lunes, junio 18, 2012

Álvaro de Campos*: Ambiente**

Ninguna época transmite a otra su sensibilidad; le transmite solamente la inteligencia que tuvo de esa sensibilidad. Por la emoción somos nosotros; por la inteligencia somos ajenos. La inteligencia nos dispersa; por eso es a través de lo que nos dispersa que sobrevivimos. Cada época entrega a las siguientes sólo aquello que no fue.
Un dios, en el sentido pagano, esto es, verdadero, no es más que la inteligencia que un ente tiene de sí mismo, pues esa inteligencia que tiene de sí mismo es la forma impersonal, y por eso ideal, de lo que es. Formando de nosotros un concepto intelectual, hacemos un dios de nosotros mismos. Muy pocos, sin embargo, forman de sí mismos un concepto intelectual, porque la inteligencia es esencialmente objetiva. Aun entre los grandes genios son raros los que existieron para sí mismos con plena objetividad.
Vivir es pertenecer a otro. Morir es pertenecer a otro. Vivir y morir son la misma cosa. Pero vivir es pertenecer a otro desde afuera, y morir es pertenecer a otro desde adentro. Las dos cosas se asemejan, pero la vida es el lado de afuera de la muerte. Por eso la vida es la vida y la muerte la muerte, pues el lado de afuera es siempre más verdadero que el lado de adentro, tanto es así que el lado de afuera es el que se ve.
Toda emoción verdadera es mentira en la inteligencia, pues no se da en ella. Toda emoción verdadera tiene, por lo tanto, una expresión falsa. Expresarse es decir lo que no se siente.
Los caballos de la caballería son los que forman la caballería. Sin las monturas, los caballeros serían peones. Es el lugar el que hace la localidad. Estar es ser.
Fingir es conocerse.

*Alvaro de Campos, uno de los heterónimos de Fernando Pessoa.
*Véase Fernando Pessoa. Críticas, ensayos, artículos y entrevistas.
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