sábado, octubre 10, 2009

Virginia Woolf: Momentos de vida

Pintar con palabras
“Si la vida tiene una base sobre la que sostenerse de pie, si es un cuenco que se llena y se llena, en este caso mi cuenco se apoya en este recuerdo. Es el recuerdo de estar en la cama, medio dormida, medio despierta, en el cuarto de los niños de St. Ives. Y es oír olas al romper, una, dos, una dos, y enviando el agua a la playa; y después, rompiendo, una, dos, una, dos, detrás de una persiana amarilla. Es oír cómo la persiana arrastra por el suelo la pequeña pieza en forma de bellota, al extremo del cordón, cuando el viento impulsaba la ventana hacia fuera. Es estar acostada y oír el agua, y ver esa luz, y sentir, es casi imposible que yo esté aquí; sentir el más puro éxtasis que se pueda concebir. (…) Si fuera pintora pintaría estas primeras impresiones en amarillo pálido, plateado y verde. Allí estaba la persiana de pálido amarillo, el mar verde y la planta de las pasionarias. Pintaría un cuadro de forma esférica; semitransparente. Pintaría un cuadro con pétalos curvos, conchas, cosas semitransparentes.; pintaría formas curvas traspasadas por la luz, aunque sin darles contornos definidos. Todo sería grande y difuso; y todo lo que se viera se oiría también; los sonidos llegarían a través de ese pétalo o de esa hoja, sonidos que no se podrían distinguir de esa imagen. (…)”.

Comprender un poema
"Era una tarde de primavera y nos tumbamos --Nessa y yo— en el largo césped, detrás del Flower Walk. Había llevado conmigo The Goleen Treasury. Lo abrí y empecé a leer un poema. E instantáneamente y por primera vez lo comprendí (no recuerdo cuál era). Fue como si se hubiera transformado en totalmente comprensible. Tuve una sensación de transparencia en las palabras que se da cuando dejan de ser palabras y se intensifican de tal manera que parece que se viven; se prevén como si expresaran lo que ya se está sintiendo. Quedé tan pasmada que intenté explicar la sensación. “Se tiene la impresión de comprender lo que se quiere decir”, dije torpemente. Supongo que Nessa lo ha olvidado; nadie hubiera podido comprender por mis palabras, la extraña sensación que tuve, allí, en la cálida hierba, de que la poesía se convertía en verdad. Tampoco estas palabras expresan la sensación. Es igual a lo que siento, a veces, mientras escribo. La pluma sigue el rastro."

Golpes
(…) al hacerse mayor se adquiere, gracias a la razón, un mayor poder para encontrar explicaciones, y que la explicación amortigua la fuerza de martillo de herrero del golpe. Creo que esto es verdad, pues a pesar de que tengo la característica de recibir esos golpes bruscos, ahora son siempre bienvenidos; después de la primera sorpresa, siempre siento al instante que son especialmente valiosos. Y de ahí paso a suponer que mi capacidad de recibir golpes es lo que me hace escritora. A modo de explicación me atreveré a decir que en mi caso el golpe siempre va seguido del deseo de explicarlo. Siento que he recibido un golpe; pero no se trata, como ocurría siendo niña, simplemente de un golpe asestado por un enemigo oculto (…); es, o llegará a ser, una revelación de un determinado orden; es una muestra de la existencia de algo real que se encuentra detrás de las apariencias; y yo lo hago real al expresarlo en palabras. Sólo expresándolo en palabras le doy el carácter de algo íntegro, y esta integridad significa que ha perdido el poder de causarme daño; me produce un gran placer juntar las partes separadas. Tal vez se deba a que, al hacerlo, elimino el dolor. Quizás sea el placer más fuerte que conozco."

El presente, el pasado…
“(…) El pasado solo regresa cuando se desliza tan suavemente como la superficie de un río profundo. Entonces, a través de la superficie se ven las profundidades. En estos momentos, una de mis mayores satisfacciones consiste en no pensar en el pasado, sino en que, precisamente en dichos momentos, vivo con suma intensidad el presente. Porque el presente, cuando cuenta con el apoyo del pasado, es mil veces más profundo que el presente cuando nos apremia tan de cerca que no se puede sentir nada más, cuando la película en la cámara sólo produce impresión en la vista. Pero, para sentir el presente deslizándose sobre las profundidades del pasado, es necesario tener paz. El presente ha de ser suave, habitual (…)”.


*Fragmentos extractados del libro Momentos de vida, Ed. Lumen, 2008
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