miércoles, noviembre 18, 2020

Unión Escritoras y Escritores

Compañeros: 


El martes 24 de noviembre a las 12, la Unión de Escritoras y Escritores realizará una movilización para que se discuta y se apruebe el proyecto de ley de jubilación para nuestra actividad y la de traductorxs. La cita es frente al Congreso de la Nación. 

Demás está decir que es fundamental la presencia de todos nosotros para luchar por esta sentida reivindicación y por una Ley del Libro que contemple nuestros intereses.

domingo, octubre 25, 2020

Simone Weil: Vacío y compensación*

 


(...)

Mecánica humana.  Quien sufre trata de comunicar su sufrimiento –ya sea zahiriendo a otro, ya sea provocando su piedad —con el fin de disminuirlo, y a fe que lo consigue. A quien está abajo del todo, al cual nadie compadece, ni tiene poder para maltratar a nadie (por no tener hijos ni otras personas que lo amen), el sufrimiento se le queda adentro y lo envenena.

(…)

Tendencia a extender el dolor más allá de uno mismo: ¡yo aún la tengo! Las personas y las cosas no son suficientemente sagradas (…) Ni en los peores momentos sería capaz de destruir una estatua griega o un fresco del Giotto. ¿Por qué entonces otra cosa? ¿Por qué, por ejemplo, un instante de la vida de un ser humano que podría ser un instante feliz?

(…)

Deseo de ver sufrir al prójimo exactamente lo que uno sufre. Por eso, el odio de quienes viven en la miseria se dirige, salvo en los períodos de inestabilidad social, contra sus semejantes.

Tendencia a extender el sufrimiento más allá de uno mismo. Si por un exceso de debilidad no puede provocarse la compasión ni tampoco hacer daño al prójimo, se daña la representación del universo en uno mismo.

 Cualquier cosa hermosa y buena resulta entonces como una injuria.

(…)

Hacer daño al prójimo es recibir algo de él. ¿Qué? ¿Qué se gana? (y qué habrá que pagar a cambio?) cuando se hace daño? Sale uno crecido. Sale uno más ancho. Ha colmado un vacío al crearlo en el otro.

Poder hacer daño al prójimo impúnemente –por ejemplo, descargando sus iras sobre un inferior que esté obligado a no replicar- es ahorrarse un gasto de energía, gasto que el otro debe asumir. Lo mismo que en la satisfacción ilícita de un deseo cualquiera. La energía que se economiza de esa manera se degrada enseguida.

(…)

 

Una recompensa puramente imaginaria (una sonrisa de Luis XIV) es el equivalente exacto de lo que uno ha gastado, porque tiene exactamente el valor de lo que se ha gastado  –al contrario de las recompensas reales, que, como tales, se hallan o por encima, o por debajo. Así mismo, sólo los beneficios imaginarios proporcionan energías para esfuerzos ilimitados. Pero es preciso que Luis XIV sonría de verdad; si no lo hace, indecible privación. Un rey no puede pagar más que recompensas, la mayor parte del tiempo imaginarias, si no se volvería insolvente. (...)

 

*Véase La gravedad y la gracia.

Mora Torres*: Una lectura de San Juan de la Cruz**

 



VII

Como quien queriendo apartarse del diario íntimo de su amor

se acercara a la luz y trajera una lupa

y pretendiera descifrar lo que está escrito para un solo lector

y disfrazado de borrón para no ser comprendido,

Me acercara yo al libro.

La palabra cualquiera

sopló tres veces en la noche con diferentes vientos,

dividiéndose como una parturienta en dos.

Cual-quiera era el que quisiera, quien quisiera tendría

la noche purgatorio, la noche iluminante y la noche que une.

 

VIII

Detrás del raso de la lámpara que esculpe en celeste

su sombra en la pared, transportados por especies de pájaros-alma,

mis dedos espiritualizados dan vuelta,

En rara danza, con un ritmo de abanico, las hojas.

Y detrás lo desconocido arde en estrellas de conocimiento,

prados de más allá de la razón traen sus brasas y su ternura;

detrás de las colinas de la razón, en lo alto de la más pura idea

que es como un dibujo de los contornos del pensamiento;

detrás del papel el mundo que se abre en selva es alegría.

 

IX

He tratado de llevar ese espacio de perfecta frialdad, finura y calma

para habitarlo mientras leo a San Juan de la Cruz;

transporté las paredes, las puertas y vitrales de un palacio de sustancia intocable

para sentarme a la espera de estos dones y frutos;

una mujer de pálida serenidad, que ha comenzado a acunar su vejez con cierto orgullo,

en cuyo abrazo el Niño yace dentro del hueco de unas alas,

suspendido entre el día de Navidad y el viernes del Gólgota.

 

*Mora Torres nació en Santa Fe (1949). Publicó: Como quien entra a una fiesta (1988). Recibió diversos premios. Tiene inéditos varios de sus libros.

**Los poemas que se transcriben pertenecen a su libro Jugar en noche oscura (2004).

viernes, octubre 23, 2020

Jerome Rothenberg: El trabajo del sueño (Antología)

 


niño perdido

 

Me arrancaron del sol blanco y me

trajeron al sol negro, me

hicieron dormir entre hileras de abrigos:

yo era un niño de ciudad perdido en el campo, una

herida en la mano era todo lo que sabía de los sauces

¿Puedes entender, oyes el ancho

bramar del viento contra el flanco

de la vaca, y los grillos que corren por mis

mangas, los grillos llenos de noche, como

pequeños soles negros? Inténtalo, yo también lo haré

Solo este grito guarda mi corazón, solo este lamento:

Me arrancaron del sol blanco y me

trajeron al sol negro, y ahora no

 

a little boy lost

 

They took me from the white sun and they

left me in the black sun, left

me to sleep among long rows of overcoats:

I was a city boy lost in the country, a

wound in my hand was all I knew about willows

Can you understand, do you hear the wide

sound of the wind against the cow’s

side, and the crickets that run down my

sleeve, crickets full of the night, with

bodies like little black suns? try as I will

there is only this cry in my heart, this cry:

They took me from the white sun, and they

left me in the black sun, and I

have no way of turning now, no door

 

*El trabajo del sueño, Antología, 1960-1999, de Jerome Rothenberg. Selección, traducción y prólogo Mercedes Roffé. Hilos editora, 2013.

jueves, octubre 22, 2020

Daniel Miranda Terrés: PAN: EL DIOS DEL MIEDO

 


El miedo era un perro

que andaba por toda la casa

 

Lo adoptamos el día que mi padre

nos abandonó

 

 Mi hermano mayor procuraba

que no nos mordiera el alma

 

 Mi madre nos acariciaba el rostro

para borrarnos sus lamidas

 

 A todos nos roía el sueño

y nos ladraba en el pensamiento

 

 **

 

A mi hermana y a mí nos tocaba

darle de comer

 

Le acercábamos en un plato

nuestro corazón palpitante

 

En las noches íbamos al canal de

 aguas negras

que había cerca de la casa

 

 Mis amigos eran más valientes

que yo

 

que me quedaba al último

del grupo

 

y a cada paso pensaba en volver

 

 Deseábamos hallar una bruja

 entre los apagados árboles

 

 Oíamos nuestros pasos sobre la

hierba seca

 

mientras nuestros cuerpos se

volvían penumbra

 

***

 

Mi hermana y yo

coleccionábamos películas de

 terror

 

Estaban acomodadas en nuestra

memoria

 

por los días de insomnio que nos

provocaban

 

 Nos sentábamos a verlas

con el corazón golpeándonos por

dentro como un puño

 

 Siempre nos mantuvo a salvo

saber que podíamos adelantar

alguna escena

o decidirnos a parar la cinta

 

 Lo que más nos aterraba

ocurría después de apagar el

 televisor

 

 En nuestro pensamiento

 

comenzaba una vez más la

 película

sin posibilidad alguna de quitarla

 

 Ni siquiera el sudor que nos escurría

de la frente

nos deslavaba las imágenes

 

*Daniel Miranda Terrés (Ciudad Netzahualcóyotl, Estado de México, 1988), es egresado del Diplomado en Creación Literaria del Instituto Nacional de Bellas Artes (2012). Recientemente, obtuvo el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura 2015 por su ópera prima Pan: el dios del miedo. Poemas suyos han sido publicados en las revistas Dos filos (UAZ), Molino de Letras, y en el periódico El Financiero. Actualmente, es miembro del taller de creación literaria del maestro Eusebio Ruvalcaba.

sábado, octubre 17, 2020

Ivana Incorvaia: Apuntes borradores sobre Adolecer de Paco Urondo

 

Apuntes borradores sobre Adolecer de Paco Urondo

                                                                        Por Ivana Incorvaia

                                                     (Asociación de Graduados en Letras de Rosario)

 

Constituye prácticamente un lugar común señalar la singularidad del peronismo como fenómeno político y cultural. Éste no sólo representó uno de los hechos políticos más significativos en la historia nacional, sino que también implicó una nueva irrupción de la realidad en la literatura argentina. Desde sus comienzos despertó en distintos escritores y narradores cierto interés por recoger  discusiones ideológicas y replantear objetivos políticos y culturales. Casos paradigmáticos como el de Borges, Anderson Imbert, Martínez Estrada, entre otros, se presentan como formulaciones convencionales entre las manifestaciones de posiciones, en general opositoras, que la literatura produce durante el decenio del gobierno peronista.Pero el período histórico que va de 1955 a 1973 complejiza esta relación. Estas fechas delimitan una etapa histórica signada por el derrocamiento militar del segundo gobierno peronista y el advenimiento de otro gobierno constitucional del mismo signo dieciocho años después. A lo largo de estos años, y con el peronismo proscripto, se desarrolló un proceso de lucha y resistencia en el que encontramos la participación de diversas organizaciones y sectores políticos. El campo cultural en su conjunto también experimentó la emergencia de distintas manifestaciones, en general ligadas a la necesidad de revisión crítica del contexto. En esta etapa, asimismo, la poesía argentina comienza a ensayar cambios significativos y a incorporar entonaciones y tópicos que significaron un nuevo momento. Más allá de la adhesión o no respecto del peronismo, y atendiendo a la complejidad del vínculo entre literatura y política, comienza a producirse en la poesía un entrecruzamiento relacionado con aspectos ideológicos, y el hermetismo va cediendo paso a las referencias histórico sociales. Dos integrantes del grupo de Zona de la poesía americana: César Fernández Moreno y Francisco Urondo, se presentarían como exponentes en esta conformación de una nueva dirección en la poesía, ligada también a otra manera de concebir su teoría y su práctica.

Cuando nos encontramos frente a un conjunto de poemas cuya lectura descarta el análisis puramente temático, el vínculo entre literatura y política, y más aún, el de literatura y peronismo, se vuelve más complejo y menos evidente. Adolecer (1965-1967) de Francisco Urondo, pone de manifiesto esta complejidad, puesto que lleva al límite dos estilos de lenguaje poético disímiles o antagónicos: el hermetismo, por un lado, y la irrupción de la Historia y de referencias populares, por el otro. El compromiso social (que aquí se desprende de la necesidad manifiesta de leer la historia para justificar la actualidad) y la experimentación artística, confluyen en un entramado de citas contemporáneas y anacrónicas y deslizamientos en el tiempo y en el espacio. Coloquialismos, modalidades de lo cotidiano, personajes populares, letras de tango; se corresponden con un acercamiento referencial de su poesía a la vida cotidiana. Pero esta vida, al mismo tiempo, se nos presenta repleta de otros personajes, hechos, miserias, amores, odios, lugares y recuerdos. Su propia historia se convierte en materia poética junto con un “ensayo” sobre la patria y su Historia, con reflexiones y dudas que recorren la conquista y varios siglos posteriores.

La historia de alguna etapa de su vida y la de su patria conviven, y por momentos parecen ser lo mismo, tal vez, por el propio país que los ha sucedido. Yo soy / esta patria, vengan en mi ayuda. El paso del tiempo transcurre, pero a su vez habría algunas cuestiones inmunes a él. El mismo adolecer para su vida y la de su país, y el paso del tiempo en ambas parece seguir descompuesto: pasa el tiempo y el mismo silencio cómplice oculta otras traiciones. Soy como este país, como este tiempo, tengo / su forma, su decadencia; nunca / podré quitármelo / de encima. El devenir de su historia y la de su país en la tensión del recuerdo de las cosas más viejas, como para una especie de invocación de las sombras más recientes; muchas, presentadas como inevitables.

Adolecer. Una etapa de la vida y del dolor. Estos poemas nos cuentan la imposibilidad de poder entender sin adolecer, lo inevitable (o incurable). Y la historia argentina se presenta signada por esta cifra: ayer y hoy. La patria y los hombres adolecen y eso es lo que vincula el pasado y el presente: Francisco Ramírez y su mujer vivían / como adolescentes en un país / que recién

despertaba a la adolescencia, no / atinaron demasiado, pero sufrían / de un mal incurable, por aquellos años / y por estos: adolecían / sin remedio.

La adolescencia condenada por la espontaneidad misma de los adolescentes, al mismo tiempo permite o naturaliza la equivocación o el destruirse. Pero aparece el reproche, las imágenes de la muerte y del fracaso, y una concepción del tiempo y de la historia siempre al borde de una herida. Los chirridos / propiciatorios de las ruedas laceradas, / de las adolescencias /laceradas, de las esperas laceradas. Un eterno dolor inevitable de una etapa que le impusieron a nuestra historia: hay quienes crecen / de golpe, se agrandan y su corazón / es débil, como las aguas / traicionadas de este país sin inocencia, y sigue / adoleciendo / hasta el día de la muerte. Esta / tierra que pisamos, sufre / por un tamaño, por su edad / que le han impuesto sin que nadie / atinara a defenderla. Las muertes / prematuras, las eternas / juventudes, la madurez compulsiva, / destituyen el destino, ablandan / la sangre ofuscada y temerosa.

Y por momentos la adolescencia cae fusilada por los cómplices de una patria que no deja de adolecer. Sin ocultar miedos se afirma: mi rabiosa / esperanza en esta vida que tarde / o temprano voy a perder; esta vida, / que sonríe, que muestra / los dientes como un perro rabioso, dejándonos / las manos vacías de fáciles y tortuosas / esperanzas. Y las ilusiones se pierden en un barco de bandera inglesa. Y ruge la confusión de una profunda tristeza.

María Granata: 17 de octubre

 

Imagen de: Sur Correntino



Se levanta tu luz hecha de Pueblo,

del Pueblo que venía

entre arrancados párpados de sombra

para salvar sus días en tu día.

 

 Qué multitud de brazos levantados,

de gritos que son canto,

de rostros que por fin se reconocen

en el amor y en la señal del llanto.

 

 17 de Octubre en la alegría

de la historia que empieza a ser creación.

Tiempo de libertad el tiempo tuyo,

nivel del hombre, signo de Perón.

 

 Encuentro de la tierra con el Pueblo,

dulce unidad que suelta resplandores.

Contienes y custodias

el corazón de los trabajadores.

 

 Se levanta tu luz con forma humana

hasta tocar la altura.

Entre los días eres nuestro día,

el que no pasa y en amor perdura.

 

 Es nuestra verdad en carne viva,

tu acontecer inmensamente puro.

17 de Octubre,

Pueblo y pasión, columna del futuro.

 

                                                                                  

 

Leopolldo Marechal: Al 17 de octubre

 

               Imagen sacada de Latitud Periódico. Historia



Al 17 de octubre

 

 

Era el pueblo de Mayo quien sufría,

no ya el rigor de un odio forastero,

sino la vergonzosa tiranía

del olvido, la incuria y el dinero.

 

El mismo pueblo que ganara un día

su libertad al filo del acero

tanteaba el porvenir, y en su agonía

le hablaban sólo el Río y el Pampero.

 

De pronto alzó la frente y se hizo rayo

(¡era en Octubre y parecía Mayo!),

y conquistó sus nuevas primaveras.

 

El mismo pueblo fue y otra victoria.

Y, como ayer, enamoró a la Gloria,

¡y Juan y Eva Perón fueron banderas!

 

Leopoldo Marechal

 

LEOPOLDO MARECHAL (1900-1970) Desde el Oeste un rumor…  Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra:  «Yo te daré/ te daré, Patria hermosa,/ te daré una cosa,/ una cosa que empieza con P/ Perooón». Y aquel «Perón» resonaba periódicamente como un cañonazo. Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina «invisible» que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista. (Palabras con Leopoldo Marechal, por Alfredo Andrés, 1968)

Extraído del libro: «La Jornada del 17 de octubre» compilado por Fermín Chávez

 

 

martes, octubre 13, 2020

César Fernández Moreno : Contra la noche

 


Contra la noche

 

la noche viene a mí y a mí qué

a mí no me arreglan con oscuridad

ser invisible es débil parodia de no existir

la noche es una forma embozada del día

en todo caso su mera ausencia

dormirla es un despreciable oportunismo

vivirla una imitación de las estrellas

así que ya lo sabés crepúsculo

basta de mímica transicional

de ademanes resbaladizos de colusiones luminosas

tranquilo, tordillo

 

César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919). Obra poética: Gallo ciego (1940), Romance de Valle Verde (1941), La mano y el seno (1941), El alegre ciprés (1941), La palma de la mano (1942), Veinte años después (1953), Sentimientos (1960), Argentino hasta la muerte (1963), Los aeropuertos (1967), Ambages (1972), Buenos Aires me vas a matar (1977), Sentimientos completos 1950-1966 (1981), Ambages completos (1992), Obra poética I: Argentino hasta la muerte y otros libros (1999) y Obra poética II: Querencias y otros libros (1999). Fue ensayista y crítico literario. Falleció en París en 1985.