jueves, mayo 05, 2011

Wallace Stevens: El hombre de nieve

Publiqué ya en este blog este poema de Wallace Stevens que tanto me gusta, en versión al castellano del poeta Alberto Girri. Pero esta vez elegí esta otra excelente versión del poeta Jorge Aulicino, uno de cuyos aciertos, a mi modesto entender, es haber traducido como “ánimo de invierno” aquello que Girri tradujera como “espíritu de invierno”.


El hombre de nieve

Uno debe tener un ánimo de invierno
Para considerar la escarcha y las ramas
De los pinos encostrados por la nieve;

Y haber tenido frío un largo tiempo
Para contemplar los enebros enmarañados con hielo,
Los abetos, agrestes en el brillo lejano

Del sol de enero; y no pensar
En ninguna aflicción en el sonido del viento,
En el sonido de unas pocas hojas,


Que es el sonido de la tierra
Llena de ese mismo viento
Que sopla en el mismo desnudo lugar

Para el oyente, el que escucha en la nieve,
Y, en sí mismo nada, contempla
La nada que no está allí y la nada que está.



*Wallace Stevens: Véase el libro Harmonium, 1923, Collected Poetry & Prose, The Library of America, Nueva York, 1997.

The Snow Man


One must have a mind of winter/ To regard the frost and the boughs / Of the pine-trees crusted with snow; // And have been cold a long time/ To behold the junipers shagged with ice, /The spruces rough in the distant glitter // Of the January sun; and not to think / Of any misery in the sound of the wind, /In the sound of a few leaves, /Which is the sound of the land /Full of the same wind /That is blowing in the same bare place // For the listener, who listens in the snow,/ And, nothing himself, beholds /Nothing that is not there and the nothing that is.

Extractado de http://campodemaniobras.blogspot.com/2009/07/wallace-stevens-nieve.html

* Acerca de este poema, comenta el poeta Alberto Girri en el libro Poemas (Wallace Stevens, Williams Carlos Williams, Robert Lowell. Ed. Corregidor, 1980): (...) " 'El hombre de nieve' pertenece a Harmonium, un libro que abunda en ascéticos poemas sobre la vacuidad; (...). Encarna el espíritu invernal, mira la realidad imbuido de ese espíritu, y su conclusión es que está contemplando una nada que no está allí y la nada que está. Una nada parecida a la de la abstracción matemática, más desalentadora aún que la que persiguieron otros grandes poetas, 'más vacía que la oscuridad y la privación de Eliot (...)'. En poemas de este tipo, Stevens se preocupa de que el que habla responda anímicamente a lo que el paisaje de la estación sugiere. En 'El hombre de nieve', el dominio del invierno en su plenitud es absoluto, y la imaginación y la mente caen bajo ese dominio. Ningún cambio las distrae, ni siquiera son distraídas por sugerencias humanas, y observan el paisaje en un estado de paralelismo entre lo interno y las condiciones del mundo exterior, un mundo que es cambiante por definición pero que en ese instante del invierno que el poema quiere expresar ha alcanzado la inmovilidad de lo eterno."

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