martes, abril 02, 2013

Marcos Herrera: Debe ser el viento...

Una jungla en el corazón
y hielo en los zapatos.

Nos dieron una lata de paté
pero se olvidaron del abridor.

No somos soldados
somos linyeras.

No somos un ejército
somos una banda de linyeras.

No estamos entrenados;
si hasta hay algunos que ni bien apuntan
se ponen a llorar.

No estamos equipados
somos linyeras con frío.

Mi anillo desaparece,

su sinuoso brillo desaparece
en las preocupaciones que gravan mapas en la cara
de mi compañero.

Preocupaciones de linyera
que extraña.

Extraña su provincia.

Soy un cuervo rodeado de estrellas congeladas,
en un pozo congelado, las patas hundidas
en el hielo. Miro mi anillo. Va desapareciendo en la palidez
de mi piel que es igual a la palidez de la madrugada fría,

helada como los cuerpos de todos nosotros

linyeras

no soldados
no ejército.

Soy un llanto
y nadie sabe lo que hice
antes de que me trajeran a esta guerra.

Soy el llanto de mi compañero.
Soy su hermano extraño en este pozo del amanecer.

Cada tanto viene a hablar a los gritos
un sargento o un teniente.

La nada sale
a los gritos de su boca.

Trata de darnos ánimo pero
todos sabemos que nuestro futuro es
comer sopa en una pensión de veteranos
con las piernas cortadas y los ojos
duros como diamantes enfermos.

Una jungla en el corazón
y el sinuoso llanto menguante
capaz de comer
crujiente pena helada.

Acá nadie se parece a Bruce Willis.

No somos soldados
somos linyeras.

Somos ratas, perros, gallinas, cucarachas o, en
el mejor de los casos, hormigas.

Digo en el mejor de los casos porque
las hormigas son los bichos con menos sentimiento.
Son pacientes y trabajadoras.

Las hormigas están programadas. Por eso
creo que no sufren.

Una jungla en el corazón
me canta canciones cuando el miedo es casi insoportable.

No somos soldados.
No somos un ejército.
Y mi anillo
se parece cada vez más
al aire o al hielo.

No hace tanto que estamos acá,
pero parece que hicera un siglo.

Debe ser el viento.
El viento es tan fuerte que te confunde.

Cuando llegamos
cavamos estos pozos
a los que les decimos trincheras.

Para mí son pozos
y parecen tumbas porque nosotros
parecemos muertos. Pero no,

no.

Los muertos no sienten miedo
ni extrañan su casa.

* Poeta y narrador argentino (Buenos Aires, 1966). Publicó tres libros de poesía: Modo de final, 1986; Pulgas, 1987; Músicos de frontera, 1991, un libro de relatos, Cacerías, 1997- y una novela, Ropa de fuego (Premio Fondo Nacional de las Artes 2000), en la editorial Lengua de trapo, en 2001. Dirige junto a Leandro Araujo la publicación electrónica www.elastillerolibros.com.ar

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