martes, septiembre 03, 2019

Taller de Lectura de Poesía, septiembre 2019








Autor elegido: Oliverio Girondo.Comienzo: jueves 12 de septiembre de 2019.Frecuencia: una reunión semanal, de dos horasFinalización: jueves 3 de octubre de 2019Lugar: CaballitoCoordina: María del Carmen Colombo.

Interesados escribir a: cotocolombo@gmail.com

lunes, septiembre 02, 2019

Néstor Mendoza: Un poema de su libro Ojiva



I

Y no tanto la muerte sino la pérdida
de todo temor a morir. Y no tanto
ser aplastado o convertido en quietud
blanca sino el convencimiento de
vivir sin motivaciones reales; sin
miedo iban a buscar motivos para
no morir y justificar la monotonía
de la búsqueda incansable; seguían
viendo el pecho al aire, pequeño,
en lactancia materna, y en esa mínima
boca de niño que chupa el pecho
y los paseantes que miran la succión.
No se logró registrar las maneras de
aniquilar. La onda expansiva duró
tanto y tan sostenida fue su trayectoria
que la muerte llegó y se ajustó a la medida
de todos los zapatos roídos, cansados
de tantos pasos alrededor de la ciudad,
en búsqueda tenaz y bastante agotadora
de esos globos que de la ojiva caían, no se
sabe si bolsas nutricias o vacías pero muy
aptas para la asfixia de todos.
Ninguna escoba
pudo barrer tanto
polvo blanco del suelo.
Del cielo nadie pudo
atajar la caída del fuselaje
y su inestable movimiento.
Al fin cayó la ojiva
y calló a quienes aún
gritaban. Ojalá hubiese
quedado algún
superviviente
para contemplar
este paisaje de cal,
lienzo sin matices,
sólo figuras
blancas, enflaquecidas,
que si se tocan
se desploman
y generan una
nube de fino
polvo,
más bien
ce
ni
zas.


* Néstor Mendoza. Licenciado en Educación, en la especialidad de Lengua y Literatura (Universidad de Carabobo). Ha publicado, hasta ahora, dos poemarios: Andamios (Equinoccio, Caracas, 2012), merecedor del IV Premio Nacional Universitario de Literatura 2011; y Pasajero (Dcir Ediciones, Caracas, 2015). Finalista del I Concurso Nacional de Poesía Joven «Rafael Cadenas» 2016. Su trabajo poético figura en algunas selecciones dentro y fuera de su país natal, entre ellas, Destinos portátiles. Muestra de poesía venezolana reciente (Vallejo & Co., Lima, 2015); Tiempos grotescos (revista Ritmo, UNAM, México, 2015); Nuevo país de las letras (Banesco, Caracas, 2016), Lyrikaus Venezuela. Nochbleibtuns das Haus (Hochroth Heidelberg, Alemania, 2018) y Antología de poesía iberoamericana actual (ExLibric, Málaga, 2018). Forma parte del consejo de redacción de la revista Poesía, de Ediciones «Letra Muerta», de Poemashumanos.com y del equipo de colaboradores de la revista bilingüe Latin American Literature Today (LALT), editada por la Universidad de Oklahoma. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, alemán e italiano.

sábado, agosto 31, 2019

Tallulah Flores*: Poemas


SI SE NOMBRA EL RÍO
No poseo absolutamente nada
que pueda igualarse a estos hombres hermosos
que asaltan ingenuos
la lengua oxidada del agua con sus cuerpos.
Los pescadores son ríos pequeños en el río.
Geometrías tatuadas por la mugre de este siglo
que pasa y permanece en cada puerto,
en cada orilla coloreada por el agua:
un verde, un ocre, un rojo en la certeza
que sólo suelen dar las cosas vivas
y todo tan intacto.
Intacto el negro río
y el marino intacto entre mis piernas
dementes y obstinadas algas 
que respiran cansadas cuando el sol se lanza en sombra
haciendo otro ejercicio del paisaje
inclinado por buques de océanos distantes.
No quiero que este río se ahogue entre sus aguas.
No quiero que pierda la memoria y se detenga en lodo.
No quiero que ceda a la pobreza 
y que todo se reduzca a la antigua afición de un espectáculo:
a la imagen de algún cine recordado.


NERVIOS DE INVIERNO
Homenaje a George Bacovia
El cuerpo de la noche se recoge.
Lentas, bajo sombras,
las tabernas gritan.
Caigo.
Y una sola palabra sobre el aire
que es de pronto un círculo de aves
mancha mi memoria.
Bacovia, poeta:
te leí con prisa,
sin sol,
incontrolable.
Me enseñaste hace tiempo una tristeza
de carcajadas lúgubres 
y una humedad que sólo hallaba
en tus siempre escasos árboles
que me advirtieron el peligro.
Pensándolo bien
desde este trópico de rones,
de mitos
y de restos de basura,
me extravié en Rumania
durante aquel invierno ajeno.
¿Cómo adivinar que más tarde
habría de confundirme contigo en el espejo?
Siglos de sol,
una línea de luz en medio de la arena.
Barranquilla enterrada en una esquina 
de risas y de baile.
Nada olvidado, todo decisivo.
Así tus cuervos y tus buitres de cristal
posados por siempre en cada hoja,
en cada texto,
en cada soledad mía
una y mil veces corregida.
George Bacovia:
a mí me gustaría repetirte en este cielo,
en esta página que traza 
cada fase final del optimismo,
la historia de un poeta o 
el estallido de una orquesta 
que resiente cada noche mis sentidos.
Carrera enloquecida
o una leve manía por la vida.

  FIN DE FIESTA

Entonces di vueltas y dije en voz alta:
yo, que combatí sin venganzas los horrores del día
                                                                     tan ciertos,
que renuncié a descifrarme en el sol, en su tiempo,
que accedí a perpetuar el deber, la pereza,
para cada trayecto una versión de mi rostro,
una conciencia suelta
que aprendí a brincar desde adentro
cuando puse los pies en la tierra,
¿podré tener la noche?
Y traspasé con la mano una puerta.
Del otro lado, la puerta
con la sola esperanza sin ojos de cada nube negra,
adoré a mis demonios sintiendo el temor de saberlos tan cerca.
Y así estuve presente en el silencio rojo sin señas
de las cómodas sillas que no tienen regreso,
en el exilio suave, los bares que cuentan
que no es otra la historia:
mentiras en humo al final de la fiesta.


 PUERTO COLOMBIA 
I
Se diría que no es más que el mediodía,
lo sofocante del sol o
los patios que ingenuos
se levantan de tumbas sin mármol y sin verde.
Todo allí se traga el polvo de los muertos.
Incluso el mar
                                             visitado los domingos
cualquier día se desgarra en un volcán de luz
que grita hacia las doce
compitiendo con la risa miserable de los niños.
Ellos saben del combate con las olas,
se desmoronan en el agua,
acomodan sus huesos entre trapos
y chillan incansables hasta dejarse poseer
por los fantasmas de su pueblo.
La historia ya no cuenta para nadie.
Las horas se juntan con las horas en lo que resta de este puerto
y la música estalla incesante y se adormece
en los ojos de los peces, en los vidrios de la arena.
Más allá las redes se devuelven.
Se diría que perciben lo implacable del reposo,
el misterio más profundo de las aguas,
las trincheras en la arena.

II
Así, la mirada obedece a un sol soberbio,
a un rojo indeciso que se humilla y se pierde
sin colinas que oculten un poco su agonía.
Las aves encierran el paisaje,
dialogan en secreto, giran libres 
y se apoyan locas en el aire 
con un grito que resuena todavía
en cada pie descalzo,
en cada remo,
en cada red que se aproxima.
Se cubre de luna el mar en ese instante.
Los peces se rinden en el agua,
los pájaros se duermen
y los faroles incendian las ciudades 
                                     inventadas cada noche
bajo el muelle.
Un doble Olimpo, por ejemplo.
Hoy, un acto inescrutable de columnas infinitas
                                                     hacia arriba-hacia abajo
un dibujo sin alma, sin olor,
sin dioses, sin desastres.
Finalmente, el espacio. Todo.
Y yo, al borde de la noche
o en esta orilla del Caribe.

*Tallulah Flores (Barranquilla, Colombia  1957. Licenciada  en Educación de la Universidad Javeriana y  Especialista en Pedagogía de la Lengua.  Tiene una Maestría en Estudios Multidisciplinarios de Buffalo, New York  State  University.  Miembro del Comité Editorial de la revista de investigación, arte y cultura Víacuarenta.  Profesora de Literatura del Colegio Hebreo Unión y catedrática del Programa de Comunicación Social de la Universidad del Norte. Ha publicado los siguientes  libros: Poesía para armar (Plaza & Janés, 1986); Voces del tiempo (Ediciones Luna Hiena, Bogotá, 1993) y Cinematográfica (Biblioteca Miguel Rasch Isla, Instituto Distrital de Cultura, Barranquilla, 1997).  Sus poemas han sido publicados en periódicos, revistas y antologías literarias del país y del exterior.  Ha participado en festivales nacionales e internacionales, siendo ganadora del Gran Premio Internacional de Poesía del Festival de Curtea de Arges,  Rumania ,2004.  Recientemente, la Universidad Externado de Colombia publicó una antología de sus poemas en la edición “Un libro por centavos”. Su cuarto libro  de poemas, Nombrar las voces, será editado próximamente.  Es miembro del grupo fundador del Festival Internacional de Poesía Afrocaribe, Poemario, de Barranquilla.



jueves, agosto 29, 2019

VI Encuentro Internacional de Poesía- Bucaramanca, Santander, Colombia




Desde el Programa Nacional de Concertación Cultural del Ministerio de Cultura se realizará el VI Encuentro Internacional de Poesía, con el apoyo de la Alcaldía de Bucaramanga, el Instituto Municipal de Cultura y Turismo, la Casa del Libro Total y la Universidad Autónoma de Bucaramanga.
Entre todos los poetas que estarán en la programación que ofrece el encuentro, además puede ser espectador de la Orquesta Filarmónica Juvenil de Santander que hará su presentación en la apertura oficial.
Participarán personajes como Rómulo Bustos, Ojiva, Néstor Mendoza, Julián Mejía, Andrés Ariza, Pedro Salvador Ale, Luis Arturo Restrepo, Bibiana Bernal, Maria del Carmen Colombo.

Organización del poeta Danny León.

domingo, agosto 18, 2019

Paul Klee: El punto gris




"El caos como antítesis del orden no es propiamente el caos, no es el verdadero caos. Ese ser-nada o ese nada-ser es el concepto no conceptual de la no contradicción. Para llevarlo a lo visible (tomando al respecto una especie de decisión, estableciendo algo así como el balance interno), es preciso apelar al concepto de gris, al punto gris, punto fatídico entre lo que deviene y lo que muere. Ese punto es gris, porque no es blanco ni negro, por que es tanto blanco como negro. Es gris porque no está ni arriba ni abajo o porque está tanto arriba como abajo. Establecer un punto en el caos es reconocerlo necesariamente gris en razón de su concentración principal y conferirle el carácter de un centro original desde donde el orden del universo va a brotar e irradiar en todas dimensiones. A este advenimiento corresponde la idea de todo Comienzo..."

Paul Klee - 1879 - 1940

miércoles, agosto 07, 2019

Luis Bacigalupo: Apuntes para Cuerpos con música de fondo, de Rita Kratsman



Apuntes para Cuerpos con música de fondo
por Luis Bacigalupo

Un poema empieza como un nudo en la garganta, como una añoranza o un amor. Luego da con el pensamiento y el pensamiento da con las palabras. Estas, que en algún artículo Seamus Heaney atribuye a Robert Frost, bien podrían estar describiendo el nacimiento de Cuerpos con música de fondo, de Rita Kratsman.

Hay un espacio y un tiempo en que se escucha por primera vez una música. Con estas palabras comienza el poema que da inicio al libro. Un poema es un universo, me gusta creer, que deja oír las notas primeras de su cosmogonía. Por lo tanto, un poema es uno y diverso, pero, a su vez, la constelación de todos aquellos que le precedieron y aún emiten siquiera un débil fulgor en el breve, infinito firmamento del texto.
Así debió de haber acontecido el principio de todas las cosas, de un orden primordial, de la belleza implicada en ese orden. Hablo del poema, pero también de un ciclo de estos, los 50 que conforman el Pierrot Lunaire del simbolista belga Albert Giraud, de cuya serie, Ar-nold Schönberg selecciona 21 para componer su ciclo de canciones, Tres veces siete poemas de Pierrot Lunaire de Albert Giraud, más conocido como Pierrot Lunaire, op. 21. En este espacio: Berlín, y en este tiempo: 16 de octubre de 1912, se escuchó una música también por primera vez.

Existe, de igual forma, un espacio y un tiempo para Cuerpos con música de fondo (las calles de Buenos Aires, solsticio de verano austral, 2016), como así también los hubo en Tornasol (Automotores Orletti, 1976), y, además, un paralelo que establece, con el melo-drama de Schönberg, los márgenes de un acorde discordante, el fondo de una música renuente a hacer de los cuerpos el centro tonal de atracción.

Este séptimo título de Kratsman –constituido, a mi modo de ver o leer, por cuatro series de poemas claramente delimitadas y organizadas según la progresión de un pensamiento crítico que se alza, sin perder de vista su objeto, por encima de él en provecho de una mirada contextual omnicomprensiva: ... a qué bosque pertenece cada árbol, se pregunta– plantea una instancia de inflexión y reflexión en su poesía, en que el lirismo –de tenues reminiscencias impresionistas, involuntariamente proustianas, en Giverny, o evocador, en El cuaderno de Amanda, de una infancia recuperada más tarde en Tornasol por pura pulsión de sobreviven-cia– da paso a la aspereza de un decir fiel a la poética del mirar, del “saber” mirar y padecer la pasión del otro en su caída. Las calles son la vía del sufrimiento y sus estaciones, la experiencia dramática, con visos de teatralidad, en que la voz del yo lírico configura un pathos que, con su estupor, su ironía, su solo temblor, interpela el silencio de una cortedad o de una indolencia.

Es un momento, decía, de inflexión y reflexión que destaca una valoración ético-política incidente, cuanto más sugestiva, en la construcción de sentido del poema. El pasaje de una introspección solipsista a la narratividad épica de una mirada crítica que encuentra, en el complejo compositivo del texto y sus voces, el aire fresco de un extrañamiento que sopla, por momentos frío como el Burán ruso, ligeras ráfagas del Método Formal precisamente sobre la sofocada atmósfera de lo ya visto, de lo ya oído, de una inexorabilidad o un fatalismo constitutivos, acaso, de una perspectiva de época, si bien remozada, nunca del todo nueva.

Las calles de Buenos Aires asumen hoy el dudoso resguardo de una privacidad previa-mente vaciada de sí y hostigada por las fuerzas y el orden públicos. A diferencia de Tornasol (desaparición forzada, aislamiento, reclusión, tortura y exterminio), Cuerpos con música de fondo exhibe las consecuencias de un tejido social desgarrado a los ojos de quienes rehúyen ver el dolor en la herida ajena, como si tal aprensión fuera requisito para evitar la propia: ¿o es que creen en la influencia de la luna sobre los vaivenes del mercado?, escribe Kratsman.

Abandonados al llamado de un destino sin horizontes, al imperativo categórico neoliberal en su rol mundial de máximo productor de pobreza, indigencia y marginalidad, nuestros pasos fatigados tropiezan con el oscuro espejo que refleja su estúpida perplejidad, el escándalo ante los restos de un cuerpo social devaluado, intervenido, hoy más que ayer, en los múltiples sentidos que admite el término: el político, el social, el policial y, desde ya, el artístico. Caminamos/ y en eso consiste la ciudad –leemos. Y luego, en esa contundente serie de estampas de vidas despojadas de todo derecho, titulada “Imaginería horizontal”, Rita escribe: caminar por la calle/ supone una trama de cuerpos sin sueños/ y recorriste tan solo diez metros/ para comprobarlo. La apelación a la segunda persona concede un anclaje político-testimonial en el que el yo lírico evoca ecos virgilianos, enrostrando, a la mala conciencia de una ciudadanía refractaria o inadvertida, el infierno al que la redistribución inequitativa del poder hegemónico del capital ha condenado a los pueblos.

El espacio urbano transitado, desprovisto de las ropas que hacen del sentido de urbanidad una solapada hipocresía, pone en crisis nuestra mirada, nuestra displicencia peregrina sin objeto, nuestras falsas urgencias y elegancias. Frente a esto: el paisaje desolado en que ha devenido el mundo contemporáneo –escribe Guillermo Saavedra en la contratapa del libro, y agrega–: la lúcida y descarnada voz poética de Rita Kratsman se quiere testimonio de una mirada decidida a recorrer ese territorio hostil...

Sobre este estado de cosas sin Estado, de cuerpos librados a la buena de Dios, lo que es lo mismo, a la asistencia de un Estado ausente, cuando no expulsivo y usurpador, Kratsman ensaya su crítica a la violencia en línea con el pensamiento de Harum Farocki, quien prescribe en el epígrafe que introduce al texto, que la violencia, antes de ser criticada, debe ser descrita. He aquí la música de fondo de un libro que cobra cuerpo y vigor por su capacidad de mirar de frente a la realidad por horrenda que se muestre. Efectiva, vallejianamente, ¡esto es horrendo! Atención, asombro y una curiosidad perspicaz, pero, ante todo, esa aptitud para vincularse con los seres y las cosas del mundo desde la inocencia a que aspira toda primera mirada, toda primera lectura, toda primera vez.
Justicia poética es señalar asimismo la sensible disposición de Rita para escuchar tanto los ensordecedores como los más apagados ritmos de una ciudad que expone, con soberbia impudicia, el diálogo imposible entre extrema necesidad e indiferencia. Cuando estas dotes encarnan en una poeta de cualidades líricas y éticas insobornables, este es el caso, su escritura se difunde, más allá de esas mismas virtudes, a través de un mar de percepción y comprensión de la alteridad, lo que equivale a decir, de un lector susceptible de ser exhortado por la indig-nación de la palabra insumisa, poéticamente gozosa y elusiva, pero signada por un puñado de verdades tajantes, evidencias de un naufragio que, en tanto reveladoras de nuestras miserias, evitamos ver.

Cuerpos con música de fondo es, además de todo y ante todo, un texto plural inagotable, un complejo de códigos y voces de una vocación constructiva inusual, remiso a esas urgencias realistas de enarbolar la denuncia de pancarta, la ruda consigna o la condena con tufillo
moral. Su pluralidad es tan ancha, tan digna en su adecuado tendido de correspondencias y contrastes históricos, culturales y estilísticos que, de no ser por el firme sentido de unidad que su autora ha sabido tensar con hilo invisible, se diría que estamos frente a una diversidad textual impertinente. Se diría, si no fuese que la voz lírica que adopta el texto no cesa un instante en intensidad ni sede identidad ni eficacia. Se diría, sin más, si la belleza del conjunto no se correspondiera con la de sus partes, no portara la consistencia de una verdad. Aun así, en los enmascaramientos, y en el expresivo y acertado uso que hace del monólogo dramático, por ejemplo, en la apropiación de la jerga de un pibe de la calle (Pierrot) que recibe a cambio de sus piruetas las justas monedas que le permitirán salvar la magra subsistencia diaria de él y de Braulio, su perro rengo. Contra esa otra belleza, la que resulta, como dice Rita, una opresora codicia de estilo/ sin lenguaje en que las letras signifiquen, se escribe Cuerpos...

Hay una galería de nombres propios de la más alta cultura: Homero, Leopardi, Fauré, Joyce, Saint-John Perse, Shklovski, Mandelbrot, Ekelöf, Tarkovski, por nombrar unos pocos, en franco contrapunto y productiva tensión con otra de ignotos desclasados, víctimas de un sistema engordado en la expoliación, la opresión, la injusticia.

Es justo, dicho sea de paso, señalar también que Cuerpos... es un tour de force del sentido en su afán incesante de proliferación, en sus desplazamientos, en sus estallidos, en su resistencia a las sujeciones escolares de un lector normativo y condescendiente, a resguardo de toda problematización. En esta busca Kratsman propone sus “extensiones”, suerte de raicillas o brazos que confieren al texto derivas aleatorias a través de nuevas corrientes de sentido.
Estos también son los atajos de una “imaginería horizontal”, sus encrucijadas, sus desvíos, las fugas de una significancia transeúnte de la amenaza de una situación de calle. Todo, hasta que alguien de pronto se detiene, mira, despierta y, al fin, apoya el oído sobre el corazón de la Tierra.