lunes, noviembre 15, 2010

Alberto Muñoz: El naturalista


Mirar a una vaca

En la hoja, camino al alambrado, va tu cabeza pintada. A tu lado hay un toro y un árbol, eso es todo lo que hay dibujado en mi libreta. Si llueve, dibujo que llueve, y si deja de llover miro tus dominios. Estúpidamente las otras vacas no hacen nada si las borro.


Mirar a una hormiga sobre su nombre

Escribo sobre un papel la palabra hormiga y con un instrumento adecuado coloco el insecto encima de su nombre. Da vueltas y luego se detiene puntualmente sobre la primera letra (h). Elige la muda. Como si algo presintiera.


El cielo de noche

Es una costumbre sentarse por las noches en los muelles y mirar para arriba, ¿para qué? Las estrellas en su gran zoo, en su colgadero de utensilios de cocina, con sus ollas y sus cangrejos, sus cucharas y sus cántaros, sus carros de perros raros y enfermos, su mudanza para otras madrigueras y cielos llenos de viuditas de pico celeste, tordos, de armarios comidos por las polillas, de astilleros abandonados con barcos que parecen muelas cariadas.

Ese cielo es el que miramos para saber si lloverá, si habrá bajante, si vendrá viento del norte o sudestada, si los muertos nos recuerdan.


*Los textos que se transcriben están incluidos en el libro El naturalista (Ediciones en Danza, 2010).
**Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951). Editó diversos libros.
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