martes, febrero 19, 2013

Una breve meditación sobre las pasiones, por Xulsinsolar...



Por Xulsinsolar, extraído del blog del mismo nombre
xulsinsolar@yahoo.com.ar

(...)
Origen de las pasiones
 
La palabra pasión proviene del griego pathein y del latín passio, que significa "sufrir". El latín passio está emparentado con otras palabras que tienen sentidos paralelos como el verbo padecer o vivir en la miseria [3]. De hecho, las pasiones en Spinoza, como se apreciará, se entienden como ideas inadecuadas y se expresan no como acciones sino como padecimientos.

El latín pati es señalado en diversas fuentes literarias, poéticas y filosóficas desde la Antigüedad. Algunos ejemplos son:

Plauto: Pati fortiter malum: soportar valientemente un mal;
Cicerón: Injuriam pati: soportar la injusticia;
Terencio: Facile omnes pati: acomodarse al carácter de todos
Caesio: Extremam pati fortunam parati: dispuestos a soportar pacientemente los más duros rigores de la fortuna
Tito Livio: nec vittia nostra nec remedia pati possumus: no podemos tolerar nuestros defectos ni su remedio
Plínio: Pati poenam: sufrir una pena

Virgilio: Pati exsilium: sufrir el exilio

Además de las definiciones típicamente cristianas ligadas al sufrimiento, Passio se define como accidente o perturbación en la naturaleza. Sin embargo, preferimos apoyarnos en la raíz de la palabra, path, que, ligado al sánscrito nos habla principalmente del caminar y del hollar (las uvas), aunque también se mencione: adobar, torcer, pisar, marcar, marcar el paso.

Atrae nuestra atención el origen de la palabra "hollar", que proviene del latín fullo y fullonero que significa batanar, batán y el arte del batanero [4]. Igualmente se entiende como el limpiar y el lavar. El hollar en español se entiende también como humillar.

Si solamente asociáramos las pasiones a la idea del sufrimiento, nuestras meditaciones difícilmente escaparían de un marco judeo-cristiano basado en la idea del "pecado original", de la "caída" y de la "culpa". Porque, ¿de qué otra manera podría comprenderse la idea del sufrimiento sin tener en cuenta la referencia, al parecer obligada dentro de esa tradición, a la "pasión de cristo en la cruz" ? [5].

Pero nosotros no nos interesamos por las pasiones desde un punto de vista cristiano,-sin que ello signifique que dejemos de lado la larga historia de las pasiones dentro de dicha tradición, y de hecho este es uno de los fines de esta meditación-. Nuestra saga se interesa por las pasiones desde una perspectiva humana, demasiado humana. Y si esta referencia no fuera suficiente para develar nuestras intenciones, recordaremos entonces una página casi inmortal de Borges:

CRISTO EN LA CRUZ
J.L. Borges.

Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
Los tres maderos son de igual altura.
Cristo no está en el medio. Es el tercero.
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.
Es áspero y judío. No lo veo
Y seguiré buscándolo hasta el día
Último de mis pasos por la tierra.
El hombre quebrantado sufre y calla.
La corona de espinas lo lastima.
No lo alcanza la befa de la plebe
Que ha visto su agonía tantas veces.
La suya o la de otro. Da lo mismo.
Cristo en la cruz. Desordenadamente
Piensa en el reino que tal vez lo espera,
Piensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología
La indescifrable Trinidad, los gnósticos,
Las catedrales, la navaja de Occam,
La púrpura, la mitra, la liturgia,
La conversión de Guthrum por la espada,
La Inquisición, la sangre de los mártires,
Las atroces cruzadas, Juana de Arco,
El Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un hombre
Que muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro de los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime.
Nos ha dejado espléndidas metáforas
Y una doctrina del perdón que puede
Anular el pasado (esa sentencia
La escribió un irlandés en una cárcel.)
El alma busca el fin, apresurada.
Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto
Anda una mosca por la carne quieta.
¿de qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora?


Ahora bien, en el centro mismo del cristianismo está presente la búsqueda del Bien (diferente de la idea de virtud en los griegos) y del obrar bien ante los ojos de Dios, al igual que el problema del mal. Quizá el concepto de "libre albeldrío, es decir, la idea según la cual Dios le ha dado al hombre el intelecto para que pueda acercarse por sus propios medios al bien, sea el que mejor dé cuenta de las preocupaciones del cristianismo. Hasta la aparición de la Ética de Spinoza, las pasiones se apreciarán en el marco de lo que se ha denominado "libre albeldrio", es decir, la idea básica del judeo-cristianismo.

Para acercarse a las ideas spinozistas sobre las pasiones es necesario distanciarse de los habituales planteamientos cristianos que consideran como sinónimos los pecados capitales y las pasiones. Como lo han mostrado en su momento, autores como Pierre Hadot y Michel Foucault, las meditaciones y las prácticas de sí del cristianismo tienen fuertes influencias de las filosofías antiguas, y con frecuencia se encuentran prácticas fundamentales para el cristianismo como la confesión, en los estoicos y demás sectas filosóficas [6].

De nuestra parte, preferimos servirnos de la otra acepción de la palabra passio en latín, no como sufrimiento, sino como acción de peregrinaje. Las pasiones no expresarán para nosotros, "el problema del origen del mal" en el mundo, ni aquello que nos aleja del bien, sino lo que Spinoza llamaba la búsqueda de la felicidad, a través del alejamiento de las pasiones tristes, y del cultivo del intelecto, en un plano inmanente (..). Esperamos recorrer el camino de las pasiones no como un Viacrucis ni tampoco como una sátira. Nuestro énfasis está dado por la ética y no por la moral.

Las pasiones en la Antigüedad
 
Desde la Antigüedad, el concepto de pasiones se ve estrechamente ligado al concepto de Alma, bien sea en Platón o en Aristóteles. (...) Bástenos por ahora señalar que el interés filosófico por las pasiones podemos encontrarlo principalmente en los estoicos, quienes admitían cuatro pasiones: el deseo; la alegría; el miedo y la tristeza. Los epicúreos aceptaban igualmente la alegría y el deseo, pero entendían por miedo y tristeza, simplemente el dolor. Luego, los peripatéticos aumentarían el número de pasiones: cólera, sufrimiento, miedo, piedad, confianza, alegría, amor, odio [7].

En la Edad Media, la cuestión del origen del mal será una de las preguntas fundamentales de la Filosofía y de la Teología. En ese sentido, para Santo Tomás, -considerado un peripatético-, el movimiento del alma de acuerdo a la oscilación del apetito sensible será lo que nos aleje o nos acerque del mal. Santo Tomas, a la manera de Aristóteles, al distinguir cinco facultades principales del alma (vegetativa; sensibilidad; apetito; motricidad y entendimiento), no concibe una diferencia de naturaleza entre la pasión y la voluntad, al ubicar a las dos dentro de la facultad del apetito. Para Santo Tomás, así como en el hombre hay dos órdenes del conocimiento, también hay dos suertes de apetitos, uno sensible y el otro racional. El apetito sensible (el de las pasiones) es el movimiento del alma que acompaña la percepción de los sentidos. En el apetito sensible es donde encontramos las once pasiones que nos expone Santo Tomás: amor, odio, deseo, aversión, alegría, tristeza, esperanza, desesperación, miedo, audacia y cólera. El apetito racional es iluminado por la inteligencia. El método moral de Santo Tomás lo lleva a establecer una división de las pasiones en tres categorías: pasiones concupiscibles, irascibles y mixtas. Las dos primeras se refieren al apetito sensible. Así, por ejemplo, en Santo Tomás, se plantea como una ley natural indemostrable que las criaturas razonables tienen una tendencia natural a hacer el bien y no el mal. Lo razonable será entonces lo que nos acerque al bien, y lo sensible lo que nos acerque al mal. Un problema eminentemente moral. De allí surge un profundo desprecio por el cuerpo, y una punición constante y severa por todo aquello que parezca un pecado capital y que aparentemente sería irracional e inadecuado para las criaturas razonables. Es lo que Foucault llamaba las "técnicas de disciplina" del cuerpo que se mantuvieron hasta el siglo XVIII para luego dar paso a formas más bien propias a la biopolítica [8]. El Marqués de Sade será en este sentido uno de los notables transgresores de esta moral, dentro de las criaturas francesas, como lo veremos (...).

De esta manera, hemos visto cómo hasta mediados del siglo XVI se solía asociar el término pasión a sufrimiento, en especial, con un contenido bíblico referido a la "pasión de Jesucristo" en la cruz. Aun cuando se encuentren referencias asimiladas a las pasiones, por ejemplo en Bretaña, que expresan el sentimiento de agonía, es con el filósofo francés Michel de Montaigne (siglo XVI) donde se empieza a comprender pasión como "movimiento del alma", un tanto desprendido ya de la Biblia (...).
 
[1] Antes de Spinoza. (...).
[2] Hasta el siglo XVI suele utilizarse la palabra ´´pasiones´´ en plural.
[3] A lo largo del curso, tendremos referencias a las pasiones provenientes de autores tan diversos como Horacio, Cátulo, San Agustín, Descartes, Voltaire, Rousseau o Balzac.
[4] Batanar: abatanar: batanear: sacudir o dar golpes. Batán: máquina hidráulica para golpear y enfurtir paños.
[5] Ver la pasión de Cristo en la Cruz, según San Juan y la pasión según J.S Bach.
[6] Ver Pierre Hadot, "¿qué es la filosofía antigua?" y Michel Foucault, ´´la hermenéutica del sujeto´´.
[7] También podría incluirse en esta división aristotélica que se mantiene hasta la Edad Media, la envidia, la emulación, los deseos y la gloria.
[8] Ver Michel Foucault, "hay que defender la sociedad", "la naissance de la biopolitique".
[9] En el siglo XX mencionaríamos, por ejemplo, a Antonin Artaud y por esas comunes yuxtaposiciones de roles, su papel como Marat en la película ´´Napoleón´´ de Abel Gance...



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