viernes, julio 12, 2019

Leopoldo Marechal:: DESCUBRIMIENTO DE LA PATRIA




1

Dije yo en la ciudad de la Yegua Tordilla:
“La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo”.
Los apisonadores de adoquines
me clavaron sus ojos de ultramar;
y luego devoraron su pan y su cebolla
y en seguida volvieron al ritmo del pisón.

2

¿Con qué derecho definía yo la Patria,
bajo un cielo en pañales
y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda?
Los apisonadores de adoquines
escupieron la palma de sus manos:
en sus ojos de allende se borraba una costa
y en sus pies forasteros ya moría una danza.
“Ellos vienen del mar y no escuchan”, me dije.
“Llegan como el otoño: repletos de semilla,
vestidos de hoja muerta.”
Yo venía del sur en caballos e idilios:
“La Patria es un dolor que aun no sabe su nombre”.

3

Una lanza española y un cordaje francés
riman este poema de mi sangre:
yo también soy un hijo del otoño,
que llegó del oriente sobre la tez del agua.
¿Qué harían en el Sur y en su empresa de toros
un cordaje perdido y una lanza en destierro?
Con la virtud erecta de la lanza
yo aprendí a gobernar los rebaños furiosos;
con el desvelo puro del cordaje
yo descubrí la Patria y su inocencia.

4

La Patria era una niña de voz y pies desnudos.
Yo la vi talonear los caballos frisones
en tiempo de labranza;
o dirigir los carros graciosos del estío,
con las piernas al sol y el idioma en el aire.
(Los hombres de mi estirpe no la vieron:
sus ojos de aritmética buscaban
el tamaño y el peso de la fruta.)

5

La Patria era un retozo de niñez
en el Sur aventado, en la llanura
tamborileante de ganaderías.
Yo la vi junto al fuego de las yerras:
¡estampaba su risa en los novillos!
O junto al universo de los esquiladores,
cosechando el vellón en las ovejas
y la copla en las dulces guitarras de setiembre.
(No la vieron los hombres de mi clan:
sus ojos verticales se perdían
en las cotizaciones del Mercado de Lanas).

6

Yo vi la Patria en el amanecer
que abrían los reseros con la llave
mugiente de las tropas.
La vi en el mediodía tostado como un pan,
entre los domadores que soltaban y ataban
el nudo de la furia en sus potrillos.
La vi junto a los pozos del agua o del amor,
¡niña, y trazando el orbe de sus juegos!
Y la vi en el regazo de las noches australes,
dormida y con los pechos no brotados aún.

7

Por eso desbordé yo mi copa de tierra
y un cachorro del viento pareció mi lenguaje.
Por eso no he logrado todavía
sacarme de los hombros este collar de frutas,
ni poner en olvido aquel piafante
cinturón de caballos
ni esta delicia en armas que recogí en Maipú.

8

Guardosos de semilla,
vestidos de hoja muerta,
los hombres de mi clan ignoraron la Patria.
Con el temblor sin sueño del cordaje
la descubrí yo solo allá en Maipú.
Y de pronto, en el mismo corazón de mi júbilo,
sentí yo la piedad que se alarmaba
y el miedo que nacía.
“La Patria es un temor que ha despertado”,
me dije yo en el Sur y en su empresa de toros.
“Niña y pintando el orbe de su infancia,
en su mano derecha reposa la del ángel
y en su izquierda la mano tentadora del viento.”
El temor de la Patria y su niñez
me atravesó encostado (la cicatriz me dura).

9

Tal fue la enunciación, el derecho y la pena
que traje a la Ciudad de la Yegua Tordilla.
Y así les hablé yo a los inventores
de la ciudad plantada junto al Río,
y a sus ensimismados arquitectos,
o a sus frutales hombres de negocio:
“La Patria es un dolor en el umbral,
un pimpollo terrible y un miedo que nos busca.
No dormirán los ojos que la miren,
no dormirán ya ell sueño de los bueyes.”
(Los apisonadores de adoquines
masticaban su pan y su cebolla.)

10

Y así les hablé yo a los albañiles:
“La Patria es un peligro que florece.
Niña y tentada por su hermoso viento,
necesario es vestirla con metales de guerra
y calzarla de acero para el baile
del laurel y la muerte”.
(Los albañiles, desde sus andamios
hacían descender cautelosas plomadas).

11

Y dije todavía en la Ciudad,
bajo el caliente sol de los herreros:
“No solo hay que forjar el riñón de la Patria,
sus costillas de barro, su frente de hormigón:
es de urgencia poblar su costado de Arriba,
soplarle en la nariz el ciclón de los dioses.
La Patria debe ser una provincia
de la tierra y del cielo”.

12

Me clavaron sus ojos en ausencia
los amontonadores de ladrillos.
Los abismados hombres de negocio
medían en pulgadas la madera del norte.
Nadie oyó mis palabras, y era justo:
yo venía del Sur en caballos y églogas.

13

Y descubrí en mi alma: “Todavía no es tiempo:
no es el año ni el siglo ni la edad.
La niñez de la Patria jugará todavía
más allá de tu muerte y la de todos
los herreros que truenan junto al río”.

14

La Patria no ha de ser para nosotros
una madre de pechos reventones;
ni tampoco una hermana paralela en el tiempo
de la flor y la fruta;
ni siquiera una novia que nos pide la sangre
de un clavel o una herida.

15

Yo la vi talonear los caballos australes,
niña y pintando el orbe de sus juegos.
La Patria no ha de ser para nosotros
nada más que una hija y un miedo inevitable,
y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito.

16

Por eso, nunca más hablaré de la
Patria.

lunes, julio 08, 2019

Agradecimientos y recordatorio






Agradecimientos a:
Los integrantes del Taller de Lectura que finalizó este mes de junio. Por su compromiso y por sus enriquecedoras lecturas del libro Rl Jardín, de Diana Bellessi.

Marianela Riera, por su regalo del libro Fuerte como la muerte es el amor, de Diana Bellessi!
A José María Pedroni, por el envío de "Poesías Escogidas" del gran poeta José Pedroni, a través de Alejandrina Devescovi, Ediciones Botella al Mar.

Recordatorio
El jueves 11 a las 19 horas en Caballito comenzamos el taller de Lectura de Poesía: autora elegida: Amelia Biagioni.
El martes 16 continuamos el Taller Intensivo de Escritura, a las 17.30, en Caballito.
Interesados escribir a: cotocolombo@gmail.com

domingo, julio 07, 2019

Roberto Guareschi: Caza



Caza



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                    Ted Hughes




Una noche capturé un zorro en mi cabeza.
Tenía nieve en el hocico
su aliento hacía vapor
y su mirada me envolvía tranquila y ausente
si podía sostenerla sin miedo y sin apuro,
si no se iba trotando con su inmensa cola.
Otra noche capturé una mujer.
Traía la electricidad de las tormentas
la envolvía el olor que anticipa la lluvia
a veces un miedo desnudo le temblaba en los ojos
no era fácil soportar tanto voltaje.
Ella no huía de mí:
me esperaba en la cama 
con su pelo alborotado y su miedo
pero tenía un adiós
en la manera de poner el cuerpo
y en la voz angostada en la garganta.
Yo nunca hacía a tiempo:
cuando llegaba ya se había ido sin su cuerpo,
sólo me quedaba una tibieza
y la oscuridad de su pubis apenas entrevisto.
Pienso que se cansaba de esperarme.
Pobre: irse es fácil los primeros metros
después los escombros se amontonan a tu espalda.
¿Y yo? Quedarse atrás parece más sencillo
pero cada segundo lo pagás después con sangre.
Ahora estoy solo de la peor manera:
al zorro lo comieron mis desgracias

y ella no va a salir de mi cabeza.





Adiós a Jorge Paolantonio


Con gran pesar informamos que ha fallecido el escritor Jorge Paolantonio. Hacemos llegar desde este blog nuestro más sentido pésame a su familia y amigos.

viernes, junio 28, 2019

Mirta Rosenberg: Hasta luego, Poeta...


Comunicado del sello editorial Bajo La Luna


Con mucho dolor, comunicamos que hoy por la mañana falleció la poeta Mirta Rosenberg. 
Entre otras muchas cosas, fue fundadora de esta editorial, una traduc ora increíble y autora de los libros de poemas Pasajes, Madam, Teoría sentimentalEl arte de perder, El paisaje interior y Cuaderno de oficio, que se publicaron reunidos bajo el título de El árbol de palabras.


miércoles, junio 19, 2019

Taller de Lectura de Poesía

Taller de Lectura de Poesía
Autora elegida: AMELIA BIAGIONI
Coordina: María del Carmen Colombo

Jueves de 19 a 21, en CaballitoComienzo: 11 de julio 2019, a las 19

Interesados escribir a: cotocolombo@gmail.com




lunes, junio 10, 2019

Ana Arzoumanian: Cartas de las mujeres de este país, de Fredy Yezzed



A continuación transcribimos el texto de la presentación del último libro editado del poeta colombiano Fredy Yezzed, perteneciente a la poeta argentina Ana Arzoumanian.

Cartas de las mujeres de este país. Fredy Yezzed
Ana Arzoumanian

Carlos Eduardo, Hannah, Ricardo, Gustavo, Isabel, Carmen, Julián, Luis, Gloria, Daniel, Mario, Mercedes, Mariana, Roberto, Tirso, Manuel, Matilde.
“No mueran más en mí, salgan de mi lengua”. Así, Fredy Yezzed destina estas cartas. Las destina inscribiéndose dentro de la tradición de la literatura epistolar, pero saliéndose del canon, apelando a un remitente que construye su cuerpo mientras habla, un remitente en plural: las mujeres.

La égloga tercera de Garcilaso de la Vega canta “mas con la lengua muerta y fría en la boca/ pienso mover la voz a ti debida”. De modo que la voz en el poeta es un deuda hacia la mujer, la palabra del varón nacida de una lengua muerta pero exhumada en ella, por ella. El escritor español Pedro Salinas, siguiendo una estética intimista, con empleo del diálogo y los modos de la oralidad escribe el primer libro de la trilogía amorosa “La voz a ti debida” inspirándose en Garsilaso. Allí leemos una concepción del amor, afecto que se localiza desde un tú. Aunque no sólo estamos frente a una idea del amor, sino también frente a una teoría del conocimiento; el modo en que el poeta concibe la palabra.

Entre nosotros, Luis Tedesco en “La dama de mi mente” entiende a la dama pensada, imaginada, escrita como una mujer deseada, mujer que es, en definitiva, la personificación de la lengua.  Poema extenso que construye desde la lectura del Dante.

¿Pero quién es Beatriz para Dante en la “Divina Comedia”?. Si Beatriz es la fe que llevará a Dante al paraíso y si el paraíso representa el saber y la ciencia divina, ella es lo que permite entrar al mundo de lo cognocible.

“La guerra tiene el nombre de un varón, pero la memoria, las vocales temblorosas de una mujer” escribe Fredy Yezzed, en unos poemas en serie apaisada que evocaría una misiva que se deslizara por la ranura de alguna puerta.  Acerquémonos al correo, ¿acaso estamos frente a un poema perteneciente a la literatura epistolar?  Observemos si aquel verso se alínea dentro de la estructura: voz/ palabra/ mujer, por un lado, y hombre/ escritura, por el otro. Estructura que encuentra en la literatura religiosa su fuente más extrema: una mujer hecha de la costilla/ sueño de un hombre, una mujer soñada que le da letra a un dios legislador.

En cambio, Yezzed no habla del varón a secas, sino del varón en la guerra. Y no de cualquier palabra, sino las de la memoria. De manera tal que se desmarca de la literatura construida sobre las cartas como esquema de configuración de una voz: cartas de amor, cartas de viaje o cartas de guerra.
Aquí, en verdad, estamos frente a una oración fúnebre.

La oración fúnebre es un réquiem de modalidad oratoria que tiene por fin venerar al muerto. Con todo, no es un homenaje sepulcral, sino que es una oración política fundante de civilidad. Así la oración fúnebre de Pericles en Atenas o el discurso fúnebre de Marco Antonio a la muerte del César en Roma.  O más cercano a nosotros, André Malraux y el conjunto de piezas oratorias de sus intervenciones públicas.  De modo tal que lo apaisado de los poemas en Fredy ya no sería una imitación en torno a la carta y su ranura, sino la consonancia a la horizontalidad con el muerto.
Carlos Eduardo, Hannah, Ricardo, Gustavo, Isabel.

 “Una carta es un país en el aire” escribe Yezzed, en esa musicalidad que se conjuga en clave de “Fuga de la muerte “ de Paul Celan cuando el autor dice “tendrán una tumba en las nubes, allí no hay estrechez”.
“Una carta es un país en el aire” escribe Yezzed. Pero, ¿qué país?
Colombia.

Un país que mantuvo las identidades en los procesos penales de delincuencia organizada, por narcotráfico o guerrilla, en bóvedas; cuyas indagatorias fueron realizadas con cámaras de distorsión. Un país que firmó el decreto de defensa de la justicia. Un país que necesitó que la justicia fuera defendida consolidando  entre los años 1990 y 1996 lo que se ha dado en llamar la justicia sin rostro. Una justicia donde los abogados no tenían acceso a los expedientes, donde se resguardaba la identidad del funcionario, donde los testigos eran secretos y los testimonios se almacenaban en sótanos. Un país con desplazados internos. Un país cuyo régimen de paz intenta consolidarse ante una justicia no consensual o justicia del sometimiento.

“Carta para un país que quiere ser” dice el poema del veneno que murmura: odio.  En imperativo, edificando el mandato del odio. “Eres mis huesos, Odio…no doblarás el árbol del perdón”. Reducción, espíritu de reducción, afirma Pasolini, ese es el gran pecado de la época del odio. La lengua del odio se hace migajas en la garganta.

Y Pasolini continúa: “el destino de esos varones que han logrado llevar a la tumba su pequeñez, su vaso de reducción. Lo que me oprime el corazón es la consideración del odio que les ha costado el cuidado de su masculinidad. Jamás, en toda la historia, se han visto pecados tan horrendos como los cometidos por los reducidos de este siglo para defender el propio derecho a odiar la grandeza. Pienso en Buchenwald, en Dachau, en Auschwtiz, en Mauthausen” dice Pasolini en “La divina mímesis” esa escritura eminentemente política en su vaso de reducción que alude al vaso de elección paulino. Y otra vez las cartas, las epístolas de San Pablo ya no como comunicación sino como constitución fundante político religiosa.

“Carta de las mujeres de este país” no vela a los muertos, en su logos de epitafios erige un ordenamiento del perdón. No un perdón legal, ese escrito en letra de hombre legislador, ése que ha hecho desaparecer. Un perdón que inventa su forma narrativa  en miras de reconstruir la función cívica de una ciudad, un país, un perdón que duele, que sale del estiércol, un perdón como mujer pariendo entre vísceras y sangre. Ellas tienen noticia: “todos somos culpables de la pesadilla”. Así, el libro de Fredy Yezzed deviene una reflexión política sobre la condición de víctima. El poeta sabe que cualquier concepción pura de la víctima es asumir una castidad, eso inmaculado que los varones elevan violentando.

Carlos Eduardo, Hannah, Ricardo, Isabel, Carmen, Julián, Luis, Gloria, Daniel, Mario, Mercedes, Mariana, Roberto, Tirso, Manuel, Matilde.