lunes, agosto 04, 2014

Quevedo por dos

I
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

Salime al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte 




 II

Cerrar podrá mis ojos la postrera 
sombra, que me llevaré el blanco día; 
y podrá desatar esta alma mía 
hora, a su afán ansioso linsojera; 

mas no de esotra parte en la ribera 
dejará la memoria en donde ardía; 
nadar sabe mi llama la agua fría, 
y perder el respeto a ley severa: 

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido, 
venas que humor a tanto fuego han dado, 
medulas que han gloriosamente ardido, 

su cuerpo dejarán, no su cuidado; 
serán ceniza, mas tendrán sentido. 
Polvo serán, mas polvo enamorado.
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