lunes, octubre 22, 2007

¡Aguante Doris*!

Por Esther Andradi**

«Me estaba desternillando de risa, me reía de las mujeres libres»: Anna Wulf.
«Si las jóvenes supieran, si las viejas pudieran...»: Jane Somers.

Cómo olvidar la conmoción que me produjo El cuaderno dorado. Ninguna de nosotras, las que lo hayamos leído, volvió a ser la misma después de esa lectura. La protagonista, esa mujer llamada Anna Wulf, encarnaba no una sino las muchas que nos debatíamos por ser. Cuatro cuadernos de escritura, el rojo, el azul, el amarillo y el negro que como un delta venían a dar a la mar del cuaderno dorado, estructuraban una novela fuera de lo convencional. Diferente. El diario de las emociones y el de la vida política, el de las discusiones y las desilusiones y las utopías del siglo XX, el manuscrito de la novela Mujeres libres y los apuntes de posibles temas para futuros emprendimientos literarios. Porque Anna Wulf además de mujer, era escritora. Como si vivir peligrosamente con una de estas condiciones no fuera bastante. «En el momento en que me siento a escribir, alguien entra en la habitación, mira por encima del hombro y hace que me detenga.» Las preguntas del para qué, la tartamudez, el desengaño, la fuerza de las cosas, la biblia y el calefón, los hijos y la mar en coche, la producción obsesiva en medio de pañales y las pausas diarias, y sobre todo ese dedo grande encima que indica que hay que escribir algo que valga la pena. Y siempre esa autocensura con la subjetividad y sus límites, sobrevolando.
La traducción de El cuaderno dorado tanto en español como en alemán llegó recién en 1978, casi veinte años despues de su publicación, y dudo que en esa oscura época haya arribado a las librerías argentinas. Fue en Lima que tuve en mis manos aquella primera edición española de la Biblioteca Universal Caralt, y que devoré como una biblia transgresora, la subrayé y llevé conmigo a través de los países, un libro que, a pesar de su traducción, dejaba entrever una prosa magnífica y una fuerza narrativa, sostenidas ambas por una estructura exigente, distinta, nueva. Volví a él una y otra vez, y cuando estuve a punto de escribir una tesis de doctorado en literatura releí el prefacio, aquel que Doris Lessing incorporó al Cuaderno casi diez años después de su publicación.
Allí escribe: «Mi mayor aspiración era elaborar un libro que se comentara por sí mismo, que equivaliese a una declaración sin palabras, que diera a entender cómo había sido elaborado (....) El libro está vivo y es poderoso, fructificador y capaz de promover el pensamiento y la discusión solamente cuando su forma, intencionalidad y plan no se comprenden, debido a que el momento de captar la forma, la intencionalidad y el plan coincide con el momento en que no queda ya nada por extraer».
No parece casual que algunos notables de las candilejas literarias se hayan sentido abrumados por la decisión de la Academia sueca. Lessing, a una semana de cumplir 88 y 'eterna candidata' al Nobel, había dejado de aparecer hacía años en las nominaciones, acaso por cansancio o por eso que llaman oportunidad, y que esta vez apuntaba como favoritos al italiano Claudio Magris, al sirio Adonis o al estadounidense Philip Roth. Nada en contra, qué va, si es una suerte que existan siempre por lo menos dos o tres o más aspirantes al Nobel. Que si fue muy tarde, que ya es nonagenaria, que por qué no alguien más joven, que por qué otro escritor inglés, en la Feria Internacional del Libro de Fráncfort, stage del Hollywood de los libros, el Nobel para Lessing levantó elogios varios y alguna polvareda. "Cómo puede ser que recién ahora la Academia la premie", se preguntaron, perplejos, algunos. Más doloroso es pensar que los temas que trasuntan muchas de sus más de cuarenta obras, como el sexismo, el racismo y el colonialismo no hayan perdido ni un ápice de actualidad veinte años después de su publicación. Pero además de novela política, Doris Lessing escribe ciencia-ficción, ensayos, relatos cortos, teatro y hasta libretos para ópera. Por si fuera poco, cuando ya era la escritora anglosajona más leída, entregó a su agente el manuscrito de su novela, Diario de una buena vecina, con el seudónimo de Jane Somers. Lessing quiso demostrar que la maquinaria de las editoriales y las reseñas periodísticas no se guían por los méritos literarios, sino por el éxito pegado a un nombre. En efecto, le resultó bastante difícil colocar la novela, y cuando fue editada, apenas si unas pocas mujeres periodistas se ocuparon de la desconocida Jane Somers, en quien veían una semejante.
La literatura de Doris Lessing es de lo que no hay, aquello que creíamos recluido definitivamente en los sótanos, derivada a las mesas de saldo, en algún desván del pasado irredento. Y sin embargo, ahí vuelve, recuperada por un premio que, dicen, llega tardío, y sin saber qué significa esa categoría -el Tiempo-, me digo que en buena hora, que nunca es tarde para premiar lo excelso. El lujo de una clásica. Sostiene Doris, habríamos dicho años atrás, "aguante Lessing". Sea como fuere, me siento a mirarla, sentada ella misma en el umbral de su casa recibiendo a los periodistas con su tenida azul, su pollera, su trenza en el pelo plateado y su bolsa del mercado. Con esa voz capaz de desgranar la mejor de las ironías y su picardía de sabia. «Cómo voy a brindar si ustedes ni siquiera han traído el champán», le dijo a los periodistas. Y después saludó con su vaso lleno, diciendo que era ginebra. ¿O era agua? ¡Salud Doris! Nosotras, sus lectoras, las que decimos con ella, las que soñamos con la utopía como ella y fuimos defraudadas, una y mil veces, las que como ella seguimos sorprendiéndonos, decimos gracias Doris, gracias crisálida, mariposa. Por esta vez la anciana sabia es reconocida. No teman, mírenla, sentada en el umbral de su casa, con la alegría de una quinceañera, la vieja Doris. En vos se escribe la luna nueva. Tarde o temprano, todo llega. Entretanto, hay que salir al mercado a comprar la verdura fresca como si fuera la primera vez.
*Escritora británica, Premio Nobel de Literatura 2007.
**Poeta, novelista y periodista argentina, colaboradora de Artemisa Noticias. Reside actualmente en Berlín, Alemania. Agradecemos nos haya autorizado a transcribir este artículo del 18-10-2007.
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