domingo, septiembre 13, 2015

Graciela Perosio*: De su libro Balandro

Los peregrinos viajamos cansadas leguas
hasta llegar al sitio donde
pueda verse el Monte Fuji.
Pero éste se esconde,
sumergido en la niebla.
Esperamos alegres
en la posada
día tras día,
hora tras hora.
Hasta que en medio de una noche,
me despierto
y corro la delicada
ventana japonesa
que da a la terraza
y se presenta
en todo su esplendor.
Blanco sobre el agua
brillante y negra.
Al mirarlo reconozco cuánto tiene
el monte Fuji de mi rostro
y al mirar mis manos
reconozco sus piedras, su nieve
(los polvorientos caminos invisibles).
Yo soy la montaña.
(Y la montaña también es un balandro.)
Después de tanto tiempo de intentarlo, 
gozo el uno.
¡Gozo!
Finalmente puedo ver.
Puedo verme.

*Poeta argentina.
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