viernes, enero 28, 2011

Concha García: Traslado





del poemario ACONTECIMIENTO (Tusquets, Barcelona, 2008)


Hay acontecimiento, pero también pérdida, así es Zahowen
tocando el laúd.

No hay acontecimiento ni pérdida, así es Zahowen no
tocando el laúd.

Zhuangzi

Así comienzan los deshielos en el imperio de la personalidad.
Maria del Carmen Colombo



Traslado
La cocina no es muy grande
se puede echar un vistazo al mar
si te subes al peldaño de la terraza.
La tostadora está mejor cerca
del fregadero. Se lava las manos
en un ejercicio de noble interioridad
parecido a buscar la página de aquel libro
cuando ella era un rincón.




Los aleteos de algunas aves hacen ruido
y llegan hasta la cama, pasan por detrás
de la pared. Después de haber colocado
el cuadro en el ángulo previsto
se ha arrepentido, y es que el halo de luz
que sale de la claraboya no deja que se vea
con claridad el dorso de la mano del ángel.






Ya no hay alacenas, tampoco es que haya
mucho lugar para dejar estos botes de consera,
Habría sido mejor disponer del armario
para otros menesteres, pero debo poner la comida
en algún lugar. Qué lindo día. Si alguien me amara..




Pone la ropa en vertical, que no se bambolee,
el viento va a ser del sur y traerá arena. Si los días
corriesen no tanto, si la dichosa cristalera
tuviese las juntas bien apretadas, si me hubiese
dicho alguien que todo lo que iba a durar
se lo iba a llevar un tonto olvido.., mmm me gusta
pasear de arriba abajo por esta diminuta terraza.






Supongo que habrá tirado los recuerdos,
la cara en forma de sol, el bolígrafo
terminado en un pequeño sombrero de copa
y el termómetro de pared.
La última vez que la vi estaba sola,
yo no la espiaba, no supo nunca
que sólo estaba tres asientos más atrás.





Un apagón repentino en la ciudad
no dejó que viese el final,
yo llevaba una blusa de manga corta
estaba expectante. Me vi doblar la esquina,
luego me fui a un bar, eran las 12.
Tenía que llamar por teléfono.
Había vivido un día poco fantástico,
de esos que se unen a tu tiempo
en forman de liquen, pero son tronco,
una extraña forma entre vegetal
y mineralizada, adherida
sencillamente a una nada.




El sillón no hace su servicio, está demasiado apartado
de la televisión y si quiere ver de cerca las noticias
debe arrastrarlo lo cual es una molestia. De perfil
tengo una sonrisa graciosa. Nada avanza. La cristalería
está en su casa todavía. ¿Habrá tocado alguna copa pensando en mi?
¿Genero pensamientos yo en otro? ¿Puedo disfrutar del sueño
que tuve e interpretarlo mientras meto en la lavadora
cinco kilos de colada? Qué rara alegría.




Existen mil formas de rehacerse
si los posos descansan largos días.
Ponía en el dorso. Al girarla
éramos cinco en la foto.




Me puse a descansar, no quería
que acto alguno me diese ímpetu,
me extrañé del ruido, era insólito
como si se centrifugase la ropa
o una decena de cocteleras
fuesen agitadas al unísono,
todo daba igual,
un montón de puños cerrados,
la quietud del espejo, el ángulo favorito
donde te apretabas los labios,
unos dedos que palpaban otro tacto.




Un cuarto de siglo o treinta años atrás
sobre mi propia vida. Me corta la respiración[1].
Hay que conversar mucho menos bufff cuánto polvo.
Señalar las montañas en el mapa y en sus rugosos relieves
dejar el dedo un rato. Lo único que falta por ocurrir
es que concluya de una vez la tarde. Se verá cuando
no sea necesario descorrer la cortina.



De cuando no paso
la esquina que me aguarda
su sin fin de huecos
tanteando el camino
para no ir en horizontal
una ciudad se antepuso
a la idea de ciudad
me envolvía una gasa de cielo
las mondas de mandarinas
en una mesa eran recuerdo
con color de retrato.
Se vertía agua en un acantilado
las piezas no engarzaban
el remordimiento por el no.
Largo, en el extraño día.

1] - Versos de Philip Larkin de su poema “I have Started to say”.
*Concha García: (La Rambla, Córdoba, España, 1956). Vive en Barcelona. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Es cofundadora del Aula de Poesía de Barcelona, y presidenta de la Asociación Mujeres y Letras. Ha pubicado, entre otros, los siguientes poemarios: Por mí no arderán los quicios ni se quemarán las teas (Premio Aula Negra, 1986), Otra ley (1987), Ya nada es rito (1º Premio de Poesía Barcarola 1988), Desdén (1990), Anagrama del acoso húmero (1987), Pormenor (1992), Ayer y calles (1º Premio Gil de Biedma, 1995), Cuántas llaves (1998), Árboles que ya florecerán (2001), Luz de almacén (2001), Diálogos de la Hetaira (20o3), Lo de ella (2008), Acontecimiento (2008), Un brillo del no (2010). En narrativa publicó en el año 2001 Miamor.doc. Su obra ha aparecido en numerosas antologías dentro y fuera de España.
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