sábado, noviembre 16, 2019

Pezzoni: César Vallejo






 Fragmentos de la lectura acerca de la obra del poeta  peruano  César Vallejo realizada por el profesor Enrique Pezzoni,  titular de la Cátedra  Teoría Literaria de la Carrera de Letras, de junio de 1987.IV



Contra el secreto profesional
Algunos textos en prosa

Este libro CV lo escribió en Europa. Se trata de cuasi relatos, trabajados en forma de escenas, pero con los mismos elementos simbólicos que aparecen en sus poemas. Es el caso de “lánguidamente su licor”, un seudo relato, de la escena original, la casa materna, la madre, el padre y los hermanos. La madre es aquella con la cual el sujeto que fue aparece fusionado y a la cual retorna imaginariamente. Ese sujeto no puede verse aún en el espejo como constituyéndose., separado de la madre y el padre –y la ley paterna--. El título resulta muy misterioso.
El afuera golpea y la vivencia es que quiere invadir la casa.


      "LÁNGUIDAMENTE SU LICOR

Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá servía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sentados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta.

—Tocan a la puerta! —mi madre.

—Tocan a la puerta! —mi propia madre.

—Tocan a la puerta! —dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene.

—Anda, Nativa, la hija, a ver quien viene.

Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venia así, oponiéndose a lo ancho de nosotros.

Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mama salió, avanzando inversamente y como si hubiera dicho: las partes. Se hizo patio afuera. Nativa lloraba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes.

—Porque no le deje que saliese a la puerta, —Nativa, la hija—, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo.

¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padre, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre deseara más tarde. Sin embargo:

—Y mañana, a la escuela, —disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos.

—Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida.

Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atravesada.

Mas, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo.

Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran calofrío maternal.

—¿Dónde están los hijos de la gallina vieja?

—¿Dónde están los pollos de la gallina vieja?

¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!"

El padre aparece como la ley que ordena ir hacia afuera. Las dos figuras padre/madre están absolutamente contrapuestas. El padre ordena y manda afuera. La madre es la la tarde lluviosa, el yantar de oración, lo que mantiene en el adentro.
“Tocaron a la puerta”: es la irrupción del afuera, y allí aparecen los tres calificativos de la madre: “mi madre, mi propia madre, toda mi madre”, hay que tener en cuenta la gradación, en cuanto al anhelo de retener.

“dijo toda mi madre, tocándose las entrañas”: el anhelo de fusión es prácticamente obvio.

“lo ancho de nosotros”:  el reciento familiar es lo ancho lo autosuficiente.

“Mamá salió”: La salida de la madre resulta inversa, es una salida que de alguna manera trata de convertirse en un regreso hacia el interior.

Tenemos entonces una situación dramática, el interior, la protección, la madre opuesta a la ley paterna que proyecta hacia afuera.

“fina cuchaea que conozco”   la descripción del acto de comer puesto en el acto de la “fina cuchara”, imperturbable ante esa situación de ruptura y desgarramiento.

Y de pronto irrumpe la parte regocicante, la dimensión humo9rística, porque en medio de los poemas tensos, de padecimientos, hay siempre una vena irrisoria a través del absurdo que mueve a risa. La risa que también constituye un elemento corrosivo. Sobre todo en el final con la aparición de esa gallina “maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse”. Se contrapone la imagen de la madre a la gallina frustrada en definitiva. La gallina viuda de sus hijos es la irrisón traspuesta, el hu´ñerfano se trapone en la imagen irrisoria, brutal y cómica de una gallina privada de sus hijos.
En este seudo relato se observa el recinto familiar hendido y la fisura, la rrupción del exterior implica la desaparición, el triunfo de esa ley inexorable que lo ha proyectado hacia afuera, fuera de la entraña.
Se podría agregar que en los textos de Vallejo se presenta la desjerarquización de las categorías temporoespaciales, trastor no la secuencia presente-pasado-futuro. También se trastocan las relaciones espaciales, como sucede en el relato “Negación de Negaciones”, en el cual aparece la imagen de la ciudad como el encierro y el anhelo de no encontrar rumbo fijado, ya que no significarían la salida sino una ficción de salida.

Ese texto comienza con “Quiero perderme por falta de caminos…”:

“Quiero perderme por falta de caminos. Siento el ansia de perderme definitivamente, no ya en el mundo ni en la moral, sino en la vida y por obra de la vida. Odio las calles y los senderos que no permiten perderse. La ciudad y el campo son así. No es posible en ella la perdida que no la perdición, de un espíritu. En el campo y en la cuidad, se esta demasiado asistido de rutas, flechas y señales para poder perderse. Uno esta allí indefectiblemente situado. Al revés de lo que le ocurrió a Wilde, la mañana que iba a morir en París, a mi me ocurre en la cuidad amanecer siempre rodeado de todo, del peine, de la pastilla de jabón, de todo. Amanezco en el mundo y con el mundo, en mi mismo y conmigo mismo. Llamo e inevitablemente me contestan y se oye mi llamada. Salgo a la calle y hay calle. Me hecho a pensar y hay pensamiento. Esto es desesperante.”

Se lee la contradicción de ese sujeto, encerrado en el mundo, sin posibilidad de salida, y que persiste en la negación de falsas salidas. Su ideal es la pérdida o la perdición.
Una página después buscará otra imagen. Para ese estar situado en el mundo, condenado, fijado en un lugar con el anhelo de perderse de sí. Ese sujeto que no puede dar cuenta de sí, quiere perderse de sí.
La imagen con la que va a trabajar en este otro texto es la del sombrero.

“Todas las cosas llevan  su sombrero. Todos los animales  llevan su sombrero. Los vegetales llevan también el suyo. No hay en este mundo nada  ni nadie que no lleve la cabeza cubierta. Aunque los hombres se quiten el  sombrero,  siempre queda la cabeza cubierta de  algo que podríamos llamar el sombrero innato,  natural y  tácito de cada  persona. Desde  el punto de vista del  hombre, los sombreros  se clasifican en sombreros  naturales y sombreros artificiales. Se llama  sombrero natural  aquel que nace  con cada  persona y que le es inseparable aún después de la muerte. En el  esqueleto, la presencia del  sombrero natural y tácito es palpable. Se llama  sombrero  artificial  aquel que se adquiere en las  sombrererías y del cual  podemos separarnos momentánea  o  eternamente. En el esqueleto, la falta de este  sombrero  artficial es, asimismo, evidente.”

Se podría relacionar este símbolo del sombrero con el del Nombre. El nombre es como el sombrero, es lo que fija, lo que sitúa, lo que encierra al sujeto. Esto lo vamos a poder encontrar en el poema II de Trilce, cuando se trata de categorías temporales.

II (Trilce)
Tiempo Tiempo.
Mediodía estancado entre relentes.
Bomba aburrida del cuartel achica
tiempo tiempo tiempo tiempo.

Era Era.
Gallos cancionan escarbando en vano.
Boca del claro día que conjuga
era era era era.

Mañana Mañana.

El reposo caliente aún de ser.
Piensa el presente guárdame para
mañana mañana mañana mañana

Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombrE.

Todo lo que nos hiere, que no encierra es todo lo que padece Nombre. Los nombres que son intercambiables, que fijan límites. En el caso del texto del sombrero, el nombre es aquello que nos limita, que nos hiere, que hasta hace las veces de nosotros y por lo tanto puede robarse. Alguien puede robarnos nuestro nombre.

Teoría de la reputación

“He estado en la famosa taberna "Sztaron" de la calle de Seipel, en Budapest,  taberna,  según  se murmura, de una  secreta  firma bolchevique y cuyo gerente,  Ossag Muchay, es tan cortés  con la clientela. Muchay ha estado conmigo un gran rato,  conversando y bebiendo  absintio de Viena, esa destilación religiosa y armada, color de convólvulo, que extraen de una  extraña  gramínea salvaje, llamada "dístilo dormido". La taberna, esta tarde, se ha visto visitada  por muy contados  parroquianos, que entraban, estirando los miembros, bebían malvadamente ante el  mostrador y se  iban  con  gran perfección. Dos muchachas jugaban en  un rincón de la planta baja, un juego de dulce de hierro,  con pequeñas tortugas de capa y cintas de colores. A la entrada de la  misma  sala, platicábamos  el buen Muchay y yo. Hablábamos de las supersticiones del Asia Menor, de las  salobres ciencias de aprehensión de las hechicerías. Me despedí de Muchay y abandoné la taberna. Avancé hacia  la  esquina y tomé la calle de Praga, que apareció invadida de gente. La multitud observaba por  sobre los tejados las maniobras de la policía. Entereme, por crecidas puntuales y menguantes de viñeta, que se  perseguía a  un delincuente de un alto delito, que nadie sabía precisar. Un grupo de gendarmes salió de una de las torres de la iglesia de Ravulk, conduciendo preso a  un hombre.
Al descender el  prisionero las gradas del atrio, pude verle entre la muchedumbre, trajeado de una pelliza en losanges, los  ojos enormes,  perrazo de gran  estimación, que acabase de morder   a una reina. Hasta el comisariado fui detrás  de  esta  gente. E1 comisario  interrogó al preso, en tono de legal indignación: -¿Quién es usted? ¿Cuál es su nombre?
-Yo no tengo nombre,  señor, -dijo el preso. Se ha averiguado en Beben, aldea donde vivía el aherrojado,  por su nombre,  sin  conseguirlo. Nadie da  razón de nada que se  relacione  con  sus antecedentes de familia. En sus  bolsillos tampoco se ha sorprendido  papel  alguno. Lo único que está probado es que residía en Beben, porque todo el mundo  le  ha visto allí a  diario, caminar por las calles, sentarse en los garitos,  leer periódicos, conversar con los transeúntes. Pero  nadie conoce su nombre.
¿Desde cuándo vivía en  Loeben? Se ignora, por otro lado, si es húngaro o  extranjero. He vuelto  a la taberna de Ossag Muchay y  le he  referido el caso en todos sus detalles y aun dándole  la  filiación  minuciosa  del preso. Muchay me ha dicho:
-Ese individuo carece, en verdad, de nombre. Soy yo quien guarda  su  nombre. ¿Quiere usted  co- nocerlo? Me tomó par el  brazo,  subimos al segundo  piso y me condujo a  un escritorio. Allí extrajo de un diminuto estuche de acero un retazo de papel, donde aparecía, en trazos gruesos y resueltos,  pero tan enredados que era  imposible descifrarlos, una firma  delineada  con tinta verde rana, de la que usan los campesinos de Hungría.  Argumenté  a Mu- chay :
-1% puede acaso tomar el nombre de una persona y esconderlo en un estuche,  como una simple sortija  o un billete?. . .
-Ni más ni menos -me respondió el tabernero.
-¿Y qué explicación tiene  todo esto? ¿Cuál es, en resumen, ese nombre?
-Usted ni nadie puede saberlo, pues este nombre es ahbra de mi exclusiva posesión. Puede usted conocerlo, mas no saberlo. . .
-¿Se burla  usted  de mí, señor  Muchay?
-De ninguna manera.  Aquel hombre perdió su nombre y él mismo, aunque quisiera  darlo, no puede ya saberlo. Le es absolutamente imposible, en tanto no tenga en su poder  la  firma que usted está  viendo  aquí.
-Pero si él la trazó. Le será fácil trazar  otra y otras.
-No. El nombre  no es sino uno solo.  Las  firmas son muchas,  sin duda, mas el  nombre está en una sola de las firmas, entre todas.
Sus inesperadas  sutilezas de billar  empezaron a hacerme palos. Muchay, en cambio,  hablaba sin vacilaciones. Encendió su pipa con dos centellas de pedernal  croata. Cerró su estuche de acero y me invitó a bajar.
-La vida de un hombre, -me dijo, descendiendo la escalera- está revelada toda entera en uno solo de sus  actos. El nombre de un hombre está también revelado en una sola de sus  firmas. Saber ese acto representativo, es saber su  vida verdadera. Saber esa firma  representativa, es saber su nombre verdadero.
-¿Y en qué se funda usted  para  creer que la firma que usted posee  es  la firma  representativa de ese hombre? Además, ¿qué importancia tiene el saber el nombre verdadero de una persona? ¿No se  sabe,  acaso, el nombre verdadero de todas las personas?
-Escuche   usted, -me argumentó Muchay, dando inflexión prudente a  sus palabras-, el nombre verdadero de muchas personas se  ignora. Esta es la causa por la cual, en lugar de apresar al obre- ro de Loeben, no se ha  apresado al  patrón de la fábrica donde  éste trabajaba.
-¿Pero usted  sabe el delito de que se le acusa?
-De un  atentado contra  el  Regente  Horthy.
Bajé los ojos, dando viento  a  mis  órganos  medianos y me  quedé Vallejo ante Muchay.”

El hombre sale a la calle y están persiguiendo a un delincuente que no tiene nombre. Cuando le preguntan el nombre responde “Yo no tengo nombre”. El personaje Vallejo vuelve a la taberna  y el dueño le confirma que ese individuo carece en realidad de nombre y que es él, Muchay, quien lo guarda. Muchay extrae de un cofre de cuero un retazo de papel donde está escrito ese nombre. Le han robado el nombre.
Es cuiosa la doble perspectiva que plantea Vallejo acerca del nombre. Por un lado el nombre identifica de alguna manera. Pero está la otra versión: que me lo pueden robar. “ Y me quedé Vallejo ante Muchay”: se quedan los nombres enfrentados.





César Vallejo: Enrique Pezzoni III



Fragmentos de la lectura acerca de la obra del poeta  peruano  César Vallejo realizada por el profesor Enrique Pezzoni,  titular de la Cátedra  Teoría Literaria de la Carrera de Letras, de junio de 1987. III

Clausura del sujeto en el mundo
Entonces, y recapitulando en los textos de Vallejo nos encontramos con la clausura del sujeto en el mundo, en la vastedad del mundo que es un espacio de proyección y de absorción, el sujeto se proyecta hacia el mundo, pero se reabsorbe, vuelve a sí continuamente. En este espacio abundan las situaciones dialógicas, siempre se está dialogando con otr, que puede ser él mismo, o bien un interlocutor misterioso.
También existe una desjerarquización de todas las pautas argumentativas: el sujeto discute continuamente esa situación de encierro y de imposibilidad de sí en unos poemas que parecen argumentativos pero que trabajan con .la contradicción, con la contaminación, el Absurdo en definitiva. Se trabaja con el absurso como única forma posible de argumentación
Decir que los poemas de Vallejo tienen un fuerte aire argumewntativo refiere a que se crean situaciones dialógicas, de preguntas, se podría afirmar de intercambio de opiniones, pero que no concluyen en nada. Por ejemplo, del libro Trilce el poema LXXIII

Ha triunfado otro ay. La verdad está allí.
Y quien tal actúa ¿no va a saber
amaestrar excelentes dijitígrados
para el ratón ¿Sí ... No ... ?

Ha triunfado otro ay y contra nadie.
Oh exósmosis de agua químicamente pura.
Ah míos australes. Oh nuestros divinos.
                                    Tengo pues derecho
a estar verde y contento y peligroso, y a ser
el cincel, miedo del bloque basto y vasto;
a meter la pata y a la risa.

Absurdo, sólo tú eres puro.
Absurdo, este exceso sólo ante ti se
suda de dorado placer.
Este resulta un caso extremo. La pregunta al final de la primera estrofa, oscila entre retórica y no retórica. Las respuestas más disparen coinciden: Sí y No. El poema sigue con afirmaciones rotundas (“Tengo pues derecho/ a estar verde…). El poema concluye con una especie de exaltación de sí, instal ado en el absurdo. El absurdo así considerado resulta como un plus de ser, un ser demás que no puede reducirse a ninguna fórmula,
Estos poemas trabajan además con elementos simbícos, como el de la cifra, el guarismo, el número, ya señalado en el mismo título del Libtro TRILCE. El tres que es la cifra impar, el guarismo que ocupa el lugar de elemento simbólico representativo de ese sujeto que es lo impar, lo inasible.
El guarismo se presenta en  en casi todos los poemas de Trilce y en algunos de sus textos en prosa, donde se ha señalado su supuesta relación con la magia y la simbología numérica pre colombina. Lo cierto es que aquí la cifra está jugando con lo par y lo impar, el sujeto es lo impar.
El absurdo es la exaltación de lo impar. Es el excedente –experimentado con angustia y otras veces como un exceso glorioso. Hay u7n movimiento de odio y de amor hacia lo absurdo.
Vusco volvvver de golpe el golpe.
Sus dos hojas anchas, su válvula
que se abre en suculenta recepción
de multiplicando a multiplicador,
su condición excelente para el placer,
todo avía verdad.

      Busco volver de golpe el golpe.
A su halago, enveto bolivarianas fragosidades
a treintidós cables y sus múltiples,
se arrequintan pelo por pelo
soberanos belfos, los dos tomos de la Obra,
y no vivo entonces ausencia,
                                                            ni al tacto.

      Fallo bolver de golpe el golpe.
No ensillaremos jamás el toroso Vaveo
de egoísmo y de aquel ludir mortal
de sábana,
desque la mujer esta
            ¡cuánto pesa de general!

      Y hembra es el alma de la ausente.
Y hembra es el alma mía.

La contaminación de los significantes es continua en los textos de Vallejo…El poeta trabaja sobre tofo visualmente, gráficamente, por ejemplo con bes y ves. Aquí aparece el volvvver contrapuesto al  busco/vusco, que es juego visual porque en la lengua oral no existe diferencia entre v y b.
“Enveto” parece tener relación con “envetar un toro” –dominar, contener-. A los treindós cables inmediatamente le sigue otra cifra cuya significación no es precisa y puede tomarse como un acertijo.
Por lo que puede interpretarse la unión sexual es volver de golpe el golpe.
“Fallo volver de golpe el golpe”: es decir el anhelo se vuelve fracaso.


lunes, noviembre 04, 2019

Enrique Pezzoni César Vallejo II

Fragmentos de la lectura acerca de la obra del poeta  peruano  César Vallejo realizada por el profesor Enrique Pezzoni,  titular de la Cátedra  Teoría Literaria de la Carrera de Letras, de junio de 1987. II



"Dos grandes espacios se abren en los poemas de CV. La posición del sujeto en el mundo en el cosmos y el sujeto encerrado y solo en el cosmos – sujeto que quiere encontrarse con el otro y no pùede, explicarse a sí mismo y no puede, sujeto que se ve a sí mismo como un obejto inexplicable.
Un espacio de clausura sería el sujeto en la vastedad del mundo. Y el otro, el sujeto clausurado en la crónica familiar.
Hay un poema LXXII de Trilce donde resulta evidente la creación de la crónica familiar como clausura:
LXXII
Lento salón en cono, te cerraron, te cerré,
aunque te quise, tú lo sabes,
y hoy de qué manos penderán tus llaves.

Desde estos muros derribamos los últimos
escasos pabellones que cantaban.
Los verdes han crecido. Veo labriegos trabajando,
los cerros llenos de triunfo.
Y el mes y medio transcurrido alcanza
para una mortaja, hasta demás.

Salón de cuatro entradas y sin una salida,
hoy que has honda murria, te hablo
por tus seis dialectos enteros.
Ya ni he de violentarte a que me seas,
de para nunca; ya no saltaremos
ningún otro portillo querido.

  Julio estaba entonces de nueve. Amor
contó en sonido impar. Y la dulzura
dio para toda la mortaja, hasta demás.

El “salón en cono” es el espacio de la crónica familiar.

aunque te quise, tú lo sabes,
y hoy de qué manos penderán tus llaves.

Tenemos las llaves de ese recinto, adonde él vuelve, proyectándose imaginariamente. A quí se expresa, además, la amenaza sea el dueño de ese lugar cerrado. Y el resto del poema insiste en eso.

Aparece una palabra como “pabellones”, que tiene un amplio espectro de significados.

Desde estos muros derribamos los últimos
escasos pabellones que cantaban.

Justamente “pabellón es una tienda de campaña en forma de cono. Lo cual remite al primer verso. También los pabellones son las colgaduras que puede llevar alrededor una cama, los doseles. Es también un edificio aislado y separado de otros edificios..
En el resto del poema hay de inmediato, una vez que se ha presentado ese espacio de clausura, una contraposición entre lo clausurado y lo abierto:

Los verdes han crecido. Veo labriegos trabajando,
los cerros llenos de triunfo.
Y el mes y medio transcurrido alcanza
para una mortaja, hasta demás.

Es decir, el tiempo, la muerte, etc., pero esa imprevisión de lo exterior vuelve al ambiente de clausura, o sea, el ambiente cerrado, aquello donde transcurre el sujeto en la crónica familiar. Salón de cuatro entradas y sin una salida,  ahí se entra pero no se sale.

hoy que has honda murria, te hablo
por tus seis dialectos enteros.
Ya ni he de violentarte a que me seas,
de para nunca; ya no saltaremos
ningún otro portillo querido.

De repente, misteriosamente, aparece una situación dialógica. ¿Con  quién está hablando?

Ya ni he de violentarte a que me seas,
de para nunca; ya no saltaremos
ningún otro portillo querido. El sujeto parece hablar consigo mismo, o hablar con ese mismo espacio clausurado. Siempre se está dialogando con otro que puede ser él mismo, que puede ser un interlocutor misterioso. Otra cosa: el sujeto discute esa situación de encierro y de imposibilidad de sí, en unos poemas que parecen argumentativos pero que trabajan con la contradicción,, el absurdo, en definitiva. El trabajar con el absurdo como única forma posible de argumentación."








domingo, noviembre 03, 2019

Enrique Pezzoni: César Vallejo






Fragmentos de la lectura acerca de la obra del poeta  peruano  César Vallejo realizada por el profesor Enrique Pezzoni,  titular de la Cátedra  Teoría Literaria de la Carrera de Letras, de junio de 1987.

Número 1

“(…) La dificultad de abordaje que produce la poesía de César Vallejo hace oscilar a los críticos entre la interpretación más o menos arbitraria, precisamente a raíz del hermetismo de algunos textos de Vallejo, como son los textos de Trilce, o la tentación autobiográfica, es decir, el tomar la obra como documento. Nuestra propuesta en cambio es ver cómo se constituye el sujeto en los textos de Vallejo, y qué formas de dialogismo o no aparecen en los mismos. (…)
César Vallejo nació en 1892 en Santiago de Chuco, un pueblo de Perú, y hasta el momento en que publica Trilce (1922) vive en varias ciudades de Perú. En 1911 está en Lima; en 1913 en Trujillo –que es el momento en que CV comienza a participar en la bohemia literaria de Trujillo y a tener los primeros contactos con lo que se puede llamar la “la vanguardia”, es decir, las formas no tradicionales de poesía. En 1917 está en Lima; en 1918 publica Los heraldos negros y 1918 también es la fecha de muerte de su madre.
Uno de los espacios fundamentales en la poesía de CV es el de la Crónica familiar (véase Kate Hamburger), en la que aparecen continuamente la madre muerta y la mujer amada, en general intercambiando atributos. El hermano muerto, el reducto familiar: es la experiencia de la muerte, de los amores desaparecidos, de los amores proyectados en el recuerdo. Precisamente, lo fascinante es constatar cómo el sujeto se constituye experimentando esos hechos, poco importa que los documentemos o no.
Entonces, en la vida de CV, hay  ese paso por diferentes ciudades, Santiago de Chuco, Lima, Trujillo, en contacto primero con la literatura modernista –que deja toda una serie de relaciones intertextuales en Los heraldos negros –Herrera y Reissig, Darío, Lugones—(…).
Hay golpes en la vida,  tan fuertes… Yo no sé
Vamos a rastrear en los textos de CV a ese sujeto que aparece tanto en Los heraldos… como en Trilce, como en poemas posteriores, que persiste con alguna carascterística en las múltiples variantes de sus libros, cual es: la firmación y la negación de sí mismo: un sujeto que trata de afirmarse como sujeto pero continuamente se niega como sujeto. Es decir, una posición oscilante, contradictoria.
Hay golpes en la vida,  tan fuertes… Yo no sé
o
Yo nací un día
que dios estuvo enfermo.
Esa negación de sí que siempre va acompañada de un sentimiento de culpa. Y por otro lado, además, el anhelo del otro y la negación de la posibilidad del contacto con el otro.
Dos actitudes antagónicas pero coincidentes.
En Trilce, por ejemplo, e inclusive en poemas amorosos, hay siempre un anhelo de fusión, de vertebrarse con el otro,  que después se transformará en otro tipo de relaciones en Poemas humanos.
Ese movimiento contradictorio –negación de sí-anhelo de afirmación de sí; anhelo del otro-imposibilidad de contacto con el otro- se dan de maneras muy diferentes, en situaciones formales privilegiadas. Por ejemplo con situaciones dialógicas en el texto, frecuentes situaciones de diálogo con otro imaginado, consigo mismo… Siempre existe toda una constelación de preguntas, órdenes que suponen una contraposición de sujetos “yo-el otro, yo a quien le pregunto, yo a quien intimo,, yo con respecto a mí mismo: a eso llamo una situación dialógica permanente en los textos de CV. Se trata de una situación de diálogo que nunca se llega a constituir plenamente, porque no hay respuestas a las preguntas, a las órdenes, a los ruegos (…).
Por ejemplo, la negación del contacto con el otro tiene lugar en una serie de contraposiciones: la exaltación de la amada que muchas veces se reviste de los atributos maternos – el amor a la amada está siempre coincidiendo con la relación erótica; la exaltación de la amada pero a la vez la proyección de la amada siempre en el pasado, casi nunca hay situaciones presentes de relación con la amada. Ella está siempre en lo que fue, o en lo que se consumó imperfectamente. La amada está siempre en la zona del recuerdo. La unión sexual  siempre va unida a la frustración, el no logro. Es decir que este sujeto está trabajando con esas contraposiciones muy violentas y muy patéticamente vividas como experiencia.(…)”



viernes, noviembre 01, 2019

Taller de Lectura de Poesía Noviembre 2019



Comienzo: jueves 7 de noviembre 2019


Autor elegido: Héctor Viel Témperley

Frecuencia: cuatro reuniones


Horario: 19 a 21
Lugar: Caballito
Coordina: María del Carmen Colombo

Interesados: escribir a cotocolombo@gmail.com