domingo, diciembre 28, 2014

Anna Ajmátova: El último brindis



Gracias Jonio González

El último brindis

Bebo por la casa derruida,
Por la soledad, juntos,
Por esta maldita vida mía
Y por ti, bebo,
Por la mentira de la boca que me traicionó,
Por el frío de muerte en la mirada,
Porque es cruel y torpe el mundo,
Por aquello que Dios no salvará.



Sauce
Y yo crecía en adornado silencio
En el fresco cuarto de juegos del joven siglo.
Y no me era agradable la voz del hombre,
Pero entendía la voz del viento.
La ortiga amaba y la bardana,
Pero al sauce plateado más que a nada.
Y, agradecido, vivió conmigo
Toda su vida, sus ramas lloronas
Salpicando el insomnio con ilusiones.
Y es curioso que yo lo sobreviviera.
Allá está su tronco, erguido, ajenas voces
De otros sauces algo dicen
Debajo de los nuestros, aquellos cielos.
Yo callo… Como si hubiera muerto un hermano.



Somos cuatro
… Y me aparté yo aquí de todo,
De cualquier bien terrenal,
El espíritu -guardián de “este lugar”
Se hizo tocón silvestre.
Somos todos un poco huéspedes en la vida,
Vivir es sólo un hábito,
En los andares del aire paréceme oír
De dos voces el reclamo.
Dos… y aún al este, en el macizo muro
De las matas de frambuesa,
La oscura y fresca rama del saúco
Como si carta de Marina fuera.


(en “Hablar de Poesía” nº 3, junio de 2000. Trad. Inés Aráoz.)
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