martes, marzo 08, 2011

Hilda Rais: Serenata a la luz de la vida



Leemos en el Suplemento "Radar Libros" (diario Página/12) del domingo pasado la siguiente reseña del libro Ensayo y serenata de la poeta Hilda Rais. Dice Mario Nosotti:



"Cultivar la renuencia, una forma posible de pararse ante el mundo, el enigma que somos, pero ante todo un modo de lidiar con el lenguaje, de trabajarlo. Ante lo inabordable de lo real y la evidencia de eso que nos queda grande, descubrir otra fuerza, otra forma de tránsito. Como dice la cita de Clarice Lispector, “su hazaña es, sin conocerse, entre tanto, proseguir”. Por medio de un lenguaje despojado, hecho de imágenes enjutas y oscilaciones leves, Hilda Rais construye un pensamiento. Si hay ideas, conceptos (y vaya si los hay), será sólo a partir de aquellas menudencias. Ensayos, serenatas, repiques de una voz que exhibe sin pudor ni corrección: “Me canso de escuchar cómo estás / quiero que sepas cómo estoy”.
Los poemas avanzan a través de tensiones (cultivar la renuencia/ clavarse los puñales), que siempre se resuelven torciendo hacia un lugar inesperado. Ese tembladeral arranca una sospecha primordial: el lenguaje es precario, la comunicación está expuesta a los vientos del equívoco, la malinterpretación, el tono (“qué malicia descompone lo que hablamos”).
Pero la vida sigue, uno se las arregla. Es este el hálito, la actitud de la voz que sobrevuela el libro. No hay queja, ni lamento. Hay altivez. Resignación a veces. Aceptación vital de ese desorden.
En el mismo sentido corre el sutil despecho ante un psicologismo que cree en comprender y mejorarse. Hay un conocimiento subterráneo en cambio. La fuerza de otro orden, intuitivo y vital. Así podría leerse el daimón de este libro: algo funciona solo y sabe lo que hace más allá de nosotros, de nuestras intenciones. No es fácil entregarse. Tampoco hay garantía de reposo o de felicidad.
A prudente distancia del lirismo, la actitud estoica y el desapego meditador, Hilda Rais se entrega cotidiana, un poco descreída a lo que ha de venir. Temas como la vejez y el deterioro físico, recurrentes a lo largo del libro, se tratan sin trascendentalismo, con un toque de humor compasivo, sin que esto impida (al contrario), enfrentarse a los hechos, padecerlos: “No quise envejecer, era mejor morir/ pero ahora no tengo ganas”.
Finalmente la poeta deja en claro su ansiedad de desvío ante aquello que fija identidad o genealogía. Contra la “santuarización” del género, la herencia y el origen, poner constantemente en duda una certeza ciega: “Creer que descender arraiga”.
Como en sus dos anteriores libros de poesía (Indicios de 1984, publicado por De La Campana, y Belvedere, en Tierra Firme, 1990), Hilda Rais vuelve a pensarse y a pensar mirando de soslayo, riendo de lo mismo como forma de amor, de aceptación. Zancada tan cabal al drama le dan a esta poesía vitalidad y don de juego, ese su “acribillar la madurez”, y en la extraña conciencia de que “nadie está solo bajo lo que nos irá cayendo”.


Poemas del libro:


un ensayo es provocar la eternidad
y disfrazarse en la creencia
de que hay final
un día


ahuyentarlo
postergar
atacarlo
cultivar la renuencia
clavarse los puñales
repudiar pruebas de fertilidad
enfermarse

no tener ganas

lúcido veneno de incertidumbre
tanto trabajo

siempre se estrena
una vela



sobre la mesa de escribir debo tener
alguna cosa brillante pequeña
tenue reflejo del ataque de la luz



Hay este sabor planchado en mi boca de palabra,
leve, constante, pesada lasitud
¿la furia se anuncia con tanta calma?
mala espina el temblor que ofrece
iluminar de la costumbre plana
un relieve.


¿Esquivaré el mal paso?
Mortífera será la medianía.
Busca es difícil,
encontrar es peor.



Tanto tiempo mirando lo mismo.

Mientras duele
no quedarse los ojos muy cerca.

En convalescencia
la curva de una ola parece abrazo
y es rompiente.



Se clava en mi comodidad
boca lastimada muerdo ahogo
agua dentellada

poco curiosa del aire
extraerme
salir
llena de palabras que harían de mí
una fresca exposición pescada
o conserva en lata de vacuidad



Campo es orégano
cultivo una tormenta adelgazada.
Contra la caña de pescar
halcón cegado cazando presa.

...

Qué malicia descompone lo que hablamos?
¿la interpretación
la sordera sonora
la traductora pobre de vocabulario
el malentendido, el malmomento
la entonación, el tono, el tonito
la pena certeza de lo no decible?

Escuchar tu silencio me deshace
y quisiera olvidar lo que dijiste.


Palabras de intoxicación
cesen de retumbar.
Abrazo del amor silente.

...
Los sueños se van de un plumazo
con el recuento del despertar.
Pasión de almohada.
...

En el imperio de santuarizar origen
molesta lo concebido, oscuro ruido

asestar identidad
rastrear genealogía
vestir atávicas raíces
creer que descender abriga

no hay amparo en una flecha
dibujada en un árbol ilustrado

ancestro no es herencia
rasgo facial no es tatuaje
nombre no es pertenencia

*Hilda Rais (Buenos Aires, 1951). Publicó: Diario colectivo, con María Inés Aldaburu, Inés Cano y Nené Reynoso (1982), Indicios (1984), Belvedere (1990, reedit. 1996), Salirse de madre (publicación conjunta) 1990, Locas por la cocina, ficción (1998), Ensayo y serenata (2009).
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