sábado, agosto 25, 2012

Héctor Viel Témperley: Carta de Marear, fragmentos


A mi madre, mi único amor y mi único amigo de siempre.
“...y has arribado a un sitio desde el cual yo no alcanzo a ver nada”.

(Purgatorio, XXVII).

Hoy la llamo Baluma,

dulce caída de popa...
.


1.
Desde la hoja de afeitar vi todo
con sangre seca y flor rompí el hechizo,
hostia de hotel abierto a sangre seca.
Como tanque de guerra colgado del barranco
henchido como nube, abultado como anca
por tantas campanillas, esta enredada pieza!
Barranco de trompetas, ángeles escarpados.
Gallo clavado como naipe allá en el fondo.
Ni riña ni expiación ni truco: solamente
me cubro de sudor y miro el cielo.
Y la primera vez que tuve entre mis piernas
campanillas violetas:
“¿Qué estoy haciendo aquí engañando a todos?”...
“Qué estoy haciendo aquí” me preguntaba
yo que alzaba la vista para verlas
mis primeros veranos, día a día,
como templo atraído por la cuenta?...
Y estaba enamorado, con mis ingles
libadas en silencio y despedidas?....


2.

Estar enamorado es hablar de sus talones,
del tren que iba a su pueblo, del pescado en el patio
junto al cuarto de baño más pobre de mi vida?
Porcelana quebrada entre macetas!
(Tenías el sudor congelado en un prisma
en el fondo del vaso de los hombres
y tu saliva era la cola delgadísima
de ajo de un barrilete.)
Decir que son lo único espeso de su cuerpo!
sus talones de pueblo en sus suecos celestes
-solos juntos a la pata de la mesa-
mientras llueve y tiramos los dados por dinero.
Talones como balas antiaéreas
que nunca tuve libres en mis manos.
Herramientas de acero para empezar a hacerlas!
Superficies de sueño y futuras catástrofes
para dibujar con lápiz una estrella
o una flor de la piedra (algo de las alturas)
porque después de todo hablar de sus talones
es hablar de la muerte amarilla que llevan
hacia un cementerio que aún no existe, hacia
un campo
que por ahora es sólo de verduras o frutas.
Y ella no lo sabía, ella nada sabía!.



6.

Porque últimos años...
como un caballo azul es la mañana
sobre una mesa de carpintería,
junto a herramientas lúcidas y castas,
por todo el aire náutico y cerrado.
Puedo gritar, pero no tengo hermanos!
Porque últimos años...
la roca con las piernas más abiertas marea,
puedo volver a hablar de sus talones!
Si duerme boca abajo, por ejemplo, la sábana
pone dos bocas blancas en dos obóes muertos,
hay música salada como sopa y llovizna!
Porque últimos años...
ya no veré en el atrio a ese jinete
que es como ver llover sobre libros abiertos
entre sus caballeros de rodillas?
(En un copón hay piel de sus talones
y en el viento del mar conversan los turistas
con sotanas de niebla, códigos de alcancías....)
Porque últimos años...
las campanillas del barranco inundan
a la caballería blindada y a un recuerdo:
caen brasas en mi pecho adolescente
entre lonas y sol; me despierto aterrado.
Es el primer recuerdo de aquí que yo recuerdo!
Porque últimos años...
a veces llega en ráfagas,
achica el agua, ríe, dice trapajería,
es ella aún en su madre y es mi sangre que baja
por loba adolescente, escarpa barnizada!
Porque últimos años....
a veces llega un viento solar, solano, inmóvil!
Es ella en Él, que vuelve, y mis narices sangran
y es como si partiera de especie y de colmena
y de tanque colgado y de carta de náuseas!
Porque últimos años....
todo eso que enferma la sangre y extravía
y hace sentir al cielo como un reptil alado,
hoy la llamo Baluma, dulce caída de popa,
pero en el tenebrario yo la llamé María!.


Textos que pertenecen al libro “Carta de Marear”.
Poemas extractados de:  http://www.panfletonegro.com/melancopolis/hectorvieltemperley.shtml
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