jueves, julio 23, 2009

Amelia Biagioni: La cazadora

La ventana
Procura vivir de suerte
que al final de la partida,
saques de la muerte vida.
(Anónimo)

Una ventana y nada más quisiera,
un fervoroso prólogo del vuelo,
que me instara a subir, con el modelo
de lo que se remonta en primavera.

Me bastaría sólo esa ligera
interrupción de muro y desconsuelo
para desvanecerme por el cielo
clara, sonora, libre, verdadera.

De tanto que la sueño, una mañana
encontraré en mi cuarto a la ventana
llamándome con luminoso grito.

Desde que se abra, viviré de suerte
que me sorprenda el plomo de la muerte
volando en mi retazo infinito.

Fulgurante anestesia
El gran rubí dolor-oh místico-
me atregua levitando verde y lejos
sobre el tiempo de las caléndulas

respiro el Häendel aleluya
entre cómplices fluye azul mi cuerpo
sin orillas por un cauce sin fondo.

Revestido de enigma blanco
señor de élan sabiduría y artroscopia
llega Hipócrates

hunde la vara de videncia
en el nudo del alma sangre y carpo
donde empieza mi mano escriba

y en la pantalla dicho con mi letra
de ignoto lumen centelleante,
desapareciendo surge el tácito Poema.

Decir
Cuando recibo una palabra inesperada
la retengo y vigilo sus diferentes porvenires
hasta que alguno e ellos
de pronto se recuerda se incorpora
y no hay palabra ya
sino un gran viento que me empuña.

Chacarita
Helecho crisantemo
cala rama clavel y dalia
como pórtico de noviembre

ciudadela posada en cielo
con sus generaciones extendidas
bajo el vigor

animación fragantes calles
señalan verdes amarillos amarantos

mementos de abejorro
mariposa recién abierta

felicidad de rosa y tumba

*Amelia Biagioni (1916-2000), poeta argentina. Publicó: Sonata de soledad, 1954; La llave, 1957; El humo, 1967; Las cacerías, 1976; Las estaciones de Van Gogh.
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