miércoles, febrero 13, 2013

José Lezama Lima: Se invoca al Ángel de la Jiribilla:





Asoma ahora el ángel nuestro, el llamado para la invocación final ángel de la jiribilla. Igual, por lo menos, al ángel de la Bética; superior a la lucha entre el ángel y el duende, en que éste riega con niebla y con el espíritu de lo errante las alas intermedias.
Ángel nuestro de la jiribilla, de topacio de diciembre, verde en su amanecer lloviznado, gris tibio del aliento del buey, azul de casa pinareña, olorosa a columna de hojas de tabaco.
Ángel de la jiribilla, en el asombro, en el perplejo suave. (...)
Ligereza, llamas, ángel de la jiribilla. Mostramos la mayor cantidad de luz que puede, hoy por hoy, mostrar un pueblo en la tierra. Luz que lleva en sí misma su vitral y su harnero. Luz que encuentra siempre su ojo de buey, para descomponerse en la potencia silenciosa de la resaca lunar.
Ángel de la jiribilla, ruega por nosotros. Y sonríe. Obliga a que suceda. Enseña una de tus alas, lee: Realízate, cúmplete, sé anterior a la muerte. Vigila las cenizas que retornan. Sé el guardián del etrusco potens, de la posibilidad infinita. Repite: lo iimposible, al actuar sobre lo posible, engendra un posible en la infinidad. Ya la imagen ha creado una causalidad, es el alba de la era poética entre nosotros. Ahora podemos penetrar, ángel de la jiribilla, en la sentencia de los Evangelios: "Llevamos un tesoro en un vaso de barro". (...) Ahora ya sabemos que la única certeza se engendra en lo que nos rebasa. Y que el icárico intento de lo imposible es la única seguridad que se puede alcanzar, donde tú tienes que estar ahora, ángel de la jiribilla." 



*Véase José Lezama Lima Obras completas, Tomo II, en "Ensayos, La cantidad hechizada", Ed. Aguilar, México.
Publicar un comentario