sábado, septiembre 22, 2012

Mark Strand: Me va a encantar el siglo XXI...



Incendio


A veces, cuando había un incendio yo entraba caminando:
salía sano y salvo y proseguía mi camino:
para mí era tan sólo algo más que había hecho.
Extinguir el incendio  se lo dejaba a otros,
que venían corriendo hacia la nube de humo con escobas y mantas
para apagar las llamas. Tras lograrlo, formaban un grupito para hablar
de lo que habían visto, y de lo afortunados que habían sido
de contemplar el lustre del calor, el efecto que tienen las cenizas
de mover al silencio; pero aun más de haber conocido el perfume
del papel que se quema, el rumor de palabras
exhalando su último suspiro.

 
Lo que queda
                                             para Bill y Sandy Bailey


Me vacío de los nombres de los otros. Vacío mis bolsillos.
Vacío mis zapatos y los dejo al lado de la ruta.
Cuando se hace de noche arraso los relojes.
Abro el álbum de fotos familiares y me miro de chico.

¿De qué sirve? Las horas hicieron su trabajo.
Digo mi propio nombre. Me despido.
A las palabras se las lleva el viento, volando una tras otra.
Amo a mi esposa pero la mando lejos.

Mis padres se levantan de sus tronos, y suben
a las lácteas estancias de las nubes. ¿Cómo voy a cantar?
El tiempo me revela lo que soy, y cambio y soy el mismo.
Me vacío de mi vida y aún me queda mi vida.


Yo fui un explorador polar

Yo fui un explorador polar cuando era joven
y me pasé incontables días con sus noches congelándome
en un lugar vacío tras de otro. Finalmente,
abandoné mis viajes y me quedé en mi casa,
y allí creció dentro de mí un repentino exceso de deseo,
como si una corriente muy brillante de luz, como ésas que se ven
adentro de un diamante, me estuviera atravesando.
Llené una página tras otra con imágenes de lo que había presenciado:
océanos gimientes de témpanos, glaciares gigantescos, y el blanco
golpeado por el viento de los icebergs. Después, sin nada más para decir, paré
y puse mi atención en lo que estaba ahí cerca. Casi a una misma vez,
un hombre que vestía un sobretodo oscuro y sombrero de ala ancha
apareció debajo de los árboles enfrente de mi casa.
La forma en que miraba hacia delante, y cómo se paraba,
sin distribuir su peso, con los brazos colgándole
a un costado, me dieron la impresión de que lo conocía.
Pero tan pronto levanté la mano para hacerle un saludo,
dio un paso atrás y luego se dio vuelta, y empezó a desvanecerse
como se desvanece el ansia hasta que ya no queda nada de ella.



*De: Me va a encantar el siglo XXI, Ediciones Gog y Magog, 2011
Traducción: Ezequiel Zaidemwerg

** Mark Strand (Norteamérica, 1934). Ganador del Premio Pulitzer 1999.  Ha publicado diversos libros de poemas.
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