lunes, agosto 23, 2010

Victoria Schcolnik*: Acerca del libro Sentido de la oración, de Marcelo Carnero


Agradecemos a la poeta Victoria Schcolnik por compartir con este blog el siguiente texto de su autoría, leído en ocasión de la presentación del libro Sentido de la oración, de Marcelo Carnero.


"Cuando me pongo a pensar en que voy a hablar en voz alta frente a un grupo de personas, y me imagino la escena, siempre empiezo por lo mismo: ¿es ubicado esto que quiero decir?, ¿es digno de ser público? Entonces, me nace una vergüenza anticipatoria y me veo una vez más atrapada en el margen y al margen de lo público. Inmediatamente después pienso: es obvio que este acecho es una perturbación a mi intimidad, que me protege de pronunciar aquello que me inquietaría. Empieza a enlistarse un glosario, catálogo de palabras que no deberían decirse en público sino es suplantándose por sinónimos u otras formas de explicaciones. Y acá comienza una organización que pone lo de afuera en el afuera y lo de adentro en el adentro. Pero esta rigidez termina intranquilizándome más que el sencillo hecho de decir algo fuera de lugar. Y así estaba estos días, tratando de dar lugar a algo, cuando leí lo absolutamente justo para ese momento, en el prólogo del libro La hospitalidad escrito por Jaques Derrida y Anne Dufourmantelle. Decía:
Lo otro, en la medida misma en que es lo otro, nos cuestiona en nuestros supuestos saberes, en nuestras certezas, en nuestras legalidades, nos pregunta por ellas y así introduce la posibilidad de cierta separación dentro de nosotros mismos, de nosotros para con nosotros. Introduce cierta cantidad de muerte, de ausencia, de inquietud allí donde tal vez nunca nos habíamos preguntado, o donde hemos dejado ya de preguntarnos, allí donde afirmamos nuestra seguridad, nuestro amparo. Amparamos, pues, a lo otro, al otro, lo alojamos, hospitalariamente lo hospedamos, y eso otro, ese otro ahora por nosotros amparado nos pregunta, nos confronta con ese ahora nuestro desamparo.
Y ahora, acá estoy, públicamente en la intimidad. Abordada, en mi corazón, por la soberanía de todos ustedes. Cuestionada en mis certezas, en mis legalidades: separada de mí misma; interferida. Pero necesito hablar de esta condición tan aferrada al decir -al acto insostenible de pronunciar que parece ser el primer quiebre entre un adentro y un afuera- porque es una resistencia constitutiva de la poesía. Los que escribimos, o por lo menos lo intentamos, arriesgando hasta lo último que nos ancla a la dudosa calma del “yo”, que es la capacidad de reconocer, sabemos que el mar no suele moverse en una única dirección. Más bien se trata de una situación extrema, de un momento paradójicamente descomunal. Y recién, cuando ya no reconocemos, estamos escribiendo. Ese mareo, esa inconsistencia que retorna a las cosas es la locura sutil del escritor.

Derrida dice que un acto de hospitalidad no puede ser sino poético. Todavía no tengo una elaboración intelectual acerca de este enunciado, pero hay algo en mí, o de mí, alguna parte liberada, que lo acepta.
La poesía se parece al primer ideograma chino que consta de un solo trazo horizontal. Es el más importante de los trazos básicos y se dice que es el “trazo inicial” de la escritura china. Según la interpretación tradicional, es un acto que separa –y por lo tanto une- el cielo y la tierra. Significa a la vez “uno” y “unidad originaria”. Lo curioso del trazo es que no es un punto, esta sería la representación gráfica que los occidentales haríamos del origen, en cambio, los chinos rasgan: empiezan por el medio. Si la escritura por ellos hablara, diría que son personas de la frontera. Y ahí es donde todo queda relaciono: en este sentido, la poesía es el trazo inicial. Porque es capaz de decir, y no, aquello que está entre: lo que ocurre.
La poesía, esa manera de hacernos notar que ante todo somos huéspedes.
Y hoy, el principal huésped –y anfitrión- es Marcelo Carnero. Desdoblado y equilibrista. Quise escribir algo por y para él; y no podía hacerlo desde el lugar de una mera presentadora, era inevitable. Quiero decirle que pocas veces conocí a alguien tan valiente, tan extranjero para sí, tan cuerpo en sus palabras. Y que Sentido de la oración es verdaderamente un rezo. Para mí, eso es ser creador, esta es su hábitat, su ethos, su morada: la escritura.
Y con todo lo que hemos hablado: teléfono, mensajes, internet, contestador, frente a frente, arriba abajo, costado costado, a pesar de todo lo que hemos logrado decirnos, nada se iguala a esa soledad ya rota, siempre rota, gracias a la poesía que está entre nosotros.


Prólogo:
Porque pudiera ser que todo nombre –y precisamente el último, el impronunciable- aun fuese un efecto de impaciencia.
Maurice Blnachot

* Victoria Schcolnik (Buenos Aires, 1984). Es autora del libro de poemas El refugio, publicado por la Editorial Abeja Reina, en 2008.
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