sábado, marzo 29, 2008

Una aproximación a la poesía de Álvaro Figueredo

Por Nelson Guerra*
Álvaro, ¿Quién es Álvaro?
Álvaro Figueredo, del libro Mundo a la vez

La generación uruguaya “del centenario” (1830 –declaratoria de la Independencia – 1930)
Los poetas de la década del treinta, asumidas ya las consignas de las vanguardias de la anterior, se lanzan hacia fórmulas personales, de alta exigencia estética. No se reúnen en cónclaves y reductos sagrados, no operan en forma gregaria, ni se agremian en ligas cerradas de recíproco aplauso, como harán los integrantes de la generación del 45. Les toca a ellos descubrir un nacionalismo urbano, una estremecedora realidad social, que con su vorágine los conmina a la búsqueda de su identidad profunda. Son estos poetas decididamente individualistas a la hora de crear, pero al mismo tiempo frágiles y vulnerables al entorno que los tortura. De tanta pulsión emergen en sus poemas, interrogándose, extrañándose a sí mismos, adoptando un mensaje forzosamente hermético, casi desprovisto de certezas. Precursoramente existencialistas, en el filo de la conflagración mundial más terrible de la historia, se sienten a punto de caer en el vacío estéril del egoísmo, y reaccionan en poemas hiperlúcidos de desanimada comunicatividad. Tres son los nombres principales que surgen, paradigmáticos (para quien escribe) de esta década: Líber Falco, Juan Cunha y Álvaro Figueredo.
El futurista
Álvaro Figueredo nace en Pan de Azúcar (Maldonado) el 6 de setiembre de 1907, y con excepcionales intervalos toda su vida habrá de transcurrir en esa pequeña ciudad del Interior, en la que fallecerá el 19 de enero de 1966. (Vale la pena mencionar que ese 19 de enero correspondió a un miércoles, confirmativo de la profecía lírica plasmada en el soneto “Vergüenza de morir”: “ Y yo sin ver el miércoles ni el pino / ocultaré mi muerte, avergonzado/ bajo un disfraz de césped y llovizna”. Como siempre ocurre (recordemos a César Vallejo) la poesía gusta que sus alas desplegadas se rocen con las del misterio y la sobrenaturalidad. En los cruciales años 24, 25 y 26, vive en Montevideo, cursando estudios de profesorado y magisterio. Recordemos que un año más tarde comenzarán a aparecer las principales obras de la corriente llamada “ultraísmo” por los españoles, bajo cuya denominación se englobaban a todas las vanguardias europeas. Mientras que en Latinoamérica finalizaba su fantástica vida la publicación argentina Martín Fierro, de Evar Méndez, de Oliverio Girondo, alrededor de la cual surge la llamada generación “martinfierrista” que integraban junto a Girondo y otros connotados creadores, Jorge Luis Borges y Macedonio Fernández. En Brasil los Andrade se preparaban para lanzar el Manifiesto Antropofágico. En Uruguay, se publicaba el poemario “futurista” de Alfredo Mario Ferreiro El hombre que se comió un autobús , y Alberto Zum Felde daba a conocer su esclarecedora nota titulada “Programa” en la Revista La Pluma . Como no podía ser de otra manera, los primeros poemas de Figueredo, tomarán la temática futurista, el aliento creador de las vanguardias, pero no acatará totalmente la ortodoxia revolucionaria. Cometerá la rima en el verso libre, hará cuartetas impecables para construir lúcidos epigramas, muy al estilo de los de Vicente Huidobro, y precursores de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna (“El sol se suicidó y la primera estrella / le hace un reportaje al horizonte”).
Veamos un poema publicado en 1928: Poema salvaje
: Este es el poema salvaje/ del reflector de los colores próximos/ que da su tobogán a los vientos lisos// Este es el poema salvaje/ del VERDE, del ROJO y del AZUL/que se descansan en los silbatos de las frutas// Este es el poema salvaje//del ÁRBOL, de la SANGRE y del CIELO/ en la tecla instantánea de los viajeros// Este es el poema salvaje/ que se escondió en el pecho del horizonte// Este es el poema salvaje que se va en los vagones de los gritos maduros.
Un año antes, había publicado en el diario Montevideano El País un largo poema titulado “ La canción del saxofón” , de neto cuño futurista, y singular parentesco con algunas composiciones del ya citado Alfredo Mario Ferreiro. Esto hace suponer que podría haber un conocimiento mutuo entre ambos jóvenes escritores, pero no hemos podido hallar datos al respecto. La connotación jazzística es de por sí sumamente singular, pero la elección de ese instrumento exclusivo, que de no haber existido el jazz hoy sería una curiosidad exhibida en los museos de la musicología, junto al melodión y otros monstruos fallidos de la experimentación sonora, es extremadamente llamativa. Se trata de una composición poliestrófica, versolibrista, pero con una clara definición rítmica, lo que unido a la rima, emparenta la obra a la de otro ultraísta del entorno: Parra del Riego y sus“polirritmos” . Fragmento de "La canción del saxofón": Saxofón:/ Contorsionista/ que me das todas las noches tus piruetas.../ tus molinos...tus látigos...tus veletas/ musicales en la fiesta/ turbia de humo del café. / En tus notas huyen liebres y saetas/ zancos... patines...muletas.../ Tobogán de vida nueva! Alegría. Calor. Fe. // Música de vida. Optimismo en do,re,mí, fa,sol,la,sí./ Saxofón/ Juguetón/ Ahora berbiquí/ Ahora tirabuzón,/ Ladrón!/ Me robaste el timón/ Del corazón!// Saxofón/ voces de fábrica, coros de escuela,adioses de puerto y estación,/ risas de provincianas plazas de domingo,/ gritos atormentados de revolución.// Saxofón: mago, profeta.../ quiromántico...fakir.../ maravilloso gitano.../ Yo no se si fue en la palma de la mano/ de algún loco, que leíste el porvenir./ Sí! Saxofón/Tienes razón./ Para vivir/hay que reír./ Qué risa baila en mi corazón! (...).
La obra nacionalista
En estricta coincidencia con los que ocurre con el resto de los movimientos vanguardistas latinoamericanos, después de la ya referida etapa de asimilación a los ismos europeos, Figueredo, establecido en la zona rural y chacarera de Rincón de Olivera, gira hacia el nacionalismo. El romance es el vehículo ideal para esta reformulación poética (ver “Romance para acompañar a un difunto”). Y es en este mismo vehículo poético que descubre su más trascendente tema lírico , al que define como “el otroyomismo”, cuando compone su antológico “Romance de Abel Martín”. Bajo la denominación “Histórico regional” escribe “Descubrimiento del Uruguay” , “Exaltación de Bartolomé Hidalgo”, “Romance de la Batalla de las Piedras” y otros. Especial mención merece el “Romance de tío Narciso”, en el que, además de la puntual recreación regional, encuentra la eficacia de la traslación de las peculiaridades del lenguaje del personaje retratado: (...) Cuesta abajo, cuesta arriba,/ cuando la luz se derrumba,/ y el negro olisca su rancho/ y el pororó de la lluvia.// Neglo, ¿pelo diande shaca/ plata pa tanta mamúa?/ -Ejate ‘e cosha, Malía./ No ve qui son cosha tuya... (...). Al ser publicado este romance, Figueredo consideró necesario hacer esta aclaración que reproducimos: “Este romance, escrito con anterioridad a 1947, se ha mantenido inédito porque: 1) desde entonces me desligué de aquella especie de poesía narrativa, en busca de los más hondos motivos líricos; y porque: 2) no encontré en 1947 el medio natural de publicidad que el romance exigió. Hoy, ahora, las circunstancias enmiendan la segunda actitud sin desheredar la primera. Tio Narciso es personaje real. No lo conocí, pero la generación pandiazuquense anterior a la mía, se solazó con él y su sórdido rancho rodeado siempre de objetos mágicos y de inolvidables matas de saúco".
Desvío de la estrella y Mundo a la vez
En el año 1936 Figueredo publica su poemario Desvío de la estrella, donde se evidencia ya la presencia de un poeta trascendente, pero que aún no ha encontrado su tema lírico fundamental, y que se dedica a vagabundear por los rumbos emocionados de disímiles motivaciones. No obstante lo antedicho, la lectura de ese libro es sumamente grata, y jalonada de sorpresas, gracias a la sorprendente fertilidad creativa que estalla en metáforas constantes. Será necesario esperar veinte años, para que, en 1956 aparezca su obra definitiva: Mundo a la vez. Y allí, el tema central, propio, intransferible de la poética de Figueredo: el otroyomismo, con la genial construcción cuasi esquizoide de la “alvaridad”. Si para Jorge Luis Borges el “yo”, la individualidad, es una nadería,
[1] para Figueredo lo es todo. El poeta se disloca, se exterioriza, pero no para darse a conocer, sino para sufrir la extrañeza del verse existir, la sucesión de los interminables “yo”, en los juegos espejeantes en los que el reflejo ocupa el lugar de lo reflejado, y viceversa, Donde de pronto es ese yo un dictador que impone nombre, peculiaridad y actitudes: la “alvaridad”. Es ese otroyomismo un interlocutor y un objeto de apasionado estudio: "(...) Así me encontré una vez/ con Álvaro Figueredo,/ en un rincón de mi casa/ un crepúsculo de invierno (...)/ (...) Si yo no fuera quien soy/ creyera que era un espejo" ("Romance de Abel Martín").Y este otroyomismo también es el poeta, con lo que la metapoesía cobra una importancia capital, tal lo que ocurre en el poema titulado: “Álvaro nupcial”. Y otro tanto, pero ahora más atento a la sucesión de los otroyomismos, escribe en "Narciso enlutado": "Abro el umbral del Álvaro en que moro,/ junto en mi voz el Álvaro a que aspiro./ Doy un Álvaro al aire, si suspiro,/ y arrojo al mar un Álvaro, si llor".
El simbolista
En Mundo a la vez Figueredo alterna el tema de la alvaridad, metáfora surrealista, de altísima eficacia, de su concepción del otroyomismo, con sus inquietantes poemas simbolistas, en general presentados bajo la fórmula de la fábula. A esta variante pertenecen sus poemas más brillantes algunos de los cuales vieron la luz en forma póstuma: Fábula del toro: en la que la rebeldía visceral ante la certeza de la insoslayable muerte, queda expuesta con incomparable fuerza. No menos inquietante es el poema titulado "Celebración de la niña". Finalmente se hace imprescindible citar el que, a juicio de quien esto escribe, constituye la obra maestra del poeta de Pan de Azúcar, y en el que retoma el tema del otroyomismo desde un ángulo totalmente inesperado:

Teoría del suicida
Dadle un teatro una tribuna un pórtico
dadle un balcón de gala
dadle su frac su cátedra amarilla
quiere morir al alba
o a la hora del té
dictando su discurso
con su chaleco blanco
dadle un bastón un arpa una azucena
un espejo una góndola
devolvedle los yo que le usurparon
yo en el tranvía yo bajo los árboles
yo danzando es decir él y la luna
su yo su yo sus guantes de gamuza
el actor va a cesar está vacío
su guardarropa nadie
le llame Juan nombradle
el bienaventurado el almirante
de sus yo porque es él
quien rema besa canta se extasía
ante el atrio del templo
quiere ocultar sus yo bajo una loza
blanca a la izquierda en el jardín lo avistan
le denuncian el yo desguarnecido
y el trepa al campanario y se despeña.
[1] Var: Jorge Luis Borges – 1928 – “La nadería de la personalidad” publicado en El idioma de los argentinos.
* Poeta y narrador uruguayo.
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