miércoles, octubre 03, 2018

Inés Busquets: Poemas




I

Misterio colectivo
el de ir caminando
sin mirar el horizonte.
Confiar en la bruma
afectiva
que te lleva
entre suelo y
palabras
haciendo lugar
a un mismo deseo.


II 

La espera toma la forma
del lugar donde transcurre:
hoy se parece
al techo de vitraux
del consultorio odontológico,
resplandor de hojas secas
y
un sol de otoño
inasible
en el espacio
fecundo
de un cielo de colores.



III 

La lucha interna
requiere:
bucear en la oscuridad
de las tormentas
y encontrar la plenitud
del sol al mediodía.



IV 

A veces pienso
que mi felicidad
es de mariposa,
en lo más alto del vuelo
aparece la conciencia
de la muerte.


*Inés Busquets (La Plata,1979).  Periodista, poeta y narradora. Publicó la biografía de una Madre de Plaza de Mayo, ¿Quién cerrará mis ojos? (2017).
Actualmente trabaja en dos proyectos literarios, en el ámbito de la narrativa y de la poesía.


miércoles, septiembre 26, 2018

Luis Bacigalupo: Poemas





De máxima simpleza

Espacio; caída y densidad
si puedes, hazme,      
házmelo llegar.

En tal sentido.

Poco sucedió antes de verte.
Tu lengua ocupaba mi tiempo
delicuescente.

De la densidad si puedes
hazme.
A gusto:
¡Olías demasiado bien!



Por el estilo

Aguas. Montañas.
Te habías elevado. Yo me elevaba.
Huesos en las aguas, en las montañas.

Era como una resistencia al efecto
de una declinante sonoridad.

Lejos, tan lejos de allí
¿te dejarás morir?

Bajan las aguas.
Signos de signos de nada.

Te habías elevado. Yo me elevaba.

Mas nadie pensaría hoy en dormir
sin antes repasar sus dientes.

Signos en la piedra de agua.
Montañas.

Estamos tocados por ese cadáver
cuya expresión no es sino la del desdén.

De las montañas bajan las aguas.
Te habías elevado. Yo me elevaba.

Como murió mi padre me dejaré morir.
Mas nadie pensaría hoy en dormir
sin antes repasar sus dientes.

En la espiral del tiempo primordial
todo es pasible de aligerarse.
Al tres le sigue el dos, en ese orden.

¿Prosigues hierático en el eco?
Yo me elevaba, porque tú te habías elevado.

La piedra comienza a agusanarse
en las montañas, bajo las aguas,
mientras las aves sobrevuelan en círculo
ese oscilante campo sin centro.

Porque nos habíamos elevado
la medida de nuestra danza bastaba
para que el cielo se extendiese,
(sobre las aguas 
                      en las montañas)
como el dos se extiende sobre el tres.

En ese orden, no pensaría hoy en morir
sin antes repasar mis dientes.


*Luis Bacigalupo (Buenos Aires, 1958). Poeta, narrador y editor. Ha publicado en poesía Trogloditas (1987), Yo escribía un poemita (1988), El relumbrón de la claraboya (1989), Madagascar (1989), Las purpurinas (1989), El océano (1992), Elíptica del espíritu (1995) y Mixtión (2014); en narrativa, la novela Los excomulgados, precedida por La deuda (2000), etcétera.
** Los poemas que se transcriben  fueron extractados del Blog “La biblioteca de Marcelo Leites”.


domingo, septiembre 23, 2018

María Rosa Maldonado: poemas de su libro Acúfenos*







selección por mansedumbre

antes de que los perros existieran

en el interminable invierno
de la última era glacial

mientras el oso deambulaba de noche
a lo largo de los fiordos congelados de islandia
con los ojos perdidos
en las montañas lilas del cáucaso lunar
entre el mar imbrium y el mar serenitatis

y nosotros dormíamos de cara a las estrellas
junto a los caribús y los bisontes

un lobo
con un nivel más bajo de pavor en su cuerpo
dejó que su hambre lo acercara
hasta ese hueso
sostenido por la mano de un hombre



*

en cuanto a la cosa en si

en cuanto a la cosa en si
la hormiga la transporta
sin susto
asida con la boca

camina ligera   ligera   sobre la ciénaga del ser
entre la nada y otra vez la nada
a recoger muestras del dios
y hacer con ellas su comida

desconoce su propia oscuridad
pero habla en lenguas
de mayor antigüedad que el arameo

no necesita llegar a la luna:   forma parte de ella

su corazón —largo tubo dorsal por donde fluye la hemolinfa—
es más sabio que el tractatus de wittgenstein


*María Rosa Maldonado, Acúfenos, editado en Zindo & Gafuri Ediciones, Buenos Aires, 2017
Poemas copiados  del Blog  de Les Llobes: “Animaliz-arte: María Rosa Maldonado”.



viernes, septiembre 21, 2018

Susana Villalba: La bestia ser*


Monólogos entre el perro, el árbol y la piedra






EL ÁRBOL

siento el mundo
como una diferencia
alrededor

no conocí más que ser
árbol

como a una rama del sol
me pulsa el fuego

pero también estoy
en los pájaros

amanece cuando cantan
la luz como una forma
de la felicidad

son suaves
sueltos
son

un modo de no estar
donde están

como las formas van
y vienen

como dios
soy la memoria
de lo que no perdí
pero debo encontrar

desbordo
sin poder ir detrás
de lo que ofrezco

me adorno hasta parecer
una navidad

es la fiesta de comer
y beber de mí
éste es mi cuerpo
lo que me pasa
es el mundo
voraz como una plaga
veloz como el verano

el universo se alejaba
del universo

me arrojó
como un ancla
a ningún fondo

soy el hueso
del viento
(…)

* Se trata del último libro editado por la autora (hilos Editora 2018). 

**Fragmento del primer monólogo de: “El árbol”

BREVE  DESCANSO

domingo, septiembre 09, 2018

Paul Celan: Habla tú también










Habla tú también,
habla como el último,
di tu palabra.

Habla --
No separes el No del Sí.
Da a tu palabra también el sentido:
dale las sombras.

Dale bastantes sombras,
dale tantas
como sepas repartirlas en torno a ti entre
medianoche y mediodía y medianoche.

Mira alrededor:
ve, cómo lo viviente deviene entorno.
¡Con la muerte! ¡Lo viviente!
Verdad habla quien sombras habla.

Pero ahora se contrae el lugar donde estás.
¿Adónde ahora, despojado de sombras, adónde?
Sube. Tantea en lo alto.

¡Delgado te vuelves, desconocido, fino!
Fino: un hilo,

del cual quiere descender la estrella:
para nadar debajo, debajo,
donde ella se ve nadar: en el oleaje
de errantes palabras.

*Poema del libro De umbral en umbral, extractado de Paul Celan: Muerte en fuga y otros poemas, Ed. Último Reino, 1989. Traducción: Rogelio Bazán.

miércoles, septiembre 05, 2018

Nazim Hikmet: "Mi mujer me acompañó hasta Brest





Mi mujer me acompañó hasta Brest,
bajó del tren y permaneció en el andén,
fue haciéndose cada vez más pequeña
hasta que se convirtió en un grano de trigo en el azul infinito,
después ya no pude ver nada más que los raíles.

Luego, cuando llamó desde Polonia, no pude responder.
No pude preguntar: «¿Dónde estás, amada mía, dónde?»
«¡Ven conmigo!», dijo, pero no pude ir junto a ella,
el tren circulaba como si nunca fuera a detenerse
y me ahogaba la tristeza.

Luego, la nieve comenzó a disolverse sobre la tierra arenosa
y de repente me di cuenta de que mi mujer estaba mirándome
y me preguntaba: «¿me has olvidado?, ¿me has olvidado?»,
la primavera caminaba por el cielo con los pies descalzos y embarrados.

Luego, las estrellas bajaron a posarse en los postes de telégrafo,
la oscuridad se abatió sobre el tren como si fuera lluvia,
mi mujer permanecía al pie de los postes de telégrafo,
su corazón latía tac tac como si estuviese en mis brazos,
los postes se acercaban y pasaban, pero ella no se movía del sitio,
el tren circulaba como si nunca fuera a detenerse
y me ahogaba la tristeza.

Luego, de repente, me di cuenta de que hace años, hace muchos años
que vivo en este tren
-pero todavía no sé cómo y por qué lo he comprendido-
y cantando con la misma fuerza y con la misma esperanza
sigo alejándome de la ciudad y de las mujeres amadas
y su nostalgia es como una herida abierta,
mientras me acerco a algún lugar, a algún lugar.

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( Traducción:Fernando García Burillo )

** *Nazım Hikmet Ran (Salónica, 1901-Moscú, 3 de junio de 1963). Poeta y dramaturgo turco, considerado en Occidente el poeta más importante en lengua turca del siglo XX. Sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas. Largamente exiliado de su país de origen a causa de su militancia comunista, murió en 1963 como ciudadano polaco.

*** Gracias Celina Feuerstein


Libro recomendado: Pier Paolo Pasolini


* Foto:  Catalina Boccardo 

lunes, agosto 27, 2018

Choi Seung-Ho: Gusano de seda



GUSANO DE SEDA


Los gusanos de seda son seres que meditan recluidos. Como metiéndose en una trampa construida por ellos mismos, se meten en la cueva blanca, cierran la puerta y esconden silenciosamente sus cuerpos. En esos momentos solitarios de gusano encogido, empieza la transformación de la existencia. Sus células se alinean de nuevo y aparecen las alas que no poseían. ¿Esa misteriosa transformación habría sido posible sin la fuerza del sueño? Un día, esa cara de claridad solar matutina, sale abriendo la caverna. Como afectado por una mortificación, tan sólo después de la dolorosa noche de alquimia, empieza el aleteo de esos habitantes del cielo. No existe el rey de los gusanos de seda que perfore la salida desde afuera. Los gusanos de seda saben que siempre tienen que perforar por sí mismos la pared y que deben hacerlo desde adentro.
.



(Véase Autobiografía de hielo de Choi Seung-Ho. Traducción: Kim Un-kyung. Revisión Olivero Coelho. bajo la luna/POESÍA)

** Poema copiado del muro de facebook de Horacio Tubbia.

domingo, agosto 26, 2018

Héctor G. Oesterheld: “El cristal de Marte”



"En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy extraño.
Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen arder, son tus pensamientos.
Si oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrantes, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último porqué.
En algún lugar de Marte se halla ese cristal.
Para encontrarlo hay que examinar grano por grano los inacabables arenales.
Sabemos, también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo, el cristal se disgregará, sólo nos quedará un poco de polvo entre los dedos.
Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual."


*Texto copiado del muro de Facebook de la poeta Iris Alejandra Giménez.


**Héctor Germán Oesterheld (Buenos Aires, 1919 – desaparecido por la última dictadura argentina en 19771 y asesinado por los militares en 1978). Guionista de historietas y escritor argentino. Escribió numerosos relatos breves de ciencia ficción y novelas, y publicó en revistas como Misterix, Hora Cero y Frontera, siendo sus series más conocidas Sargento Kirk, Bull Rocket y sobre todo El Eternauta, la que es considerada su obra maestra.


lunes, agosto 20, 2018

Liliana Ponce: Aquí, ayer y mañana Notas sobre Hay que dejar de ser hermosas, de Mónica Tracey






En las praderas inmutables zumbaba desde el alba hasta la noche una
vida siempre nueva. Frente al cielo cambiante la fidelidad se
distinguía de la rutina, y envejecer no era necesariamente renegarse.
Simone de Beauvoir, Memorias de una joven formal


Hay que dejar de ser hermosas es un título inquietante, incita tal vez, a ciertas preguntas y reflexiones, pero me referiré a él más adelante y comenzaré con otros aspectos del libro.

Todo el texto se presenta como compacto, coherente, imbuido de cierta melancolía en el seno de algunas certezas implacables sobre lo que implica el devenir de la vida humana, y en sentido más estricto, el devenir en el cuerpo femenino. Lentamente, el sujeto poético se sumerge en la comprensión de la impermanencia, y la aceptación que se va imponiendo respecto de los cambios. Pero también nos habla, de modo sesgado, de heridas sufridas, y lo hace en curvas ascendentes y descendentes, que avanzan mediante resonancias en la memoria, y se detienen.
Sin embargo, lejos están los poemas de una enunciación de premisas obvias: su poesía permite que eso emerja en las palabras, las frases y las imágenes, tan cercanas como sutiles.


El libro está dividido en tres partes, sin título diferencial para cada una, como tampoco tienen título los poemas. No obstante, cada parte se diferencia de la otra dentro de una estructura de íntima conexión. Así, el recorrido de los textos fluye en su hilo lanzado al aire, al oído y al ojo, en su soporte de poemas.


La primera parte se instala en el presente – el presente donde el sujeto poético (en primera persona) se somete a la observación de una ordenada naturaleza, cuyos objetos son árboles, plantas, a veces pájaros. Ver, contemplar lo que rodea, nombrar esos elementos apenas adjetivados, van reforzando una suerte de desnudez –la ausencia de  emociones indica, paradójicamente, el giro hacia el yo en su dimensión del ahora sin proyecciones, del estar, que se observa en varios versos.
Muchos poetas a través de la literatura y desde distintos ángulos, han buscado (y a veces encontrado) las señales de una naturaleza a la que lo humano se contrapone o, inversamente, se identifica. Cuando leí los poemas de la primera parte de Hay que dejar de ser hermosas, vinieron a mi mente textos de autores del trascendentalismo norteamericano, como Ralph W. Emerson y Henry D. Thoreau, que vieron en la fuerza que la naturaleza otorga, un punto de partida para percibir la pertenencia cósmica, y simultáneamente, la libertad interior.
Decía Emerson en su emblemática obra Naturaleza: “Yo no estoy a solas cuando leo y escribo, aunque nadie esté conmigo. Si el hombre ha de estar solo, que mire las estrellas”; y Thoreau en la contestataria Una vida sin principios: “Observar de verdad el amanecer y el atardecer cada día, recordando que nos relacionamos con un hecho universal, nos preservaría cuerdos para siempre”. Así, en esta primera parte, Mónica Tracey se instala en el presente y las escasas acciones indican el disfrute y la entrega a la soledad, aventura imprescendible para trazar el poema.

La segunda parte pareciera concentrarse sobre el eje del cuerpo. El sujeto poético se introduce en su imagen y la percepción propia mediante la figura de la bailarina, en lo que representa la habilidad de su dominio y el equilibrio de su estética. Los poemas interrogan la disciplina previa a su danza –quizá real, quizá metafórica– e invocan el momento del goce de los pasos, ese que borra la memoria del aprendizaje para someterse al presente de cada movimiento. Lentamente nos va dirigiendo del temor que emana de lo físico, a lo simbólico de la boca sin saliva, al hallazgo de la palabra.
La tercera parte está atravesada por lo amoroso –amor en los espejos femeninos de la madre y las hermanas–; o el amor sereno y asombrado de la madurez, que se reencuentra después de íntimas heridas. Así, lo femenino y lo masculino, eros y lazos sanguíneos, colocan al amor en la superficie de lo vital como ofrenda y como esperanza.
El tiempo se expande y se detiene, retrocede, reconstruye experiencias y recuerdos en una especie de fraccionados mosaicos en los que la figura del viaje registra vivencias  que emana de lo físico, a lo simbólico de la boca sin saliva, al hallazgo de la palabra.
La tercera parte está atravesada por lo amoroso –amor en los espejos femeninos de la madre y las hermanas–; o el amor sereno y asombrado de la madurez, que se reencuentra después de íntimas heridas. Así, lo femenino y lo masculino, eros y lazos sanguíneos, colocan al amor en la superficie de lo vital como ofrenda y como esperanza.
El tiempo se expande y se detiene, retrocede, reconstruye experiencias y recuerdos en una especie de fraccionados mosaicos en los que la figura del viaje registra vivencias pasadas, y también es indicio de la fugacidad del instante.

En relación al sujeto poético hay diferencia entre las tres partes del libro, aunque en todas está en primera persona. En la primera parte, su aparición es casi subliminal, se asoma en pocos poemas de modo específico. En la segunda y la tercera, su presencia es más concreta, la percepción del propio cuerpo transportado en la imagen de la bailarina va recorriendo los versos.
Me parece que el tópico, la clave, que se eleva por encima de todo el libro y que sujeta a todos sus poemas, es el tiempo y su transcurrir, desplegado en sus tres niveles: presente, pasado y futuro. El presente atraviesa la primera parte –un estar, un ahora, que se refleja en las imágenes, a menudo silenciosas–; es observación y registro de una naturaleza que se impone, no por magnificencia sino por la misteriosa belleza que oculta el mundo vegetal en lo simple y múltiple a la vez. El pasado es esa especie de calle que se recorre en la memoria. Hay escenas del tiempo dentro del tiempo y su coincidencia en fragmentos de viajes.
El futuro está lanzado en el propósito, y también el deseo.


En todo el desarrollo del libro, la lengua –así nombrada–, se escurre en muchos versos. La lengua en tanto órgano o como metáfora, citada como palabra o signo del discurso poético. Y está presente como deseo de resolución, porque es lo que permite expresarse y lo que, finalmente, libera.

boca seca
sabor amargo sinsabor
más tarde ahora
todo pasa por la lengua. (p. 43)

ceremonia sin palabras el amor (p. 52)

Los poemas son oraciones mantras
los poemas son palabras música
los poemas son palabras silencio
los poemas son celebración (p. 66)

El ritmo, la escanción de los versos, tienen en el libro una importancia fundamental, ya que las palabras se van encadenando con fuerte musicalidad. Son versos libres construidos sobre la base del plano coloquial que, sin embargo, absorben ciertas rimas internas o repeticiones, que dan un giro a variantes semánticas. Pero la categoría coloquial hace que su aparente despojamiento sea la línea de un decir que va del interior del pensamiento, para enunciarse –con intensidad o sutileza–, hacia la voz. Y es como si la poeta fuera logrando, poco a poco, sortear la dificultad de la palabra, de esa boca sin saliva llegar a la experiencia de la armonía con el sentido.
Me referiré por último al título del libro de Mónica Tracey que somete al lector a una especie de pauta y de interrogante. Porque el imperativo, la orden :”Hay que…”, enunciado de modo genérico, amplio, involucra a los receptores, es orden que debe entenderse como paso a una liberación de mandatos sociales, culturales, y desplazarse del juicio de la mirada externa. Pero también puede leerse como ese umbral que hay que atravesar en cierta etapa de la vida, cuando el cuerpo sumerge al yo en la conciencia de sus límites y su fragilidad. Puede ser, además, una invitación a traspasar el adjetivo referido a la cualidad de hermosura, que es escala anterior a la belleza –la belleza, en la filosofía clásica, implica estado superior y está atada al ser tanto como la verdad. “Hay que dejar de ser hermosa” porque el reloj recuerda que si no comenzamos antes, ya es hora de ser bellas. La belleza vendrá al recinto del ser porque ya se inserta en la palabra, en el poema abierto al sentido que fluye y se expande.
Tiempo, amor y muerte son temas permanentes del pensamiento y de la poesía
universal, que laten en Hay que dejar de ser hermosas . Un texto de la filósofa española María Zambrano, Poesía y Filosofía, analiza la tarea de ambas esferas a partir de dos polos: unidad y heterogeneidad respecto del ser y del mundo; y dice al referirse al filósofo que busca la unidad, porque “quien tiene la unidad lo tiene todo”. En cambio, subraya, “asombrado y disperso es el corazón del poeta”.  Zambrano deslinda, con cuidado y rigor, los puntos de contacto y las diferencias entre filosofía y poesía, aunque en la explicación de lo humano, el uso de la palabra en ambos campos es incompleto. La filosofía busca la explicación del ser en su totalidad, como unidad. La poesía alcanza esa unidad a través del mismo poema. Algunos de los versos de los últimos textos de
Mónica Tracey nos dirigen a esos trazos:
Huyendo hacia adelante
como si la vida se abriera ante la muerte
seguir seguir como si nada
hubiera salvo esa vía iluminada
entre sombras (p. 80)

ahora sólo el cuerpo teme
¿es ésta la edad madura? (p. 86)

Y como dice Zambrano: “Para la poesía, a la muerte nada la vence, sino
momentáneamente, el amor”.*

Liliana Ponce
Buenos Aires, julio de 2018

Palabras de la poeta Liliana Ponce Leídas en ocasión de la presentación del libro Hay que dejar de ser hermosas (Hilos Editora, 2018)