martes, agosto 29, 2017

Suleika Ibáñez: Amor



        Te besaba el amor de amor los oídos, los ojos y la boca,
amor en bruto, en luto, amor de un peso neto de nido, de
lingotes de olvido.
A veces una boca de cordero, con el beso rosado balando
en leche rota.
A veces una boca azul de lobo, con el diamante de la
muerte como un pedazo de risa.
te besaron la memoria, el vacío, a la tolondra, al desgaire.
A veces una alondra sosteniéndote el alba con su fantasma
orlado de rosa, a veces una terrible bestia dorada de la
noche, que se desplomaba con hedor a crímenes.
Labios de plata oscura, ojos de fuego obsceno abrían heridas
como escuelas o dispensarios en la ciudad oscura.
Sexo ya no sexo, apenas pan y vino, apenas una pluma de
claridad en el centro de la muerte,
y un ramo de amantes oriundo de la destrucción fue el

muro de tu insurrección.




*Poema incluido en el libro Homenaje a Jean Genet, de esta extraordinaria poeta uruguaya, que he buscado por todos lados y no he podido encontrar

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domingo, noviembre 20, 2016

Suleika Ibáñez: Poema VI

VI

Saqué un puñal del espejo y le corté la cabeza
a papá.
Me fui de urgencia a mis citas con asuntos
doradamente de actualidad.
Ni idea por qué desagües de extramuros navegarán
sus ojos, ya coágulos de luna o chocolate.
Mi amor por papá corre en las estatuas a la azucena
de los lavabos. El jabón es un remolino
de iris y olvido.
Viviré en mi cuerpo, ya sin la hegemonía
de una sombra.
Como el viajero que ve dormirse al piloto
del avión,
y con torpeza y terror toma el comando de la noche.




*Poeta uruguaya
** del libro Experiencias con ángeles y demonios.

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sábado, julio 23, 2016

Suleika Ibáñez*: V – Súbito rey Lear



(a Roberto Ibáñez, mi padre)

              Por el prado paseaba con un libro de versos, y leía con voz de tierra firme, y arenas movedizas. Ya era la levedad de un ramo de tomillo, ya menguante de luna en avaricia.
             Sólo cantaba quedo: “Había una vez...”.
             Tiernamente me maldecía, con ferocidad su bendición me daba, con voz de plata y lámpara vacía.
             Y se iba en la tempestad, de blanco, de luto, desnudo, rota su vara de varón, asido a su anillo de viudo. Bajo la hoguera de blancura de su melena salvaje, bajo el cielo de terciopelo verde y desgarrado. Y en el torcido rayo de su báculo, en ramo de violetas encorvadas se derramaba su sombra malherida.
             Yo le seguí el crepúsculo mordido por las estrellas de centelleos crueles en adioses, y alcancé su sonrisa ya espejismo. Y con mudez le dije que lo amaba, antes de que su espejo me cediera la herencia de su rostro en el abismo.



De: Cartas de la pasión (inédito)



 * Poeta uruguaya ya fallecida.

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lunes, octubre 21, 2013

Suleika Ibáñez: Aviso a Dios



“Con lo real cooperando estás,
y con la nada intimas.”
Shakespeare, Cuento de invierno, Act I, Esc. 2


I
Aeródromo  del  Mal,  que llaman cielo,  alguien  allí
trafica veneno inaudible, para permutas por la maravilla
que no nace dos veces.
Alguien se nutre con la maravilla.
Alguien relame su terror secreto.
Parece  que  la  vida  de terciopelo  rosa  es  su  meta.
Caen labios de  cuchillos en orgasmo de ácidos. Cae
baba de musgos espectros,  caen buitres sexuales,  con
buches de insomnio. Cae hemorragia de dientes atómicos.

Cielo  gris,  hijo  del  verbo de  los  nunca.  Un gris
elefante pisó las luces adorables del oxígeno. Cae un piano
de cola, con suicidio de música en la risa.

Cae soledad célibe.
Caen las  harinas seminales  de la nada. Solo  hachas
espumosas caen. De leñador de alondras.


II

Mírame,  Dios,  atrévete  si  puedes. Si  fueran  certeza
tu amor y poderío,  te habría bastado una sola mirada a
Ella. De  mirar  se  trataba, señor Dios,  con prismáticos de
amar cuando hace frío. De mirar su sonrisa, breviario sumo
de las  bocas  en  el  suceso  que  llaman  ventura. Ah,  si
hubieses mirado su lápiz de labios color rojo-maravíllate-
de-ser. Color rojo escuela dulce de las cerezas, él te habría
enseñado el poder y la gloria, la piedad y la sabiduría.
Y  aquel  día  de  estío,  hubiese  conjurado  tu  uso
absolutista de la nieve.

De escuchar se trataba, señor Dios, pero padres los
oídos, las gotas que perdía su mejilla de espaldas en la
almohada. Y perdía lo recién comenzado, y lo aún
desconocido.
Se trataba  de estar  de  teología, señor Dios. De  buscar
un harapo de evangelio en la subasta de tus propiedades,
en el sótano de echar los milagros sin uso. En tus archivos
de la Gracia.
Se trataba de ser Dios de pronto.
Y detener la imperceptible crueldad de la noche.

* Suleika Ibáñez (Uruguay 1937-2013).
*Del libro: Galia, con quien tanto quería.

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