martes, enero 26, 2016

Susana Szwarc: “EL OJO DE CELAN”

    


Trozos
El ojo hacia ahí: el lomo
brilla como el oro.
El ojo se tienta: ¿lomo
de vaca? ¿Oro de yegua?
¿Lomo de ave?
Las miradas (porque reímos)
hacia nosotros.
¿Es que falta la sal?
(¿y el hambre?)


Brilla el lomo como una embajada
de fiesta.
“Zona antifascista”, pintamos
con el jugo,  la sal del lomo.
Una mordida a la carne, a la frase
del convite.


Pero el lomo hace de espejo atrasado:
se empaña entre recuerdos,
los dos hermanos también ahí:
el del puro donar trabajo,
el del puro donar vicio.
(Esa cosa, la pureza, improbable.)


Como al final de una película
(o el libro amado), te pregunto:
¿la vergüenza habrá de salvar
el océano crudo-cocido,
el lomo de la humanidad?
Pasajeros


Se nos cansó, decimos, el caminar.
Pares, impares, acostados
miramos las estrellas.
Me arrimo a tu omóplato:
hay un sitio para descansar, digo
y saltamos al vagón.


Esos chicos del tren juegan: bailan
ahora sobre mi esternón
y reímos de los panes en las bolsas.


Residuales, eso somos esta noche,
este día. Y estamos contentos.
Las hojas del árbol, amarillas, entran
por las ventanas, adornan
los cuerpos.


Es de noche, es de día,
los gorriones en las ramas saltan.
Uno vuela sobre la hoja que cae.



El desorden de las relaciones de propiedad 
                                    a José K.

Y yo, volví al hospital.


En el largo pasillo repleto esperaba
-esperaba de pie y te leía-.


En un solo  movimiento: girar la cabeza  la página
un dedo de la mano izquierda,
los anteojos de leer cayeron
-sobre el mosaico-.
Cada pedacito de vidrio mostraba  una garza
sin sombra, que empezó a recorrer el pasillo con sus zancos.
De lejos la vi apoyar su lomo
en el vendaje de una pierna. Despacio
me acerqué.
Es mi garza decía - un poco
a los tumbos-  pero cada uno deseaba a la  sanadora.
Es mía, insistí, riéndome
por las cosquillas que me hacía  -garza- en su  desorden.


Salieron los médicos al pasillo -salieron por el revuelo-
y llamaron: Garzas.
Nos hicimos
-sombra-.  

El calor


Dicen que el calor
en su aire sube.
Dicen que nadie
fundó el calor
y me río, pero subo (subo)  
para evitar lo frío,
lo necio (¿tuyo?)
lo vano (¿de mí), lo miedo.


Entre ramas
que buscaron abrigo estoy
y bien, huelo.


Sentada en el cielo raso
cabeza abajo
te leo.

Sin flores del cerezo


¿Sueña con los sueños de Kurosawa cuando recuerda?:
Ese hombre en el placer de hundirse
-¿en la cuneta?- le pregunto
y Magdalena  ríe porque se trata de la nieve.
Si no se da cuenta, si no se apura, si no junta
-¿barro?-
fuerzas, va a terminar mal.
Ahora me río yo y hace tanto sin
la risa que suena
(ajena). El cuerpo se estira, se aleja.
Nos confundimos él - yo.
¿De quién la parte que se reparte
entre cuneta y nieve?
("Se" insiste, como si, aún sin acento,
de  lo borrado se tratara). Mientras alguien duda
entre seguir o quedarse
(cuneta-nieve)
por la ventana llegan el sonido de las cumbias
y el olor del asado: los vecinos, otra vez.


¿Qué los hace así, alegres? ¿No ven el fragmento,
el sueño, el cuerpo, la rotura, el grito?, ¿y por qué
lo verían? Ellos están con su propia carne,
un asado ya no es cosa de todos los días.
Es en Sueños donde se debate la salida: golpear
la puerta de al lado, una entrada a la fiesta.

En este pueblo


En este pueblo (podría ser Avia terai, Napalpí,
Machagai, Pampa del Infierno) como en cualquier
gran ciudad
hay
clases sociales y hay
los sin clases (excluidos los nombran).
El que vive del trabajo de los otros
dice: ¿ves?, no les gusta trabajar.


En la playa del tren
desmantelado
no se pierde la esperanza
y la casa de la mujer que tocaba
la campana
que bajaba y subía cada tanto
la barrera,
se ha vuelto museo.
(Tiene el nombre del maestro
que murió acuchillado –dicen-
por un crimen pasional: no fue amor a tu cuerpo
solamente sino al cuerpo de la escuela.)
(Un buen hombre, dicen algunos.)
(Robaba por la causa india dicen
los asesinos y agregan:
es que no hacen nada los indios,
toman tereré
y miran las alondras.)


Pero no hay alondras en este pueblo.


Hay laureles. Lauras las flores,
los primeros pasos
en cada verano.


En el bar cubren mi ventana
con una lona de tan verde/
noche
y es la siesta.


Espío por las otras ventanas.


Aunque veo el sombrío entrelineado,
u'yalh i'hi


* (Quitilipi, Chaco,1954). En la actualidad reside en Buenos Aires.
Ha publicado los siguientes libros de poesía y narrativa: El artista del sueño y otros cuentos (Tres Tiempos, 1981); En lo separado, poesía (Último Reino, 1988): Trenzas, novela (Legasa, 1991); Bailen las estepas, poesía (De la Flor 1999);Bárbara dice, poesía (Alción, 2004); El azar cruje, cuentos (Catálogos, 2006); Una felicidad liviana, cuentos (Ediciones Ross, 2007); Aves de Paso (Ed. Cilc,2009); La mesa roja (Desde la gente, 2012); El ojo de Celan (poesía, Ed.Alción, 2013) En preparación: antología de su obra en La Habana (Cuba), En literatura infantil publicó Había una vez una gota (1996),Había una vez un circo (1996), Salirse del camino y otros cuentos (1997), bajo el sello Editorial El Quirquincho. Y “Tres gatos locos” (Secret Cult. Pcia. Chaco, 2010).
Desde 1985 coordina seminarios y talleres de lectura y escritura.

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