélicas: Canción de Vic Morrow de Jaime Rodríguez Z.
• El señor, el amante y el poeta de Dardo Scavino
• De traiciones urbanas: Alias Gardelito de Bernardo Kordon
• Leer y escribir, un aprendizaje que no termina: Enseñar a leer textos de ciencias de Ana Espinoza y Conquistar la escritura de Ana María Finocchio
Historieta
• Fragmentos en tiras de la vida de Antón Malavar. Víctor Hugo Asselbon


STAFF
DIRECTORA
Jimena Néspolo
JEFA DE REDACCIÓN
Marisa do Brito Barrote
CONSEJO DE DIRECCIÓN
Diego Bentivegna - Claudia Feld
Gisela Heffes - Walter Romero
JEFE DE ARTE
Jorge Sánchez
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN
David Nahon - Mariana Sissia

ILUSTRADORES
Paula Adamo - Víctor Hugo Asselbon
Santiago Iturralde - Florencia Scafati
COLABORADORES
Andrea Cobas Carral-Marcelo Damiani
María Teresa Johansson M. - Rosana Koch
Liliana Lukin - Matías Néspolo - Amartya Sen
Fabián Soberón - Igor Štiks -Lorena Verzero
Shila Vilker
ARTISTAS INVITADOS
Martín Bustamante - Inés Vera

Poesía y música en los jardines de los museos

La Subsecretaría de Cultura, a través de la Dirección General de Museos, anuncia el inicio del ciclo Poesía y música en los jardines de los Museos, una de las actividades organizadas por el Ministerio de Cultura del Gobierno porteño en el marco del programa “Aires Buenos Aires, Cultura para Respirar”, para el verano 2010. Entrada libre y gratuita. Miércoles a las 19.30. Del 13 de enero al 17 de febrero.
PROGRAMACIÓN
Miércoles 13 de enero, Museo de Arte Español Enrique Larreta, Vuelta de Obligado 2155 – BELGRANO
Poetas: Andi Nachón, Daniel Durand. Músico: Tomi Lebrero.
Miércoles 20 de enero, Museo de Arte Popular José Hernández, Av. del Libertador 2373- PALERMO
Poetas: Clara Muschietti, Fernando Callero. Músico: Angélica y Tomás.
Miércoles 27 de enero, Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, Av. Infanta Isabel 555- PALERMO
Poetas: Inés Acevedo, Francisco Garamona. Músico: Adrián Villar Rojas.
Miércoles 3 de febrero, Dirección General de Museos, ex Munich, Av. de los Italianos 851- PUERTO MADERO
Poetas: Bárbara Belloc, Pipo Lernoud. Músico: Pablo Dacal.
Miércoles 10 de febrero, Museo Histórico de Buenos Aires, Cornelio de Saavedra, Crisólogo Larralde 6309 – SAAVEDRA
Poetas: Alfredo Jaramillo, Gerardo Jorge. Músico: Yilet.
Miércoles 17 de febrero, Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, Suipacha 1422 – RECOLETA
Poetas: Paula Trama, Miguel Ángel Petrecca.Músico: Gastón Caba.
PRENSA Dirección General de Museos Tel. 4516-0944/49 int. 222 Directo: 4313-4082 - prensadgm@buenosaires.gov.ar - www.museos.buenosaires.gov.ar

lunes, diciembre 28, 2009

La gallina de César Vallejo

LÁNGUIDAMENTE SU LICOR
Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá ser­vía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sen­tados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta.
—Tocan a la puerta! —mi madre.

—Tocan a la puerta! —mi propia madre.

—Tocan a la puerta! —dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene.

—Anda, Nativa, la hija, a ver quién viene.

Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venía así, oponiéndose a lo ancho de nosotros.

Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mamá salió, avanzando inversam­ente y como si hubiera dicho: las pastes. Se hizo patio afuera. Nativa llo­raba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes.

—Porque no le dejé que saliese a la puerta, —Nativa, la hija—, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo.

¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padrE, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre ­deseara más tarde. Sin embargo:

—Y mañana, a la escuela, —disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos.

—Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida.

Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atra­vesada.

Más, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternal mente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo.

Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran ca­lofrío maternal.

—¿Dónde están los hijos de la gallina vieja?

—¿Dónde están los pollos de la gallina vieja?

¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!

martes, diciembre 15, 2009

Homenaje al poeta Daniel Chirom

Hoy, martes 15 de diciembre a las 19, en el Centro Recoleta sala CeDIP, se realizará un homenaje al poeta Daniel Chirom. Hablarán, entre otros, Hermengildo Sábat y el poeta Jorge Aulicino.

lunes, diciembre 14, 2009

Inconveniente superado

Queridos amigos de este blog del amasijo, debido a un desperfecto de mi PC, he tenido que suspender la actividad en este blog durante varios días. Quería informarles que, por suerte, el inconveniente ya está superado.