viernes, abril 24, 2009

El piano*, de Henri Michaux**

Compañero que no me observa, que no me evalúa,
que no toma nota, que no conserva huellas, compañero
que no exije, que no me obliga a prometerle nada.
Con él, todo tan simple.
Yo me acerco. Él está listo.
Yo traigo la obsesión, la tensión, la opresión.
Él canta.
Yo traigo la situación irremediable, el vano despliegue
de esfuerzos, el fracaso de todo junto con la mezquindad, las
precauciones llevadas por el viento, por el fuego, por el fuego,
sobre todo por el fuego:
Él canta.
Yo traigo la inundación de sangre, el rebuzno de los asnos contra
la paz, los campos, el trabajo forzado, la miseria, los prisioneros
de la familia, las cosas a medias, los amores a medias, las vacas
flacas, los hospitales, los interrogatorios policiales, los lentos
agonizantes de las aldeas perdidas, los amargos vivientes,
los dañados, aquellos que derivan conmigo sobre la helada
y loca ladera:
Él canta.
Yo acarreo todo en desorden, sin saber lo que traigo, de quién,
para quién, quién habla en la cesta de las llagas:
Él canta.
* Texto incluido en el libro Passages (Gallimard, París, 1963).
* Poeta y pintor nacido en Bélgica en 1899 y nacionalizado francés. Murió en 1984.
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