jueves, marzo 25, 2010

Verónica Viola Fisher*: Hacer sapito

Por María del Carmen Colombo

Si una hija se mira en el espejo del padre, tendrá que “hacer sapito”: elegir la piedra como se elige una palabra, y arrojarla después sobre la superficie del agua para que la piedra rebote sobre ella y horade, astille, lentamente, la imagen que el espejo le devuelve.
La imagen que a una hija mujer devuelve el espejo del padre, ese discurso esa mirada, es brutal: “Vos sola/ te mutilaste/ solita nomás/ decidiste nacer una/ semana antes con el cuerpo/formado a medias/ no quisiste/ esperar el crecimiento/ de los atributos que debe/ un primerizo a su madre no/ podías no desilusionarme/ desde el comienzo/ nada entre tus piernas/ inválida”.
Quizá se trate de asumir semejante distorsión, hacerse cargo de ese discurso imperial que vertebra la subjetividad de toda “hija de César” y de sus consecuencias en cuerpo y alma (“cuando aprendí la palabra/ papa, dije pupa”). Verónica Viola Fisher lo hace sin contemplaciones cuando elige trabajar ese discurso “desde adentro”, es decir, cuando elige no hablar sino poner en escena, mostrar: su verso dramático canaliza el habla violenta de la distorsión paterna: cortes abruptos y continuos encabalgamientos se combinan con un decir que toca las capas más bajas de la lengua: “con mierda hay que limpiarles/la boca/antes de hablar”… La música que se desprende de esta partitura es música de orquesta de cámara/ de gas, acorde con una hija disonante que ha decidido ser instrumentista de corte profundo y no instrumento de sordo director.
Al padre no sólo se le saca la lengua: “Hija sos la luz de mis ojos/ sos mi mejor pupila”. La hija-pupila lee en negativo las escenas como si agujereara con extraña luz ciertas fotografías familiares que soportan penosamente muchos cuerpos: “Cuando era pequeña mi abuela/ la negra me dijo:/ a las visitas les escondo/ tus fotos porque/ me da vergüenza/ la nieta gorda y/fea que tengo/ Yo me sentí como un elefante/ frente a una rata/ y le entregué la canastita con comida/ que hubiese envenenado/
A veces, este jugar al límite los recursos exacerba la puesta de arcaicas escenas hasta tornarlas impresentables: “Se la puse/ entre las manos/ ya agitada/ balbuceó no/ quiero tocarla/ no puedo dijo/ gritando/ se la metí/ vas a tocar// o no mierda/ que tengo ya/ dura/ tu cabecita/ enfrentñándose/ a mi ombligo/ tocala/de una vez para/ tu padre/ para Elisa no/ la oí por suerte/ queriéndose meter/ por mi ombligo/ sus deditos y/ acabé/ satisfecho con su vida”.
Otras veces el desafío deja paso al llamado amoroso, sin abandonar nunca el jadeo. Las palabras no abrevan en la queja, sino en el habla muda de una falta, de una ausencia: “Papá que tengo/frío estás/ dónde/ busco y no te/ veo duro el golpe en tu sanre/ pequeña oscura/ que tengo miedo…”. Ese decir casi mudo, esa llaga vacía, se aleja también de la gravedad de cualquier Padenuestro –de su música de marcha fúnebre, el mismo que “ desde la infancia baja… y obliga a morir con él”.
Quien nace así, muerta de padre, alumbra con los inquietantes destellos de su voz conmovedora el país de nuestra lengua.

Poemas del libro:

Vos sola

te mutilaste

solita nomás

decidiste nacer una

semana antes con el cuerpo

formado a medias

no quisiste

esperar el crecimiento

de los atributos que debe

un primerizo a su padre no

podías no desilusionarme

desde el comienzo

nada entre tus piernas

inválida



Es igual a la madre que

no es madre es llenadora

de cabezas huecas

con mierda hay que limpiarles

la boca

antes de hablar

de mí porque soy yo

el único

que supo conseguir, los laureles

y las hará jurar

con gloria

conglomerado de conchas

vos, tu madre, tu abuela

mi futura nieta seguir

calladas


Cuando era pequeña mi abuela

la Negra me dijo:

a las visitas les escondo

tus fotos porque

me da vergüenza

la nieta gorda y

fea que tengo

Yo me sentí como un elefante

frente a una rata

y le entregué la canastita con comida

que hubiese envenenado

Cuando miro fotos de mi infancia

comprendo

todas las mías tienen luz

pero Negrita

sin flash salieron

tus fotos de lobo




Papá que tengo

frío estás

dónde

busco y no te

veo duro el golpe

en tu sangre

pequeña oscura

que tengo miedo estás

callando me enfrío

y atino

a mí si puedo

podar tu jardín de

pensamientos

violetas papá

que tengo



Mi venganza es:

nunca habrá otro

que pueda

reemplazarme dentro

de ella persistiré

como único

padre sobre todos

y sobre todo

cuando se mire

en mi espejo


Mi hija se burla

de mí

miren cómo me saca

la lengua y yo

su propio y único

padre burlado?

mocosa insolente dejá

ya de escribir y qué

cosa la mocosa

con la rima me saca

la lengua y me saca

de quicio

mírenla se arrepiente

tarde yo también

le saqué la lengua y aquí

termino el poema


Hija sos la luz

de mis ojos

sos mi mejor

pupila

así que ojito

con intentar escape

y ver

porque en cualquier momento

yo puedo

cerrarte los ojos

dormirme

y pupila y oscura

en la pieza honda

hija de mi cerebro

te quedás



Bebían en el imperio

hasta reventar comían

de todo vomitaban y todos

desde el primero

hasta el último

bocado se disparaba

sobre algún dios

erguido el romano

tenía derecho sobre

su mina y podía

comerse las crías Ave

de rapiña sus narices

de perfil se parecen a mi viejo

retrato con laureles

sobre mi cabecita

pelada darme el gusto

el aroma del laurel y el cordón

umbilical como collar

de oro doradito

a fuego lento una pequeña

exquisitez romana

es la copa roja

de mi árbol genealógico

llena qué digo

llena rellena

de crías como yo

alumnas de Ave

César

se cogió a mi vieja

una vez una tarde

en el imperio



Tengo los ojos cerrados

acordes con un

director de orquesta

que ataja

los penales

sentado en una silla

de ruedas

hijita mía

cuánto sufrí

en ese penal

que te definió

campeón y diste

la vuelta

de la vida hija



director

de orquesta de cámara

de gas

fui pero tus ojos

abiertos acordes

con la muerte me regalan

más hijas más

instrumentos

de orquesta para ser

arquero cuando ya

no funcione

la cámara de gas

con menores

sin código

penal sin más

que su propio

sexo débil


cuánto sufrí tu vuelta

a la vida

tengo los ojos

cerrados



muerta de padre

mis hermanos te acarician

en un hueco tan negro como los del espacio

sideral te quiero hasta más allá de las últimas

estrellas


cómo hacer para que tu gravedad

tan grave no los trague?


Aléjense de la ventana y no

pregunten y no

a mí

por qué papá

cuando llora muerde?



es mi padre el padre nuestro

que desde la infancia baja

hasta el final de sus hijos

y toca

la marcha fúnebre y obliga a morir

con él



muerta de padre

me protegen los gusanos de la tierra

hermanitos no puedo

salvarlos y no

a mí



Pero yo los amo con toda la luz del sol

yo los amo

*Nació en Buenos Aires en 1974. Ha publicado Hacer sapito (Buenos Aires, Editorial Nusud, 1995), A boca de jarro (Buenos Aires, Edición A Secas, 2003) y Arveja negra (Vox, 2005).

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