sábado, enero 06, 2018

Fernando Gabriel Caniza: A nadie le importa*



Cambio de color

A veces se puede
reconstruir un trayecto si
hurgamos entre capas
muy profundas de nuestras acciones.
Se piensa: qué hacemos
cómo llegamos hasta aquí
quién está bajo nuestro techo
si esto sirve para seguir
en modo programa
con la llama activa
a pesar de la tormenta.

Y sospechamos
matar, matarse, morir de muerte
herida derramada, es un desvío
si se busca despegar en el viento.
Y sospechamos
en medio de ruinas
la carne blanda se derrite
en pocos minutos
cuando la fogata cambia de color.




La chispa

Se quiere paz cuando hay guerra
y en la paz algunos pesados
piden sangre pa’los que
interfieren sus negocios.
Si hay represalia el desconcierto
se apodera de los pasos
el andar de miles
no cambia nada en apariencia
es más bien
poesía cargada de futuro
escenario adecuado
para que una chispa
encienda la hojarasca.

Algunos dicen
en el pasto seco alcanza
una chispa bien dirigida para
que arda la espesura.
Así, con un alma en piedra,
se golpearían nuevas
piedras hasta que apareciera
la potencia transformadora
de la materia en un gran fuego.
Otros quieren esparcir
pequeños focos ardientes
en campo abierto
confían en sus luces
como un destino mágico.

Con firmeza
insistimos durante añares
la maleza tarda
en ponerse a punto.
Está demostrado:
repartir chisperos no siempre
genera fuego envolvente
tampoco una hoguera bien
alimentada, garantiza
una llama perdurable.


  
Ciega la fe

Si no fuera por la poesía
no nos salvaría ni Tarzán
si tuviéramos fe ciega en la
trascendencia y en la contemplación
seríamos místicos.
Si proclamásemos con absoluta seguridad
el predominio de los objetos sobre
la conciencia y el pensamiento
seríamos materialistas.
Inconducente mientras
no supiéramos antes qué
son materia y velocidad,
entre varias cuestiones.

Ella y vos, más nosotros
movemos el péndulo sin
discreción alguna.

Si intentáramos disolver
las contradicciones
sería un delirio demasiado
siniestro en esta época.
Por momentos atrae la inmanencia,
concentrarnos en nosotros y
en la naturaleza, para ensayar
respuestas a muchas dudas.
Dudas despreciables para
quienes sostienen que es
pura jactancia de intelectuales.

Volvamos a nuestras elucubraciones.
Yo con mis vaivenes continuos
Y vos con el destino a cuestas
Y todos con el ceño fruncido
manos arrugadas por escarbar
en promesas de esos
que tienen ciega la fe.



*Los tres poemas son del libro A nadie le importa  (Editorial La Gran Nilson– 2016).



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