sábado, octubre 13, 2007

Crispín Ortiz Paredes*: La dicha de un palomar

I
Una paloma de súbita aparición
retrata el cielo con su cuerpo,
abre un refugio en la ciudad.

Cae la lluvia, su estirada melena,
y yo te busco, mis manos tibias
en tu rostro, sol mío, porque siento
la siembra sin tardanza, el despertar
del árbol en tu arribo.

La paloma suspendida reparte su trinar
en busca de su vergel perdido
remueve la viuda luz de la ciudad
su ala en danza sin fin
movida en la cuerda del viento
con su paso retira la fatiga

II
Las palomas se abrigan en plumajes
empapadas de arena
dejan huellas en la escarcha.
El frío tirita en las calles
sin piedad su rostro gris.

Hay chapoteo en el charco
la cabeza en bandada
se aproximan, dan vueltas
picotean en la danza de la urbe ruidosa.

Dibujado en su lectura
el cielo acusa su perla desnudez
el vuelo de la vida.

El sol tibio lava el suelo
derramado en las gastadas
tapias de tornasol.
Los palomares fecundan en su altar
arrullo de íntimo fragor
santuario que reina
bajo el techo de la ciudad.
de vivir.

* Crispín Ortiz Paredes nació en Caacupé, Paraguay, en 1945 y reside actualmente en la Argentina. Colabora en diversas publicaciones. Los poemas que se transcriben parte de su libro inédito Memoria de polen.
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