viernes, julio 31, 2009

Carlos Alonso: El ganado y lo perdido

"Para Carlos Alonso, el arte se transformó en el lugar en el que se fijan las heridas que deja la realidad sobre el mundo.
El 26 de abril de 1976, un mes después del golpe militar, Alonso inauguró la muestra “El ganado y lo perdido” (Art Gallery, en Florida al 600), en la que reunía cuarenta y cinco trabajos realizados entre el 72 y el 76. Allí aparece anunciado el infierno que se venía: se ve en esas obras la relación de causalidad entre la violencia del mercado y la muerte; la figuración espectral de los ejecutores y administradores del nuevo contrato social argentino –el que impuso los disciplinamientos de un mercado salvaje hoy triunfante a través del ejercicio salvaje del poder–: matones, milicos, matarifes, hombres de negocios, carniceros, enfermeros, camilleros… Un conjunto de personajes metafóricos que, de manera simbólica evocarían a quienes hicieron que la Argentina se desplomara sobre su población. Pero además de los victimarios, también aparece nítidamente anticipada la cuestión de los desaparecidos, las víctimas: los ojos vendados, la figura borrada, las fotos de un familiar ausente, la violencia sobre los cuerpos y sobre la carne.
“El ganado y lo perdido”, título que parece ser la inversión en prosa de los versos de Yupanqui (“Las penas son de nosotros,/ las vaquitas son ajenas”) fue una exposición en la que podía verse casi todo el repertorio de violencias argentinas. (...)"

Vacas tristes entre la duda y la verdad*

Por María del Carmen Colombo

"Entrar a la gran literatura, como Anastasio el Pollo al teatro Colón."
L. L.

Este es el sueño que soñé despierta, el invento que en realidad me apareció releyendo los escritos de un sabio guitarrero que afirmaba --que afirma--, llamarse Juan, Juan Gelman (1).
Iba yo como voy, boleada casi siempre, por la pampa de papel, cuando de pronto encontré una leyenda que me llegó, digamos, que me rayó, como si en realidad la uña del mencionado rasgador de cuerdas me hiciera sonar el corazón. Cuando quise acordarme me di cuenta: versos eran y parte de una dedicación casi rimada, hechos a una difunta, reina mentada, musa inspiradora ELLA, Alejandra (2). Ave cantora, después supe, que como un pajarito había volado, huido a los misterios del desierto. Si el mareo me deja, quisiera recordar esas estrofas, decían más o menos así:

Oh eternidades débiles perdidas para siempre
y vacas tristes entre la duda y la verdad
y sedas y delicias de la sombra
mejor hagamos un mundo para que alejandra se quede...(3)

Abatatada por el sonido de las cuerdas de lana del pampero, fijé mi atenta distracción en esos animales que Juan el guitarrero así nombraba: “vacas tristes entre la duda y la verdad”. Como reconocer, reconocía haber visto muchas pero muchas vacas…, pero de éstas ninguna, claro… (era mala consejera la ignorancia mía, el corazón rasgado ya me lo decía).
Entonces decidí preguntarle a un tal Don Federico, alias el matadiós, porque había matado a su tatita, según se decía, con el filo de su afilosofado facón, él mesmo. Y buscando lo encontré en un rincón de su almacén de brebajes antiguos. Yo le mostré la letra y él me dijo: “ha dado usted con el hombre indicado” y, como un adivino encantado por los versos, agregó: “yo veo una mujer en esa vaca, porque recuerde –prosiguió-- que como yo mismo he dicho hace un montón ‘la mujer sigue siendo gato o pájaro o, en el mejor caso, vaca’ (4). No se lo tome a mal --se disculpó el viejo Federico-- pero este pensamiento mama del manantial que mi cuchillo hizo brotar en otras épocas. Saque --me dijo-- su pata de la letra y vuelque en su imaginación otra ginebra”.
Yo ya me desbordaba y empecé casi a delirar, seguí escuchando: “... esas vacas que pastan en la pampa de papel son las Consoladoras de la Soledad y viven tristes porque siempre una pérdida las pone así. De tal forma que penan infinitamente: aléjese son vacas perdedoras. Por eso están tumbadas, depremidas, tiradas en la seda del pasto, y quien se atreva a ordeñarlas no beberá la caña o la ginebra con que los varones como yo acostumbran a enyenarse el garguero, sino la dulce leche femenina de sus ubres”. Y después como si esto fuera poco me espetó con desprecio: “es el lenguaje de la falta fatal, de la falla, mi'hijita, que cava y cava hasta vaciarlo todo”. Y después de lo dicho el viejo Federico se esfumó, como un fantasma.
O fui yo que me rajé del almacén del matadiós, más rayada que nunca. Una tormenta que me atormentaba llovía adentro de mi mente: como una catarata de recuerdos lo que había olvidado retornaba: eran definiciones de la infancia, las leídas en un viejo diccionario pampeano: vaca, hembra del toro; y vacante, vacío; y bacante con la b de labios suavizados: prienda movida por la pasión o la mamúa de transportes desordenados; vacante: abandonado, hueco, vacío.
Un sudor femenino empapaba mi cuerpo: era de furia, de furor ancestral, acaso el que me recordaba a mí misma, vagando por los laberintos del rancho de la mente, rumiando, masticando como vaca y, por qué no decirlo, llorando mi aflicción.
Para calmarme, como se calma una, me tumbé como buena vacuna en la delicia de la sombra que un árbol me daba. Un vacío me vaciaba el alma, un vacío vacuno que yo había mamado, me di cuenta, en las ubres de la madre mía.
Las palabras de Juan el guitarrero me tocaban como tocan, como señalan los punteros con su dedo largo, largo de padre occidental, un error, una falta, un no tener, y obligan a vivir, entonces, en la culpa de lo que no se tiene. No era nada inocente el sabio verseador cuando, sin darse cuenta, tildó de femenino a ese pensamiento.
Ya totalmente enloquecida, y entrampada en las garras de esta ficción, yo me golpeaba el pecho repitiendo: yo la vaca, yo la vaca, como un signo yovaca de identidad. Y de tanto repetir, una jerga rabiosa me babeaba la boca, una jerga al revés. Era la jeringonza de los desesperados que, perdidos en su infinita pena de perder, dan vuelta las palabras, prendidos a la alelada jerga del lunfardo.
Pero por fin desperté: una entripada realidad carnicera cortaba en picadillo la mañana, y en el rancho de al lado alguien cantaba unos versos vacunos que anoté y que decían:

“Mi patria es este revés
porque me siento fallada
destino de condenada
tratar siempre de zurcir
falla detrás de otra falla.

Yo me trato de cubrir
rebozo de mis palabras
tapando lo que me falta
lo que falta me hace a mí.

No sea que al descubierto
quede tanta imperfección
y venga con su ficción
algún varón de la patria
a rasgarme el corazón
como cuerda de guitarra

y me haga sonar… "

Y no hay vuelta que darle, ni despierta se sale fácil de esta ficción. Y sobre todo si “Oh eternidades, débiles, vacunas y vacías…, yo las amo” (5).

Notas:
* Esta nota fue publicada en la Revista Feminaria, del mes de agosto de 1991, pp. 7 y 8.
(1) Gelman Juan, poeta argentino (Buenos Aires, 1930). Reside actualmente en México.
(2) Pizarnik, Alejandra, poeta argentina (Buenos Aires, 1936-1972).
(3) Fragmento del poema "Proposiciones" de Juan Gelman, incluido en su libro Relaciones (1973).
(4) F. Nietzche: Así hablaba Zaratustra.
(5) F. Nietzche: Así hablaba Zaratustra.

jueves, julio 30, 2009

Paul Klee: Miradas


"(...) Déjenme emplear un símil, el símil del árbol. El artista ha penetrado en este nuestro mundo multiforme y --vamos a suponerlo así-- se ha orientado en él más o menos... calladamente... La orientación en las cosas de la naturaleza y de la vida, ese orden ramificado, de muchas ramas, lo quisiera comparar con las raíces del árbol.
De allí le afluyen al artista las savias que pasan a través de él y de sus ojos.
Él está, pues, donde está el tronco. Asediado y conmovido por el poder de ese fluir, transmite en la obra lo que ha visto.
Como en la copa del árbol, que en el tiempo y en el espacio se despliega visiblemente hacia todos los lados, se despliega también la obra.
A nadie se le ocurriría pedirle al árbol que forme la copa exactamente como la ráíz. Todos comprenderán que entre abajo y arriba no puede haber una relación de espejo y objeto reflejado. Es natural que las distintas funciones de distintos ámbitos elementales den lugar a grandes diferencias.
Pero precisamente al artista en muchos casos se le quiere prohibir esas diferencias con respecto a los modelos naturales, necesarias, si no por otras razones por las exigencias de la creación plástica. Hasta se ha ido tan lejos como para reprocharle impotencia e imputarle un falseamiento intencional.
Pero él, en el lugar del tronco, lugar que le está asignado, no hace más que recoger lo que brota de las profundidades y transmitirlo. Lo que hace no es servir ni dominar; es simplemente transmitir.
Ocupa, pues, una posición auténticamente humilde. Y la belleza de la copa no es suya, sólo ha pasado a través de él."
*Fragmento de la conferencia de Klee Sobre el arte moderno, extractado del libro Mundo y vida de grandes artistas (III), Westheim Paul. Fondo de Cultura Económica, 1984

Saint-John Perse*: Para celebrar una infancia, segunda parte

Y las sirvientas de mi madre, altas mozas lucientes… Y nuestros fabulosos párpados…
¡Oh
claridades, oh favores!
Nombrando cada cosa, yo recitaba que era grande, nombrando cada bestia, que era bella y buena.
¡Oh mis mayores
flores voraces, entre la roja hoja devorando mis más bellos insectos verdes! Los ramos en el jardín olían a cementerio de familia. Y una muy pequeña hermana habíua muerto: yo había tenido su ataúd de caoba, que olía bien, entre los espejos de tres estancias. Y no se debía matar un pájaro mosca de una pedrada… Pero la tierra se curvaba en nuestros juegos como hace la sirvienta, aquella que tiene derecho a una silla si nos quedamos en casa.


… Vegetales fervores, ¡oh claridades, ¡oh favores…!
¡Y luego esas moscas, esa especie de moscas, hacia el último cuadro del jardín, que era como si la luz cantase!


Me acuerdo de la sal, me acuerdo de la sal que la nodriza amarilla hubo de limpiar en el ángulo de mis ojos.
El hechicero negro sentenciaba en la despensa: “El mundo es como una piragua que, volteando y volteando, no sabe ya si el viento quiere reír o llorar…”
Y enseguida mis ojos trataban de pintar
un mundo balanceado entre brillantes aguas, y reconocían el mástil liso de los troncos,
la gavia bajo las hojas, y los botalones y las vergas, los obenques de liana,
en donde, demasiado largas, las flores
remataban en gritos de papagayos.

*Saint-John Perse, fue el seudónimo de Alexis Saint-Léger Léger (1887-1975), poeta y diplomático, obtuvo en 1960 el Premio Nóbel de Literatura.

miércoles, julio 29, 2009

Victoria Schcolnik: El refugio*


si pudiera darle a las palabras la forma
de las curvas en las hojas

tal vez dejaría de sentir el tirón
de lo que es arrancado antes de caer
…
es tarde
y los niños corren por el campo
buscando el secreto
que escribo y escribo
sin encontrar
…

muchas veces tuve que asir con la fuerza de mi cuerpo
esa palabra que me permitía huir del silencio en el que
me depositaron cuando eran niña y todavía no había
aprendido a hablar
…

ciertos jeroglíficos
sólo pueden comprenderse
con la tristeza del que acepta
que hay cosas imposibles
…

de nuevo pienso
la intimidad no existe

algo propio, cuando sale

duele como si una madre resistiera
contra la fuerza del hijo que nace,
contra su sangre, su útero

* Victoria Schcolnik (Buenos Aires, 1984). Los poemas que se transcriben forman parte de su libro El refugio, publicado por la Editorial Abeja Reina, en 2008.

poesía: agenda mes de agosto

En Casa de la Lectura, Lavalleja 924, el viernes 7 de agosto, a las 19.30, se presentará el nuevo libro del poeta Miguel Gaya, Lo efímero y otros poemas inestables.
Presentación a cargo de los poetas: Irene Gruss y Javier Cófreces.

Para celebrar una infancia: Saint-John Perse (Primera parte)

I
¡Palmeras...!
Entonces te bañaban en el agua-de-hojas-verdes; y era
también el agua verde sol, y las sirvientas de tu madre,
altas mozas lucientes, meneaban sus cálidas piernas cerca de tu temblor...
(Hablo de una alta condición, antaño, entre los trajes, en el reino de girantes claridades.)

¡Palmeras...! ¡y la dulzura
de una vejez de las raíces...! la tierra
entonces deseó ser más sorda, y el cielo más
profundo en donde los árboles demasiado grandes,
fatigados de un oscuro designio, anidaban un pacto
inextricable...
(He tenido este sueño, en la estimación: una segura
permanencia entre las telas entusiastas.)

Y las altas
raíces curvadas celebraban
la partida de los prodigiosos caminos, la invención de
las bóvedas y las naves.
Y la luz entonces, en más puros hechos fecunda,
inauguraba el blanco reino al que llevé tal vez un cuerpo
sin sombra...
(Hablo de una alta condición, antaño, entre hombres
y sus hijas, que masticaban cierta hoja.)

Entonces, los hombres tenían
una boca más grave, las mujeres tenían brazos más
lentos;
entonces, de nutrirse como nosotros de raíces, grandes
bestias taciturnas se ennoblecían;
y más largos sobre más sombra se levantaban los
párpados...
(Tuve ese sueño, nos ha consumido sin reliquias.)

*Saint-John Perse, fue el seudónimo de Alexis Saint-Léger Léger (1887-1975), poeta y diplomático, obtuvo en 1960 el Premio Nóbel de Literatura. Entre sus obras, pueden mencionarse: Anábasis (1924), Exilio (1942), Amargos (1957), Pájaros y otros poemas (1962), etcétera.
*Traducción: Jorge Zalamea.

jueves, julio 23, 2009

Pizarnik sobre Girri: poesía clara, poesía oscura

"(...) En general, estamos acostumbrados a una poesía que tenga -digamos- subyacencia. En cambio en Girri hay una absorción total de la palabra. Crea una nueva manera de lectura en que la totalidad del poema queda convocada en la palabra, en una suerte de filo horizontal que no permite ningún más allá ni más acá. De este examen se desprende que Girri no sólo no es un poeta oscuro --como se ha dicho-- sino que es demasiado claro, y justamente por esto puede parecer oscuro. Aun así es un deber confesar que no he comprendido dos versos de El ojo**, dos versos obsesionantes: en lo bajo, no en lo oscuro,/en lo bajo, que no es lo oscuro.
Sin duda, hay una complacencia en no comprender algunos versos de un libro de poemas; alegra repetirlos pues misteriosamente nos suelen poner en contacto con lo más puro de la sonoridad del lenguaje. Además, de tanto repetirlos, su sentido acaba por estallar en el espíritu, como quería un gran oscuro, G. M. Hopkins".

*Fragmento del artículo titulado Alberto Girri: "El ojo", escrito por Alejandra Pizarnik y publicado en la revista Sur, Buenos Aires, Nº 291, noviembre-diciembre de 1964. Este artículo está incluido en el libro Alejandra Pizarnik, prosa completa (Lumen, Palabra en el Tiempo, 2001).
** El ojo, libro de poemas del poeta argentino Alberto Girri (Losada, Buenos Aires, 1964).

Edmond Jabès: palabras y peines

“La unión es muerte. Escribo para mantener las palabras en su separación, para que vivan a pesar del libro y a pesar de Dios que es vocablo y libro sobre libro.
La legibilidad es una invención humana, dirigida al hombre.
Dios es unión ilegible', decía reb Arias. Y decía también: 'Somos la separación en Dios, la lectura de la integral lectura que se vuelve practicable.
Escribir, al fin de cuentas, ¿no será nuestra capacidad de desenmarañar las palabras, como cabellos, para encontrar nuevamente la línea?
Ah, abandonar las palabras a sus juegos pasionales; en el espacio de sus heridas que ellas nos hablan.
La lectura es desciframiento de heridas.'
A lo que reb Beniamin respondió, no sin humor: 'Es con nuestros más modestos inventos que a veces llegamos a dilucidar el misterio de Dios. Por ejemplo, la invención del carmenador.
¿Aprender a escribir no será, de algún modo, aprender a servirse de un peine?"

*Edmond Jabès nació en El Cairo en 1912 y murió en 1991. El fragmento que se transcribe pertenece a El libro de las semejanzas, Alfaguara, Buenos Aires, 2001.

Poesía en Tercer Mundo

El lunes 27 de Julio, en Tercer Mundo, Rioja 1089, a las 21, leerán sus poemas: Sofía Bauzá, Rosa María Walkyria Celentano, Marta Ortíz y Florencia Lo Celso.
Cerrarán la noche musicalmente: Poca Farfulla.

Pintores III, Leonardo: Pintura y poesía

"La pintura es poesía muda; la poesía, pintura ciega (...). La pintura es una poesía que se ve sin oírla; y la poesía es una pintura que se oye y no se ve; son, pues, estas dos poesías o, si lo prefieres, estas dos pinturas, que utilizan dos sentidos diferentes para llegar a nuestra inteligencia. Porque si una y otra son pintura, pasarán al común sentido a través del sentido más noble que es el ojo; y si una y otra son poesía, habrán de pasar por el sentido menos noble, es decir, el oído. La pintura es una poesía muda, y la poesía una pintura ciega, y una y otra van imitando a la naturaleza en todo cuanto les es posible."

Pintores I: Antoni Tàpies: La vacuidad

(Para Soledad, porque le gusta este pintor)

"... Tengo un texto donde hago una referencia a la vacuidad, que viene recogido en el volumen El valor del arte. Es el que lleva por título `Velázquez o la agitación del vacío' y es una reflexión sobre Las Meninas. Lo hice pensando en las faldas que aparecen en el cuadro, que visto de lejos ves unas sedas y unas cosas muy decorativas, pero si te acercas es que no hay nada ahí, hay pinceladitas así sueltas. Y uno se pregunta maravillado: ¡pero cómo es que este mundo se organiza de esta manera que después se transforma en una falda de una menina! Pero no sé si entiendo el vacío, recuerde usted que yo dudo siempre de todo, no se fíe de mis palabras."
*Pintor y escultor catalán.

Pintores II: Paul Klee*, anotaciones

. "El objeto en sí está muerto con seguridad. La sensación que provoca el objeto pasa a primera línea. […] La forma externa se convierte así en algo particularmente variable, que se mueve a todo lo largo de la escala de los temperamentos, según la movilidad del dedo índice, como se puede decir en este caso. Los medios técnicos varían de acuerdo con ello. La «escuela» de los viejos maestros está con toda seguridad liquidada."
."Cuanto más horrible el mundo (justo como hoy), tanto más abstracto el arte, mientras que un mundo feliz produce un arte de este mundo."
."Todo lo perecedero no es sino un símbolo. Lo que percibimos es una proposición, una posibilidad, un hecho auxiliar. La verdad reside, invisible, en el fondo de todas las cosas. El mundo es el objeto de mi arte aunque no sea este mundo, el mundo visible."
. "Antes se describían las cosas que uno veía sobre la Tierra, que uno veía con gusto o que uno hubiera querido ver. Ahora, la realidad de las cosas visibles se hace patente, dando expresión a la creencia de que, en relación con la totalidad del mundo, lo visible es sólo un ejemplo aislado, y de que las otras verdades están, de modo latente, en la mayoría. Las cosas se manifiestan en un sentido amplificado o multiplicado, contradiciendo a menudo las experiencias racionales del pasado. Se aspira a una sustancialización de lo casual."
."¿Abstracto? Ser pintor abstracto no significa de entrada abstraer de los objetivos naturales en que es posible comparar los objetos, sino que se basa, independientemente de esos objetivos, en la puesta en libertad de relaciones pictóricamente puras".
. "(...) su avance (el del artista) en la percepción y observación de la naturaleza le capacita, cuanto más penetra en la concepción del mundo, para alcanzar una nueva naturalidad, la naturalidad de la obra, dejando atrás lo deseado esquemático. Crea entonces una obra o participa en la creación de obras a semejanza de la obra de Dios."
."Somos artistas, prácticos activos, por lo que aquí nos movemos por naturaleza en un ámbito preferentemente formal. Sin olvidar que antes del comienzo formal o, dicho de un modo más simple, antes de la primera línea, existe toda una pre-historia, no sólo el anhelo, el deseo del hombre de expresarse, no sólo la necesidad exterior de ello, sino también un estadio general de la humanidad, cuya orientación se denomina ideología, que aparece aquí y allá con la necesidad interna de manifestarse. Subrayo esto para que no se produzca el malentendido de que una obra se compone sólo de forma."
. "La quietud sobre la Tierra es una restricción de la materia. Considerar esta detención como primaria es una equivocación […]. La obra es también ante todo una génesis, nunca se la vive como producto" (...) Lo productivo es precisamente el camino, lo fundamental, el hacerse está por encima del ser […]. La génesis como movimiento formal es lo fundamental en la obra."
. "Estudiamos los caminos que ha seguido otra persona en la creación de su obra con el fin de conocer los caminos recorriéndolos. Este tipo de consideración nos debe preservar de considerar la obra como algo rígido, como algo imposible de cambiar."

*Pintor alemán, nacido en Suiza (1879-1940).

Amelia Biagioni: La cazadora

La ventana
Procura vivir de suerte
que al final de la partida,
saques de la muerte vida.
(Anónimo)

Una ventana y nada más quisiera,
un fervoroso prólogo del vuelo,
que me instara a subir, con el modelo
de lo que se remonta en primavera.

Me bastaría sólo esa ligera
interrupción de muro y desconsuelo
para desvanecerme por el cielo
clara, sonora, libre, verdadera.

De tanto que la sueño, una mañana
encontraré en mi cuarto a la ventana
llamándome con luminoso grito.

Desde que se abra, viviré de suerte
que me sorprenda el plomo de la muerte
volando en mi retazo infinito.

Fulgurante anestesia
El gran rubí dolor-oh místico-
me atregua levitando verde y lejos
sobre el tiempo de las caléndulas

respiro el Häendel aleluya
entre cómplices fluye azul mi cuerpo
sin orillas por un cauce sin fondo.

Revestido de enigma blanco
señor de élan sabiduría y artroscopia
llega Hipócrates

hunde la vara de videncia
en el nudo del alma sangre y carpo
donde empieza mi mano escriba

y en la pantalla dicho con mi letra
de ignoto lumen centelleante,
desapareciendo surge el tácito Poema.

Decir
Cuando recibo una palabra inesperada
la retengo y vigilo sus diferentes porvenires
hasta que alguno e ellos
de pronto se recuerda se incorpora
y no hay palabra ya
sino un gran viento que me empuña.

Chacarita
Helecho crisantemo
cala rama clavel y dalia
como pórtico de noviembre

ciudadela posada en cielo
con sus generaciones extendidas
bajo el vigor

animación fragantes calles
señalan verdes amarillos amarantos

mementos de abejorro
mariposa recién abierta

felicidad de rosa y tumba

*Amelia Biagioni (1916-2000), poeta argentina. Publicó: Sonata de soledad, 1954; La llave, 1957; El humo, 1967; Las cacerías, 1976; Las estaciones de Van Gogh.

martes, julio 21, 2009

Un cuento de Bel Kaufman*



DOMINGO EN EL PARQUE

Aún hacía calor al sol del final de la tarde, y los ruidos de la ciudad, llegaban amortiguados entre los árboles del parque. Ella dejó el libro en el banco, se quitó las gafas de sol y suspiró llena de contento. Morton leía el cuadernillo del Times Magazine, con un brazo sobre el hombro de ella; su hijo de tres años, Larry, jugaba con la arena: una leve brisa abanicaba suavemente el cabello de ella contra su mejilla.
Eran las cinco y media de un domingo por la tarde, y la pequeña zona para jugar, habilitada en una esquina del parque, estaba casi desierta. Los columpios y los balancines permanecían inmóviles y abandonados, los toboganes vacíos, y sólo en el rincón de la arena se veía a dos niños pequeños agachados el uno junto al otro, muy ocupados. Qué bien se está aquí, pensó ella, y casi sonrió de pura sensación de bienestar. Tenían que salir a tomar el sol con mas frecuencia; Morton estaba tan pálido, toda la semana encerrado en esa gris universidad, con pinta de fábrica. Le apretó el brazo cariñosamente y echó una ojeada a Larry, encantada de ver el pequeño rostro afilado, ceñudo ahora, de tanto concentrarse en el túnel que estaba cavando. El otro chico se levantó de pronto y, con un brusco y deliberado movimiento de su brazo regordete, descargó sobre Larry la pala llena de arena; casi le da en la cabeza. Larry siguió cavando, y el otro niño se quedó allí de pie, con la pala levantada, impasible, como si no hubiera pasado nada.
-No, niño, no -le recriminó ella con el dedo en alto, al tiempo que trataba de buscar con la mirada a la niñera o la madre del niño-. La arena no se tira. Se puede meter en los ojos y duele. Se juega con cuidado, ahí, en esa arena tan bonita.
El niño la miró imperturbable, en actitud expectante. Tendría la edad de Larry, pero debía de pesar cuatro o cinco kilos más, era un niñito fornido sin la ligereza y la sensibilidad de expresión de Larry. ¿Dónde estaba su madre? Las únicas personas que quedaban en la zona de juegos eran dos mujeres y una niña con los patines puestos que se iban ahora por la salida, y un hombre sentado en un banco unos metros más allá. Era un hombre grande, y parecía que ocupaba el banco entero con el suplemento de humor del domingo abierto muy cerca de la cara; ella imaginó que sería el padre del niño. Sin levantar siquiera la vista del tebeo, escupió con pericia por la comisura de la boca. Ella apartó los ojos.
En aquel instante, con la misma rapidez de antes, el niño volvió a arrojarle una palada de arena a Larry. Y esta vez, parte de ella fue a darle en el pelo y en la frente. Larry miró a su madre, con la boca indecisa; según su expresión él se echaría a llorar o no.
El primer instinto de ella fue correr hacia su hijo, quitarle la arena del pelo y castigar al otro niño, pero se contuvo. Siempre estaba diciendo que lo que ella quería era que Larry aprendiera a ganar sus propias batallas.
-No hagas eso, niño -dijo con voz severa, inclinándose hacia delante sin levantarse del banco-, ¡no tires arena!
El hombre del otro banco movió la boca, como para volver a escupir, pero lo que hizo fue hablar. A ella ni la miró, sólo al niño:
-Sigue tirando toda la arena que quieras, Joe -dijo, alzando la voz-, e! rincón de la arena es de todos.
Ella sintió una súbita debilidad en las rodillas y lanzó una mirada a Morton. Este se había dado cuenta de lo que ocurría. Dejó el Times cuidadosamente en el regazo y volvió su rostro fino y enjuto hacia el hombre, sonriéndole con la misma sonrisa tímida y llena de excusas que podía haberle dirigido a un estudiante para llamarle la atención por un error. Y cuando se dirigió al hombre fue con su tono razonable
de siempre:
-Tiene usted toda la razón -le dijo con amabilidad-, pero precisamente por tratarse de un lugar público...
El otro levantó la vista del tebeo y miró a Morton. Le miró de arriba abajo, despacio, con premeditación:
-¿Y qué? -Su voz insolente estaba llena de amenazas-. Mi hijo tiene tanto derecho como el suyo, y si le da la gana de tirar arena pues la tirará, y si a usted le parece mal no tiene más que sacar a su hijo de ahí de una puñetera vez.
Los niños escuchaban, boca y ojos abiertos de par en par, con las palas olvidadas en las manitas. Ella notó cómo se tensaba el músculo de la mandíbula de Morton. Raras veces se enfadaba; casi nunca perdía el dominio de sí mismo. Se sintió invadida de ternura por su marido y de una rabia impotente contra aquel hombre por ponerle en una situación tan ajena y tan desagradable para él.
-Bueno, un momento -dijo Morton cortésmente-, tiene que comprender...
-Ande, cierre el pico -dijo el otro.
El corazón de ella comenzó a latir agitadamente. Morton se levantó a medias; el Times se cayó al suelo. Despacio, el otro se levantó también. Dio un par de pasos hacia Morton y luego se detuvo. Dobló sus grandes brazos, esperando. Ella juntó las rodillas, que le temblaban.
¿Habría violencia?, ¿pelearían? Qué absurdo, qué increíble... Tenía que hacer algo para impedirlo, pedir socorro. Quiso poner la mano en la manga de su marido, tirar de él para que se sentara, pero, por alguna razón, no lo hizo.
Morton se ajustó las gafas. Estaba muy pálido.
-Esto es ridículo -dijo-, he de pedirle...
-¿Ah, sí? -dijo el otro. Tenía las piernas abiertas, se balanceaba un poco, mirando a Morton con el más absoluto desdén-, ¿usted, y cuántos más?
Durante un momento los dos hombres se miraron cara a cara.
Luego, Morton le volvió la espalda al otro y dijo, sin alzar la voz:
-Venga, vámonos de aquí.
Fue hacia el rincón de la arena; andaba torpemente, cojeando casi, al tratar de afectar naturalidad. Se inclinó y sacó de allí a Larry levantándole en vilo con pala y todo.
Larry cobró vida inmediatamente; su rostro perdió la expresión de éxtasis que tenía y se puso a patalear y a llorar:
-No quiero irme a casa, quiero jugar más, no quiero cenar, no me
gusta la cena...
Aquello fue como una salmodia interminable, mientras caminaban arrastrando al niño entre los dos, y él hincaba los pies en el suelo. Para llegar a la salida tenían que pasar junto al banco donde el hombre había vuelto a repantigarse. Ella puso buen cuidado en no mirarle. Con toda la dignidad de que fue capaz tiró de una manita de Larry, sudorosa y llena de arena, mientras Morton tiraba de la otra. Despacio y con la cabeza alta salió de la zona de juegos con su marido y su hijo.
Sintió alivio, primero, al pensar que se había evitado una pelea, que nadie había resultado herido. Y, sin embargo, había debajo una capa de algo distinto, de algo pesado e ineludible. Se dijo que aquello había sido más que un simple incidente desagradable, más que una derrota de la razón contra la fuerza. Sentía vagamente que tenía que ver con ella y con Morton, que era algo claramente personal, familiar, importante.
De pronto habló Morton:
-No habría demostrado nada.
-¿Qué? -preguntó ella.
La pelea. Lo único que habría demostrado es que el otro es más grande que yo.
-Por supuesto -dijo ella.
-El único desenlace posible -continuó él, razonablemente- habría sido, ¿cuál? Pues esto: mis gafas rotas, puede que hubiera tenido que ponerme una o dos muelas nuevas, dos días sin poder ir a trabajar, y ¿a santo de qué?, ¿de la justicia?, ¿de la verdad?
-Por supuesto -repitió ella.
Apresuró el paso. Lo único que quería era volver a casa y sumirse en sus tareas domésticas; a lo mejor, entonces se le iría la sensación que se le había pegado al corazón como un esparadrapo. Qué matón más estúpido, más despreciable, pensó, tirando más fuerte de la mano de Larry, que seguía llorando. Hasta entonces, siempre se había sentido llena de ternura y pena ante aquel cuerpecito indefenso de frágiles brazos, hombros estrechos y omoplatos agudos como alas, piernas inseguras y delgadas, pero ahora sentía la boca tiesa de resentimiento.
-Anda, deja de llorar -dijo, con dureza-, ¡estoy avergonzada de ti! Se sentía como si fueran los tres pisando fango por la calle. El niño se puso a llorar más fuerte.
Si se hubiera tratado de algún principio, pensó, si hubiera habido algo que justificas una pelea... Pero ¿qué otra cosa habría podido hacer él? ¿Dejarse pegar? ¿Tratar de educar al otro? ¿Llamar a la policia? .«Oiga, guardia, hay un hombre ahí en el parque que no piensa decirle a su hijo que no le tire arena al mío...» El asunto era así de tonto, no valía la pena seguir dándole vueltas.
-¿No puedes hacerle callar, por Dios bendito? -preguntó Morton, molesto.
-¿Y qué crees que estoy tratando de hacer? -dijo ella.
Larry tiraba para atrás, arrastrando los pies.
-Pues si no sabes tú meterle en cintura tendré que hacerlo yo -cortó Morton, dando un paso hacia el niño.
Pero la voz de ella le paró en seco. Le sorprendió oír su propia voz, delgada, fría y empapada en desprecio:
-¿Ah, sí? -fue lo que se oyó decir a sí misma-, ¿tú, y cuántos más?


*Bella "Bel" Kaufman (1911) profesora y escritora ruso-norteamericana.

lunes, julio 20, 2009

Oliverio: Gratitud

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.

Gracias pelo
caballo
mandarino.

Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.

Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.

Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla
a la sangre
a los toros
a la siesta.

Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.

Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.

Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.

Oliverio Girondo,
agradecido.

jueves, julio 16, 2009

Taller literario en la Ciudad de Córdoba

Agradecemos a la librería El Espejo, de la ciudad de Córdoba, el envío de la siguiente información:
La Biblioteca Popular "Libertad" convoca al Taller Literario, coordinado por la escritora Eugenia Cabral y auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Córdoba.
El inicio tuvo lugar el pasado 1 de julio, a las 18, manteniéndose dicho horario para las sucesivas reuniones. Está dirigido a público en general, de edad adulta (mayor de 18 años) y es gratuito, con un cupo no mayor de quince personas.
La biblioteca “Libertad”, que recientemente ha obtenido su personería jurídica, funciona en las instalaciones del club Sociedad Belgrano, Avenida Alem 1702, de Barrio Talleres (E). Para inscribirse, los interesados podrán concurrir de 18 a 20.

miércoles, julio 15, 2009

A buen entendedor, César Vallejo

XVI
Tengo fe en ser fuerte.
Dame, aire manco, dame ir
galoneándome de ceros a la izquierda.
Y tú, sueño, dame tu diamante implacable,
tu tiempo de deshora.

Tengo fe en ser fuerte.
Por allí avanza cóncava mujer,
cantidad incolora, cuya
gracia se cierra donde me abro.
Al aire, fray pasado. Cangrejos, zote!
Avístase la verde bandera presidencial,
arriando las seis banderas restantes,
todas las colgaduras de la vuelta.

Tengo fe en que soy,
y en que he sido menos.

Ea! Buen primero!


XXXIII
Si lloviera esta noche, retiraríame
de aquí a mil años.
Mejor a cien no más.
Como si nada hubiese ocurrido, haría
la cuenta de que vengo todavía.

O sin madre, sin amada, sin porfía
de agacharme a aguaitar al fondo, a puro
pulso,
esta noche así, estaría escarmenando
la fibra védica,
la lana védica de mi fin final, hilo
del diantre, traza de haber tenido
por las narices
a dos badajos inacordes de tiempo
en una misma campana.

Haga la cuenta de mi vida
o haga la cuenta de no haber aún nacido
no alcanzaré a librarme.

No será lo que aún no haya venido, sino
lo que ha llegado y ya se ha ido,
sino lo que ha llegado y ya se ha ido.


XLIII
Quién sabe se va a ti. No le ocultes.
Quién sabe madrugada.
Acaríciale. No le digas nada. Está
duro de lo que se ahuyenta.
Acaríciale. Anda! Cómo le tendrías pena.

Narra que no es posible
todos digan que bueno,
cuando ves que se vuelve y revuelve,
animal que ha aprendido a irse... No?
Sí! Acaríciale. No le arguyas.

Quién sabe se va a ti madrugada.
¿Has contado qué poros dan salida solamente,
y cuáles dan entrada?
Acaríciale. Anda! Pero no vaya a saber
que lo haces porque yo te lo ruego. Anda!


XLIV
Este piano viaja para adentro,
viaja a saltos alegres.
Luego medita en ferrado reposo,
clavado con diez horizontes.

Adelanta. Arrástrase bajo túneles,
más allá, bajo túneles de dolor,
bajo vértebras que fugan naturalmente.

Otras veces van sus trompas,
lentas asias amarillas de vivir,
van de eclipse,
y se espulgan pesadillas insectiles,
ya muertas para el trueno, heraldo de los génesis.

Piano oscuro ¿a quién atisbas
con tu sordera que me oye,
con tu madurez que me asorda?

Oh pulso misterioso.

LXXV
Estáis muertos.

Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.

Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os ransfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.

Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino el no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.

Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.

Estáis muertos.

*Estos poemas pertenecen al libro de César Vallejo, Trilce (Editorial Losada,Buenos Aires, 1961).

Retrato: Nahual

Igor, mi nahual.

"Amo el canto de zenzontle
pájaro de cuatrocientas voces,
amo el color del jade y el enervante
perfume de las flores,
pero más amo a mi hermano: el hombre."

martes, julio 14, 2009

Agenda: El mensajero (de César Aira)

Con Alfredo Rosenbaum, Julieta Casado, Bernardo González, Matías Tavolaro e Ignacio Huang.

Escenografía y vestuario / Jackie Miller
Música original / Aníbal Zorrilla

dirección y puesta en escena / Ita Scaramuzza

sábados a las 23 y domingos a las 19
En Espacio Cultural Pata de Ganso, Pje. Zelaya 3122 (Abasto)
Reservas 4862-0209