lunes, febrero 10, 2014

Enrique Molina: Alta Marea



Cuando un hombre y una mujer que se han amado
se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del
    orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las
    piedras sus plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el
   furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas

                                                          /los  lechos  a la deriva en/
el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de
    pronto con la palidez de la tristeza y todos los gestos del
    abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de
    la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o
    enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos
    informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros
    hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
                                                          /puertas desconocidas/
rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la
    espuma de los días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de
    lentejuelas insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta
    en otro cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal
    como un enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del
    trabajo marítimo con el desplomado trono de las olas
    y el árbol de la hélice que pasaba justamente bajo mi
    cucheta
este es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el
    mundo desesperado como una fiesta en su huracán de
    estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la
    boca de las aguas y de los campos con las violencias
    de este planeta que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía
    a tus brazos como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo
    en la punta y el cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la
    bestia que acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su
    dicha y a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio
y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la
    vehemencia del verano y el remolino de las hojas sobre las
    sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón
    de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed
intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer se han amado
se separan.

jueves, febrero 06, 2014

EEVA-LIISA MANNER: DOS POEMAS



 

 


Cuando leo, alguien piensa por mí.
Cuando escribo, mi mano piensa por mí.
Cuando duermo no pregunto ¿existo?
Existo y sé que no soy libre,
no puedo engañarme: estoy en un sueño.

***

No conozco el ser de las cosas, sí sus cualidades.
Conozco tu ser, no tus cualidades.
¿Por qué esta infinita intriga y capricho?
¿decir cosas frías abrasadoramente? ¿cosas abrasadoras, fríamente?
Cuadratura del círculo, qué multitud de aristas,
y volver a empezar desde el principio: escribir con niebla.
Mira lo que hace en el espejo la mano que escribe:
lo hace todo al revés.

*Véase Poesía nórdica, Ediciones de la Torre, Madrid, 1995. Traduc. Francisco J. Uriz.
*Gentileza: Jonio González.

lunes, febrero 03, 2014

Concurso binacional ArBol (Argentina-Bolivia) de cuento y poesía



La Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación Argentina y el
Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba del Estado Plurinacional de
Bolivia, convocan a participar del primer concurso literario binacional
ArBol (Argentina – Bolivia) de cuento y poesía.
El concurso, destinado a autores jóvenes (de hasta 35 años), busca
fortalecer el intercambio entre ambos países, y la construcción de
nuevos lazos en la región, en pos de consolidar un espacio cultural
compartido que fomente el reencuentro con la memoria.
Las obras podrán presentarse en lenguas castellana o quechua, y se
reciben hasta el 31 de enero del 2014 en las respectivas sedes de los
organismos de cultura de ambos países.
Los ganadores serán publicados en una antología binacional y bilingüe,
castellano y quechua, que se presentará en el Primer Mercado de
Industrias Culturales del Sur (MICSUR), en mayo de 2014, en la ciudad de
Mar del Plata; y también será difundida en ferias del libro y
bibliotecas hermanadas de ambos países.
Para bases y condiciones ver,
http://www.cultura.gob.ar/becas/concurso-binacional-arbol-argentina-bolivia-
de-cuento-y-poesia/


Cualquier consulta sobre el reglamento, podrá ser aclarada a través de
la Dirección de Industrias Culturales de la Secretaría de Cultura de la
Presidencia de la Nación Argentina.
Av. Alvear 1690 1º piso (C1014AAQ) – Buenos Aires
Teléfono: (54-11) 4129-2474
Correo electrónico: concurso.arbol@cultura.gob.ar

viernes, enero 31, 2014

Delia Pasini*: Setiembre...


Nada es para siempre, dice, mirando las
grietas de la casa. Porque ella la había
pensado indestructible, como si sólo los
seres murieran con el tiempo.
La humedad cala las hechuras y esas manos,
ah, esas manos siempre taciturnas también
palpan los fragmentos desprendidos.

Comprende. Por desgracia sabe ver.
Algunos la pensarán suspicaz y otros malsana.
Si la grandeza se refleja en la mirada
los ojos verdes de la gata chispean de amor e
inteligencia. Brasa fría en la noche, arrebujada.

Trae el viento un aliento dulzón, incipiente y
tímido a flores preanunciadas. No la calma bochornosa
del verano sino el bramido de la tierra en eclosión.
Aunque los tiempos deterioran el clima y las costumbres
todavía es posible sembrar y retoñarse.

Esos arboles jóvenes, otros los verán elevarse
hacia la luz. Si quedaran las voces, si quedara
la musica, si quedaran las telas encendidas,
resumirían en un haz el milagro del génesis.

Por siempre renovado, en tanto alguien enseñe
a un niño a descifrar su nombre y el camino



*Poeta, crítica, traductora. Publicó, entre otros, los siguientes libros: Un decir se repite entre mujeres (1979); Los peces de ceniza (1984); Adiós en el original (1985); Títere sin cabeza (1991); De artes y oficios (1998), Parábola de ciegos (2005).  Ha traducido a diversos autores en lengua inglesa: Lewis Carroll, Oscar Wilde, Jane Austen, Christopher Marlowe, Robert Louis Stevenson, Charles Dickens y William Butler Yeats. Secretaria de redacción de la revista de poesía El Jabalí, colabora en diarios y revistas del país y el exterior.

sábado, enero 18, 2014

Emily Dickinson: Sentí un funeral en mi cerebro






Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose- hasta que pareció
que el sentido se quebraba definitivamente

-y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor-
comenzó a temblar -a batir- hasta que pensé
que mi mente enmudecía,

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos zapatos de plomo, de nuevo,
el espacio- comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna raza extraña,
náufraga, solitaria, aquí

-y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí-
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces-.
*Emily Dickinson (1830-1886). Traductor desconocido.

viernes, enero 17, 2014

Miguel Ángel Bustos: Filmpoema II

De archivo del blog




 ¿Qué es la imagen sino el movimiento "siempre andando", agua de un mar a otro mar, átomo de la palabra?

Nuestras palabras las tallamos en el taller, el material lo conseguimos sin saber cómo, en la calle, sufriendo, riendo; taller y material pueden estar contenidos y maduros en un minuto o cinco años.

Todo depende de velocidad, peso y ritmo.

Ahora bien, una imagen nos roza el ojo izquierdo y ce polvorienta en la lengua -AGRIA; duerme en la lengua, la tragamos. Necesario fue que casi la olvidáramos para que se fundiera en aquella palabra que nos dolió tanto. Sube la palabra sin polvo, unida a algo elástico y vivo. Este fluir construyendo, esta imaginería, este fenómeno, se podría realizar ante los ojos de la gente como yo me lo realizo ante mis propios ojos. Si nos hiciéramos instrumentos del fenómeno poético y dibujáramos sobre un película lo que nos sucede cuando escribimos, no explicáramos; tendríamos que ser mudos en cuanto a explicación se refiere; como una pluma choca contra la frente, cae, nos desborda la boca, se hunde lejos y ya no es pluma nada, es nieve, hombro, axila suave, piel con piel, y vuelve hecha a la boca, cae en las manos: darle años, hacer eterno este pan junto al mar.

Lograríamos de esta forma tal vez, "dibujar" el fenómeno poético, capturaríamos quizá llevándolo adentro nuestro, a nuestros ojos a que mire con nosotros cómo se hace un poema, al público esa novia.

Tenemos que saber que, imaginar par que lo imaginensimultáneamente con nosotros, no es desarrollar ni operar. El agua cuando se hace ola no habla ni explica nada, salta. Y el mar tal vez nos está demostrando cosas y nosotros lo comprendemos. Así tiene que ser dado este filmpoema. Lograr que nuestro ojo asaltante suba a la pantalla y comience a escribir su poema.

Y la gente entienda todo lo que trae la palabra agua –sangre- piedra-niño- desnuda- sombra. Y siga, ¿ves aquella línea que se duerme, ves?, aquella esfera que cae, las piedras, las espaldas cansadas.

Hasta que comience a sentir la esfera, la espalda, la sangre, la piedra. Y sepa por qué esta línea arrebató la esfera y la engulló con un tono bajo de guitarra. Comenzará a construir dibujando con nosotros el poema. ¿Para qué, entonces, la palabra que no sea poema, la palabra que explique, si ya se está dando puro y desnudo el poema con su imagen “hablando” en imágenes?

Escribo sobre medios técnicos en la poesía. Los nuevos planos que tiene que explorar. Los nuevos espacios de dolor. Los nuevos colores.

(…)

Véase: Miguel Ángel Bustos: Prosa 1960-1976. Ediciones del CCC, Buenos Aires.

viernes, enero 03, 2014

Jorge Smerling: Para agradecer, estoy vivo






estoy alto de cielo
con esa luz serena que duerme
en el fondo de los mares
navegado de alegría y puesto en el mundo
como un rezo permanente
libro como puede el viento debajo de los pájaros
con un rayo de trueno saliendo del corazón
abismal
con un rayo de trueno
con el orgullo de estar amando
he vuelto a agradecer a las formas de estar vivo
como lo hace la sombra cuando es animal
animal profundo
o la boca después del beso aún celeste como las manos
mi cabeza es todo un sueño que regresa al agua
como un niño
estoy alto de cielo y levanto flores de la tierra
y digo que el alma es un martillo
cuando cuerpo a cuerpo es la vida
el centro del volcán en su oración infinita
digo que todo calla y suenan largas trompetas largas
suena la extensa naturaleza en mi cuerpo nuevo
y levito en tantas horas
y fugas un punto fijo
he vuelto a agradecer
el pan de Dios hecho alabanza en mis amigos
¿cómo podré dormir después del sueño?
la tarde es un suave caballo de tormentas sobre mí
estoy alto y aquí
donde todo es posible
donde es bello lo inasible y volátil
esa hoja hecha de huesos
he vuelto a agradecer y lo repito tantas veces
porque puede la belleza: palabra de amor
salir al mundo

Jorge Smerling:  Buenos Aires, 1957- 1 de enero 2014.