lunes, julio 18, 2011

Los Mileo, Eduardo y Raúl: Irala, sueño de amor y conquista

Estos poemas pertenecen al trabajo poético-musical Irala, sueño de amor y de conquista. La obra está estructurada con canciones, poemas y cartas. La letra es del poeta Eduardo Mileo, la música, del compositor Raúl Mileo.




Partida

(Del deseo de infancia que el abandono de la tierra amada provoca en el viajero)


Por el amor de Dios

que cruza el mar conmigo

he dejado la patria:

ríos, praderas,

árboles amados,

como si fuera un sueño.



Nada, sin embargo, duele,

sino la sal en los ojos,

el día que se alarga bajo el sol,

la noche oscura.



He dejado la patria.

Más allá de la tierra,

el agua, el cielo combaten dentro mío

como letra muerta.



Por el amor de Dios

que duele como un fuego,

praderas, ríos,

árboles amados

a la deriva van

y sin consuelo.



Plegaria épica

(De cómo llorar y rezar puede ser cosa de hombres)


Casi amanece.

Urge llegar.

Detrás

de la aurora demorada

crece el rumor de las espadas.

Un soldado pide a Dios valor.

Se oye llorar. Desenvainar.

Cantar

como trompetas

cornos del cielo iluminado por los gritos.

Clamor de los que piden

sus trofeos de sangre.

Se oye llorar. Desenvainar.

Bajo la declarada claridad

crece el rumor de las espadas.

Urge llegar.

Pedirle a Dios valor.


Muerte del guerrero

(De cómo la muerte de un soldado se parece a la muerte de cualquiera)


No respira.

El aire no se mueve.

Ni las hojas se mecen

al soplo de su boca.

No respira ni deja

su aliento sobre el vidrio.

Ni los ojos se mueven

en el cielo clavados.

No deja la noche de caer

sobre sus hombros.

No respira. Ya

no dejará de haberse ido.



Venganza

(De los sentimientos que producen en el hombre una perseverancia animal)


Rocío de beber.

Y nada más.

Que ayune el cielo hasta dar con ellos.

Cortar.

Dejar la selva llana y encontrarlos.

Y volver a cortar.

Pero esta vez cabezas.

Y luego sí:

los ríos que a la boca vengan beberlos

y comer lo de ayer

lo de hoy

lo de mañana.

Por ahora los ojos en la maleza.

Sólo cortar.

Y dar con ellos.



Irala sueña que sueña

(Del temor que la muerte da al sentido*)


Una mano

cortada por una espada

alza una copa de vino.

Domingo Martínez de Irala

bebe la luna sangrienta.

Su placer no es el fuego

que los astros encienden en su boca.

Adormecido por el dulce veneno

Irala sueña.

Fuego. Las chozas

son pupilas ardiendo.

La luna ensilla su potro y baja

sobre la ira de sus cascos.

Una mujer besa el anillo de una mano cortada.

Ha muerto el rey.

Las llamas iluminan el histórico convento.

El pueblo celebra en la plaza de armas

no la caída

sino la ebriedad.

Hace un frío eterno.

Domingo Martínez de Irala

enciende su lámpara de infancia y

penetra en la batalla.

*Verso del poeta catalán Ausias March (CXII, 221, Obra poética, Alfaguara, Madrid, 1978. Traducción de Pere Gimferrer)




Lo que no fue

(Del destierro que viene con la falta de amor)



Los años no han pasado.

Cayeron.

Ni la mano de Dios

ni el garrotazo

que la selva se empeña en ofrecerme.



Tu rostro no está claro.

Pero los hilos de tu enagua amanecen

atándome a la sombra de mis carros.



Ni dolor.

Ni premura.

Historias enhebradas en tus ojos

que no hablarán de ti.

Mi tierra descubierta

habrá sido tu olvido.



Ni una hebra de España me une a ti

ni a mí

amada mía.


Irala medita frente al mar

(De la pasión que provoca el amor fugitivo)


Oscura como Dios es esta noche

más alta y más profunda por umbría.

Un gran temor que hace desear el día.

Un trueno que maldice su derroche.



Me asfixia como un puño su alegría

de negro mar y soledad ansiosa,

y crece de su vientre, poderosa,

la mitad que completo con la mía.



Nada me dice, nada le respondo.

Es de silencio el lazo que nos ata

a un abismo a la vez crecido y hondo.



Los dos como de hielo y en las olas

nunca seremos el fuego enamorado

que nos disuelva como un agua sola.
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