miércoles, julio 18, 2012

Viviana Paletta: El patrimonio del aire




Ahora, sólo un mundo de nieve. Estoy lejos de casa.
                                                                                              Silvia Plath


5

Debería buscar una mujer, nórdica,
endeble, que portara en sus ojos
anchas leguas de hielo,
profundos huecos de lago amedrentado
una cosmogonía particular:
sirenas troyas, animalería,
la madeja de un dragón.
Que pudiera confundirme en ellos
como al doblez de sus muslos,
arropado en el latido de su pensamiento,
en el velamen mayor de su pensamiento.

Encontrar un esposo altivo, fulgurante
que guardara en su pecho
los aromas manuscritos
de altos cedros del Líbano.

Tendría una onza para mí,
una casa esclarecida,
un patio.

Pero llené formularios. Rompí las multas.
Abrí expedientes.
Escribí cartas en terrazas,
mostradores, estaciones de trenes.
Ahora sólo quisiera un respiro,
una mesa austera de pensamientos.


8

Bebería
vodka,
vino verde
rakía que atempera el sentido.
Pero mi padre está muerto.
Y no cuento leyendas al fogón.
No hay sauces en su recinto,
hasta allí no llega la luz de las farolas,
el bálsamo de la lluvia. Contra él
se empaña el espejo donde vira el estío y sus tardes. 


10


Pertenecemos
a una lengua añeja
y al viento.
Mi madre solía silabearla, en el cielo del paladar,
nuestros rostros de niños vueltos a él:
al brotar de lunas en la vereda,
de aljibes en los patios.
Ahora la muerte es nuestra.
No disculpa el listado del día.


 
18

La mujer que fui
quiso vibrar como hoja de espada,
una gota en el caudal del mar,
luz de linterna adormecida.
El hombre que he sido
deseó surcar estepas, ser la primera letra
de un libro, el libro entero.
Mirar el hechizo sin espesor de los océanos,
aquietarse en un cuerpo primordial, tibio,
zurcir las redes de la vejez.

El Metro se lleva mi perfil cano,
mi estampa goyesca.
Aquí, en este reino,
desfilan los alacranes y los impíos.



21

Somos de una generación insomne
y vana.
Dimos hijos a ciudades sin puerto,
donde el sol se desquicia a su vera, maldecido.
Ellos comerán de su pan,
sembrarán su olivo.

Qué descanso
el reposo en el regazo
de los venideros.
Que su entraña sea
del metal de las guitarras.
Que amen el oficio de los cuerpos,
la escampada.


Nosotros, mientras tanto,
dormimos la siesta anómala.
Ya cuanto fue lirio
ahora es sopor.


 24

Fui la hija.
Ahora soy el padre,
el antepasado que sembró una piedra
para los quehaceres del mar.

Soy el antiguo hijo.
Un eslabón de horas
y de toro asaeteado de plata
en mi tarde luminosa.
El que robó su estampa
y la dio en soberanía
a la multitud y a la herrumbre
de los barcos.

Tuve el delirio y el pesar.
Cuánta noche trajo la noche
que ansié
en la ciudad
y en este barullo.

Prenderé mi silencio
con un alfiler a estas calles.
Señalaré mi paso
con espirales de tinta
en la pared.


 
*Viviana Paletta. Poeta y Lic. en Filolofia. Reside en Madrid desde 1991. Recibió el primer premio de Poesía en el I Certamen Literario para la Mujer Argentina (1986), fue seleccionada en cuento y poesía en la Primera Bienal de Arte Joven de Argentina (1989). Dirige la colección de Narrativa Breve de la editorial Páginas de Espuma. Fundadora y editora de Veintisiete Letras entre 2007 y 2011. Publicó:  El patrimonio del aire., Las naciones hechizadas  (2010), etcétera.



Publicar un comentario