sábado, septiembre 17, 2011

Hilda Doolitle (H.D.): Había cosas debajo de las cosas...

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(...) Vimos lo que había bajo el tronco pesado. Había una variedad interesante; cositas como hormigas se movían muy rápido; corrían frenéticamente en círculos pero siempre volvían al mismo terrón o al mismo montículo de arcilla. En arroyuelos prolijamente delineados, algunas criaturas blancas se enroscaban. La base del tronco había sido el techode una serie de bolsillos o de tumbas abiertas con prolijidad, semejantes a cámaras sepulcrales aztecas o egipcias, aunque yo no lo sabía. Estas babosas blancas, enroscadas, eran cosas no nacidas. Eran bastante repulsivas, como forúnculos sin abrir. O es posible que no fueran esencialmente repulsivas; deben haber sido larvas sin capullo, deben "madurar" en algún momento. Pero yo solamente las vi, no sabía lo que eran, o lo que podían llegar a ser. Mi hermano y yo nos quedamos boquiabiertos ante esta revelación. Eric miró atentamente las carreras frenéticas de las hormigas; luego volvió el tronco a su lugar con cuidado, tratando de no aplastar a los bichos, de modo de restaurar, dentro de lo posible, el techo protector sobre las cabezas de las orugas blancas.
Había cosas debajo de las cosas, así como cosas adentro de las cosas.

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(...)
Hay varias maneras de tratar de escapar de lo inevitable. Se puede dar vueltas y vueltas en círculos como las hormigas de aquel tronco que Eric arrancó para nosotros. O la psique, el alma, puede envolverse y dormir como aquellas orugas blancas."

*Del libro Tributo a Freud  (Schapire, Buenos Aires, 1979). Traducc. Mario Calmi.
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