jueves, marzo 26, 2015

Simone Weil: Vacío y compensación

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Mecánica humana.  Quien sufre trata de comunicar su sufrimiento –ya sea zahiriendo a otro, ya sea provocando su piedad —con el fin de disminuirlo, y a fe que lo consigue. A quien está abajo del todo, al cual nadie compadece, ni tiene poder para maltratar a nadie (por no tener hijos ni otras personas que lo amen), el sufrimiento se le queda adentro y lo envenena.
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Tendencia a extender el dolor más allá de uno mismo: ¡yo aún la tengo! Las personas y las cosas no son suficientemente sagradas (…) Ni en los peores momentos sería capaz de destruir una estatua griega o un fresco del Giotto. ¿Por qué entonces otra cosa? ¿Por qué, por ejemplo, un instante de la vida de un ser humano que podría ser un instante feliz?
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Deseo de ver sufrir al prójimo exactamente lo que uno sufre. Por eso, el odio de quienes viven en la miseria se dirige, salvo en los períodos de inestabilidad social, contra sus semejantes.
Tendencia a extender el sufrimiento más allá de uno mismo. Si por un exceso de debilidad no puede provocarse la compasión ni tampoco hacer daño al prójimo, se daña la representación del universo en uno mismo.
 Cualquier cosa hermosa y buena resulta entonces como una injuria.
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Hacer daño al prójimo es recibir algo de él. ¿Qué? ¿Qué se gana? (y qué habrá que pagar a cambio?) cuando se hace daño? Sale uno crecido. Sale uno más ancho. Ha colmado un vacío al crearlo en el otro.
Poder hacer daño al prójimo impúnemente –por ejemplo, descargando sus iras sobre un inferior que esté obligado a no replicar- es ahorrarse un gasto de energía, gasto que el otro debe asumir. Lo mismo que en la satisfacción ilícita de un deseo cualquiera. La energía que se economiza de esa manera se degrada enseguida.
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Una recompensa puramente imaginaria (una sonrisa de Luis XIV) es el equivalente exacto de lo que uno ha gastado, porque tiene exactamente el valor de lo que se ha gastado  –al contrario de las recompensas reales, que, como tales, se hallan o por encima, o por debajo. Así mismo, sólo los beneficios imaginarios proporcionan energías para esfuerzos ilimitados. Pero es preciso que Luis XIV sonría de verdad; si no lo hace, indecible privación. Un rey no puede pagar más que recompensas, la mayor parte del tiempo imaginarias, si no se volvería insolvente. (...)

*Véase La gravedad y la gracia.
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