viernes, febrero 04, 2011

Francis Ponge: La naranja

Extractamos de la siguiente dirección -ttp://losporquesdelarosa.blogspot.com/2011/02/traduccion-de-lorange-de-francis-ponge.html, esta hermosa traducción de ponge. Gracias al poeta Alejandro Mendez por haberlo publicado en facebook.


Traducción de L'orange de Francis Ponge
La naranja
Al igual que la esponja, la naranja aspira a recobrar su compostura tras pasar por la prueba de haber sido estrujada. Pero si bien la esponja lo consigue siempre, la naranja jamás, porque sus células ya estallaron, sus tejidos ya se desgarraron. Mientras externamente va de a poco recobrando su forma gracias a su elasticidad, un líquido de color ámbar se ha derramado, acompañado de un frescor y de perfumes suaves, es verdad, pero también a veces de la amarga conciencia de que han sido expulsadas precipitadamente sus pepitas.
¿Hay que tomar partido entre estas dos maneras de soportar la opresión? La esponja es puro músculo, y se llena de viento, del agua limpia o sucia, según el caso, y esta gimnasia es innoble. La naranja es más refinada, pero demasiado pasiva -y el sacrificio perfumado… es en verdad hacerle las cosas demasiado fáciles al opresor.
Pero no es suficiente para hablar de la naranja el haber recordado su manera específica de perfumar el aire regocijando a su verdugo. Es necesario destacar también el glorioso tono del líquido derramado que, mejor que el jugo del limón, obliga a la laringe a abrirse generosamente para decir la palabra y para tomarlo, sin muecas aprensivas, sin rispidez en las papilas gustativas.Y uno se queda sin palabras para contar la admiración que despierta la envoltura de la tierna, frágil y rosada esfera en este espeso papel secante húmedo en el que la epidermis extremadamente fina pero muy pigmentada, hirientemente sápida, tiene el punto justo de rugosidad que permite retener dignamente la luz sobre la forma perfecta de la fruta.Pero al final de un estudio demasiado breve, hecho lo más rotundamente posible, es necesario ir al grano: la semilla, parecida a un minúsculo limón, tiene el color de la madera blanca del limonero, y por dentro es de un verde de arveja o de brote nuevo. Y allí se puede reencontrar, detrás de la explosión sensacional del farol veneciano de sabores, colores y perfumes que es la esfera frutada en sí misma, la relativa dureza y el verde (no desprovisto por cierto de sabor) de la madera, de la rama y la hoja: un resumen pequeño pero que ciertamente es la razón de existir de la fruta.

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