sábado, abril 02, 2016

Stella Ángel Villegas: Acerca del texto “Consenso inútil” de María Mascheroni**



El frío irrumpe como flecha en el texto.  Algo comienza a romperse en las montañas en forma de vapor y se quiebra “cae de una brecha abierta en el cielo que transforma en rayos la luz del sol oculto”.
El frío es marco del acontecimiento: arquero- flecha- arco o modos de afectación.
El tirador de arco inicia la ceremonia de la escritura.
Arco compuesto por la tensión: poesía - muerte. Y lanza la pregunta “¿cómo se juntaron estas palabras?”, que se desmoronan esparcidas por el texto.
El frío en el cuerpo del arquero y “el frío afuera”, distancias que hacen temblar las palabras cuando modula, “el dolor sube”, “la luz aumenta”.
El temblor del arquero traza líneas de fuga, multiplica centros o preguntas, distribuidas en la superficie. Preguntas- flechas que dialogan entre sí y en sí, “¿qué es poesía?”,” ¿qué de la muerte me pasa cuando escribo?”, “¿de qué cosas se dice que mueren?”.
Puntas o cabezas bifurcadas de frío que atraviesan el texto o el carruaje vacío. Acontece la exterioridad del  escribir, afectación de escritura que “me da miedo”, “me angustia”. Disminuye el movimiento de transducción. Y aumenta, si al acto de escribir le asigna un sentido de exterioridad.
Mascheroni dona exterioridad, lo hace funcionar con lo màs exterior y lo màs intensivo de sí, entre sí.
Para el arquero – poeta la experiencia de muerte es tierra de interrupción y al mismo tiempo, no interrupción. De flujos o matices.
La intensidad- muerte y la intensidad- morir admiten nombres de intensidades distintas.
Le asigna heterónimos, otros nombres de la exterioridad, “¿qué pasa si sustituimos  la palabra muerte por otra como caballo?”
La muerte existe en el texto como voluntad de proposición, “tema o sustantivo”, pero no forma parte de la experiencia del arquero. Para él la muerte no.
La experiencia de morir cada vez  multiplica las muertes. Muertes poéticas que señalan cortes de inicio y final. Morir que no cesa, “morir la muerte”, un flujo de deseo de morir.
El arquero vive la experiencia sensible de morir en cada transformación.   Conjura la muerte “¿qué hace la poesía a la muerte?  ¿conjurar el peligro o atraerlo?
Transformación de matices en el acto de escribir o morir.  Longitud de arco que hace pasar el doble, pasar la poesía y la muerte. Intensidades que no se agotan en su mismo movimiento.
Quietud en la muerte que existe en tanto imagen- recuerdo de esa memoria que recopila fuerzas que no cambian. Memoria que renuncia a la función de multiplicidad, a lo continuo. 
 Todos los hombres se mueren por consenso “cuanto mayor es el consenso uno se queda más afuera de la cosa”, más afuera de la experiencia.
Muerte como voluntad de nada, sin curvas en el arco. 
La muerte no guarda  transformaciones por eso permanece como consenso.
Aquello que no cambia y permanece igual.
Los verbos- reacción se retiran uno a uno, se disuelven los signos de puntuación que separan, quedan las imágenes ópticas - sonoras, las modulaciones de afectos. El arquero deviene poeta -músico, despega los diferenciales. Superpone relaciones de interfaces y amplifica.
La máquina de la escritura crea intercesores, Arqueros- intercesores, Deleuze,   Dylan Thomas,   Temperley,
  Pizarnik,   Lepera,   Di Giorgio.  
Individua la relación poesía –muerte como proposición y como acontecimiento. Acontecimiento de ser capaz de soportar en que se transforma, en tanto que olvida.
Orden transductivo de una intensidad poética que se despliega. Y vuelve.
La flecha del tiempo que cae, vuelve, y en ese pasar- hogar- , olvida, “que estaba en ella”.

Stella Angel Villegas, nació en Rosario. Esquizoanalista, artista plástica, investiga y genera conexiones poéticas entre el pensar y la creación artìstica como prácticas para la vida; una propuesta filosòfico-poètica para crear salud.Creó en 1992 y dirige aún el Centro de Estudios e  Investigación de  Medicina y Arte, institución que aborda las problemáticas del  siglo XXI, el pensamiento de cruce y las estéticas  transdisciplinarias.

**El texto "Consenso inútil" de María Mascheroni, puede leerse en este mismo blog del amasijo.






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