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lunes, febrero 29, 2016

Vicente Huidobro*: Prefacio de Altazor

Imagen extractada de http://niunsololibro.blogspot.com.ar/



Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.

Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.

Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.

Amo la noche, sombrero de todos los días.

La noche,   la noche del día, del día al día siguiente.

Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.

Una tarde cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas». He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.

Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcos iris.

Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.

El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: «Si yo fuera dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es?» Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me  lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: «Adiós», con su pañuelo soberbio.

Hacia las dos, aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.

Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable.

Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas desmesuradamente infladas.

Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco en el vacío, hermoso como un ombligo.

«Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano.»

Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en las tarjetas postales.

Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno; lo días que tienen un oriente legítimo o reconstituido, pero indiscutible.

Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano.

Después bebí un poco de coñac (a causa de la hidrografía).

Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas,  y los dientes de la boca, para violar las groserías que nos vienen a la boca.
«Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar... a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador.»

Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.

Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.

Mi paracaídas se enredó con una estrella apagada que seguía su órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.

Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos pensamientos las casillas de mi tablero:
«Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.»

«Se debe escribir en una lengua que no sea materna.»

«Los cuatro puntos cardinales son tres; el sur y el norte.»

«Un poema es una cosa que será.»

«Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.»

«Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.»

«Huye del sublime externo si no quieres morir aplastado por el viento.»
«Si yo, no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco.»

Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo a la atmósfera del último suspiro.

Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre las nubes de la muerte.

Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice:
«Mira mis manos: son transparentes como las bombillas eléctricas. ¿Ves los filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta?».

«Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad.»

«Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, la única que no lo sea a medias, y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad demasiado restauradas.»

«Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes.» «Digo siempre adiós, y me quedo.»

«Ámame, hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré proezas aéreas.»

«Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta mañana en las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón de la neblina intermitente.»

«Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas.”

«Ámame.»

Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino a sentarse en mi paracaídas.

Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas.

Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, que me dijo gracias y se alejó, sentada sobre su rosa blanca.

Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos.

Ah, qué hermoso... qué hermoso.

Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles. Veo la noche y el día y el eje en que se juntan.

Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que coma alpiste, ni caliente su garganta con claro de luna, sino con mi pequeño paracaídas como un quitasol sobre los planetas.

De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros, que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino.

Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta.

La montaña es el suspiro de Dios, ascendiendo en termómetro hinchado hasta tocar los pies de la amada.

Aquel que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos sin ser Walt Whitman, pues jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados.

Aquel que oye durante la noche los martillos de los monederos falsos, que son solamente astrónomos activos.
Aquel que bebe el vaso caliente de la sabiduría después del diluvio obedeciendo a las pajamas y que conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los barcos.

Aquel que conoce los almacenes de recuerdos y de bellas estaciones olvidadas.

Él, el pastor de aeroplanos, el conductor de las noches extraviadas y de los ponientes amaestrados hacia los polos únicos.

Su queja es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin testigo.

El día se levanta en su corazón y él baja los párpados para hacer la noche del repos agrícola.

Lava sus manos en la mirada de Dios, y peina su cabellera como la luz y la cosecha de esas flacas espigas de la lluvia satisfecha.

Los gritos se alejan como un rebaño sobre las lomas cuando las estrellas duermen después de una noche de trabajo continuo.

El hermoso cazador frente al bebedero celeste para los pájaros sin corazón.

Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos sin mirajes.

Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.

Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.

Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial.

Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia.

La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.

Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir, y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.

Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir porque ése es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra.

Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo.

Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte.

¿Habéis oído? Ése es el ruido siniestro de los pechos cerrados.

Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.

Hombre, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el vértigo.

Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo.

Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en un parasubidas maravilloso como el relámpago que quisiera cegar al creador.

¿Qué esperas?

Mas he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír.

Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable.



*Vicente García-Huidobro Fernández (Santiago, Chile, 10 de enero de 1893 - Cartagena, Chile, 2 de enero de 1948), más conocido como Vicente Huidobro, poeta chileno, iniciador y exponente del movimiento estético denominado “creacionismo”, es considerado uno de los más grandes poetas chilenos, junto con Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Nicanor Parra y Pablo de Rokha.

viernes, enero 23, 2015

Vicente Huidobro: dos Cantos de Altazor


CANTO VI


Alhaja apoteosis y molusco
Anudado
                   noche
                            nudo
El corazón      
Esa entonces dirección
                                    nudo temblando
Flexible corazón la apoteosis
Un dos tres
                  cuatro  
Lágrima
                    mi lámpara
                                        y molusco
El pecho al melodioso
Anudado la joya     
Con que temblando angustia
Normal tedio
                   Sería pasión
                   Muerte el violoncelo
Una bujía el ojo     
                             Otro otra
Cristal si cristal era
Cristaleza
Magnetismo
                   sabéis la seda     
Viento flor
                   lento nube lento
Seda cristal lento seda
El magnetismo
                             seda aliento cristal seda   
Así viajando en postura de ondulación
Cristal nube
Molusco sí por violoncelo y joya
Muerte de joya y violoncelo
Así sed por hambre o hambre y sed      
Y nube y joya
Lento
         nube
         Ala ola ole ala Aladino
El ladino Aladino Ah ladino dino la     
Cristal nube
Adónde
         en dónde
Lento lenta
                   ala ola 
Ola ola el ladino si ladino
Pide ojos
                   Tengo nacar
En la seda cristal nube
Cristal ojos     
                y perfumes
Bella tienda
Cristal nube
                   muerte joya o en ceniza
Porque eterno porque eterna 
                                             lento lenta
Al azar del cristal ojos
Gracia tanta
                            y entre mares
Mira mares    
Nombres daba
                             por los ojos hojas mago
Alto alto
Y el clarín de Babel
Pida nácar
                    tenga muerte     
Una dos y cuatro muerte
Para el ojo y entre mares
Para el barco en los perfumes
Por la joya al infinito    
Vestir cielo sin desmayo
Se deshoja tan prodigio
El cristal ojo
Y la visita
                    flor y rama
Al gloria trino
                             apoteosis
Va viajando Nudo Noche
Me daría
                   cristaleras   
                                   tanto azar
                                                        y noche y noche
Que tenía la borrasca
Noche y noche
                            Apoteosis   
Que tenía cristal ojo cristal seda cristal nube
La escultura seda o noche
Lluvia
          Lana flor por ojo
                   Flor por nube      
                   Flor por noche
Señor horizonte viene viene
Puerta
Iluminando negro
Puerta hacia ideas estatuarias       
Estatuas de aquella ternura
A dónde va
De dónde viene
                            el paisaje viento seda
El paisaje
                   señor verde
Quién diría
Que se iba
Quién diría cristal noche
Tanta tarde    
Tanto cielo que levanta
Señor cielo
                   cristal cielo
Y las llamas
                   y en mi reino      
Ancla noche apoteosis
Anudado
                   la tormenta
Ancla cielo
                   sus raíces    
El destino tanto azar
Se desliza deslizaba
Apagándose pradera
Por quien sueña
Lunancero cristal luna  
El que sueña
El que reino
                            de sus hierros
Ancla mía golondrina   
Sus resortes en el mar
Ángel mío
                   tan obscuro
                                     tan color
Tan estatua y tan aliento
Tierra y mano
La marina tan armada
Armaduras los cabellos
Ojos templo
                   y el mendigo
Estallado corazón   
Montanario
Campañoso
Suenan perlas
Llaman perlas
El honor de los adioses  
                                    Cristal nube
El rumor y la lanzada
Nadadora
                    Cristal noche
La medusa irreparable   
Dirá espectro
                    Cristal seda
Olvidando la serpiente
Olvidando sus dos piernas
Sus dos ojos    
Sus dos manos
Sus orejas
Aeronauta
                    en mi terror
Viento aparte 
Mandodrina y golonlina
Mandolera y ventolina
Enterradas
Las campanas
Enterrados los olvidos   
En su oreja
                   viento norte
Cristal mío
Baño eterno
                   el nudo noche     
El gloria trino
                     sin desmayo
Al tan prodigio
Con su estatua
Noche y rama 
                      Cristal sueño
                      Cristal viaje
Flor y noche
Con su estatua
                         Cristal muerte


CANTO VII


Al aia aia
ia ia ia aia ui
Tralalí
Lali lalá  
Aruaru
         urulario
Lalilá
Rimbibolam lam lam
Uiaya zollonario
                         lalilá     
Monlutrella monluztrella
                                       lalolú
Montresol y mandotrina
Ai ai
          Montesur en lasurido  
          Montesol
Lusponsedo solinario
Aururaro ulisamento lalilá
Ylarca murllonía
Hormajauma marijauda
Mitradente
Mitrapausa
Mitralonga
Matrisola
                   matriola      
Olamina olasica lalilá
Isonauta
Olandera uruaro
Ia ia campanuso compasedo  
Tralalá
Aí ai mareciente y eternauta
Redontella tallerendo lucenario
Ia ia
Laribamba
Larimbambamplanerella       
Laribambamositerella
Leiramombaririlanla
                                lirilam
Ai i a
Temporía
Ai ai aia
Ululayu
            lulayu
                      layu yu
Ululayu  
            ulayu
                     ayu yu
Lunatando
Sensorida e infimento
Ululayo ululamento      
Plegasuena
Cantasorio ululaciente
Oraneva yu yu yo
Tempovío
Infilero e infinauta zurrosía 
Jaurinario ururayú
Montañendo oraranía
Arorasía ululacente
Semperiva
                    ivarisa tarirá     
Campanudio lalalí
                             Auriciento auronida
Lalalí
          Io ia
iiio  

Ai a i a a i i i i o ia