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jueves, julio 18, 2013

Pascal Quignard: La lección de música...





“Una voz resuena en el tiempo; luego se desprende de las condiciones prácticas, dialogadas o cantadas y sociales de la palabra humana. Juega con su propio fantasma o juega con su propia imagen, o juega con su recuerdo. A todas estas posibilidades se les ha dado, recientemente, el nombre de "literatura". La palabra es muy sonora. Se hablaba de amor a las letras y los libros. El amor a las letras y los libros, o la literatura, tienen que ver con la voz desaparecida, son mudados de mudados. Quienes escriben libros y tienen en alguna estima la belleza, atraen hacia sí un fantasma de voz sin que puedan pronunciarla; es su única guía. Se engañan sobre su propio silencio; intentan llamar a veces hasta en el silencio de su libro a una voz que precede a una voz, lo más a menudo muerta y siempre demasiado significante. Igual que los músicos que llaman a gritos a una voz siempre más viva, es decir, más insignificante, más infantil, más orgánica; una voz que es anterior a la muda y que los ha hecho decidirse por la música instrumental o la composición musical. Antes incluso de la escritura, la voz silenciosa precedió a la voz enmudecida que la escritura permitió. Las obras artísticas orales tenían que ver con la voz silenciosa, de la misma forma que tenían que ver con el canto, con la lira, con la flauta, con la danza."
Renoir: La lección de piano.




“El rostro que tengo ante mis ojos es amarillo, vasto, lejano, grasiento y diríase fundido en el espacio que lo envuelve.  Marin Marais, con altivez, sostiene en la mano izquierda el mástil de la viola que muestra delante de él. Voy a tratar de la muda de la voz humana, del momento en el que el timbre de la voz que articulan los hombres muy jóvenes experimenta un cambio, a la vez que su sexo se acrecienta y cae y les aparece el vello. Este ensombrecimiento de su voz es lo que los define y lo que les hace pasar del estadio de muchacho al de hombre. Los hombres son los ensombrecidos, esos seres de voz oscura que, hasta la muerte, vagan errantes en busca de una vocecita aguda de niño que abandonó su garganta. Tengo presente el recuerdo de un episodio de la vida de un músico de finales del siglo XVII, justo en la edad en la que se separaba de su infancia.”

  
Matisse: Interior con violín.


“La palabra griega para expresar la muda es extraña: es el sonido equivalente al francés "puer", heder. La palabra francesa no es más clara, pues expresa tanto la renovación tegumentosa como el desecho tegumentoso. Émile-Maximilien Littré asegura que en la medida en que mudar no es una acción voluntaria hay que preferir, con el fin de expresar el estado, el uso de la forma pasiva. No mudamos entre los doce y los catorce años, sino que entonces se nos muda.
Littré añade que la descamación continua de la epidermis en el hombre es una "auténtica muda insensible". La idea es tan vieja como Homero, que compara la muerte de los hombres a la caída de las hojas que sufren las ramas de los árboles en otoño. De igual manera ocurre con la desfloración que los hijos de los hombres conocen en su voz en la edad de la pubertad. El niño que es objeto de la muda, no es capaz de oír tan sorprendente transformación debido a la incesante compañía de su voz, ni de conservar un recuerdo agudo de ésta. Esta involuntaria sordera es el único hecho de que dispone para seguir oyéndose a sí mismo y entenderse consigo mismo. Este sacrificio es de los que se censura como recuerdo de un vientre glabro.”

*Fragmentos del libro La lección de música.
 


martes, febrero 19, 2013

Pascal Quignard: Tambor de seda de Zeami



"Los tres genios del teatro humano fueron Esquilo en Atenas, Shakespeare en Londres, Zeami en Kyoto.
Zeami Motokiyo, en los primeros años del siglo xv, inventó el instrumento musical adecuado para el amor.
Se trata de un tambor que no ésta cubierto de piel sino de seda.
Es un instrumento de silencio.
El tambor cuelga de las ramas de un viejo laurel lunar en el jardín del palacio imperial de Kyoto.
Con el tiempo, el árbol se ha vuelto enorme. Lo habían plantado a orillas del lago.
La princesa dice que, si la aman de verdad, nacerá un sonido de la tela, a poco que lo golpeen se propagará y llegará hasta el fondo del gineceo. Y entonces ella se levantará de su  lecho. Saldrá del palacio. Irá a entregarse a su amante junto a la orilla.
El jardinero golpea en vano la seda, y no le arranca sino un profundo silencio.
Se arroja voluntariamente en el reflejo del tambor que se dibuja a contraluz en la superficie del agua del lago.
El lago se cierra sobre él.
Se hace el silencio en la escena.
Desaparece la última onda del agua; luego, poco a poco,el sonido de un tambor invade el espacio. Llega a oídos de la princesa, que corre, que desgarra sus ropas, que cae en trance, que desea al ahogado, que intenta hacer sonar a su vez el tambor para invocar al muerto."

* Pascal Quignard. De Vida secreta.

lunes, febrero 18, 2013

Pascal Quignard: ... qué antiguo tiempo hace en nosotros...

"Joseph Haydn escribió, en los pequeños cuadernos de cuentas que llevaba en sus viajes, que intentaba calmar un antiguo sufrimiento sonoro procedente de Rorhan, en los confines de Austria y Hungría, originario de los años treinta del settecento: el murmullo del río Leitha, el taller del mulero, el padre anafalbeto, las leñas de carretería, el conocimiento del olmo, del fresno y del carpe, los varales, las ruedas y los timones, el yunque del herrero, las sacudidas de los mazos, las sierras y sus dientes -en suma, todo el patetismo del lazo infantil se precipitaba en sus ritmos. Se defendía componiendo. (...) Esos ritmos amortajaron a Haydn con una aceleración que le impedía no solo transformarlos en melodías sino incluso anotarlos. (...) Lo inverbalizable. (...) Algunos sonidos, algunas melodías dicen en nosotros qué "antiguo tiempo" hace en nosotros."
 

* Pascal Quignard, El odio a la música...