sábado, julio 07, 2012

Osvaldo Lamborghini: Mi Infancia...


Tres veces en la noche
sonaron las campanas
mientras mi Infancia
recorría
tierras extrañas.
Porque todavía
todavía mi Infancia
viene a buscarme
con un galope en las piernas
y en sus labios
una sonrisa salvaje.
Cuando anda por ciudades
para que no la vea la gente,
mi Infancia
se disimula en el demoníaco aire.
porque ella es muy linda
muy suave y muy frágil
y tiene miedo
de las gentes grandes.
Me viene a buscar
a mi cuarto de sueños
y me cuenta
que con una hoja de palmera
navega los mares
como atraviesa las selvas
deslizándose por los árboles
Después
entre lloriqueos me cuenta,
sentada sobre mis rodillas
que un niño casi la atropella,
con su bicicleta
y cómo en un río, una anguila
la azotó con su cola eléctrica.
Mi Amor, entonces
le cura las heridas
porque con su presencia
mi cuarto de sueños
se convierte en un Valle de Vida.
¡Mi infancia, mi Infancia!
Con un galope en sus piernas
todavía viene a buscarme.

*Del libro Poemas (1969-1985), Ed. Literatura Mondadori.
**Poema escrito en la adolescencia del autor, manuscrito en las páginas de un libro de la biblioteca familiar.

Etiquetas:

viernes, mayo 18, 2012

Osvaldo Lamborghini en La Matanza...



    • Festival de Poesía en la Escuela

      JUEVES 21 de Junio
      Sede: ESB 186 / EP 97. Avelino Díaz 500. Villa Celina. La Matanza. GCBA

      8.30 hs. Talleres:

      -EP 97 (escuela primaria): Marta Brykman sobre obra de Berta Finkel,
      Ana Adjiman y Alejandra Correa sobre Zooloco de María Elena Walsh.
      -ESB 186 (escuela secundaria):Taller: Marcelo Leites sobre obra de Héctor Viel Temperley; Proyección de cortos de la BN: El libro perdido.
      9.30 hs. Mesa de lectura:
      María del Carmen Colombo lee a Osvaldo Lamborghini
      Gisela Galimi lee a Adelia Prado
      Eduardo Abel Giménez lee a Wislawa Szymborska

Etiquetas: ,

domingo, octubre 04, 2009

ayer



Ayer


Cuándo murió Cámpora?


Ayer, 19 de diciembre de 1980, pero,


la verdad, ¿a quién va a importarle la verdad?


–en el país inmundo (amado)


donde el pajarraco inmundo ¡Martínez!


de Hoz puede ser ministro de Economía:


en el país argentino estéril


de los estériles militares argentinos.


Me acuerdo que Perón decía: –No,


si las armas no las tienen de adorno,


lo que tienen de adorno es la cabeza”.


¡El país argentinoide!


¿Cuándo murió Cámpora?


Ayer, querida mía.


Si vos supieras (sabés)


cuántas leguas de tierra cuesta cada palabra


y que encima, debajo, la pueblan y repueblan de cadáveres:


el ‘80, ¡qué hijos de puta!


trajeron a los inmigrantes


–para matarlos.


El loquito Videla y el degenerado de Harguindeguy.


Y el pelotudo máximo: Viola.


Agotaron la cuota del perdón, que era mucha.


¡Y yo hablo en serio, no estoy jodiendo!


Lamborghinis del mundo, uníos.


Algunos, para hacerse la paja, utilizan la mano de Zenón:


bella como un talón, nadie lo niega,


Digámoslo a coro, idiotas: “¡Telón!”


En la Epoca en que no hay un carajo para transferir...


Pero es la Gran Epoca (jamás minúsculos)


Precisamente: porque...




Osvaldo Lamborghini

Etiquetas:

sábado, mayo 09, 2009

Osvaldo Lamborghini: Matinales (aguas del alba)

"Matinales (agua del alba)" es uno de los textos de Osvaldo Lamborghini que más me gustan. Lo busqué en internet para subirlo a este blog del amasijo, pero no lo encontré. Así que con mucha paciencia lo fui transcribiendo del original (Novelas y cuentos, Ed. Serbal, 1988). Espero que lo disfruten.
"Enredado al dormirse en los pliegues del chiripá, hoy ropa de antaño, amaneció atravesado por su cuchillo, amaneció muriéndose como el que al despertarse mira el cielo, toca su sangre, muere. Una manera de morir; tal vez el horizonte se le volvió pálido. El caballo, suyo y cerca, se le volvió pálido. Lejano, como el blanco más doctrinario. Con los dedos casi en estertor tocó la punta del cuchillo, que le sobresalía del cuerpo, hasta insensible sentirse las yemas. (“Flor, astillas de un palo mesmo.”) La sangre corría en pequeños charcos, pero él se regodeba en el calorcito de su herida mayor, en el tajo –como se dice—de su muerte. El espíritu vaga en estas contraseñas. El espíritu habla. Cualquiera el primer inmortal. Habían (un lodazal) sus intestinos abiertos; habían y miró la sangre de sus dedos (reído porque esa sangre era tan floja como un horizonte lejano) pálido: cuando el horizonte suyo estaba ahí, volcándose de su cuerpo pero en un absoluto fuera de aquí (ya que hogareños) sin posible vista i te quiero ver. Hoy/ nada de dobles/ claro torrente del despertar. El espíritu en estas contraseñas: Soñar –dice—es lo inaudible de toda alegría. Al alcance de cualquier confusión feliz, en cambio, está el sonar: o la música solamente encantatoria, el ukelele del tonto: la música, en un ritmo de proseguir, cuando la muerte ya dijo fin.
Al hacerse el alba más alba, sorbiendo los primeros mates, ésos que saben como tratados, la mujer y la hija se hicieron cargo de los caballos.
--Venga, pingo.
La mujer miró el cadáver sin hacerse cargo. Esparció aire co los dedos sobre el cuerpo al son de un murmurar breve y como de pedido, encargo.
--Por aquí anduvo el sexo nocturno. Algún sueño, de seguro.
--Y el padre se madrugó solo –asintió la niña, con los ojos abismados.
Las dos, ayudándose a tirar la puñalada, despenaron al caballo junto al señor de la pampa.
--No has de beber sangre de animal.
--No, madre –se corroboraron.
El chico del rancho tomaba la leche (de la mañana) sobre una mesa de tabla. Entraron la hija y la madre. Venían un poco salpicadas de la faena con el caballo. El chico había quedado medio cojo desde aquel día en que le enseñaron a domar con entusiasmo, desde temprano ser un gaucho. Arrastraba la patita con una infinita paciencia de destino: malacara.
--Ha muerto el padre –le susurraron.
En cada ser anida la ampolla de los afectos, frágil. La ampolla verde, la ampolla de la tarde. Pero era de mañana, ocasión para esas aguas amatinales. Oculto tras el pañuelo el chico salió al campo. Vagó por la inmensidad inútil de esa tierra, que tanto nos encanta. No quiso mirar el cadáver. Arrancó derecho para el ombú más cercano, arrastrando la pierna santa. Vestía también la moda de antaño: bombachas y alpargatas floreadas, gorra de vasco, como corresponde a todo gaucho.
Los mocos ya lo estaban como blindando. Pegó un sorbido así de grande y tuvo miedo. Que en el cerebro se le formara un coágulo. O que el veintre se le abominara, en exceso, por tragarse semejante palangana. El diablo, que estaba en la copa del ombú, como esperándolo, le dijo (es el espíritu el que habla):
--¡Qué porquería de niño!
--¡Qué repugnante!
--¡Guacho, para colmo!
El diablo se rió antes de desaparecer, con ese rasguito típico que destempla las guitarras. El chico, entigrecido, empezó a patear el tronco del árbol (con la pierna sana), y al mismo tiempo –a sus adentros—se murmuraba: “ Ah, no. Yo agarro ahora y me vuelvo loco”.
--¡Hijo! –(Es el espíritu el que habla).
--¡Hijo! ¡Sacame de encima estos restos de caballo: aun bajo la tierra me ahoga la sanre del zaino!
¿Pero cómo volverse loco? Decirlo era una cosa, y otra. ¡Hacerlo! –a qué tanto dudar—rápido. Probó clavándose un dedo en la oreja. No sintió nada. O dolor, pero no hálito loco. (Voy a esperar un poco, meditó, quizás son largueros los efectos, como cuando de la mañana a la tarde me volví rengo.) Loco.
Cuando ya empezaba a delirar, como ya se empuñaba y se escalaba a sí mismo como el palo enjabonado de la modestia pueblerina, vino otro señor de la llanura, montando en pelo su yegua blanca. Era peligroso el hombre, sobre todo y cuanto más para los niños: ya se lo habían advertido. Además: ya se le veían los signos. Ya le saltaba la baba de los labios.
--Vení, vení conmigo a la laguna y te muestro el poni austrfaliano.
--No y no y no.
--¡Qué lindo cojo!
En la laguna habría una maravilla de caballo. Picado:
--Cómo es un poni australiano? ¿Tiene la crin llena de moñitos, como esos del circo?
En la laguna, en las aguas del alba.
Cuando la locura habla –ténganlo como una fija—la pampa se repuebla con la innumerable risa de los memos. De los ranchos salen, con sus ukeleles huecos, fundidos a la rima, atravesados por los ecos. Ëste es el son: ellos son. Lo que el viento impele.
En el triste manicomio de –un nombre: Lontananza —el niño está, medieval, aferrado a una argolla por cadena bufa que te bufa.
Es el alba. Es el delirio abarrotado por las rejas. Una celda de barro, adobe, paja. Los círculos se hacen de “avizorar, palabra. Lo que chirría en los oídos es el torniquete de los labios. Lo que saborea el paladar es un interminable gollete de imágenes. Chupar hasta hartarse, que nunca harta. Éste es el pezón de la baraja: los que fueron sus ojos hoy son ratas. Hartas de la carne y de la sangre del zaino, la emprendieron ya con el señor de la pampa: un regodeo pleno con la linfa y con sus barbas, hasta sus botas de caña. Tiempo al tiempo. Un poni australiano/ con la crin encintada/ bufa, impele, escribe, lee, habla, mata.
--¡Hijo! Sacame de encima estos restois de caballo: aun bajo tierra me ahoga la sangre del zaino!
--¿Aldaba? ¡Ah, para mí que sea de plata! O de oro blanco. ¡O mejor de caballo!
-Crin –dijo el grillo—crin crin.
Música porque sí, música vana.
Siempre es el espíritu el que habla:
Soré/Resoré, de la llanura clancas divinidades. La madre y la hija, la dulce entraña. El padre, la irreconocible piltrafa. En este tapete, que no es precisamente verde, se le escribe al que lee. Frase por frase.
Siempre es el espíritu el que habla:
De la humedad o rocío de la mañana, como a flor de agua, ascendió la esfinge que el clam reclama/ la pierna del cojo (y bien) extirpada. Yace en una vasija con mirilla de plata y pesa menos que un gusano, arrancado de un golpe con una pinza de depilar –figura—el ceño de la máscara. El padre lo adoraba.
Siempre es el espíritu el que habla:
Enredado al domirme en los pliegues del chiripá, hoy ropa de antaño, amanecí atravesado por mi cuchillo, amanecí muriéndome como el que al despertarse mira el cielo, toca su sangre. Una manera de morir, tal vez, pegado a lo interminable."

Etiquetas:

Osvaldo Lamborghini: cazador nocturno de la vanguardia local

Reproducimos a continuación el reportaje realizado a Osvaldo Lamborghini por el poeta Luis Thonis, el 4-3-1981 (1), extractado de http://librospeligrosos.blogspot.com

"La obra de Osvaldo Lamborghini puede parecer breve si partimos de la convención que remite lo legible de un texto a su cantidad de páginas. No obstante, El Fiord, (1969) , Sebregondi Retrocede (1973) o su reciente libro Poemas (1981), ediciones Tierra Baldía - hablan de esa otra cantidad, la de sus insistencias, fundadoras de una nueva literatura argentina.Es posible hablar ya de lo lamborginesco para designar una contra mitología tramada en y sobre los escombros rítmicos de las líneas menores de nuestra cultura.En sus varias inflexiones dichos libros pueden aparecer como vanguardia, es decir, como algo previamente informulado. Lamborghini en varios tramos de la conversación define su vanguardia, respecto de las leyes, los patrones, los verosímiles que impone el mercado. Pero basta habitar una página de Sebregondi para entrever que este cazador nocturno no retrocede sin abrir un juego donde coexisten diversas hechuras lingüísticas en un trabajo inusual con el lenguaje. La dificultad de clasificar el ya mítico Fiord, o seguir linealmente las andanzas del marqués de Sebregondi -¿poemas?, ¿novelas?, ¿falsas novelas que fracasan en ese lugar donde no hay victoria ni derrota y sólo queda la dicha y el riesgo de escribir?- se acentúa al extremo en Poemas. (…)

Luis Thonis: La aparición de Poemas introduce una variante respecto de El Fiord o Sebregondi Retrocede, obras por sí diferentes ¿Se trataría menos de una diferencia entre prosa y poesía, que de la continuidad de una obra indefendible genéricamente?
Osvaldo Lamborghini: Hay menos la ilusión de equivalencia con un posible–imposible- “pase al acto” en Poemas –en fin– que en El Fiord y Sebregondi Retrocede. De todos modos la "Narración de la Historia" – título de un cuento de Correas pero mías son las mayúsculas- no está excluida de este libro “último”. La Narración de la Historia es un arte en la Argentina: una cuestión capital y, al mismo tiempo, o por lo mismo, federalizable: contra el despotismo de una sola Aduana, contra el despotismo de una “organización nacional”.
L.T.: Las referencias al gauchesco, el tango, el lunfardo, las glosolalias hacen a una poética –en Poemas– que recorre diversos tópicos de nuestra literatura, la reescriben. Se va engendrando otro lenguaje, de señas inciertas, por ejemplo, “Soré y Resoré, divinidades clancas de la llanura?” ¿Piensa que una nueva escritura sólo puede nacer de una “vieja lengua”, de su tesoro verbal?
O.L.: Inscribir lo ya escrito, inscribir. El parche glosolálico –batirlo– es un triunfo momentáneo, breve, de cierto exceso de sentido: el paqué de Girando En la Masmédula resucita a millones de hablantes frescos como lechugas, y decapita, afortunadamente, la tartamudez engolada de los catedráticos. Son demasiadas las lenguas que se añudan en la Argentina. Y el “aquí me pongo a cantar”, la potencia doble de poder decirlo, es un buen ejemplo de glosolalia feliz.
L.T.: ¿El Fiord y Sebregondi retrocede carecen de antecedentes directos en la literatura argentina? O si los tienen, ¿no es más legible lo que en ellos se pierde que la deuda cultural en que se apoyan?
O.L.: Lo que en ellos se pierde es una generación de lectores aldeanos descerebrados por la ecriture, nada más.
L.T.: Opongo la “pérdida”, que refiere a las posiciones del sujeto en el lenguaje, a la idea positivista, cualquiera sea la ideología en que se ampare, de recuperación porque ésta ha dado lugar a un historicismo lineal, binario, escolar, que excluye de sí el cuerpo, el deseo, el goce, pensando el no sentido como sin sentido –sólo hay historia del Sentido. En cuanto a las rupturas, recordemos que en Muerte y Transfiguración del Martín Fierro, Martínez Estrada ya establecía todo un sistema de analogías formales entre algunas partes separables del Poema –las escenas de la Pelea y la Payada– y los procedimientos de montaje, ex corpus, del cine de Eiseinstein; explicaba también que su lectura es otra a través de Kafka. Si usted reivindica esa tradición, en sus textos habría montaje…
O.L.:
Pienso –pero yo nunca sé si pienso o “escribo”- que toda literatura es montaje, incluida la puramente “facial”, como ocurre ahora con los punks, que se dibujan cicatrices en la cara. Montan, sobre sus propios cuerpos, el relato no vivido de aquella historia: la pesadilla de papá y mamá. Claramente, esto no responde a su pregunta: se trata, más bien, de una maniobra de “diversión”: montaje: por supuesto…, Martínez Estrada, Eiseinstein, José Hernández…, es montar demasiado: creo que así se nos van a cansar pronto los caballos. Estoy jugando con las palabras, y lo único que puedo responder, “¡ex corpus!”, en cuanto a “mi” libro y su relación con el montaje, es el “mi” entre comillas.
L.T.: ¿Y?
O.L: Y que escucho, mezclo, repito, y tacho y cambio de lugar, y cito. Exageradamente tal vez. Macedonio leía “a oscuras”, y así entonces se produjo ese perfecto acontecimiento de moviola: el film quebrado plantea el espacio y el tiempo (la metáfora) simultánea de Shopenhauer, Quevedo, Del Campo, y William James.
L.T-: Usted también tiene varios caballos.
O. L.: Más el set “bajo” del Ropero, la Pava, el Mate, la Pensión.
L.T.: En sus libros hay una ausencia de “conciencia moral” o de “visión del mundo”. ¿Esa ausencia inscribe al autor como un fragmento más entre otros? ¿Cuántos Lamborghini han escrito y cómo se deslazan en las letras de Poemas?
O.L.: La mía es una literatura familiar: el deseo (y también las ganas) de prolongar indefinidamente la sobremesa. Pero la historia no lo permitió: presencias entrañables, ineludibles distanciamientos. Hay otro Lamborghini, Leónidas: los dos, más tantos otros que no tienen la suerte/desgracia de portar el Lamborghini, estamos precisamente allí, en ese fragmento que pretende, sí, conservar un museo de vanguardia, algún chiste de Macedonio. Porque el Museo, siempre irrisorio en estas latitudes, es preferible al universo concentracionario de los comentaristas sabios: “en el lento divagar del cabaret…”.
L.T.: Respecto de los narradores, ¿qué pueden tener que ver entre sí, por ejemplo, la voz monótona que organiza el espacio clausurado de El Fiord con el atonalismo, esa voz que llega a disgregarse en relatos como "La Mañana", aparecido en la revista Escandalar?
O.L.: El Fiord es un final. Mi primer libro, pero que está pensado como el título. Pero claro: ¿quién se entiende? Me gusta El Fiord como intento de frontera, de “últimas poblaciones”. Lo que usted llama voz monótona cumple aquí otra función: ¿se habrá acabado lo que se daba? Si después los narradores se multiplican, el hecho se debe menos a un efecto “barroco” de polifonía que a una escisión cada vez mayor del Narrador, no de Osvaldo Lamborghini. Como si dijéramos, empezar eternamente para llegar a los mismos resultados.
L.T.: Y esa escisión, esa “esquizia” del narrador hará que la mirada caiga hacia algo no representable, haciendo imposible la lectura transparente. Sin embargo, en cuanto a la mirada que no quiere caer, a la crítica que se desprende de ella, fundada en el mito del Escribir Bien, las cosas no están de todo claras; por una lamentable paradoja, en la literatura suele considerarse como ajeno lo que podría leerse a la vista: ¿a qué se debe ese efecto de extrañeza que produjo y sigue produciendo Poemas?
O.L.: Es cierto lo que usted señala: esa “baja” paradoja que hace aparecer a mis escritos como “extraños”, cuando la verdad es que ellos se limitan a cortar y plegar diferentes propuestas de la literatura argentina: sólo que sin respetar sus supuestas intenciones, ni su aparente linealidad. Ascasubi, Le Pera, Hernández, Cayol, Del Campo, Gardel, conviven –violentamente,¿hay otra manera?- en mis textos.Contrario ejemplo es el caso de nuestro actual ( y lamentable) teatro realista, en el (lamentable) estilo de El gran deschave. Pero punto final aquí: es casi de mala fe ponerse a deschavar (aquí), tanta, pero tanta mala fe.

(1) Este diálogo, con la introducción respectiva, apareció por primera vez en el Diario Convicción. Era el diario de los militares y a muchos les resulta insólito. Pero no lo es tanto si se tiene en cuenta que la línea política la escribían periodistas como Alejandro Horowitz y en la parte cultural tenía cierta independencia. Estábamos en la cada de Arturo Carrera y a Osvaldo se le ocurrió el reportaje, aparecido por la generosidad de Ernesto Shòo, que se tomaba sus riesgos en ciertas cosas que publicaba. En realidad, fue un corte en una conversación ininterrrumpida en la que no todo era acuerdo. El reportaje causó indignación a algunos dentro del diario por la forma de expresarse de Lamborghini – hay que tener en cuenta el contexto militarizado de ese momento – y afuera también hubo una cuota de mala fe, ya que no había nada que sonara oficial. Al contrario. Antes había escrito sobre Néstor Perlongher, también publicado en la editorial de Rodolfo Fowguil…finalmente los militares vinieron a preguntar quién era yo: lo que decía sonaba raro. Jorge Dorio, después me contó que el director le dijo: a ese tipo pueden llevárselo, escribe en griego…parece que eso desalentó a los defensores de la patria. "

Etiquetas:

Osvaldo Lamborghini: Un caso tortuoso


"--Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia. Fue ayer un día de pasos transparentes donde a igual sinceridad y en bestial medida cada paso era un reflejo, una despedida, y al quebrarse el vidrio, a cada paso mío, yo quedaba ausente.
Fue ayer un día de pasos transparentes. Caminé, compré sin ganas bajo el bronce, una novela rubia expuesta a la Recova de Once como quien ampara en la copa al delincuente, que quiebra el cuello de la mujer, igual que un tallo, en despedida.
Fue ayer un día de pasos decadentes. Ayer un día de tanta transparencia para ver quería hablar y no podía, tocar y no podía. ¡Ayer fue un día!
--Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia. Hablábanme detrás las voces claras, a mis vulnerables espaldas les cantaban coros de no decir, de enmudecer. Coros de palidecer, de no fluir, coros de no advertir –en un grado aceptable, transparente— tanto dolor, el ay, en la obviedad de la palabra obvia, obviamente.
Por unos pesos de fraude encadenado compré la tal novela bajo el cobre. Y me fui a pasear a tantas millas que hasta pude olvidar las dulces esclavillas, que: en mi fantasía: adorantes me lamían el cáliz, lo hacían fluir y hacia él fluían. Ayer fue un día de pasos no esplendentes.
Al amparo de la copa el delincuente, bajo ese raro/amparo transparente, reflotó los trozos de su carne en mi bebida y yo rocé con los labios esa muerte: después tragué las hilachas cadavéricas, junto con el alcohol embestial medida.
Fue ayer un día de soportar la embestida, transprente y al mismo tiempo aparatosa: consistía, ella, en una ráfaga lela, en una avanlancha de capullos misteriosos –gacha flora—así como al compás de la novela esa fragilidad bebía transparencia de la copa y, en la carne muerta, bien leía.
Y leí después en letras de oro: “Por qué cantas o enmudeces todavía en este coro?”. De los ganchos para la carne colgaban rimas ( y bien que colgan) y ellas, las rimas, estaban podridas.
He aquí –murmuré—un espejo que no refleja, una vaciedad sin brillo que no asemeja, y he aquí un diálogo con el semejante que no puede seguir, ya, más adelante.
--Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia. Bajo el bronce, bajo el cobre, en medio de la red tendida por los pasos transparentes, compré por fin esa novela. Eternamente.*

*Extractado del libro Novelas y cuentos, publicado por Ediciones del Serbal (Buenos, Aires, 1988).
**Osvaldo Lamborghini había nacido en 1940. Falleció en Bacelona en 1985.

Etiquetas:

lunes, octubre 27, 2008

Osvaldo Lamborghini: presentación del Teatro Proletario de Cámara

Miércoles 5 de noviembre,19.00, en Ceceba, Paraná 1159
Participan: César Aira, Ricardo Strafacce y Anxo Rabuñal.

El Teatro Proletario de Cámara es un proyecto inacabado de Osvaldo Lamborghini conservado entre los papeles que dejó a su muerte en Barcelona, por Hana Muck, y en el que venía trabajando desde 1982. Además de los poemas y textos, la obra compila dibujos, pinturas, calcos, fotografías y colages, realizado todo con un amplio repertorio de técnicas. Esta edición cuasi facsímil compila en un volumen las ocho carpetas originales en una cuidada edición limitada y numerada de 300 ejemplares.

Etiquetas: