martes, octubre 18, 2011

María Mascheroni: De El cansancio de los hijos


casi lastimando
como al papel de arroz
estrecho
el blanco espacio inquieto
para su muerte

del hombre que había en esas manos
una fragilidad antigua se apodera de a poco

la raíz dio ramas
lloran… la noche las oculta
con delicadeza

avaricia
en el día que muere

 ............... 


padre mío
has quedado en tumba ajena alada y animal
así estremecidos ceremonias y usos
con la generosidad de otra especie la calma parece acercarse

empecinado fuiste y tus hijos

el cuerpo de un pájaro concentra todos tus cantos
y las patas quebradas
a esta tumba -no es altar- vuelvo a llevar mis flores tardías

conozco el lugar     con mis manos fue cavado
con las manos de todos nosotros fue cavado
es que cavamos
para tener donde hincarnos    persignar
para bajar las cabezas y quedarnos sin padre

en este suelo -por dos siglos herido- cada tumba se levanta
borde piadoso y bullente de la tierra alzada

...

la cosa llega a uno como caída del cielo
y se tiene siempre presente el peligro

no voy a resumir
veo carreteras saludando nuestra pequeña desgracia como a un         
                                                                                       /comienzo
y dejo a los tiempos seguir su curso, animados
permanezco en esta página convertida en camposanto
en cuna
y de pronto ya no importa y canto una alabanza en voz bajita
olvido el orden de los nacimientos me descalzo y otra vez miramos a los 
                                                                    /ojos y preparamos el vino
y empezamos la fiesta como pichones acosados de esperanza

Agenda: Ediciones del Citrino presenta


.  Arcanos Mayores, de Nancy Montemurro
Rebenque en flor, de Ana Iniesta.  
Presentación a cargo de Ediciones del Citrino.

Mañana, miércoles 19 de octubre, a las 19.
El Archibrazo, bar cultural, Mario Bravo 437. 

lunes, octubre 17, 2011

Juan Perón: 17 de octubre

"Recuerden trabajadores, únanse y sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa Patria, en la unidad de todos los argentinos.": Juan Perón, 17 de octubre de 1945.


Laura Klein: Notas acerca de El cansancio de los hijos, de María Mascheroni


A continuación, transcribimos el texto de Laura Klein, leído en ocasión de la presentación del libro de poemas El cansancio de los hijos, de María Mascheroni (Hilos Editora, 2011)  www.facebook.com/pages/Hilos-Editora/133262183438317

"Muchos no han comenzado aún a ser lectores de este libro con el que se encuentran hoy aquí. Por eso, por ese solo motivo, quiero comenzar diciendo algo, una idea un poco obvia que tiene que ver con fantasías que el título puede despertar.
 El cansancio de los hijos no refiere a los padres. No se trata de hijos cansados de ser hijos, de hijos que quisieran emanciparse de esa condición o liberarse, directa o indirectamente, de sus padres, ni viceversa, sino de una expresión compacta.
“Cansancio de los hijos” no se puede descomponer en una sensación (espiritual o física, con extensión animal) y un sujeto humano universal. El lenguaje no nos deja decir todo junto, pero a veces, bajo la presión empeñosa de la escritura poética, permite avizorar una babilonia más orgánica que este gran caos de significaciones hacinadas una al lado de otra, exteriores entre sí, obligadas a precipitarse en explicaciones.
En Tiempo Cero, hay un cuento de Calvino donde los pájaros son un error en la evolución, una irrupción a destiempo, un lapsus en medio de la causalidad. Todo este libro bordea e investiga con perplejidad ese misterio de la vida que, al final del libro, encuentra su origen en un olvido, una distracción: “Los depredadores se olvidaron en la cima / un error de mecanismo suspende en picada el descenso… Así  fuimos despreciados / elegidos para no morir durante dos inviernos.”
El “cansancio de los hijos” menta la agitación silenciosa de las células que avanzan hacia su incierta culminación. Ese esfuerzo: “todo eso todo eso sólo para volver a comenzar / entre tumores y milagros / la inveterada la empeñosa vida”. Azorada, la voz confirma que seguimos vivos y que nada justifica ese error. Del cansancio al desconcierto. Las criaturas en las cuales no se ha apagado la voz de dios (el instinto) corren otra suerte –no más feliz sino menos aleatoria. Sin embargo, metódica, loca, insistentemente, esas criaturas son convocadas para comprender adónde ir cuando caen / comprender cómo caen a nuestros pies los pichones desde un principio “acosados de esperanza”.
Porque “Sólo los hombres permanecen inmóviles innumerables días con sus noches y quieren vivir” (pág. 24).  
Y quieren vivir.


2
Los animales han entrado a la literatura de diversas maneras.
En las fábulas de animales, los personajes tienen cuerpo de animal y conciencia humana. Puede ser una explicación mítica de la manera en que las cosas llegaron a ser como son. En el símil animal se describe su comportamiento considerado típico suyo y lo demás no interesa.  
El cansancio de los hijos no es un encuentro romántico con el animal. No es un encuentro. No son los pájaros, sino lo pájaro –el viaje, el cruce, el pasaje-: lo único que aparece de estos pájaros es morir. No son objeto de interés y afecto. Excepto por la observación de la agonía.
Los pájaros como cuerpo propio, en la agonía, de una vida que no se puede enterrar.
“El pájaro es una interrupción, otra la muerte”.


3
¿Cómo vuelan?  
“Pueden verse cientos miles de patas encogidas y de espaldas / surcar cada día la mañana” (pág. 51).
Vigilancia sobre el detalle de la vida. Vigilancia sobre el detalle de la vida que se apaga. De la vida que no se quiere apagar. De la vida indiferente a la mirada que vela.
Un árbol no construye sus ramas y hojas ni un pájaro sus plumas y pico. Empero, Mascheroni inquiere en esas lejanas formas de la vida para descubrir el mecanismo de la nuestra.
Y nunca se queda en la reflexión; con todo lo interesante que es, podría sacarle usura pero no; no es que se aburre, se va a observar para no descansar en lo humano. Porque el animal tiene que actuar, acecha la caída, la respiración, el corte de la vida, el no va más del pasto y la comida.

(¿Alguien vio alguna vez a un ser vivo tratando, inmóvil, de seguir viviendo?
Eso no se olvida. Queda al fondo del ojo como una espina para el futuro sobreviviente.
Seriedad del cuerpo enfermo.
Cada célula ocupada en sobrevivir.
Esto es lo que observa la hija –con curiosidad, meticulosa, expectante.
No huye. También el amor es crueldad.
¿Alguien observó cómo en ese cuerpo que intenta juntar sus células para seguir viviendo no hay tiempo para las convenciones?)

“Y las flores muestran su obligada manera de nacer”. Ciclos o naturaleza, cada cual obligado a  hacer lo único que sabe hacer, que puede hacer: envejecer, unos, florecer, otras.
Una y otra vez, María nos enfrenta, implacable, a la “zona que la cámara no capta”. La pared, la obstrucción, se alzó justo cuando empezaba a sonar “una aterrada canción de cuna”. En esa secuencia ínfima, puede condensarse el espíritu de El cansancio de los hijos. Ningún nudo se ata al cuello del dolor. Gritos no se arrastran ni presumen: deletrean g-r-i-t-o-.


4
Si no mueren en el cielo, el que surcan todas las mañanas, y no se encuentran sus cuerpos muertos en los adoquines ni en las veredas del alba, dónde sucede ese acontecimiento que en los seres queridos vigilamos al detalle y sin pudor?
Perdido el referente, árboles y pájaros suplen la falta de idea de cómo es -cómo vive y muere un hombre, los hombres:

“de tal palo pobres ramas”
“un árbol frenético, impotente, pide socorro con todas sus hojas”
“busco pájaro en cada cosa que muere”

¿Qué hace que encuentre a pájaro para enterrar a padre?


5
Antes de que aparecieran los pájaros, cuando sólo había pichones y gorriones y pobres ramas, había un nido de este lado. No de pájaros. Ni hecho por pájaros. “Y en el centro mero de ese nido / los ojos redondos como las bodas conectadas más acá de mi padre que mientras tanto / agoniza” (pág. 21).
Si un pájaro queda de espaldas podremos enterrarlo  / enterrar al padre y dejar una piedra en el camino / y avanzar hacia el producto numeroso de la tierra
Se entierra al pájaro como sustituto del padre. Pero en realidad el pájaro,  ya lo sabíamos, era uno mismo.


6
María Mascheroni nos empuja a los lectores, hijos, a observar a ese que a veces es llamado padre como a un ser aún vivo que se trata de reconocer. Nos conmina al esfuerzo de conocer aún aquello que quería abandonarse, y albergarlo en este refugio cruel de seguir, si no amando, el contacto. 
Reconocer: no porque vaya a coincidir con lo que conocíamos, sino como se ha de reconocer algo bajo juramento porque, desfigurado, no se sabe quién es.
Como un detective que persigue las pistas que ha dejado el criminal en su huída, así el ojo del poema detecta lugares donde hubo vida y ahora están vacíos, el cuerpo donde hubo alguien y ahora sólo vida, las partes donde el pájaro que muere se escondería si pudiese vivir un minuto más.  
Pero lejos de ser pistas falsas que desvían del camino, aquí las mismas nos devuelven al camino del que escribe. La “anatomía deshabitada” no levantó el juego. Por un lado, esos “tendones aferrados a los parietales del hombre” parecen indicarnos lo que del padre queda y, empeñoso, inmóvil, humano, quiere vivir. Por otro, la gramática del poema señala que ese es el lugar de los hijos, esas “costas ociosas huesos inútiles”. “Restos erectos”.
Los tendones siguen aferrados, los hijos no pueden abandonar el juego, los lectores encuentran, sobre cada declaración de pista falsa, que la investigación no es si algo o alguien está vivo o muerto sino sobre la propia mirada que quiere discernir lo que sabe que es indiscernible.


7
“Vigilia absorta”. Para qué estar despierto?
- “¿Cómo es esto?”
- Esto: qué?
- Esto: lo que puedo señalar con el dedo.
Esto, aquí, se mueve.
Esto, ahí, respira.
´Esto´ está muy cerca, más que ´eso´, mucho más que ´aquello´.
- Pero este ´esto´, que parece tan concreto, es tan abstracto…
- Ciertamente táctil.
Absolutamente bajo la vista, pero indiscernible.
De ninguna manera visible.
Ciertamente táctil, bajo cuerda.
….
- ¿Cómo es que la vida se extingue y la muerte no llega?
- ¿Cómo es que el riel del nacimiento tropieza con el malentendido de la edad?

La mano que escribe hace un rodeo fantasmal alrededor de la materia: cuando  parece que va a decir lo que siente, describe lo que ve. De lo cocido a lo crudo. “Casi lastimando”. Casi. Pero se bifurca en ojo, cámara, visión. Vigilancia de la respiración. Mirada inquisidora y un afecto desencarnado, un poco suelto. Si se respira o no respira, no busca provocar algo, ni especula, convoca un trabajo.
De la vigilancia muda a la vigilancia absorta.
            ¿Cómo es que el pájaro, padre en el entierro, sigue volando con las patas plegadas y el párpado encubierto / en el medio / entreabierto / abierto?
El mundo absorto deja pasar a la espía que precipita.


8
Del ojo que vigila los signos de la agonía a los ojos que se ven obligados a esconderse para sobrevivir, esa espía se convierte en un nosotros desamparado.
Una vigila los rastros del morir, el otro rastrea, a la intemperie que se abrió en la cueva, dónde, cuándo, cómo, despertamos del sueño a la muerte vigilada. Una acecha la visible próxima extinción de la vida, el otro es la primera persona que se retuerce sobre sí misma, plural y presente, para contar lo que vio, ya no el pan inalcanzable, sino su impropio desmoronamiento.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? la cosa es urgente, no porque así se vaya a evitar otros desastres –“hubo otros muertos, los habrá”- ni porque haya una confianza en aprender algo –la confianza está puesta claramente en otro lado- sino como un recurso momentáneo contra la confusión –esos otros pájaros que gritan en la noche y seguirán gritando “hasta que algo, algo encaje por favor”.


9
El animal que muere en el aire articula la evidencia cerrada de nuestro presente con una historia imposible de contar.
La mirada que persigue los signos de la vida se convierte en un nosotros infuso.  ¿Cómo vigilar la agonía cuando no es el cuerpo individual el que está en peligro? ¿Cómo observar la respiración enjundiosa del cuerpo social que no se aviene a morir ni a vivir? ¿Cómo mantener esa impiedad, sí, esa amorosa vista impiadosa, cuando el organismo agónico ya no es alguien, allá, muy querido, sino nosotros, aquí, orfanados por la historia que se cortó por la mitad, la que ahora no se puede contar?
Del yo al nosotros. De un año a treinta años. De lo humano a la espiral de las especies, se ubica el miedo animal, el mundo animal que nos contiene.
El pájaro de El cansancio de los hijos vuela pero no es libre. Surca el cielo pero no para alcanzar otras tierras –la primavera- sino para caer bajo el montículo escrito golpe a golpe. Se abraza a un madero ¡el pájaro! como si un mar fuera el cielo y lo atraviesa de espaldas, con las patas encogidas y las alas plegadas. En esta desaforada bóveda terrestre que cubre a una generación –la nuestra- ese pájaro no es metáfora de la libertad sino del violento después que no fue enterrado –esa muerte y esta imposibilidad de decirla.               
La primavera de todos modos llegará, porque no es cosa nuestra.


10
Esta escritura rastrea, en el ojo encapuchado, el ciego ímpetu de vivir.
Mirada que se adelanta sin dejar atrás lo mirado. Asombro de estar vivos. Asombro de estar vivos después de haber estado muertos.
El sobreviviente no pregunta, es la mano que escribe, el ojo que arroja el futuro en la flecha de un pájaro que vuela porque no sabe qué otra cosa hacer con las plumas.
Si lo supiera, escribiría  El cansancio de los hijos

sábado, octubre 15, 2011

Hilos Editora: Títulos y novedades

La editorial Hilos Editora es un nuevo sello de poesía.  Algunos de sus títulos  publicados son: Trilogías, de Patricia Guzmán (poeta venezolana); Nada escrito (María Julia de Ruschi), La plenitud (Claudia Masín) y El comienzo (Dolores Etchecopar), La familia china (María del Carmen Colombo).
La Editorial  está  trabajando en dos libros que saldrán muy pronto: La comedia de los panes, de Laura Klein, y El sistema defensivo de los muertos, de Diego Muzzio
La editorial está a cargo de las poetas María Mascheroni, María Julia de Ruschi y Dolores Etchecopar (dirección). 


Kafka, El jinete del cubo, y comentario de Calvino


"Todo el carbón se había consumido; vacío el cubo; la pala, sin objeto ya; la chimenea respirando frío; el cuarto lleno de soplo de la helada; ante la ventana, árboles rígidos de escarcha; el cielo, un estuche de plata vuelto hacia aquel que le pida ayuda. Necesito carbón; no debo congelarme; detrás de mí la chimenea inhospitalaria, ante mí, el cielo igualmente despiadado: deberé cabalgar entre ambos y en medio de ambos pedir ayuda al carbonero. Pero ante mis súplicas habituales él se ha endurecido ya; debo probarle exactamente que no me queda ni el más leve polvillo de carbón y que, por lo tanto, él es para mí como el sol de los cielos. Debo actuar como el mendigo hambriento que decide expirar en el umbral de la puerta y a quien, por eso, la cocinera de los señores se decide a dar el poso del último café; así también, furioso, pero a la luz del mandamiento "no matarás", el carbonero tendrá que echarme una palada en el cubo.

Mi ascensión lo va a decidir; por eso voy hacia allí montado en el cubo. Jinete del cubo, y puesta la mano en el asa, riendas harto sencillas, desciendo penosamente la escalera; pero una vez abajo, mi cubo asciende; ¡magnífico!, ¡magnífico!; los camellos echados en tierra no se levantan sacudiéndose con más belleza bajo el palo del guía. Marchamos al trote por la callejuela helada; con frecuencia me veo alzado hasta el primer piso; nunca llego a descender hasta la puerta de la calle. Ante el abovedado sótano del carbonero floto a extraordinaria altura, en tanto él, allá abajo, escribe, encogido ante su mesita; para dar paso al calor excesivo ha abierto la puerta.

—¡Carbonero! —grito, con voz hueca, quemada por el frío y oculto por las nubes de mi aliento lleno de humo—, por favor, carbonero, dame un poco de carbón. Mi cubo está vacío, ya no puedo cabalgar sobre él. Sé bueno. Tan pronto pueda, te pagaré.

El carbonero se lleva la mano al oído.

— ¿Oigo bien? —pregunta por sobre el hombro a su mujer, que teje sentada en el banco de la chimenea—, ¿oigo bien? Un cliente.

—No oigo nada —dice la mujer, respirando con tranquilidad por encima de las agujas de tejer, con un agradable calor en la espalda.

— ¡Oh, sí! —exclamó—. Soy yo; un viejo cliente; un seguro servidor; sólo que momentáneamente sin medios.

—Mujer —dice el carbonero-, ahí hay alguien, hay alguien; no puedo equivocarme hasta ese extremo; tiene que ser un cliente antiguo, muy antiguo, para que así me hable al corazón.

—¿Qué te pasa hombre? —dice la mujer, y aprieta su labor contra el pecho, descansando por un instante—. No hay nadie, la calle está vacía y toda nuestra clientela está ya servida; podemos cerrar el negocio por unos días y descansar.


—Pero yo estoy aquí, sobre el cubo —grito, e insensibles lágrimas de frío velan mis ojos—. Por favor, aquí arriba; me veréis en seguida; tan sólo una palada; y si me dierais dos, me haríais más que feliz. Toda la clientela está ya provista. ¡Ah, si pudiera oírlo sonar ya en el cubo.!


—Voy —dice el carbonero, y quiere subir la escalera con sus cortas piernas, pero la mujer está ya junto a él, le coge por el brazo y dice:

—Tú te quedas. Si no desistes de tu testarudez, seré yo quien suba. Acuérdate de tu tos. Pero por un negocio, aunque sólo sea imaginario, olvidas mujer e hijo y sacrificas tus pulmones. Iré yo.

—Entonces dile todas las clases que hay en depósito; yo te cantaré los precios.

—Bueno —dice la mujer, y sube hacia la calle. Como es natural, me ve en seguida.

--Señora carbonera —exclamo—, la saludo; sólo una palada de carbón; aquí, en seguida, en el cubo; yo mismo lo llevaré a casa; una palada del peor. La pagaré toda, claro está, pero no ahora, no ahora.

¡Qué tañido de campanas son esas dos palabras, "no ahora", y que turbadora para los sentidos que se mezclan al toque del reloj que precisamente me llega desde la cercana torre de la iglesia!

--¿Qué es, pues, lo que quiere? -exclama el carbonero.

—Nada —le replica la mujer—, no hay nadie; no veo nada, no oigo nada; sólo están dando las seis y nosotros cerramos. Hace un frío terrible; es probable que mañana tengamos mucho trabajo aún.

No ve nada, no oye nada, y sin embargo, suelta la cinta de su delantal y procura alejarme con él. Por desgracia lo consigue. Mi cubo tiene todas las desventajas de un animal de silla; carece de fuerzas para resistir; es demasiado liviano; un delantal de mujer obliga a sus patas a dejar el suelo.

—¡Mala mujer! —grito aún, mientras ella, volviéndose hacia el negocio, entre despreciativa y satisfecha, hace un gesto en el aire con la mano-. ¡Mala! Te pedí una palada del peor y no me la has dado.

Y con ello me elevo a las regiones de los pinos helados y me pierdo de vista para siempre."

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Ítalo Calvino: El jinete del cubo o la búsqueda de la levedad como reacción al pesodel vivir


"(...) Quisiera terminar esta conferencia recordando un cuento de Kafka, "El jinete del cubo" (Der Kübelreiter). Es un breve relato en primera persona, escrito en 1917, y su punto de partida es evidentemente una situación muy real de aquel invierno de guerra, el más terrible para el Imperio austríaco: la falta de carbón. El narrador sale con el cubo vacío en busca de carbón para la estufa. Por la calle el cubo le sirve de caballo, llega a izarlo a la altura de los primeros pisos y lo transporta meciéndolo como en la grupa de un camello. La carbonería es subterránea y el jinete del cubo está demasiado alto; trata de hacerse oír por el hombre, que está dispuesto a satisfacerle, mientras que la mujer no lo quiere escuchar. El jinete le suplica que le dé una paletada del carbón de la peor calidad, aunque no pueda pagarle en seguida. La mujer del carbonero se desata el mandil y ahuyenta al intruso como si espantara una mosca. El cubo es tan liviano que sale volando con el jinete hasta perderse más allá de las Montañas de Hielo. Muchos de los cuentos de Kafka son misteriosos y éste lo es especialmente. Tal vez Kafka sólo quería contarnos que salir en busca de un poco de carbón, una fría noche en tiempos de guerra, se transforma, con el simple balanceo del cubo vacío, en quete de jinete errante, travesía de caravanas en el desierto, vuelo mágico. Pero la idea de este cubo vacío que te levanta por encima del nivel donde se encuentra la ayuda y también el egoísmo de los demás, el cubo vacío signo de privación, de deseo, de búsqueda, que te levanta hasta el punto de que tu humilde plegaria ya no puede ser escuchada, abre el camino a reflexiones sin fin. (…)."

*Véase Seis propuestas para el próximo milenio, Ed. Siruela, 1989.

jueves, octubre 13, 2011

Lezama Lima: Se invoca al Ángel de la Jiribilla:

Asoma ahora el ángel nuestro, el llamado para la invocación final ángel de la jiribilla. Igual, por lo menos, al ángel de la Bética; superior a la lucha entre el ángel y el duende, en que éste riega con niebla y con el espíritu de lo errante las alas intermedias.
Ángel nuestro de la jiribilla, de topacio de diciembre, verde en su amanecer lloviznado, gris tibio del aliento del buey, azul de casa pinareña, olorosa a columna de hojas de tabaco.
Ángel de la jiribilla, en el asombro, en el perplejo suave. (...)
Ligereza, llamas, ángel de la jiribilla. Mostramos la mayor cantidad de luz que puede, hoy por hoy, mostrar un pueblo en la tierra. Luz que lleva en sí misma su vitral y su harnero. Luz que encuentra siempre su ojo de buey, para descomponerse en la potencia silenciosa de la resaca lunar.
Ángel de la jiribilla, ruega por nosotros. Y sonríe. Obliga a que suceda. Enseña una de tus alas, lee: Realízate, cúmplete, sé anterior a la muerte. Vigila las cenizas que retornan. Sé el guardián del etrusco potens, de la posibilidad infinita. Repite: lo iimposible, al actuar sobre lo posible, engendra un posible en la infinidad. Ya la imagen ha creado una causalidad, es el alba de la era poética entre nosotros. Ahora podemos penetrar, ángel de la jiribilla, en la sentencia de los Evangelios: "Llevamos un tesoro en un vaso de barro". (...) Ahora ya sabemos que la única certeza se engendra en lo que nos rebasa. Y que el icárico intento de lo imposible es la única seguridad que se puede alcanzar, donde tú tienes que estar ahora, ángel de la jiribilla." 



*Véase José Lezama Lima Obras completas, Tomo II, en "Ensayos, La cantidad hechizada", Ed. Aguilar, México.

Colombo, autobombo...



.   Poemas para chicos: Los sueños del agua
de María del Carmen Colombo.
Con ilustraciones de Cristian Turdera.
Editorial Pequeño Editor, 2010.














. La familia chinapoemas
de María del Carmen Colombo. 
Última versión, 2011.
Hilos Editora.




Los podés conseguir en todas las librerías. 

miércoles, octubre 12, 2011

Apuntes de mi cuaderno "Alfonsina Storni"


Hace mención Macedonio Fernández* a Alfonsina Storni en su Museo de la novela de la eterna. En una sección de ese libro llamada "La conquista de Buenos Aires" (pp. 204 de la edición de Corregidor) puede leerse lo siguiente:




"Y el Misterio quedó brindado al revelar el Presidente, concluida la Conquista, el hecho más singular de ciudad alguna, de que fue único testigo sabiente. Pues he aquí que en un día del año 1938 y dentro de un período de mero vivir, de frivolidad, al ocurrir que el cuerpo de Alfonsina Storni tocó las aguas de la muerte, la ciudad se desplazó sobre su eje girando su perímetro unos centímetros. El Presidente, perplejo aún al ignorar si ese esguince urbano fue un clamante "no mueras" o una, aunque dolida, aprobación a una temida y triste declinación de vivir, sabe que gracias a ese hecho, a la sensibilidad de la sede de una ciudad al instante de la muerte de un alma soñadora, Buenos Aires entró al Misterio." Bello homenaje a Alfonsina de Macedonio, el mismo que, según cuentan algunos, supo decir de Eva Perón: "Es nuestra Juana de Arco".


*Macedonio Fernández, escritor argentino (1874-1952 ).
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-Fue en 1980, cuando el poeta Joaquín Gianuzzi me recomendó que leyera este poema de Alfonsina, que él consideraba como uno de los más bellos. ¡Gracias, Joaquín!

Danzón porteño

Una tarde, borracha de tus uvas
amarillas de muerte, Buenos Aires,
que alzas en sol de otoño en las laderas
enfriadas del oeste, en los tramontos,

vi plegarse tu negro Puente Alsina
como un gran bandoneón y a tus compases
danzar tu tango entre haraposas luces
a las barcazas rotas del Riachuelo:

Sus venenosas aguas, vivoreando
hilos de sangre; y la hacinada cueva;
y los bloques de fábricas mohosas,

echando alientos, por las chimeneas,
de pechos devorados, machacaban
contorsionadas su obsedido llanto.

*Del libro Mascarilla y trébol, 1938.
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Dos poemas de Alfonsina:


Orden



Conato de tormenta. El mar se alza contra el buque; caballo encabritado quiere voltear a su jinete.
Sopapeado por las olas, aquél brama rencorosamente con sus fibras, cuerdas vocales.
La proa brinca el mar.
La hélice, cola enloquecida de vacío, quiere desprenderse y saltar hacia el espacio.
Un orden superior, una armonía de subordinación mantiene tabla sobre tabla, hierro sobre hierro.
Ejército de "pioneers" cada clavo, cada cuña, cada remache, se mantiene en su puesto celando su pequeño radio.
Un grito solo de deserción, un comienzo de desbande, y los perros azules del mar se lanzarían a la caza humana.
Pero hay una palabra colectiva del humilde guardián: -¡Presente!
Así, el buque cabecea a su antojo, se deja gustar, coquetea gallardamente.
¡Ah, la libertad, el impulso absoluto, la explosión del yo!
Cabello tembloroso sobre una fauce ávida, penetro el sentido íntimo del orden.


(La Nación, 1930)

Auto

Desde mi asiento solamente veía la parte superior de tu espalda, los hombros potentes dominados por tu traje gris, el cuello tostado y primitivo, la cabeza húmeda y brillante, y tu perfil perfecto cortado a grandes golpes de hacha.
De pronto, en una actitud de fuerza y comando, las manos motoras sujetaron el volante.
Y la máquina, dócil como mi corazón, te obedeció en silencio.

*Serie de poemas en prosa publicados en el diario La Nación, el 8 de diciembre de 1929.
(Véase Alfonsina Storni, Losada 1999. Prólogo, investigación y recopilación Delfina Muschietti.)


Agenda: Voces al viento, La fe, Arcanos Mayores y Rebenque en flor...



Nancy Montemurro
.  Arcanos Mayores, de Nancy Montemurro
Rebenque en flor, de Ana Iniesta.  
Presentación a cargo de Ediciones del Citrino.
Miércoles 19 de octubre, a las 19.
El Archibrazo, bar cultural, Mario Bravo 437. 







. Voces al viento, 77 poemas y tres poetas: 
Dalter-Revagliatti-Tallarico
Presentación y lectura: jueves 20 de octubre, a las 19.
Centro Cultural de la Cooperación: Sala Laks, 3er. Piso.
Av. Corrientes 1543, Buenos Aires.



. Lectura de primavera de Ed. Curandera. 
Viernes 21 de octubre, 20.3o, en Acevedo 1031.
Lectura, brindis y celebración. 


Mariana Docampo



. La fe, de Mariana Docampo.
Palabras a cargo de Nora Domínguez, 
intervenciones sonoras: 
Bárbara Belloc.
Miércoles 26 de octubre, a las 19.30.
Casa de la Lectura, Lavalleja 924, Buenos Aires.

Pablo Neruda II: Todos pican mi poesía/con invencibles tenedores...


Todos me piden que dé saltos,
que tonifique y que futbolée,
que corra, que nade y que vuele.
Muy bien.

Todos me aconsejan reposo,
todos me destinan doctores,
mirándome de cierta manera.
Qué pasa?

Todos me aconsejan que viaje,
que entre y que salga, que no viaje,
que me muera y que no me muera.
No importa.

Todos ven las dificultades
de mis vísceras sorprendidas
por radio terribles retratos.
No estoy de acuerdo.

Todos pican mi poesía
con invencibles tenedores
buscando, sin duda, una mosca,
Tengo miedo.

Tengo miedo de todo el mundo,
del agua fría, de la muerte.
Soy como todos los mortales,
inaplazable.

Por eso en estos cortos días
no voy a tomarlos en cuenta,
voy a abrirme y voy a encerrarme
con mi más pérfido enemigo,
Pablo Neruda


Pablo Neruda: "Todos los que me daban consejos/ están más locos cada día...


Partenogénesis

Todos los que me daban consejos
están más locos cada día.
Por suerte no les hice caso
y se fueron a otra ciudad,
en donde viven todos juntos
intercambiándose sombreros.
Eran sujetos estimables,
políticamente profundos,
y cada falta que yo hacía
les causaba tal sufrimiento
que encanecieron, se arrugaron,
dejaron de comer castañas,
y una otoñal melancolía
por fin los dejó delirantes.
Ahora yo no sé qué ser,
si olvidadizo o respetuoso,
si continuar aconsejado
o reprocharles su delirio:
no sirvo para independiente,
me pierdo entre tanto follaje,
y no sé si salir o entrar,
si caminar o detenerme,
si comprar gatos o tomates.
Voy a tratar de comprender
lo que no debo hacer y hacerlo,
y así podré justificar
los caminos que se me pierdan,
porque si yo no me equivoco,
¿quién va a creer en mis errores?
Si continúo siendo sabio
nadie me va a tomar en cuenta.
Pero trataré de cambiar:
voy a saludar con esmero,
voy a cuidar las apariencias
con dedicación y entusiamo
hasta ser todo lo que quieran
que uno sea y que uno no sea,
hasta nos sino los otros.
Y entonces si me dejan tranquilo
me voy a cambiar de persona,
voy a discrepar de pellejo,
y cuando ya tenga otra boca,
otros zapatos otros ojos,
cuando ya sea diferente
y nadie pueda conocerme
seguiré haciendo lo mismo
porque no sé hacer otra cosa.

martes, octubre 11, 2011

Graciela Perosio: La poesía de Juan Gelman...



Entrando en esta dirección http://actaliteraria.blogspot.com/2011/10/juan-gelman.html (Analecta Literaria),  podés leer el ensayo de  la poeta Graciela Perosio: La poesía de Juan Gelman: la construcción del imposible nido. No te lo pierdas, vale la pena